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Cubainformación.- Ya son 50 años del bloqueo económico, financiero comercial a Cuba, que entró formalmente en vigor el 7 de febrero de 1962. Hoy, mientras los grandes medios de comunicación siguen transmitiendo la idea de que la Admistración Obama ha relajado la política de sanciones, la maquinaria del bloqueo a Cuba sigue en pie: el Departamento del Tesoro, a través de su Oficina de Control de Activos Extranjeros, continúa multando a empresas y particulares de terceros países por sus relaciones económicas y financieras con la Isla, las embajadas de EEUU en todo el mundo presionan a gobiernos y posibles inversores en el país, Cuba sigue sin acceso a crédito para el desarrollo de los organismos financieros multilaterales, además de continuar sin poder desarrollar un flujo normalizado de importaciones y exportaciones con su mercado natural y más cercano, el turismo estadounidense —al margen de algunas contadas licencias académicas y culturales— sigue estando proscrito, etc., etc
Texto publicado en el nº 21 de Cubainformación Primavera 2012
Parece difícil imaginar un escenario político próximo sin bloqueo. Por eso son tan importantes para Cuba todos los pasos estratégicos que ha ido dando en los últimos años en sus relaciones internacionales: desde los primeros programas con Venezuela y la creación posterior del ALBA, pasando por sus convenios con China, hasta los acuerdos económicos más recientes con Brasil, ya uno de los principales inversores en la Isla y financiador del proyecto del nuevo Puerto de Mariel, que se convertirá en uno de los principales centros de actividad mercante en el Caribe. Por eso, también, será trascendental la explotación de los probados yacimientos petrolíferos en aguas profundas del archipiélago cubano, en asociación con varios países y compañías extranjeras.
Todos estos son golpes importantes, esperanzadores, contra el obsoleto e implacable engranaje del bloqueo, tras 50 años de intentos por “enajenar el apoyo interno a través del descontento y el desaliento basados en la insatisfacción y las dificultades económicas, (para) disminuir los salarios reales y monetarios a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”, tal como reza un documento oficial del Gobierno de EEUU fechado el 6 de abril de 1960.
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