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Notas sobre el reportaje del programa Salvados de la Sexta, emitido el domingo 25 de marzo y que lleva el título "Cuba, ¿recortando la revolución?"
Gregory Benjamin - Cubainformación.- Los efectos secundarios de ver el reportaje que dirigió y presentó Jordi Evole sobre Cuba el pasado domingo son notables. Si usted es alterglobalización, altermundista y anticapitalista; tenga por descontado que le afligirá una importante desorientación y hasta puede que un malsano orgullo occidental. No se trata de despellejar al bueno de Jordi.
En realidad, su programa intenta (repito, intenta) reflejar una pluralidad de perspectivas desde las que abordar los cambios que se han producido en los últimos tiempos en la Revolución cubana. Y todo ello con ocasión de la visita del jefe de la Iglesia a las tierras caribeñas. El mayor defecto del reportaje es su mayor virtud: la ausencia de un hilo conductor claro. No se trata de algo que no sea habitual en los reportajes de Evole (basta con atender a los, en mi opinión magníficos, que le dedicó al conflicto vasco), pero en este caso tiene un doble efecto al mismo tiempo perverso y particularmente iluminador. La perversión pasa por leer este documento audiovisual bajo las claves más explícitas que arroja la secuencia de entrevistas (ordenada, dicho sea de paso, con muy, muy mala leche y con poco criterio) en que consiste.
Si lo leemos así, llegaremos al socorrido axioma con que la derecha zanja la cuestión de las relaciones entre capitalismo, socialismo, economía y democracia: el socialismo es el arte de la ineficiencia, el capitalismo es eficiencia, consumo y democracia. En efecto, Evole no se cansa de ligar a cada pregunta sobre la apertura económica de la isla, una acerca de su apertura política. De este modo, el espectador entiende los cambios que se están produciendo en Cuba de manera homogénea, como si consistiesen en la asimilación de un mismo modelo económico-político. Como si libertad de empresa, mercado y democracia fuesen más o menos lo mismo. Como si estos elementos sólo fuesen articulables bajo condiciones capitalistas de producción. Y es un severo error. Abordar todos los dilemas políticos, económicos, culturales y sociales que se dan en Cuba, bajo el manto de la noche en que todos los gatos son pardos, es perder la oportunidad de comprender muchas pistas para la resolución de conflictos teóricos fundamentales de nuestro tiempo. Sin embargo, llegados a este punto podemos comprender donde reside la fecundidad teórica del reportaje.
Podemos comprender ahora ese núcleo de verdad que se desprende de la interlocución de Evole con los cubanos. Pese a sus insistencias en los cambios políticos, lo que parece más relevante, más necesario en Cuba es copiar...¡Nuestro mercado de trabajo! En lo que todos los cubanos entrevistados coinciden sin excepción es en lo tremendamente maravilloso que son jornadas laborales extenuantes, sobreproducción y consumismo desaforado. Lo que les parece verdaderamente represivo del socialismo resulta ser la ociosidad. También algunos otros parecen añorar una buena Iglesia Católica que obstaculice todo avance en derechos sociales y políticos. Así que resulta que lo que más echan en falta los cubanos de nuestro modelo político, económico y social es nuestro mercado laboral basura y, unos cuantos menos, una sólida Iglesia bien mezclada con los intersticios del poder político y económico. ¡Claro que sí! ¿Cómo iban a echar de menos un espacio público democratizado o un Estado de Derecho, si no son más que ficciones que justifican el mercado laboral precarizado? Si los cubanos sienten que trabajando poco tienen acceso universal a cultura, sanidad, educación, techo, comida y tiempo libre; es que, en eso, si ha triunfado el socialismo cubano. El gobierno cubano, con sus misiones médicas por todo el mundo, con su gasto público enorme en educación y con su cultura del trabajo ha entendido más o menos bien en qué consiste la aventura anticapitalista.
Pues bien, lo desconcertante es que a los cubanos entrevistados, lo que supone una conquista sobre el mundo globalizado les parezca un fracaso evidente de su sistema. ¿A qué se debe? Bajo mi punto de vista, a lo mal que se ha entendido desde las altas instancias políticas lo que de ilustrado tiene el proyecto comunista y a una mala concepción del papel que ha de jugar el mercado o la iniciativa privada bajo condiciones socialistas de producción. Digámoslo rápido, como en torrente. El socialismo no equivale a partido único; ni a ausencia de mercado para comprar y vender productos que no sean de primera necesidad; ni equivale a ausencia de huelgas, protestas y fuerte sindicación no gubernamentalizada; ni a pocos medios de comunicación, a la postre controlados por estructuras de poder corruptas; ni a igualitarismo; ni a la imposibilidad de desarrollar proyectos económicos privados. Sin querer obviar, en modo alguno, las condiciones de guerra político-económica con EEUU que sufre Cuba, en la isla hay lo que podríamos denominar un claro déficit de Ilustración. Pero, paradójicamente, no es lo que más echan en falta los cubanos. Es obvio, cuando se comparan con el mundo occidental, cuando tienen noticias de los cubanos repartidos por EEUU o España, estas no apuntan a que aquí sí que hay un buen espacio público, ni a que haya una fuerte sindicación independiente de poderes fácticos. En otras palabras, no l es llegan cantos de sirena de la aventura de la ciudadanía, sino que se abren paso las melodías del consumo para impactar con fuerza en su sensibilidad. La retórica de los líderes políticos cubanos ha acentuado que la Revolucion se ligue a un proyecto patriótico soberanista y que todas las condiciones políticas anómalas propias de una situación de guerra, se entiendan como la genuina esencia de la Revolución y del socialismo. Error garrafal. La ociosidad, las condiciones laborales estables o la democratización de los centros de trabajo son ejes fundamentales de la enmienda socialista a la Ilustración. Pero de ningún modo es una enmienda socialista a la Ilustración la reivindicación de una institucionalidad propia de condiciones de guerra. Si lo que los comunistas tenemos que decir a Kant o a Hegel es que el espacio público ha de estar controlado por el periódico de El Partido, es que vamos por muy mal camino.
Parece como si antes de la revolución las cosas se nos presentasen cristalinas: frente a un espacio público antidemocrático controlado por grandes oligopolios mediáticos, proponemos una democratizació n del mismo a partir de medios privados pequeños e independientes, comunitarios y públicos no gubernamentalizados y leyes que lo regulen desde el parlamento; frente al poder del empresario reivindicamos un fuerte sindicalismo independiente de poderes económicos y gubernamentales, así como la democratización de los centros de trabajo; frente a mercados que funcionan mal, reivindicamos su abastecimiento por pequeñas empresas privadas y empresas públicas, además de una intensa regulación que corrija su funcionamiento defectuoso y potencie su papel como sistemas de información a la sociedad; frente a una banca privada financiarizada y clientelista, reivindicamos una banca pública democratizada que conceda créditos a pequeños proyectos privados; frente a la mercantilización de la distribución y producción de bienes de primera necesidad, proponemos su control democrático a través de leyes parlamentarias; frente a la mercantilización de espacios que han de tener funcionamientos aútónomos (como la universidad o los medios de comunicación), defendemos la protección de la libertad de profesión a partir de leyes que amparen y delimiten estos espacios. Lo entendemos muy bien hasta que hacemos la revolución. El ejemplo de Cuba es paradigmático por eso, porque el arraigo de la Revolución en los cubanos empieza a ser cada vez más el arraigo de la defensa de la soberanía frente a EEUU (y la institucionalidad a esa defensa ligada) y menos la conciencia de los logros antropológicos que realmente achttp://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=pbd_ngyzEoIercan a Cuba al socialismo: la ociosidad, estabilidad laboral, seguridad alimentaria, acceso universal a la cultura, educación y sanidad.
Lo que no son logros cubanos son la falta de sindicación realmente potente; la ausencia de clara oposición política en forma de proyectos alternativos y no de redes informales de pseudopolíticos mafiosos corrompidos por la CIA; o la falta de rigor y de debate político en el espacio público. La combinación de malas decisiones económicas, errores de gestión empresarial y el brutal bloqueo que sufre la isla, son los causantes de las penurias materiales que padecen los ciudadanos cubanos. Sin embargo, no hay que olvidar que ha sido el fuerte control que el estado puede ejercer y ejerce sobre los recursos el que ha permitido situar a Cuba a la cabeza en todos los indicadores sociales entre los países de su entorno (y, en ciertos indicadores, a niveles parejos a los países con mayor desarrollo social del mundo).
Así pues, es comprensible que una especie de "hambre de materialidad" se cuele en la sensibilidad de muchos cubanos y estén dispuestos a trabajar horas y horas para acceder a ciertas comodidades. Pero hemos de andar con cuidado: gestión más eficiente no equivale a estajanovismo, apoyo a redes de pequeño comercio no equivale a hacer surgir una economía informal sin introducir fuerte regulación en ella. Si Cuba tiene ciertos problemas de desarrollo m aterial es debido a muchos factores que no incluyen el que no trabajen como esclavos. Si durante algún tiempo, hubo el peligro de una sovietización a la cubana (que, afortunadamente, no se produjo), hoy el peligro se encuentra en una "chinización" a la cubana. Esperemos que no sea así. Cuba tiene retos a nivel político y económico. Interpretar el socialismo con una población enormemente formada, que huye de las retóricas del pasado, que es capaz de pensar en Marx fuera de las trincheras. Ese es el reto de los cubanos y cubanas.
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