Las indecentes palabras de Donald Trump sobre Fidel Castro Ruz
Contrarrevolución
Sábado, 03 de Diciembre de 2016

Leyde E. Rodríguez Hernández - Rebelión.- El recién electo presidente del Imperio estadounidense, Donald Trump, en cuanto a Cuba, ha mostrado sus garras antes de su llegada a la Casa Blanca, el 20 de enero de 2017, como si todavía estuviera en la campaña electoral que le dio un triunfo extraño en la mayor plutocracia del planeta, pues obtuvo alrededor de dos millones de votos electorales menos que su rival Hillary Clinton, también una prominente representante de los intereses del establishment imperialista.

Y esa alusión desaforada a Cuba estuvo relacionada con la muerte del líder histórico de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz, ganándose el rechazo de la mayoría del pueblo cubano. Según informaron varios medios de prensa como USA y RUSIA Today, el nuevo emperador yanqui vociferó contra el fallecido líder de la Revolución Cubana con calificativos y ofensas, lo que demuestra la indecencia y agresividad política que caracterizará su gobierno de ideología neofascista, también denominado conservador o de extrema derecha.

Este es un breve resumen de las irrespetuosas declaraciones del atroz multimillonario que regirá los destinos de la principal potencia imperialista de nuestro tiempo:

"Hoy, el mundo marca el fallecimiento de un brutal dictador que oprimió a su propio pueblo por cerca de seis décadas. El legado de Fidel Castro remite a los pelotones de fusilamiento, robo, sufrimiento inimaginable, pobreza y la negación de los derechos humanos fundamentales.

Mientras Cuba sigue siendo una isla totalitaria, es mi deseo que este día signifique alejarse de los horrores que han durado demasiado, e ir hacia un futuro en el que el maravilloso pueblo cubano finalmente viva en la libertad que tanto merece.

Aunque las tragedias, muertes y dolor causados por Fidel Castro no puedan ser borrados, nuestro gobierno hará todo lo posible porque el pueblo cubano pueda finalmente iniciar su viaje hacia la prosperidad y la libertad. Me uno a los cubano-estadounidenses que me respaldaron durante la campaña presidencial, incluyendo la Asociación de Veteranos Brigada 2506 que me dio su apoyo, con la esperanza de que un día pronto veamos una Cuba libre".

Esas inaceptables declaraciones, que ofenden al pueblo cubano, pueden ser fácilmente respondidas. En lo que a mí respecta, deseo simplemente reaccionar con los siguientes argumentos:

Hoy, el pueblo cubano, el mundo progresista y antiimperialista recuerda y despide al libertador del pueblo cubano de la dominación estadounidense sobre Cuba, establecida por una intervención militar, desde el final del siglo XIX hasta 1959, fecha que marcó la definitiva soberanía e independencia del pueblo cubano.

¡Gracias, mil gracias Fidel! Nunca borraremos de nuestra memoria que nos hiciste libre del imperialismo yanqui, y que junto al pueblo cubano construiste una sociedad diferente: altruista, solidaria y mucha más justa y democrática que las sociedades capitalistas occidentales. Y que gracias a ti y al internacionalismo del pueblo cubano, muchos otros pueblos del Sur fueron más libres del colonialismo y del neocolonialismo impuesto durante siglos de opresión por las potencias capitalistas occidentales.

Cuba obtuvo bajo el liderazgo de Fidel Castro, a pesar del hostigamiento exterior permanente de los Estados Unidos, resultados excepcionales en materia de desarrollo humano: abolición del racismo, emancipación de la mujer, erradicación del analfabetismo, reducción drástica de la mortalidad infantil, elevación del nivel cultural general… En cuestión de educación, de salud, de investigación médica y de deporte, Cuba ha obtenido niveles que la sitúan en el grupo de naciones más eficientes. ¡Gracias, mil gracias Fidel!

Por sus logros sociales y políticos, Cuba seguirá siendo una isla revolucionaria, antiimperialista, anticapitalista. El fallecimiento de Fidel y su legado significan un momento de reafirmación de nuestras justas ideas por un futuro mejor, próspero y sostenible, para potenciar nuestra libertad, independencia plena y la preservación del socialismo.

En Miami, en la Calle 8 de la Pequeña Habana, el barrio cubano de esa ciudad, cientos de personas salieron a las calles a celebrar la muerte de Fidel Castro. El próximo inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, acaba de unirse oportunistamente a ese minoritario sector indeseable e impresentable de los cubano-estadounidenses que lo respaldaron durante la campaña presidencial, incluyendo los sobrevivientes de la bochornosa brigada mercenaria 2506, derrotada por Fidel y los milicianos cubanos en las arenas de Playa Girón (Bahía de Cochinos), en menos de 72 horas. De esta forma, el detestable Trump se ha unido a los terroristas miamenses en su lucha contra el gobierno y el pueblo cubano. Y eso ha sucedido también por su incapacidad moral e intelectual para juzgar con objetividad y mesura el legado de Fidel Castro Ruz; algo que sí pudieron hacer enemigos de la Revolución Cubana como el antiguo secretario de Estado estadounidense Henrry Kissinger, en su obra Diplomacia, para solo mencionar uno de ellos.

Trump, de continuar en campaña electoral contra Cuba, después de su toma de posesión el 20 de enero, recibirá adecuadas respuestas y la resistencia enérgica del pueblo cubano, inspirado en el legado de su Comandante en Jefe. Una nueva administración republicana, aunque sabemos es neofascista y que ha amenazado con cerrar la embajada de los Estados Unidos en La Habana, debiera considerar que finalmente, en diciembre de 2014, el gobierno de Barack Obama admitió el fracaso de sus políticas anticubanas, su derrota diplomática e inició un proceso de normalización que implica el respeto del sistema político cubano, pero para eso tendría que estar mejor asesorado. El mismo Obama atinadamente dijo: “la historia recordará y juzgará el enorme impacto" de Fidel Castro Ruz, según reportaron medios de prensa internacionales. Así son los contrastes de visiones políticas entre un Obama protocolar y un Trump brutal e impúdico, sin experiencia política y diplomática, aunque ambos sabemos que representan los intereses estadounidenses.

Todavía es una enigma cuál será el rumbo que tomará las relaciones Estados Unidos-Cuba a partir de enero del 2017, una vez que Trump asuma la presidencia. Pero, lo cierto es que dicho personaje estrafalario no asustará al pueblo cubano, pues con su avisada política de poder poco inteligente, sabemos por dónde viene. El pueblo cubano vencerá, como dijo Fidel en una de sus últimas alocuciones. Sabremos seguir luchando por el fin del bloqueo económico, comercial y financiero; por la devolución del territorio ilegalmente ocupado por los yanquis en Guantánamo, donde mantienen una base militar convertida en oprobiosa prisión; por el fin de las transmisiones ilegales de “radio y televisión Martí”, que intentan infructuosamente subvertir el pueblo cubano y restaurar la dominación estadounidense en Cuba, como en los peores tiempos de la “guerra fría”.

Por lo tanto, nos asisten poderosas razones para la defensa de nuestra cultura, independencia y soberanía nacional, por nuestro socialismo; conociendo que Donald Trump es un personaje impredecible y que su presidencia podría sumir a Estados Unidos y a las relaciones internacionales, en su conjunto, en un caos mucho más peligroso que el desorden existente en el funcionamiento del desequilibrado sistema internacional actual.

Leyde E. Rodríguez Hernández. Blog Visiones de Política Internacional

Lo que Trump no entiende de Cuba

William M. LeoGrande • 2 de diciembre, 2016

WASHINGTON. Donald J. Trump nunca se ha sentido obligado a jugar con reglas convencionales –ni en los negocios ni en la política– y esa iconoclastia lo ha convertido en multimillonario y en presidente electo de Estados Unidos. Pero si él cree que puede utilizar sus prácticas empresariales en el extranjero como modelo para  negociaciones con gobiernos extranjeros, tendrá un brusco despertar, en especial con Cuba. Los negocios extranjeros del señor Trump han sido lucrativos, pero solo ejemplifican el tipo de compadrazgo y negocios dudosos que caracterizaron las prácticas de negocios en Cuba antes de la revolución de Fidel Castro –prácticas que alimentaron el nacionalismo cubano, incrementaron la popularidad del señor Castro y provocaron la confiscación de más de mil millones de dólares en propiedades estadounidenses.

En una escena en El padrino (2), el dictador de Cuba, Fulgencio Batista, muestra un teléfono de oro puro en presencia de líderes empresariales estadounidenses que se lo regalaron en agradecimiento por sus políticas amistosas hacia la actividad empresarial. La compañía telefónica cubana, de propiedad estadounidense, realmente hizo ese regalo en 1957.

En otra escena, los líderes de familias mafiosas de EE.UU. cortan una torta con merengue que forma la palabra “Cuba”. Esa escena es apócrifa, pero el crimen controlaba la industria  cubana de la hospitalidad en la década de 1950 –hoteles, casinos, bares y clubes– junto con los vicios asociados de drogas,  juegos de azar y prostitución. La policía miraba para otro lado, y Batista recibía una mordida de los ingresos.

Para el señor Castro y para muchos otros cubanos, tal comportamiento era una afrenta a la dignidad y la soberanía nacionales. En 1963, un reportero francés citó al presidente John F. Kennedy cuando este dijo en una entrevista, “Ahora, tendremos que pagar por esos pecados”.

Un desfile para Fidel Castro en La Habana, Cuba, en 1959, celebró la caída de Fulgencio Batista. Foto: Associated Press.

Los amargos recuerdos de esos años hicieron que el señor Castro expulsara los negocios estadounidenses y cerrara la industria turística. Pero este tipo de sucia connivencia entre los negocios y el gobierno ha sido rutinaria en las operaciones extranjeras del señor Trump, como ha reportado el Times. El señor Trump hasta envió consultores a Cuba en 1998 para investigar un negocio hotelero, aunque eso violara las sanciones económicas estadounidenses.

¿Llevará el señor Trump ese estilo de hacer negocios a la Casa Blanca? Hasta ahora ha sido vago en cuanto a cómo trazará él una línea divisoria entre sus operaciones comerciales y la presidencia. El presidente electo se vanagloria de ser un extraordinario negociador, así que no hay razón para pensar que, como presidente, enfoque las negociaciones de una manera distinta a lo que ha hecho como hombre de negocios –duro, violento, amenazante. Después de todo, le funcionó en la campaña electoral.

La muerte del señor Castro alentó al señor Trump a reiterar una promesa de campaña que hizo: A no ser que Cuba esté dispuesta a negociar mejores términos con Washington, él dará marcha atrás a la política de acercamiento del presidente Obama. “Si Cuba no está dispuesta a dar un mejor tratamiento al pueblo cubano, al pueblo cubanoamericano y en general a  EE.UU., terminaré el acuerdo”, tuiteó el lunes.

La relación Estados Unidos-Cuba que el señor Trump heredará del presidente Obama no es realmente el resultado de tan solo un trato, sino un complejo entramado de muchos “acuerdos” –más de una docena de acuerdos bilaterales y una variedad de relaciones comerciales en telecomunicaciones, hospitalidad, transporte y atención médica.

¿Qué clase de resultados puede esperar el señor Trump de un nuevo acuerdo? Durante dos  años, las negociaciones diplomáticas entre Washington y La Habana han avanzado con gran rapidez, con una docena de nuevos acuerdos firmados desde protección del medio ambiente a la cooperación de aplicación de la ley contra traficantes de drogas. Cuba no es contraria a otras conversaciones y está dispuesta a encontrar un terreno común. Incluso ha estado dispuesta a discutir la compensación por propiedades estadounidenses nacionalizadas en la década de 1960, y el delicado asunto de los derechos humanos.

Pero la soberanía es otra cosa. Raúl Castro, como su hermano, siempre ha descartado la negociación de la organización política y económica nacional de Cuba. Durante la política de normalización del presidente Obama, Cuba ha mostrado un cierto modesto progreso en cuanto a libertad religiosa, liberalización económica e incluso libertad de expresión. Pero no fueron resultados de negociaciones o exigencias directas de Washington. Son subproductos de la reducción de tensiones entre Estados Unidos y Cuba, atribuibles al acercamiento en sí.

En otras palabras, si los negociadores del presidente Trump dan puñetazos en la mesa exigiendo a Cuba concesiones políticas, no llegarán muy lejos. Los cubanos no se asustan fácilmente, después de sobrevivir a medio siglo de planes elucubrados en Estados Unidos para derrocar al señor Castro –Bahía de Cochinos, la guerra secreta de la CIA, intentos de asesinato, embargo económico y amenazas de ataque directo. Nada de eso obtuvo concesiones. Una amenaza por parte de Estados Unidos de cerrar su embajada o de eliminar los viajes turísticos de sus ciudadanos tampoco funcionará.

El señor Trump tiene bastante experiencia en negociaciones como para saber que ambas partes tienen que estar de acuerdo para lograr un negocio. Si él quiere realmente lograr uno con Cuba, en realidad hay varios que discutir –acerca de la compensación de reclamaciones, términos para comercio e inversiones, y una plétora de temas de mutuo interés.

Lo que seguramente no conseguirá es la clase de ganga que ha conseguido en otros lados la Organización Trump, aunque sueñe aún con inaugurar una Torre Trump en La Habana. Los cubanos no tienen ningún interés en regresar a esa clase de capitalismo de compadrazgo. Pero como presidente, él podría realizar acuerdos que servirían a los intereses tanto del pueblo estadounidense como del cubano. Un regreso  a la hostilidad, a los insultos y a la bravuconería como política no serviría a los intereses de nadie y sería un enorme y conspicuo fracaso del arte de la negociación.

(*) William M. LeoGrande, profesor de gobierno en la American University, es co-autor, junto a Peter Kornbluh, de Canales traseros a Cuba: La historia oculta de negociaciones entre Washington y La Habana.

(Tomado de The New York Times)

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

La Casa Blanca advierte a Trump que «no es tan fácil» romper con Cuba

EFE • 29 de noviembre, 2016

La Casa Blanca ha advertido este lunes que «no es tan fácil» poner fin al acercamiento a Cuba iniciado por el mandatario estadounidense, Barack Obama, porque tendría notables consecuencias «económicas y diplomáticas», después de que el presidente electo, Donald Trump, amenazara con hacerlo.

El portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, ha afirmado en su conferencia de prensa diaria que «no es algo tan fácil como puede parecer en base a un solo tuit».

El portavoz se refería al mensaje publicado horas antes por Trump en su cuenta oficial de Twitter, en el que afirmaba que «si Cuba no está dispuesta a hacer un acuerdo mejor para el pueblo cubano, los cubano-estadounidenses y Estados Unidos en su conjunto», pondrán «fin al acuerdo» que dio inicio a la normalización diplomática en 2014.

«Cancelar todo esto supondría un enorme golpe económico para los ciudadanos cubanos», ha argumentado Earnest, al recordar que varias empresas de turismo estadounidenses, como Airbnb, Marriott y Starwood, han recibido licencias para operar en Cuba y los contactos entre los ciudadanos de ambos países han aumentado.

La política de normalización también ha deparado «notables beneficios» a las empresas estadounidenses y al sector agrícola, ha apuntado Earnest, además de aumentar los viajes a la isla de los estadounidenses, que estimulan con su gasto la economía local: «Hay 110 vuelos diarios programados entre Estados Unidos y Cuba en los próximos meses», ha recordado el portavoz de Obama.

Efectos «diplomáticos»

Earnest ha advertido, además, de los efectos «diplomáticos» que tendría una vuelta a la enemistad con Cuba en las relaciones de EEUU con el resto de Latinoamérica, que están «en su mejor momento» gracias a haber eliminado el elemento «irritante» que suponía la tensión con el Gobierno de Raúl Castro.

El portavoz también ha defendido la decisión de Obama de no criticar a Fidel Castro en el comunicado que emitió el sábado con motivo del fallecimiento del expresidente de Cuba, en el que dijo simplemente que la historia «juzgará» al líder de la revolución cubana, mientras que Trump lo tachó de «brutal dictador» que reprimió a su pueblo. «No se puede negar el tipo de violencia que ocurrió en Cuba bajo el régimen de Castro», ha indicado Earnest.

En esta línea, el portavoz ha agregado que «emitir un feroz comunicado e implicarnos en el tipo de recriminaciones mutuas (con el Gobierno cubano) que están atadas al pasado, nada de eso va a servir para mejorar las libertades en Cuba».

El senador republicano de origen cubano Marco Rubio y otros anticastristas han criticado a Obama por no mencionar la represión de Castro en su comunicado, pero Earnest ha destacado que el presidente prefiere «mirar al futuro», sin olvidar el pasado.

Ni Obama ni el vicepresidente de EEUU, Joseph Biden, tienen previsto viajar a Cuba para el funeral de Fidel Castro, según ha confirmado Earnest, que no llegó a aclarar que la Casa Blanca tenga previsto enviar una delegación oficial a la cita pero dijo que, de ser así, se anunciará «lo antes posible».

(Tomado de ABC)

Comentarios (1)

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totalmente deacuerdo con Trump
maria , sábado, 10 de diciembre de 2016

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Octavio Fraga | Lunes, 27 Febrero 2017

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