La concepción de formación: eje de la pedagogía martiana
Cultura
Lunes, 10 de Junio de 2019

María Isabel Bardina Torres - Cubainformación.- La contemporaneidad del proyecto educativo cultural revolucionario propuesto por el Héroe Nacional José Martí Pérez (1853-1895)[1] radica en que las definiciones y tareas que propuso mantienen plena vigencia. Sobre el objeto de la educación Martí precisó para todos los tiempos: “Instrucción no es lo mismo que educación: aquella se refiere al pensamiento, y esta principalmente a los sentimientos. Sin embargo, no hay buena educación sin instrucción. Las cualidades morales suben de precio cuando están realizadas por las cualidades inteligentes”[2], definía José Martí Pérez.

Martí  definía que “la educación tiene un deber ineludible para con el hombre, - no cumplirlo es un crimen: conformarlo a su tiempo – sin desviarse de la grandiosa y final tendencia humana. Que el hombre viva en analogía con el universo y con su época”[3]. Para ello  el acto de educar no podía “…echarle al hombre el mundo encima, de modo que no le quede por donde asomar los ojos propios, sino dar al hombre las llaves del mundo, que son la independencia y el amor, y prepararle las fuerzas para que lo recorra por si, con el paso alegre de los hombres naturales y libres”[4].

En la perspectiva martiana hoy asumimos que la educación es el proceso y el resultado de formar en las niñas y los niños, en los jóvenes, las mujeres y hombres, en los pueblos, sus sentimientos, convicciones, voluntad, valores, vinculados a su instrucción,  capacitación[5], y desarrollo físico. En el actual debate pedagógico tanto en el escenario nacional como internacional se afirma la intelección sobre la categoría formación integral.

La formación de Martí

En los padres de la escuela cubana y en particular en Félix Varela y Morales (1788-1853) y en José de la Luz y Caballero (1800-1862)[6] encuentra tempranamente Martí los argumentos para fundamentar el pensamiento de la liberación como filosofía de y para la vida, inseparable de todas las ramas del conocimiento científico y humanista. Desde esta perspectiva asumió el método electivo para conocer, la pedagogía liberadora centrada en la integración de decir y hacer y consecuentemente la formación ética como eje transversal de la educación a lo largo de la vida y desde todos los espacios de convivencia.

Rafael María de Mendive y Daumy (1821-1886) maestro del joven Martí, fue alumno de Luz y Caballero, bajo esa impronta asimiló Martí la honestidad, comportamiento cívico y la motivación por la educación moral de la juventud. Admiró Martí en Luz, la necesidad de romper con el esquematismo y formalismo de la docencia escolástica y en contraparte introdujo el método explicativo, su interés por el otorgamiento a la pedagogía de un fundamento teórico y metodológico general de carácter científico y la concepción de la escuela como institución social idónea para la formación. A Mendive escribió el joven martí el 15 de enero de 1871: … si me siento con fuerzas para ser verdaderamente hombre, solo a Ud. lo debo y de Ud. y solo de Ud. es cuanto bueno y cariñoso tengo.[7]

El análisis de las influencias educativas en la vida de Martí, en las condiciones históricas de la época, nos permite identificar rasgos generales determinantes para una introducción certera a su biografía intelectual y pedagógica, así como las premisas para contextualización del empeño martiano en una formación integral de los estudiantes:

  1. La esencialidad identitaria y patriótica de la formación que recibe. La cubanía.
  2. El carácter general-integral, universal y holístico del conocimiento que adquiere.
  3. La integridad y estabilidad de los modelos de conducta ética de sus maestros: intransigentes, indoblegables, patriotas.
  4. La ternura, la solidaridad y el humanismo. Los sentidos del equilibrio, la ponderación, la ecuanimidad y la objetividad.
  5. La intención política del contenido de las lecciones de sus maestros, enfocadas a la liberación nacional y a la educación moral como garantía de felicidad para los pueblos.
  6. El sentido a la vida digna y austera conque fue acompañado cada contenido que recibió. La honestidad y la honradez como valores supremos.
  7. El autodidactismo y la disposición para estudiar, leer y aprender.
  8. Los métodos utilizados de explicación, debate, conversación argumentada, investigación como camino certero al conocimiento-libertad.
  9. La exigencia de lo estético en la personalidad, de la importancia de lo bello en la forma, en la conducta, en el ejercicio del magisterio, en la oralidad y la escritura.

10. La atención diferenciada al talento en tanto se orientaba en el liderazgo para socializar los aprendizajes como deber de contribuir a la educación de los demás.

11.  La investigación, la ciencia y la tecnología en función del bienestar y la prosperidad de los hombres y el progreso social.

12. La igualdad, la equidad y multiculturalidad vividas en un contexto hostil, transido de las injusticias del colonialismo, la esclavitud, el racismo y el sexismo.

Tal sistema de influencias educativas que signan la formación del intelecto de  Martí, con el complemento de su inteligencia, perspicacia, capacidad de análisis de los hechos y habilidades para la socialización; lo preparan para desarrollar las formas de pensamiento abarcadoras que lo caracterizan en tanto incluye desde una eticidad inmanente, lo económico, lo científico, lo social, lo humano; y sobre todo, el valor político de la educación para un gobierno inteligente, para un proyecto país de desarrollo sustentable, justicia, democracia social y dignificación humana. “En nuestros países –proclamará- ha de hacerse una revolución radical en la educación…”[8].

La formación martiana

La filosofía pedagógica martiana en su esencialidad y proyecciones se ocupa de la naturaleza misma de la formación del hombre como proyecto ético, cultural y político. El núcleo de esta filosofía está en la relación conocimiento integral-cultura de las emociones-libertad y emancipación. Por ello la filosofía pedagógica martiana tiene su más cosmovisiva apreciación en la máxima que precisa que “Ser culto es el único modo de ser libre.”[9]

La formación es para Martí el proceso civilizatorio que da sentido humanista a la educabilidad del ser humano. El hombre a formar que nos plantea Apóstol como objetivo de la formación, se dirige al logro de una integralidad  de la persona, lo que se expresa en cinco dimensiones esenciales:

  1. La dimensión ideológica (lo ético y lo político)
  2. La dimensión espiritual. La sensibilidad, la ternura
  3. La dimensión socio-afectiva. El compromiso con los demás.
  4. La dimensión cognoscitiva. El saber.
  5. La dimensión técnico-profesional. El saber hacer.
  6. La dimensión comunicativa. El saber expresarse.

La dimensión ideológica de la personalidad implicaba en primer lugar potenciar el despliegue de los más altos valores éticos característicos del ideal martiano de hombre y mujer, donde prevaleciera el humanismo, la solidaridad, la honestidad, la justeza, y la responsabilidad individual, social, ecológica y política. Los valores del decoro y la solidaridad humana tenían para el Héroe Nacional cubano una prioridad absoluta.

Los presupuestos del posicionamiento ético martiano se asumen a partir de su humanismo pedagógico, del amor a la profesión de maestro. Para ello parte de considerar que el modo de actuación de los educadores y educadoras –la profesionalidad-, debe estar regido por esencialidades definitivas: el bien, lo justo, lo bello, lo digno y en tal dimensión pueden reconstruir su universo de principios ético pedagógico. La responsabilidad, honestidad, la modestia, creatividad, el interés por la auto preparación y la superación, la exigencia en las tareas asignadas, el espíritu de revolucionario y de sacrificio, y la incondicionalidad con su misión cultural y patriótica[10].

La dimensión espiritual era para Martí el espacio privilegiado de  la ternura. El afecto por los niños y jóvenes, por los colegas, es una condición profesional que define al maestro. Se puede constatar en la obra educacional de Martí y en toda su producción literaria, el lugar central que otorgaba  al amor, entendido como sentimiento supremo a forjar por la familia, los maestros y la sociedad en su conjunto.

La dimensión socio-afectiva, en tanto compromiso con los demás sitúa en clave de práctica concreta la dimensión espiritual del maestro. El sentir, implicaba para el Héroe Nacional cubano que no solo la persona posea altos valores, conocimientos y sentimientos, sino que además sea capaz de aplicar y actuar en consecuencia con esos valores, a través de un sistema de hábitos, habilidades y capacidades que impacten y movilicen lo mejor del ser humano en su entorno, en sus alumnos y colegas. Para Martí la pedagogía del amor, de la ternura, se afirmaba como esencia contenido y forma fundamental de expresión del hacer de maestro.

La dimensión cognoscitiva, el saber, se refería a potenciar el desarrollo cognoscitivo del estudiante, utilizando métodos y medios que contribuyeran al desarrollo sensoperceptual, a la memoria lógica, al pensamiento lógico y creador, a la creatividad en su imaginación. El saber pedagógico actúa como mediador del resto de las dimensiones, e incorpora profundos sentimientos humanos, una fuerte  motivación profesional, elevados intereses intelectuales y en general profesionales. El saber fortalece la convivencia, el aprecio y respeto por los demás, por la naturaleza, la diversidad cultural y dignidad de la persona.

En el saber hacer, la práctica, es síntesis de una formación ideológica, científica, cultural, política, y económica, que permita preparar a cada hombre para vivir en familia, ciudadanía y universalidad, percibir la naturaleza, la realidad social, apreciar las obras de arte y transformar el medio natural y social que le rodea. De esta manera se convierte el hombre en un elemento activo y seguro en la creación de un desarrollo propio e interno que le permita una vida con mayor equilibrio y bienestar social en consonancia con el tiempo que vive. La combinación del estudio y el trabajo resulta en eje de esa relación imprescindible entre teoría y práctica.

En el saber hacer implica que todo pueda ser socializado a través de formas y métodos adecuados. Así asume el héroe Nacional cubano el papel de la ciencia y la tecnología. En tanto fue un constante propugnador de la enseñanza científica. Combatió la enseñanza “libresca” y el “verbalismo”. “Que la enseñanza científica vaya, como la savia en los árboles de la raíz  al tope de  la educación pública” escribirá en La América, de Nueva York; en septiembre de 1883. En la propia publicación, Martí definía que el elemento científico debía ser “como el hueso del sistema de educación”. Para ello asumía la necesidad de que “se trueque de escolástico en científico el espíritu de la educación”[11].

La asunción de los presupuestos científicos se expresaba por Martí en estrecha articulación con la formación de valores. Recomendaba “que los cursos de enseñanza pública sean preparados y graduados de manera que la enseñanza primaria hasta el final y titular, la educación pública vaya desenvolviendo, sin merma de los elementos espirituales, todos aquellos que se requieren para la aplicación inmediata de las fuerzas del hombre a las de la Naturaleza[12].

Martí da una importancia sustantiva a los recursos comunicacionales, al lenguaje en su sentido más amplio. Para e Apóstol la competencia comunicativa resulta vital en un profesional de la educación: “La manera de decir – enseñaba - realza el valor de lo que se dice”[13].

La formación integral

La formación integral la concibe Martí con carácter general-integral, universal y holístico, con un elevado sentido de la ética, en constante ejercicio praxiológico valorativo. Un lugar especial está en la relación dialéctica de fertilidad y desarrollo que debe existir entre la práctica y su intelección y sistematización teórica.

La formación integral desde la filosofía humanista martiana ha de entenderse no solo en tér­minos de conocimientos relacionados con la historia de la humanidad, el proceso de la cultura universal, regional y nacional, el conocer y saber hacer desde la ciencia y la tecnología de punta de la época, los conceptos y categorías que permitan la apreciación de las manifestaciones artístico-literarias, la actualización en el área socio-político y económica; sino también en el enjuiciamiento y la valoración crítica de la colonialidad del ser y el tener, que imponen los países occidentales. Por eso enfatiza en la esencialidad de asumir el legado cultural de cada pueblo, en su integración y aporte a lo universal.

En tanto la educación debe para preparar al hombre para la vida en sociedad, tiene en primer lugar que formar para el trabajo honrado y productivo. Los valores positivos reforzados y educados por el maestro se constituyen en base para la construcción del valor supremo a formar: el patriotismo. Para Martí la formación se concreta en la vocación patriótica y ciudadana, en la cual se integran los sistemas de conocimientos o saberes, de valores, de habilidades y el modo de actuación.

La formación integral del hombre cubano y latinoamericano es el fin de la educación martiana en su concepción más amplia. Las niñas y los niños, los adolescentes y jóvenes, y también los maestros y maestras constituyen los sujetos centrales de la formación[14]. El maestro es director por excelencia del proceso formativo, y  además debía  convertirse dentro y fuera de la escuela en agente de la transformación social.

Definitivamente la formación integral es para Martí un proceso educativo de liberación y desarrollo de autonomía y resultado emancipatorio, a lo largo de la vida. Es evidente que para José Martí, el patriotismo constituye la máxima expresión social de la formación integral que aspira y propone.

 


[1] Ver: Felipe de J. Pérez Cruz: Raíces históricas del proyecto  educativo martiano, Revista de  Historia de la Educación Latinoamericana, Tunja, Colombia, Vol. 13 No. 17, julio – diciembre 2011,  pp. 199-236

[2] José Martí Pérez: Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, tomo 19, p.375

[3] Ibídem, tomo 8, p.430.

[4] Ibídem, tomo 6, p 89.

[5] Carlos Manuel Álvarez de Sayas. s/a. Pedagogía como ciencia. La Habana: Pueblo y Educación. p.13.

[6] Ver: Felipe de J. Pérez Cruz : “La educación y la pedagogía cubanas en el movimiento nacional liberador. Visión panorámica desde la Revolución en el Siglo XIX”, en: CLACSO. La Revolución en el bicentenario. Reflexiones sobre emancipación, clases y grupos subalternos. Colección Grupos de Trabajo, CLACSO Libros, Buenos Aires, 2010,  pp. 229-251.

[7]José Martí Pérez: Obras Completas. Ob. cit, t. 8, p. 40

[8] José Martí Pérez: Obras Completas. Ob. cit., .t 6, p 256

[9] José Martí Pérez: Obras Completas. Ob. cit., .t. 8, p. 289

[10] PIE MACLEAN, Norma Luisa. (2009) La importancia del ideario pedagógico de José Martí para el mejoramiento del modo de actuación profesional del profesor general integral en formación inicial, (inédito)

[11] José Martí Pérez: Obras Completas. Ob. cit, t. 8, p 314.

[12] Ibídem

[13] José Martí Pérez: Obras Completas. Ob. cit, 6, p. 235.

[14] Nos referimos al proceso de escolarización general. Los adultos, incluidos los adultos mayores poseen diversa vías formales y no formales de escolarización. A ello suma la autoeducación continua.

 

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