Figuras ocultas del feminismo en Cuba
Género
Sábado, 13 de Enero de 2018

Traer a debate las historias del ayer siempre conlleva un cuestionamiento tácito a muchos aspectos que desde la perspectiva contemporánea son reconocidos y valorados con mayor coherencia y sensatez; o al menos eso esperamos.

Figuras ocultas del feminismo en Cuba

Maikel Colón Pichardo - Negra Cubana tenía que ser.- En cuanto a nuestras mujeres, ellas convierten el erial del mundo en vergel,

ellas se ve que luchan por sostener nuestra revista, porque saben que,

premian el esfuerzo, el mérito y por eso tratan de colocar alto nuestro pendón

para que se sepa, que en ningún tiempo ni circunstancia,

dejó de ser la primera en acudir a todas las manifestaciones altas del pensamiento”.

Úrsula Coimbra de Valverde

(Revista Minerva, Sección “Páginas Feministas”, Octubre de 1911)

Traer a debate las historias del ayer siempre conlleva un cuestionamiento tácito a muchos aspectos que desde la perspectiva contemporánea son reconocidos y valorados con mayor coherencia y sensatez; o al menos eso esperamos. Algunas de esas historias, confinadas en algunos de nuestros libros de historia de manera recurrente, no siempre han sido reveladas en consecuencia con la relevancia y el aporte de sus protagonistas, desmarcando en ese sentido, una suerte de interpretaciones que desafortunadamente han dejado fuera de escena a personas que, de un modo u otro, han jugado un papel crucial en los episodios y acontecimientos que marcaron el devenir histórico de la sociedad cubana.

Entre estos acontecimientos queremos hacer referencia al movimiento feminista cubano, un fenómeno que comenzó a fraguarse a partir de la segunda mitad del siglo XIX, pero que de manera ostensible su grado de concreción y madurez se consolidó en las cuatro primeras décadas del siglo XX. Dentro de la efervescencia de este movimiento, hubo un número considerable de actores –mayoritariamente mujeres–, que pensaron y diseñaron activamente las plataformas que dieron coherencia a cada uno de los frentes abiertos por este movimiento ideológico. Y aunque por diversas razones el reconocimiento a la labor e impronta de algunas de las mujeres involucradas en esta magna contienda, ha tenido diferentes niveles de visualización –dos importantes aportaciones historiográficas como: De la casa a la calle: el movimiento cubano de la mujer a favor de la reforma legal (1898-1940), de la autora K. Lynn Stoner, y En busca de un espacio. Historia de mujeres en Cuba, de Julio César González Pagés, dan cuenta de ello–, entendemos que aun quedan figuras por revisitar, que no gozan del reconocimiento que merecen.

A partir de entonces, queremos en estas notas, destacar el papel y la relevancia de una figura muy particular, que desde los orígenes del feminismo en Cuba, abordó y dignificó el papel de las mujeres negras y mulatas dentro de este movimiento, como parte de un activismo consecuente y de una actividad periodística representativa.

Nuestra protagonista en cuestión es Úrsula Coimbra de Valverde, una mujer excepcional, una de las representantes de este movimiento, que desde su propia génesis ejemplificó el protagonismo de las mujeres negras y mulatas dentro del mismo, reflexionando a fondo a partir de nociones de participación e igualdad respecto al “progreso racial”, apoyándose fundamentalmente en el papel y la relevancia que jugó la “raza” en cada uno de los procesos que acontecieron en la redefinición de la historia de Cuba.

Nació en Cienfuegos, aunque la mayor parte de su vida como profesional y activista tuvo lugar en Santiago de Cuba. Fue una excelente compositora e intérprete, con una carrera musical destacada. Además, tuvo una distinción meritoria como escritora, apareciendo sus primeros escritos en la década del 80 del siglo XIX. A partir de esta impronta fue una de las asiduas colaboradoras de la revista Minerva (1888-1889), una publicación sui generis de carácter quincenal dedicada a la mujer de color. Existió durante un año y se estructuraba en tres grandes apartados: la poesía, la defensa de la educación y la instrucción, y las notas referidas a la moralidad.

Dentro de esta estela Valverde interaccionó con sus dos profesiones. Desarrolló su carrera musical con bastante regularidad, ocupando un espacio importante su función docente en la enseñanza del piano y fue miembro activa de algunas de las instituciones y círculos sociales más prominentes en la época en la que desplegó su labor. En estas últimas se anunciaban sus conciertos y su participación en otros eventos sociales.

En su otra faceta, publicó un número considerable de artículos que abordaron diferentes tópicos (política, sociedad, feminismo). Y en otro orden de sensibilidad, el tema de la discriminación racial ocupó un espacio importante en su retórica. Desde esa impronta desarrolló un activismo importante en los primeros compases del siglo XX. Fue así como en una publicación como El Nuevo Criollo (1906-1908), un semanario publicado y editado por Rafael Serra, destacado ideólogo del pensamiento antirracista cubano, publicó un conjunto de ensayos acerca de “La Mujer en la Poesía Cubana”.

En esta serie donde escribió con el seudónimo de “Cecilia”, dinamizó un debate transgresor en toda regla que abrió un diapasón considerable a los temas que desde el feminismo comenzaban a tomar cuerpo y forma. Consecuentemente, Coimbra de Valverde interpeló la estructura patriarcal de la superioridad intelectual de los hombres dentro de la sociedad cubana, haciendo hincapié en las aptitudes y la relevancia de las mujeres dentro del mundo de las artes, salvaguardando el legado de las mujeres poetas del período decimonónico, una iniciativa que reconocía el protagonismo en el amplio espectro cultural y artístico en la tradición académica e intelectual de un amplio sector de mujeres en la historia de Cuba.

Es cierto que la mayoría de las valoraciones en las que enfatizó mantuvieron una perspectiva generalizada, en cuanto a la contribución de las mujeres a nuestro acerbo cultural y artístico. Sin embargo, en su comprensión de la sociedad cubana, era consciente de su papel como representante de un sector social marginado y vilipendiado, con lo cual, los acontecimientos que le otorgaron cierto protagonismo a las mujeres negras y mulatas fueron un punto de referencia que tenía que velar celosamente por el cuestionamiento social y cultural al que podía ser sometido este sector de mujeres, que tenía que lidiar constantemente con su condición racial y de género. De ahí la importancia de hacer hincapié en la infinidad de sus capacidades intelectuales, un derecho que les era negado sistemáticamente.

En ese orden, en la segunda etapa de la revista Minerva (1910-1915) –revista universal ilustrada en la que fungió como una de sus redactoras y más asiduas colaboradoras– elogiaba con bastante constancia los logros y distinciones de mujeres negras y mulatas prominentes, que cambiaron de un modo significativo las nociones estereotipadas que circulaban con bastante constancia en todos los espacios de la sociedad. Cada uno de los alegatos abordados por Coimbra de Valverde en ese sentido sentaron las bases fundamentales para la redefinición del movimiento feminista cubano, dándole una mayor dimensión a las valoraciones sobre el sujeto mujer. Tengamos presente que las reflexiones que propuso acapararon dos frentes de confrontación, atendiendo a las implicaciones de la condición racial y de género, propiciando un mayor entendimiento a las desigualdades sociales que padecía este sector de mujeres.

A partir de entonces, podemos apuntalar un paradigma en el estudio del feminismo cubano que se estableció como punto de referencia a la hora de destacar el papel de los diferentes sectores de mujeres dentro de esta batalla ideológica. Por eso la relevancia de su labor periodística a la hora de destacar el talento de las mujeres negras y mulatas en el conjunto de la actividad intelectual, académica y artística, resaltando de manera muy especial el valor de la educación como vehículo de superación, abriendo oportunidades que permitirían romper el estrecho cerco que se establecía en torno a la participación de las mujeres en el espacio público y privado. De ese modo, nuestra homenajeada perfiló un paradigma de mujer moderna que tenía que hacer valer sus responsabilidades cívicas, desafiando en cualquier caso la normativa patriarcal imperante que declaraba abiertamente algunos supuestos que convertían a las mujeres en seres intelectualmente inferiores.

Úrsula Coimbra Valverde ejemplificó, sin lugar a dudas, una mujer transgresora en toda regla. Representó, además, un modelo de mujer intelectual que abordó en profundidad algunos de los problemas más complejos de su tiempo, proyectando desde una perspectiva feminista nuevos matices a la visión de la mujer moderna. Reconoció también el desarrollo intelectual de las mujeres negras y mulatas, invocando con constancia su papel relevante en los anales de nuestra historia, desafiando desde su postura el modelo patriarcal hegemónico y la supremacía racial imperante; incentivando un nuevo discurso político a favor de un sector de mujeres que tenían que lidiar cotidianamente con las implicaciones sociales y culturales de su condición racial y de género.

Se conoce que, en 1946, varias mujeres afiliadas a la sociedad elitista “Casino Cubano”, en Santiago de Cuba, le rindieron homenaje para realzar y destacar sus contribuciones en el campo de las artes y las letras. Hoy, además de reivindicar esa faceta de su vida, también queremos rendir homenaje a la feminista, un ejemplo representativo de este movimiento ideológico en nuestro país. Aunque aparentemente ha quedado oculta en las sombras del debate historiográfico, su legado y su obra contribuyeron significativamente a redimensionar la visión de la mujer moderna cubana desde una perspectiva racial.

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