Entrevista inédita de Lisa Howard a Fidel Castro (1964): EEUU debería vivir en paz con Cuba
Historia
Miércoles, 11 de Enero de 2017

Fidel Castro y la periodista estadounidense Lisa Howard.

El programa de la televisión cubana La pupila asombrada transmitirá en el mes de marzo el diálogo inédito entre la periodista estadounidense Lisa Howard y el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, ocurrido en febrero de 1964, pero de impresionante actualidad.

Howard entrevistó a Fidel para un documental de la televisora norteamericana ABC y el líder histórico de la Revolución cubana respondió a todas las preguntas en inglés. Cubadebate comparte la traducción de Esther Pérez publicada en el blog La Pupila Insomne.

Lisa Howard: Quiero preguntarle algo sobre los intentos de asesinato, porque ese fue un tema la otra semana. A menudo se leen informes de atentados contra su vida. ¿Teme por su vida?

Fidel Castro: Por ejemplo, en la Unión Soviética nunca se leen esas cosas, porque nadie quiere matarme. En los Estados Unidos hay muchos contrarrevolucionarios y varias personas a las que les gustaría enterarse de que me han matado. Confunden sus deseos, sus ilusiones, con la realidad. Pero hasta este momento he vivido cinco años en medio del pueblo y nadie me ha disparado.

Me siento seguro, no estoy preocupado. Y es mi trabajo. Fíjese qué paradoja: en los Estados Unidos el presidente se sentía seguro, absolutamente seguro. Estoy seguro de que el gobierno de los Estados Unidos tomaba muchas más medidas para su seguridad personal de las que tomo yo. Y la noticia de que el presidente de los Estados Unidos había sido asesinado fue una sorpresa. Para nadie en Cuba fue una buena noticia, porque, sinceramente, podemos ser enemigos políticos, pero no deseamos la muerte de nadie.

En cierto sentido, nos sentimos como cuando tiene un oponente y este desaparece: uno no se siente satisfecho. En cierto sentido, eso fue lo que sentí: un oponente que desapareció de una manera con la que no podemos estar de acuerdo. Bueno, creo que mucha gente querría que me mataran. Todo el mundo está llamado a morir más tarde o más temprano. ¿Hay alguien que no lo sepa? Nosotros lo sabemos muy bien. Mientras vivamos, trabajamos, cumplimos nuestra tarea. Y estamos satisfechos, felices, no estamos preocupados por eso.

Si algo le sucediera, ¿cuál cree que sería la suerte de la revolución cubana?

Al principio, mi muerte podría haber sido un golpe muy duro para la Revolución, pero ahora no. Tenemos cinco años, tenemos una organización, tenemos varios hombres con condiciones extraordinarias para conducir el país. Estoy absolutamente seguro de que no pasaría nada. Yo puedo darle a la Revolución mi experiencia. Todos nosotros hemos aprendido durante estos años. Yo tengo cierta experiencia. Ayudo a la Revolución con mi experiencia, pero puede estar segura, como yo lo estoy, de que no pasaría nada.

Por supuesto, no queremos hacer la prueba, pero no estamos preocupados. Sinceramente, eso no nos preocupa. Una revolución no es tarea de un hombre. Una revolución es tarea de un pueblo. Y la gente se une en las situaciones difíciles y elige un jefe en las situaciones difíciles. Ninguna revolución ha desaparecido porque desapareciera el jefe. No quiero hacer comparaciones. Soy el líder de un país pequeño, de una pequeña Revolución. Pero piense en una gran Revolución, la Revolución Soviética. En una situación muy difícil, mucho más difícil que la muestra, Lenin murió, y la revolución continuó. La revolución no es tarea de un hombre, es tarea de un pueblo.

¿Quién asumiría el poder?

Esta no es una monarquía y no hay una decisión sobre eso. Al principio, cuando entendía que era un peligro para la Revolución que me mataran, mencioné a Raúl. Pero ese es un problema que deberá resolver la dirección colectiva de la Revolución.

Tenemos muchos hombres. Como ve, tenemos un presidente, yo soy el primer ministro. Mi tarea es política y le doy impulso a muchas cosas. Pero tenemos un presidente, un consejo de ministros, un partido político, la dirección del partido político. En esa situación, la dirección nacional de nuestro Partido designaría un primer ministro para llevar adelante la tarea que yo realizo.

Aquí en Cuba, los principales problemas políticos se discuten en el seno de nuestra dirección. Todos los problemas importantes. Nunca tomo una decisión personal. Oigo las opiniones de todos, y cuando todos llegamos a un acuerdo, tomamos la decisión.

Doctor Castro, ¿existe alguna posibilidad de que esta Revolución pueda tomar otra dirección, esto es, volver a ser una democracia, celebrar elecciones libres, asumir muchas de las ideas que usted proclamó en la Sierra Maestra?

A un ciudadano común de los Estados Unidos no le resulta fácil entender esos problemas. Ustedes tienen una idea de la democracia, nosotros tenemos nuestra idea de la democracia. Hay muchos ejemplos. Por ejemplo, podría hablar del desempleo, de los negros en los Estados Unidos, los que viven en el Sur de los Estados Unidos, no se les puede hablar de democracia a muchos pobres, a muchos infortunados que viven en los Estados Unidos. Para ellos, la democracia es una formalidad.

Ustedes tienen dos partidos, ambos controlados por la oligarquía y le llaman a eso democracia. En la antigua Atenas, en Grecia, hablaban de democracia y había miles de esclavos. Los Estados Unidos tienen muchos intereses en todo el mundo. En la América Latina y en el resto del mundo, sus compañías hacen trabajar muy duro a millones que carecen de derechos, no tienen un nivel de vida, educación, asistencia médica. Y ustedes hablan de su democracia. Es por eso que no es fácil, pero un día entenderán nuestra idea de la democracia.

Doctor Castro, todas las personas con quienes hablamos que se oponen a usted, dicen que lo hacen porque pensaron que iba a hacer una revolución democrática, y en lugar de ello hizo una revolución comunista.

Cuando dicen revolución democrática quieren decir revolución capitalista, revolución de libre empresa, influencia en Cuba de los monopolios. Piensan en sus intereses de clase, no en los obreros, en los campesinos, en los negros, en los estudiantes, en los intelectuales. Piensan en su interés material. Es a eso a lo que llaman democracia. Batista decía que él era democrático. Todos los ricos, los latifundistas, hablaban de democracia. Eso es lo que entendían por democracia. Lincoln dijo que la democracia es el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo.

La revolución también es el gobierno que toma el poder con el pueblo y toma medidas para el pueblo. Nadie puede negar que nuestro gobierno es un gobierno honesto. Hemos desterrado todo tipo de vicios de nuestra sociedad, todo tipo de robos, malversaciones. Y todas las medidas que se toman son para ayudar al pueblo. Hemos hecho muchas cosas para el pueblo. Un millón de cubanos no sabía leer y escribir, ahora saben. Todo el mundo en Cuba tiene la educación garantizada. Todo el mundo tiene empleo asegurado, la posibilidad de estudiar. Todo el mundo: blancos, negros, todo el mundo en Cuba. El pueblo lo siente. Así que tiene que analizar profundamente el problema de Cuba para entenderlo.

Ahora bien, no hemos formalizado varias cosas. Tenemos que darles forma a varias cosas, que institucionalizarlas. No hemos tenido tiempo para hacer tantas cosas en estos cinco años.

Hemos visitado muchas de las escuelas y encontramos una uniformidad extraordinaria. Los niños parecen responder de memoria. Parece haber una buena dosis de adoctrinamiento marxista. Parece haber muy poco pensamiento independiente. ¿Eso le preocupa?

En las escuelas estadounidenses, ¿qué les enseñan a los alumnos? Les enseñan su punto de vista, les hablan sobre la libre empresa, los negocios, la industria, los intereses estadounidenses en todo el mundo. De eso les hablan a sus jóvenes. La clase que gobierna en los Estados Unidos trata de enseñarles a los estudiantes lo que le interesa. Aquí la Revolución enseña y prepara a los jóvenes para la Revolución.

Le pongo un ejemplo personal: yo estudié en una escuela religiosa desde mis primeros años hasta que ingresé en la Universidad. ¿Qué me enseñaban? Yo no decidí a qué escuela ir, mis padres la escogieron, y allí me enseñaron todo lo que querían. No tuve oportunidad de escoger. En Cuba había cientos de escuelas religiosas donde se educaba a los hijos de la clase rica. Ahora educamos a nuestros jóvenes en las ideas revolucionarias, en nuestras ideas.

Le dijimos al pueblo: “vamos a enseñarle, no queremos un pueblo ignorante. Queremos un pueblo que aprenda a pensar.” No les decimos a nuestros jóvenes “cree”; les decimos, “estudia, piensa”. Si tuviéramos temor a que el pueblo estudiara y pensara nunca habríamos desarrollado la educación hasta el grado que la hemos desarrollado. Estamos enseñando a todo el mundo, estamos educando a todo el mundo. Y si sabes leer y escribir estás en mejores condiciones para pensar y analizar.

Se puede engañar a un pueblo ignorante; no se puede engañar a un pueblo educado. Y la Revolución tiene una verdadera obsesión por educar al pueblo. Eso prueba que no tenemos miedo de que el pueblo piense, analice. Estamos seguros de nuestro futuro, estamos seguros de nuestros jóvenes, de nuestra razón.

Ustedes también fueron revolucionarios al principio, cuando hicieron su guerra de independencia y tuvieron que luchar. ¿Qué pensaba de ustedes Inglaterra? Al principio ustedes eran liberales, los ingleses eran monárquicos. Los ingleses no estaban de acuerdo con ustedes y se fueron a Canadá y a otros lugares.

Entonces ustedes, en los Estados Unidos, empezaron a enseñarle al pueblo su Constitución, su Carta de Derechos. Le hablaban al pueblo. Y los ingleses decían: “son liberales”. Llamar liberal a alguien en 1776 era lo mismo que llamar a alguien ahora socialista, marxista, comunista. Es lo mismo. Para los que se fueron, oír hablar del comunismo es diabólico. Pero cuando ustedes hicieron su revolución, cuando les llamaban liberales, también era diabólico. En otros tiempos ustedes vivieron esa experiencia. En el futuro nos darán la razón. Estoy seguro. Y nosotros no les daremos la razón a ustedes ahora, porque al principio eran liberales, pero ahora no pueden llamarse liberales.

¿Qué pasa en Vietnam? ¿Qué pasa en la América Latina? Apoyan a dictadores, apoyan a grupos militares, sostuvieron buenas relaciones con las oligarquías hasta el triunfo de la Revolución Cubana. Si empiezan a preocuparse ahora por las reformas sociales, es a consecuencia de la Revolución Cubana. ¿Puede negarlo?

¿No puede ser nuestra propia conciencia social y no una consecuencia de la Revolución Cubana?

Bueno, pero coincide mucho con la Revolución Cubana. Sospecho, tengo mis dudas sobre eso.

Dos cosas: (Nikita) Jruschov y (Charles) De Gaulle. Pasó mucho tiempo con el premier Jruschov recientemente y durante su primer viaje a Rusia. ¿Qué piensa de Jruschov como hombre y como líder?

Tengo una excelente opinión de Jruschov. He hablado sobre eso en Cuba. Admiro a Jruschov. Es un hombre muy humano, muy sencillo en sus relaciones con el pueblo, con otros líderes. Es muy inteligente. Un hombre muy claro, responsable. También es un hombre de paz. Se preocupa por la paz. Lo entiendo muy bien, y mientras más lo conozco, mejor es la impresión que tengo de él. Es una impresión excelente. Real, sinceramente.

Ahora le están comprando ómnibus a Inglaterra, están hablando de comprarle barcos a España, tengo entendido que hay una misión económica cubana en Suiza. ¿Significa esto un cambio radical en su política comercial, doctor Castro?

No, nunca. ¿Cuál sería el cambio? Nunca nos hemos negado a hacer negocios con los Estados Unidos, con cualquier nación. Fue una política de los Estados Unidos la de cortar nuestras relaciones comerciales con ellos y con esas naciones que mencionó. No era nuestra política. Nuestra política desde el principio ha sido la de hacer negocios con todas las naciones, y eso es lo que estamos haciendo. Eso es lo que hacemos ahora con éxito, con mucho éxito, realmente. Y creo que es un gran error de los Estados Unidos tratar de cortar esas relaciones, porque no pueden olvidar que esas naciones tienen sus propios problemas, tienen problemas de dinero, necesitan hacer negocios, necesitan vender para resolver sus problemas.

Todas las naciones tienen sus problemas económicos, y el bloqueo económico —para usted que mencionó el realismo– no es de ningún modo una política realista. A los norteamericanos les gusta decir que son un pueblo práctico, un pueblo realista, pero hemos visto muchas cosas que prueban que no son muy realistas. Y a nosotros nos llaman ilusos, soñadores, y estamos probando que somos más realistas, nuestra política es más realista que la de ustedes.

¿Cómo evalúa la política del presidente De Gaulle al reconocer a la China comunista?

Creo que es una política muy inteligente, y eso es una prueba más de que la política de los Estados Unidos no es realista. Esa prueba es otro ejemplo. Yo creo que es una política inteligente.

Otra cosa: como usted sabe, De Gaulle ha desempeñado un papel muy importante en la Francia moderna. Mis ideas, mis ideas sociales y políticas, por supuesto, son muy diferentes a las de De Gaulle, pero De Gaulle ha trabajado mucho por Francia. En los peores momentos de Francia desempeñó un papel importante. Y ahora Francia tiene una posición muy importante en la arena internacional. Y cuando toma medidas como la de ese reconocimiento, sigue una política muy inteligente. Yo sé que a ustedes no les gusta esa política, pero eso es a consecuencia de sus errores, errores cometidos en muchos lugares. Pero yo no voy a darles consejos, creo que aprenderán con el tiempo. Los ingleses…

Ahora me toca a mí. ¿Qué le gustaría que hicieran los Estados Unidos en relación con Cuba?

Vivir en paz con Cuba. Es lo único. Lo deseamos, y estoy seguro de que sería la única política inteligente que los Estados Unidos podrían adoptar. Pero creo que si tratara de persuadirlos de eso, muchos dirían que vamos a hundirnos. Pero estamos seguros, estamos contentos. Podemos vivir muy bien sin los Estados Unidos. Nosotros necesitamos paz, los Estados Unidos necesitan paz, el mundo necesita paz.

Nuestra política es una política de paz. Creo que es una buena política para todas las naciones y, por supuesto, para los Estados Unidos. Creo que ustedes han empezado a entender parte del problema. Empiezan a entender, y llegarán a entender. Oí a un pescador decir algo muy sabio: que ustedes han tenido muchas cosas durante un largo tiempo y no aprecian las cosas sencillas. Era un pescador que vino a vivir aquí en Cuba, ¿ve?, un norteamericano que quiso venir a vivir en Cuba. Con el tiempo, ustedes llegarán a ser sabios como los ingleses, los franceses.

Los franceses tuvieron muchos problemas coloniales en Vietnam, en Argelia. Firmaron la paz con Vietnam, firmaron la paz con Argelia. Ahora tienen buenas relaciones con Argelia. Y nadie duda de que sea una política mejor para Francia que una política de guerra con Argelia.

Pero, ¿qué pasó? Los franceses dejaron atrás un problema y ustedes lo asumieron. Cuando un gobierno sabio deja atrás un problema, ustedes, que no son sabios, lo asumen. Eso es lo que está sucediendo. Los ingleses también son sabios, pero ustedes no.

Pero nosotros sentimos que queremos vivir en paz, pero que ustedes están interesados en exportar su revolución a toda la América Latina.

Debemos dejar en claro, muy en claro, que estamos en condiciones de vivir en paz con todas las naciones. Pero es necesario que los demás también nos dejen en paz.

Comentarios (1)

...
Realmente, un ser excepcional. Cuba ha sido muy afortunada de tener a Fidel y entiendo por qué tantos millones lo han sentido en su partida.
Vicente Carvajal Iglesias , sábado, 14 de enero de 2017

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Prohibido olvidar

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Por Arthur González*/Martianos-Hermes-Cubainformación.- La mafia terrorista anticubana intenta tergiversar la historia de sus crímenes contra el pueblo cubano durante más de medio siglo, acusando al gobierno revolucionario de cometer “actos de lesa humanidad”. Envalentonados por la presencia del presidente Donald Trump en Miami, y sus palabras desacertadas contra Cuba el pasado 16/06/2017, los que abandonaron su tierra y solo acumulan largas listas de fiascos, pretenden ahora inventar un espectáculo circense con un apócrifo juicio, en una fingida “Comisión Internacional Fiscalizadora de Crímenes de Lesa Humanidad del Castrismo”, bajo la consigna de “Prohibido olvidar”. El espectáculo tuvo lugar el 15/07/2017 en la de la Alcaldía de Miami, donde varios contrarrevolucionarios, autodenominados “exiliados”, y algunos residentes en Cuba como el asalariado Antonio Enrique González-Rodiles, expusieron sus alegatos, al parecer olvidándose de que los cubanos que viven en la mayor de las Antillas están alfabetizados y la mayoría posee nivel técnico o universitario, que les permite leer y conocer la verdadera historia de su patria. Si alguien no tiene derecho a olvidar es precisamente el pueblo cubano, que sufrió una cruenta tiranía encabezada por Fulgencio Batista, quien asesinó, torturó y ordenó desaparecer a miles de jóvenes que se oponía a su régimen de terror, apoyado política y militarmente por el gobierno de Estados Unidos. Esos que ahora conforman el “juicio contra Castro”, son los mismos que trabajaron junto a Batista, cuando en 1952 se apoderó del poder mediante un golpe de estado, pisoteando la constitución de la República. Está claro que los cubanos no pueden olvidar que asesinos como Esteban Ventura, Rolando Masferrer, Jesús Blanco Hernández, Conrado Carratalá, José Ramón Conte Hernández (miembro de la brigada mercenaria de Bahía de Cochinos y del grupo de asesinos de Carratalá, nombrado el “grupo 5” encargado de los asesinatos a jóvenes revolucionarios, y autor del asesinato del estudiante y obrero Antonio Díaz Santana), Luis Alberto del Río Chaviano, Mariano Faget, Pilar García, Julio Laurent y decenas de asesinos más, lograron el estatus de refugiados en Estados Unidos, a pesar de las reclamaciones de los tribunales cubanos para juzgarlos por sus crímenes. Para esos y su jefe Fulgencio Batista, nunca celebraron un juicio y menos aún conformarles una Comisión Internacional Fiscalizadora de Crímenes de Lesa Humanidad, porque muchos de los “exiliados” participaron en sus delitos. Cómo se le podría olvidar a los cubanos residentes en la Isla, los crímenes cometidos por quienes al servicio de la CIA asesinaron en las montañas del Escambray, a campesinos humildes y alfabetizadores, o de aquellos que colocaron petacas incendiarias en los grandes centros comerciales de La Habana, cines y teatros, para sembrar el terror entre los ciudadanos, establecido por un plan de la CIA hoy desclasificado, en el que tuvo una amplia participación Carlos Alberto Montaner, quien mutó de terrorista a analista político. Tampoco los pescadores cubanos borrarán de sus mentes los ataques terroristas efectuados contra sus barcos y casas en las costas, por comandos de Alfa 66, dirigidos por Andrés Nazario Sargent, entre ellos el perpetrado sobre el caserío de Boca de Samá, al norte de Banes, Holguín, causando dos muertos y cuatro heridos, en el que una adolescente perdió su pie derecho. En Cuba nadie olvida los actos terroristas contra embajadas, consulados y oficinas comerciales cubanas en Madrid, New York, Perú, Argentina y Canadá, que causaron destrucción y muerte de diplomáticos cubanos. Tampoco los padres e hijos de los diplomáticos y funcionarios cubanos Félix García Rodríguez, Jesús Cejas, Crescencio Galañena, y del técnico de la pesca Artaigñan Díaz, asesinados por terroristas de Omega 7 “exiliados” en Miami, podrán borrar de la memoria tales actos. Aún varios de esos asesinos, entre ellos Luis Posada Carriles, autor junto a Orlando Bosch, de la voladura en pleno vuelo de un avión civil cubano en el que perecieron 73 personas inocentes, Eduardo Losada Fernández, Pedro Remón, Guillermo Novo Sampol, Gaspar Jiménez Escobedo, Andrés García,  viven en Estados Unidos sin ser molestados y respaldados por el denominado “exilio”. Nunca un país ha sido tan agredido por solo decidir adoptar un sistema distinto al de Estados Unidos. La guerra económica total impuesta desde 1962 afecta a varias generaciones de cubanos. La guerra biológica sufrida por los cubanos, jamás se borrará del corazón de los padres de 101 niños muertos en 1981 producto de la introducción premeditada del virus del Dengue Hemorrágico, inexistente hasta entonces en Cuba, por el grupo terrorista dirigido por Eduardo Arocena, según declaró durante el juicio celebrado en New York en 1984, por asesinar al diplomático cubano en Naciones Unidas, Félix Rodríguez. Igualmente, le sumaron la guerra contra la flora y fauna de la isla para evitar la alimentación del pueblo. Los “exiliados” de Miami tienen que tener presente esos crímenes de lesa humanidad, pues la Fiebre Porcina Africana fue introducida desde Estados Unidos y a causa de ella se sacrificaron 424,848 cerdos. La Roya y el Carbón de la caña de azúcar afectó miles de caballerías de caña. La Sigatoka Negra, que afecta el cultivo del plátano y no existía en Cuba hasta 1990, fue introducida para afectar la alimentación del pueblo. La Tristeza de los Cítricos y el Minador de los cítricos, aparecieron en Caimanera, Guantánamo en las cercanías de la Base Naval Yanqui y posteriormente en Matanzas, perjudicando amplios sembradíos de frutas. La Seudodermatosis Nodular Bovina, cuyo agente causal es el virus de SNB, infestó añojas y novillas, perjudicando la producción de leche al provocarles daños en la piel. Igual situación sucedió al detectarse la Mamilitis ulcerativa de la vaca lechera, causada por el Herpes Virus MUB, el que infesta las ubres. La lista de crímenes es demasiado larga para que a nadie en Cuba se le puedan olvidar. Por tanto, los que están condenados a perpetuidad son precisamente esos “exiliados” que fracasados y frustrados pretenden desnaturalizar la historia. Por esas razones los cubanos de ningún modo olvidarán a sus muertos, pues como aseguró José Martí: “Olvidar es de ruines” *Arthur González, cubano, especialista en relaciones Cuba-EE.UU., editor del Blog El Heraldo Cubano. Enviado por el autor a: Martianos-Hermes-Cubainformación Estos textos pueden ser reproducidos libremente siempre que sea con fines no comerciales y cite la fuente. ...

Arthur González (Heraldo cubano) | Jueves, 27 Julio 2017

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