Racismo en la política estadounidense
Lorenzo Gonzalo
Viernes, 24 de Julio de 2015

Lorenzo Gonzalo*/Foto Virgilio Ponce

Por Lorenzo Gonzalo*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- En la era de Andrew Jackson, conocida como la era del Segundo Sistema Partidista, las concepciones democráticas concibieron la voluntad popular como la fuente única de derecho para otorgar un mandato ciudadano para administrar el Estado. Fue un paso más en la fundación de la joven nación, quedando parcialmente relegado el concepto Jefersoniano, que basaba su concepción de gobierno democrático en el dominio de los más educados formalmente, con un énfasis agrocentristas del Estado. Sin embargo este cambio no provocó una visión de la esclavitud diferente a la existente hasta ese entonces. Ambos se negaron a llevar el tema de la esclavitud a la arena política.

Ha sido un hecho significativo en la historia de Estados Unidos la cuestión racial y el tema de la esclavitud, componentes ambos de dos fenómenos separados pero al propio tiempo interrelacionados.

La democracia estadounidense no ha podido superar el tema de la blancura, aun cuando en el devenir, con la llegada de inmigrantes de diversas partes del mundo y en especial con el proceso migratorio de los años sesenta, los latinos que se han incorporado de una manera tan íntima al tejido social, se han  convertido en parte del mismo con diferencias que sólo pueden ser perceptibles en los discursos políticos, más dirigidos a la obtención del voto que a resaltar diferencias de color o raza.

Cuando Harry Truman pretendió pasar una ley de salud, cuya propuesta contenía las bases de lo que fuera más tarde el Medicare, pero con un carácter universal, el Sur, que devino eminentemente demócrata como reacción a la humillante derrota sufrida en la Guerra Civil, amenazó con desertar del Partido “porque ningún blanco estaba de acuerdo en ingresar a un hospital donde un “”negro”” fuese admitido”.

Cuando las Leyes Jim Crow fueron abolidas, luego de la aprobación de la Ley de Derechos Civiles, el estado de Arkansas se pasó monolíticamente al Partido Republicano, momento aprovechado por Nixon para implementar la llamada “Estrategia del Sur”. Otro tanto ocurrió con los obreros blancos del Sur, quienes  junto con la Élite blanca europea se pasaron masivamente al Partido Republicano. El año 1965 marcó un hito para el surgimiento del llamado “reaganismo”, beneficiado en esencia por razones de raza.

Este entramado de corte racista fue el que hizo posible que los conservadores, representados entonces mayoritariamente en el Partido Republicano, se fortalecieran. A partir de ese proceso el porcentaje de votación republicana del sur ha llegado a alcanzar una cifra que pulula entre el 80 y el 90 porciento.

El tema del racismo explica porqué en Estados Unidos no ha llegado a existir un Estado de Bienestar próximo al que Europa llegó a crear con ciertos éxitos antes de la debacle del neoliberalismo y el rotundo fracaso del Bloque Soviético.

Los economistas Alesina, Glaeser y Sacerdote, de pensamiento más próximo al conservadurismo que al liberal, plantean en su libro “¿Porqué los Estados Unidos no tienen un Estado de Bienestar Próximo al Europeo?” que cuando se habla del tema, las personas influyentes (los blancos) tienden a rechazar la ayuda “A ESA GENTE”, refiriéndose con esta expresión a los negros.

Sin negar la transformación que esta visión está mostrando en las últimas décadas, debemos destacar que el tema de Obamacare es un termómetro para tener una idea del nivel de temperatura de la enfermedad. La propuesta de este plan de salud impulsada por Obama, incluye ayudar a los estados que incorporen su sistema de salud para necesitados llamado Medicaid, los cuales reciben a cambio una enorme ayuda federal. La respuesta fue que 22 estados no aceptaron sumarse al plan. Todos ellos, en mayor o menor cuantía, tienen una historia esclavista.

Aunque siempre hemos dicho que el racismo no nació de la esclavitud, no es menos cierto que la diferencia de coloración de piel, tema acentuado por los “europeos blancos” en múltiples ocasiones durante el siglo XVII y parte del XVIII, no sólo respecto a los negros sino a los escoceses – irlandeses y otras nacionalidades definidas como “menos pálidas”, contribuyó a la aceptación fortuita que tuvo la esclavitud en el desempeño de la economía agraria del Norte de América.

Este pecado original del país, como lo llama Paul Krugman, domina no sólo los asuntos de salud, sino que se manifiesta en los criterios relacionados al control de armas, la formación de sindicatos, el sistema de impuestos y los salarios mínimos. Resalta además en otros, pero los mencionados son los más álgidos y perjudiciales para el desarrollo armónico de la sociedad.

El racismo en Estados Unidos de América no está muerto, aunque la denominación de un candidato negro como Presidente, la aceptación de los matrimonios y uniones entre diferentes razas, la presencia multiétnica en los centros de servicio y el nivel relacional de los estudiantes en las universidades, también son claros indicadores de una disminución del racismo. La mayor presencia de negros tanto en la política como en la cultura y centros educacionales son otro de los tantos indicadores. La confusión a veces surge porque los críticos de oficio de Estados Unidos, no aceptan que la cultura se va integrando dentro de los cánones informales y de libertad de movimiento que hicieron famosas a las colonias y tanto negros, como el resto de razas y nacionalidades, incluyendo a los europeos blancos que van quedando, se confunden en los hábitos culturales que tienen una fuerte base en el sistema de vida fundado precisamente por estos últimos. Sin embargo, no es menos cierto que se destacan ciertos cambios.

No obstante, la persistente presencia del racismo, hace que Estados Unidos, comparado con la mayoría del resto del planeta, sea un país donde la poca conmiseración hacia los desvalidos y su indolente tolerancia con el sufrimiento de los sectores más relegados de la sociedad, muestre una imagen de desprecio y superioridad, contradictoria con sus fabulosas grandezas materiales y humanas.

Así lo veo y así lo digo.

*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en EE.UU., Subdirector de Radio Miami.

Enviado por el autor a: Martianos-Hermes-Cubainformación

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