¿Se transforma el establishment en USA?
Lorenzo Gonzalo
Sábado, 05 de Marzo de 2016

Lorenzo Gonzalo*/Foto Virgilio Ponce

Por Lorenzo Gonzalo*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- Bernie Sanders promete una “revolución política” y lo ha hecho en un momento en que las circunstancias sociales favorecen el planteamiento. Como ocurre siempre en la historia, ese proceso se ha desarrollado durante años y en la actualidad el sentimiento de inconformidad encuentra su voz en el Congresista, quien lo viene palpando junto a otros cuyo número es significativo y ha decido lanzar ese pregón al ruedo electoral.

Su trabajo social puede ser el comienzo de un movimiento que tendrá como contrapartida a los seguidores de Donald Trump, también desafectos con el medio. Ambos prometen convertirse en movimientos más ideológicos que políticos, por cuanto ambos dirimen, desde posiciones distintas, complejidades nacionales que afectan al país: el poder de los capitales, su influencia en los procesos electorales, la inmigración los indocumentados, los salarios, los seguros de salud, la educación, el traslado de fábricas al exterior, no sólo para reducir sus costos, sino por la esperanza de hallar paraísos fiscales y una balanza comercial desfavorable con países como China y México, forman el núcleo social problemático a resolver. Esos asuntos y muchos más, están siendo despojados de sus vestiduras por ambos candidatos.

Ahora bien, pienso que el movimiento que pueda surgir de Trump, sólo podría darse si triunfa en unas elecciones generales. De lo contrario se derretiría como hielo en verano. Sus planteamientos tienen el tono enardecedor de los demagogos y aunque predica un nacionalismo con el cual sueñan pequeños sectores de la sociedad, las diferencias entre sus soluciones y las de Sanders, deben inclinar finalmente a favor de este último en el mediano o largo plazo. Su éxito hasta ahora no parece residir en los desafectos sin objetivos definidos. Luego de una labor política fracasada es difícil imaginar a Trump convertido en un trabajador social al estilo de Sanders.

Por el momento también es difícil pensar que gane los 1237 delegados que requiere para la nominación (los demócratas requieren 2472). De no alcanzar ese número, aunque tenga la mayoría, los delegados que representan a otros candidatos, dejan de tener compromiso con aquel que les tocó y optan por quien consideren prudente escoger. Se convierte entonces en una primaria “de ajustes” (brokered primary) donde los delegados dejan de tener compromiso con el aspirante que representan. Como son tantos los aspirantes republicanos, al final pueden ponerse de acuerdo y entregar sus votos a alguien que no sea Trump, sacándolo de la contienda como representante del Partido Republicano.

En este proceso electoral estadounidense, donde el voto popular tampoco decide necesariamente la elección de los candidatos, las estructuras de Poder de ambos partidos están siendo alteradas. Por un lado, el nacionalismo de Trump está imbuido de reclamos sociales que se contradicen con su desprecio hacia otros y una falta de humanismo no coincidente con el típico pensamiento progresista. Pero su discurso, el que se le conoce de antaño y el que expresa, contiene elementos de esa naturaleza. Entre otras cosas admira el sistema social demócrata de Dinamarca y ha sido proclive a la creación de un seguro universal de salud.

Cuando sumamos el apoyo multitudinario de Sanders y Trump ante semejantes propuestas, aunque existe una distancia esencial entre ambos, podemos asegurar que estamos presenciando el principio del fin de las estructuras tradicionales de ambos partidos. Esta ocurrencia desafía a su vez al “establishment” de Poder de Washington. Porque no hay un solo “establishment”, son varios y todos están siendo desafiados.

En el caso de Sanders, no se ha producido una reacción virulenta del Partido, como ha sucedió con Trump, quizás porque la radicalización del Partido Demócrata se vislumbra desde que un Presidente negro, con un discurso progresista, fue electo. Obviamente lo que está ocurriendo nos ha sorprendido a todos, porque va más allá de lo esperado.

Lo sucedido con Trump ha provocado reacciones poco habituales para protocolo partidista. El líder del Senado, el Republicano Mitch McConnell, orientó públicamente a quienes aspiran este próximo noviembre a la senaduría federal, que hagan propaganda en contra de Trump. Una indicación del resquebrajamiento del Partido.

Respecto al Partido Demócrata, aunque lo más escuchado es la contienda de ambos candidatos, también los muros presentan grietas. Hay un movimiento de seguidores preparándose para aspirar a la senaduría federal en las elecciones de noviembre y aunque no son aspirantes con el conocimiento necesario para asegurar una victoria, son expresión indiscutible de un movimiento al margen de las estructuras tradicionales. Incluso a algunos de ellos se les consideran probabilidades de ganar en los estados donde las senadurías republicanas son débiles.  Entre esos tenemos a Lucy Flores en Nevada, Pramila Jayapal en el estado de Washington, Zephyr Teachout por NY y John Fetterman por Pensylvania. Pero existen además otros 19 aspirantes de menor rango. Se trata indiscutiblemente de un movimiento político en ciernes. Han existido además casos de desafío de la estructura “establish ment” partidista. Tal es el caso de la Representante por Hawái Tulsi Gabbard quien renunció al Comité Democrático Electoral del Partido, aduciendo que había decidido apoyar a Sanders, porque Clinton significa más intervención en otros países y se propone profundizar la filosofía que plante la obligación de Estados Unidos de cambiar regímenes a favor de los criterios políticos y económicos de Washington.

Estamos sin duda ante un caso sui géneris de la historia evolutiva y transformadora de la única nación que ha tenido un desarrollo lineal. Porque a pesar de haber tenido una Guerra Civil, ésta constituye un elemento que confirma el lineamiento unitario de un proceso que, sorteando obstáculos y con pasos lentos pero seguros, ha sabido renovarse.

Así lo veo y así lo digo.

*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en EE.UU., Subdirector de Radio Miami.

Enviado por el autor a: Martianos-Hermes-Cubainformación

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