Cine cubano porno-turístico y censura de mercado
Objetivo: Falsimedia
Lunes, 26 de Diciembre de 2016

Cubainformación TV – Basado en un texto de Javier Gómez Sánchez – Blog “La Joven Cuba” / “La pupila insomne”.- Cada vez que el Comité organizador de uno de los festivales de cine de Cuba decide no seleccionar una película, click esta se convierte en supuesta “víctima de la censura”. Una palabra que jamás se menciona si la decisión la toma el jurado del festival de otro país. Edición: Javier Matabuena.

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Texto adaptado

Cine cubano porno-turístico y censura de mercado

Cubainformación TV – Basado en un texto de Javier Gómez Sánchez – Blog “La Joven Cuba” / “La pupila insomne”.- Cada vez que el Comité organizador de uno de los festivales de cine de Cuba decide no seleccionar una película, esta se convierte en supuesta “víctima de la censura”. Una palabra que jamás se menciona si la decisión la toma el jurado del festival de otro país.

Por eso es importante hablar sobre censura en el cine. Y de la más fuerte que existe: la del dinero y el mercado.

Desde los años 90, la carencia de recursos obligó al Estado cubano a buscar coproducciones, principalmente con España. La contrapartida fue la imposición de temáticas. El cine cubano se llenó de comedias bufonescas, con tópicos sobre picaresca habanera y persecución a turistas españoles.

Al principio, el público cubano disfrutaba con estas comedias. Hasta que se cansó. Pero ya eran otros tiempos: la economía española había caído en crisis y se acabaron las coproducciones.

Se buscaron nuevas vías de co-financiamiento. Y apareció una palabreja nueva: el “pitch”.

El “pitch” es el acto en que un cineasta “vende” la idea de su guión a una productora extranjera, generalmente de un país del Primer Mundo. Es realmente un acto de “venta”, en el que de manera rápida, atractiva, incluso histriónica, se debe convencer al productor del valor de la historia y -cómo no- de sus posibilidades comerciales.

Estas casas productoras imponen su visión neocolonial. De cineastas árabes, pedirán guiones sobre fundamentalismo religioso según el patrón de la OTAN. Y de cineastas de Colombia o México, mucho narco. Toda propuesta que pierda “folclor tercermundista” quedará fuera de juego.

De Cuba, se exigirán guiones escabrosos, con personajes marginales: delincuentes, buscavidas, transexuales que se prostituyen… Y jóvenes que ansían emigrar. Todo en viviendas ruinosas y oscuras, con escenarios deprimentes.

Ya no es la comedia ligera y simpática de los 90: ahora es la visión porno-turística de Cuba, ubicada básicamente en Centro Habana. Los fondos extranjeros no quieren obras reflexivas y analíticas sobre la realidad cubana. No. Necesitan en pantalla una visión estereotipada, simple y muy decadente de la Isla.

El público cubano, nuevamente, se está cansando. De ver películas deprimentes, que muestran al mundo solo lo peor del país. Y, de paso, que ya no contengan crítica social alguna que agite la reflexión y el análisis. Como siempre ha hecho el cine de la Revolución.

Cayendo, de esta manera, en la peor… de las censuras.

Texto original

“La peor de las censuras”

Desde hace algunas semanas una polémica alrededor de una película ha estado moviendo zonas de Facebook y la web relacionadas con Cuba. De los textos que he leído, este muestra esencias que no he encontrado en otros acercamientos al tema y me hace recordar un post que escribí hace algún tiempo, también una célebre reflexión de  Unamuno en otra polémica: “no se trata de arte sino de economía”.

Javier Gómez Sánchez – Blog “La Joven Cuba” / “La pupila insomne”.- En estos días los medios digitales dedicados a la política cubana han tomado súbitamente interés en el cine nacional. El motivo de atención es la película Santa y Andrés del director Carlos Lechuga. Uno puede preguntarse la razón por la que medios políticos se interesan en una obra de arte.

La palabra mágica: Censura.

Nunca se fijarán en su valor artístico, nunca en la estructura del guión, en el ritmo dramático, en las interpretaciones, en la iluminación, en la dirección de arte. Jamás criticarán si hubo anacronismos, un salto de eje o un error de continuidad.

Pero la película les resulta en extremo interesante. Todos han hablado de ella, casi ninguno la ha visto.

Debo admitir que yo tampoco. Pero como la mayoría de los que la defiende o condena tampoco lo ha hecho, ese detalle parece no tener importancia.

En definitiva, esto no se trata de una película.

Pero por respeto al arte como profesión, no puedo hablar de una obra que no conozco. Además a estas alturas si la película tiene o no calidad, si es cinematográficamente trascendente o memorable, ya no es importante.

En todo caso lo siento por ella. Tal vez ir acompañada el resto de la vida por eso, sea lo más lamentable para una obra de arte y sus creadores. Lo mejor que le puede pasar a un cineasta es que todos hablen de su película porque todos la han visto. No hay valor artístico en variar la fórmula.

Entonces valdría más hablar del cine cubano que se hace hoy.

Con el Período Especial el cine nacional comenzó a transitar por caminos cada vez más tortuosos y que no siempre lo beneficiaron. La profunda crisis económica hizo imposible que el Estado financiara las películas. Se buscaron coproducciones, principalmente con España que en ese tiempo vivía en una burbujeante bonanza económica.

Pero eso imponía temáticas y el cine cubano se llenó de comedias bufonescas con mulatas a la caza de un gallego o gallegos a la caza de mulatas, que era lo que le interesaba al mercado español. Otro tipo de obras pudieron hacerse pero fueron excepcionales. Para muchos cineastas cubanos, no quedaba más remedio que aceptar, pues como recuerdan varios, se trataba de hacer una comedia o no hacer nada.

Al principio el público cubano disfrutaba las comedias, los españoles llegaron incluso a contagiarnos con una enfermedad de su cine de los 90: ¨Ver una película cubana, era ir a ver una comedia¨.

Hasta que el público cubano se cansó y comenzó a exigir otra cosa. Para nuestra desgracia económica pero fortuna artística, España cayó en crisis y se acabaron las coproducciones.

Comenzó una nueva etapa para el cine cubano, que se interesaba cada vez más por mostrar problemáticas de la realidad nacional explorando sus espacios más escabrosos: pobreza, marginalidad, homosexualidad, migración. Temas proscritos por los tabúes y sin dudas necesarios.

Se buscaron nuevas vías de financiamiento, con fondos europeos para fomento del cine en el Tercer Mundo, festivales internacionales, premios de guiones inéditos, apoyo para películas inconclusas.

Apareció entre los cineastas locales una palabreja nueva e incómodamente anglosajona: ¨The pitch¨.

El pitch es el acto en el cual el cineasta ¨vende¨ la idea de su guión a los productores extranjeros, explicándoles la historia de la manera más atractiva posible en pocos minutos. Depende en gran medida de sus dotes oratorias e incluso histriónicas. Si logra despertar intereses y abrir bolsillos, su pitching ha sido exitoso.

Así los cineastas cubanos logran promover sus proyectos en eventos internacionales. Con enorme dificultad desde un país con mínimo acceso a internet, casi nulas posibilidades de manejo de cuentas bancarias y transferencias desde el extranjero, posibilidades relativas de registro autoral con valor internacional, escasa visibilidad o control de lo que ocurra con su filme fuera de Cuba, muy poco o ningún acceso a representación legal o comercial y un pasaporte cubano que requiere un exigente y engorroso visado por casi todos los países.

Solo ese panorama, da la idea de lo difícil que resulta hacer cine en Cuba. Para facilitarlo desde hace años se viene proponiendo una Ley de Cine que otorgue personalidad jurídica a los cineastas, pero esta no ha visto avance efectivo en el ámbito gubernamental ni legislativo.

Por su parte el ICAIC ha promovido la producción de películas que ya vengan con una parte de su presupuesto conseguido fuera de Cuba. Es económicamente entendible.

Pero lamentablemente esos eventos internacionales, de financiamiento principalmente europeo ya que el bloqueo dificulta la posibilidad de capital estadounidense, están dominados por una visión neo colonial del resto del mundo.

Pasan por ahí cineastas africanos, latinoamericanos, árabes, frente a los productores y evaluadores franceses, alemanes, suizos, ingleses o canadienses. Si usted es árabe, para conseguir atención idealmente debe ir con una película sobre el extremismo religioso, si es colombiano con una de droga, si es mexicano con una de emigrantes, si es haitiano con una de miseria y así. Si se aparece usted con una historia que se desarrolle en su país pero trata de problemas existenciales universales, sin ambientarlas con algo del ¨folclor tercermundista¨ que le toque, tiene muy pocas posibilidades.

Solo los cineastas muy prestigiosos, con largas trayectorias de éxito, logran a veces encontrar financiamiento para otro tipo de historias. Y a veces ni siquiera. Porque en la mente de los europeo-occidentales, las películas existenciales las hacen ellos.

Incluso si usted es serbio, bosnio, croata y su película no es sobre el trauma de la guerra o algo por el estilo, ya va en desventaja. Así es la discriminación temática incluso entre los europeos.

¿Qué esperan entonces de los cineastas cubanos? Pues películas escabrosas, mientras más lo sean mejor. Que se desarrollen en solares, barrios marginales, con personajes delincuentes, transexuales, prostitutas, buscavidas, enfermos terminales. Todos deseosos de huir de la isla. Escenarios ruinosos, decadentes, oscuros, lo más deprimentes posible.

Ya ni siquiera es el cliché lúdico de los españoles, ahora es la visión morbosa y decadentista hacia la ¨isla comunista¨.

Esa visión porno-turística tiene escenarios propios. Si décadas atrás se le reprochaba al cine cubano que por motivos económicos no salía de la Capital, ahora se ha encerrado más aun y por motivos temáticos no sale de Centro Habana.

Habría que preguntarse si de esa forma un personaje como el Sergio de Memorias del Subdesarrollo podría existir en el cine cubano actual, siendo heterosexual y viviendo en el Vedado. Aun teniendo un conflicto tremendo y fascinante con lo que ocurre a su alrededor. O la Teresa de Retrato de Teresa, o los personajes de Papeles Secundarios, o la protagonista de Hello Hemingway viviendo su época, incluso el Mauricio de Páginas del Diario…

Porque también ocurre que cuando usted va a buscar esos fondos extranjeros presentando una obra reflexiva, analítica, verdaderamente crítica sobre una realidad muy compleja, no se le garantiza la suerte. Si su visión sobre su propio país es estereotipada y simple, le irá mejor.

Por ese camino una buena parte de las películas cubanas más recientes, a través de una ilusión de estar ¨explorando¨ la realidad, han caído en un empobrecimiento temático.

Y el público nuevamente se está cansando.

Cansado de películas donde todas las paredes están despintadas, donde todas las realidades son deprimentes, en que todos los personajes son víctimas de las instituciones sin jamás recibir nada bueno de ellas, donde todas las historias son reales, sí, pero no por eso dejan de sentirse rebuscadas. Y luego trilladas.

Los cineastas cubanos están de nuevo en una encrucijada. Para muchos se trata de hacer películas así o no poder hacer películas.

Pero eso nos puede llevar a que haya cineastas que ya no vean las cosas de otra manera.

Y así se corre el riesgo de mostrar solo lo malo de nuestro país, proyectando al mundo y a nosotros mismos la peor de sus imágenes. Y de paso no estar haciendo crítica alguna, porque lo que se puede es caer en el simple regodeo de una parte de la realidad y en nada más que eso.

Solamente en una parte. Pero Cuba toda queda año tras año representada solo por esa parte.

Entonces uno recuerda esa frase que le ha escuchado decir a Alicia Alonso: ¨El arte no tiene patria, el artista sí¨

El público también.

Deben reflexionar sobre esto, el ICAIC, el Ministerio de Cultura, los cineastas, todos, para que en la medida de lo posible se apoye más a un cine hecho desde la patria, que no tenga que ir a hacer pitch a ninguna parte.

La historia más reciente del cine nacional nos demuestra que de esa manera se obtienen obras que valen, que nos mueven. Incluso más duras y verdaderamente críticas. Por lo tanto útiles.

Para hacer películas completamente cubanas, porque sus temas sean de interés de los cubanos y no tener que pasar el filtro de lo que les interesa ver de Cuba a los bolsillos extranjeros.

Porque esa es la peor de las censuras.

Para contactar al autor: javiergosanchez09@gmail.com

(La Joven Cuba)

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