Cuba en 26: especial de la Mesa Redonda
Política
Sábado, 28 de Julio de 2018

La Mesa Redonda de la Televisión Cubana les ofrece un completo especial sobre el Día de la Rebeldía Nacional.

Cuba del Moncada al fin de la política burguesa

Orlando Cruz Capote - La pupila insomne.- Para abordar seriamente el estudio de la percepción, recepción e interpretación crítica, articulación incluida, del pensamiento martiano, bolivariano y marxista-leninista (M-L, como se le denominaba desde los tiempos del estalinismo, y que hoy preferimos denominar marxismo y leninismo) todas sintetizadas en estas doctrinas que no pretenden agotar otras fuentes teóricas y prácticas heredadas en las fuerzas revolucionarias más avezadas ideopolíticamente entre 1952-1958, es necesario realizarlo desde varios ángulos coincidentes y, a la vez, muy diversos que demuestran las múltiples raíces históricas, humanistas, éticas, políticas e ideológicas del ideal y el quehacer latinoamericanista, antiimperialista y solidario del liderazgo revolucionario, el de sus elementos humanos conformativos y el enriquecimiento de esos pensamientos en el nuevo tiempo histórico.

En primer lugar, la síntesis de lo mejor de las tradiciones históricas, políticas y culturales de la nación cubana, la ideología mambisa, el ideario y accionar de José Martí, y las demás originalidades y creatividades que se fueron acumulando en la lucha, en la práctica revolucionaria del pueblo y sus líderes.

En segundo lugar, nos permitirá percibir cómo se sucedieron los deslindes en el proceso revolucionario, las distintas posiciones asumidas y los que definitivamente abandonaron el tren de la Revolución.

Un análisis detallado de los principales pronunciamientos políticos, ya sea a través de documentos y discursos, entrevistas, cartas y alocuciones de las figuras y manifiestos más representativos, expuestos por las fuerzas revolucionarias, aquellas que fueron componiendo la vanguardia política (1) del proceso revolucionario cubano en su fase preparatoria y, posteriormente, en su etapa insurreccional y triunfante, permiten apreciar en toda su dimensión la proyección internacional de la Revolución Cubana desde su gestación hasta la victoria el Primero de Enero de 1959, y los primeros meses ulteriores.

La elección de esta problemática histórica-política posee una intencionalidad signada por la necesidad de poner en evidencia que en Cuba, las manifestaciones ideopolíticas antiimperialistas más radicales, enmarcadas en programas endógenos de izquierda muy progresistas, suponen per se la eliminación de la dependencia absoluta con los EE.UU., constituyendo una parte esencial en la solución definitoria de la liberación nacional y social de la nación. Esta puede ser una visión investigativa que contradijera la lógica de los enfoques teóricos que plantean que, la política interior siempre determina, con cierta relatividad, la exterior, pero no demerita en nada el ángulo del análisis propuesto, porque ambas pueden coexistir en armonía o en desavenencias tensionales y porque una actúa sobre la otra, indistintamente, de forma interdependiente.

Muchas investigaciones realizadas hasta el momento se refieren, solamente, a lo expresado, y luego escrito, en “La Historia Me Absolverá” como lo casi único relacionado con la posición ideopolítica del proceso revolucionario cubano (1953-1959) hacia el exterior. Aunque no debemos subestimar lo allí expresado, tampoco se debe reducir todo a este importante y básico documento programático-político. En el alegato de autodefensa de Fidel Castro se proclamó el Programa del Moncada, el cual expresa en una de sus partes que “(...) la política cubana en América Latina sería de estrecha solidaridad con los pueblos democráticos del continente y que los perseguidos políticos de las sangrientas tiranías que oprimen a naciones hermanas, encontrarían en la patria de Martí, no como hoy, persecución, hambre y traición, sino asilo generoso, hermandad y pan. Cuba debía ser baluarte de libertad y no eslabón vergonzoso de despotismo“. (Fidel Castro Ruz La Historia Me Absolverá, Edición Anotada, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 1983, p. 57).

Más insuficientes aún, otras obras limitan el antiimperialismo de la Revolución en curso, a un personal antiamericanismo, basándose en una nota escrita y enviada por Fidel Castro a Celia Sánchez Manduley -y guardada celosamente por ella- en ocasión de la indignación sentida por él, al ver cómo aviones de la dictadura batistiana bombardeaban el 4 de junio de 1958, la región de Minas de Frío (provincia de Oriente) con rockets norteamericanos, "(…) Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario -Mario Sariol, campesino de la zona cuya casa fue completamente destruida (Nota de Autor)- me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero”. (Fidel Castro Ruz Copia taquigráfica y mecanografiada, Consejo de Ministros de la República de Cuba, Archivo del Instituto de Historia de Cuba, 1958). Porque pretender restringir ese sentimiento antinorteamericano legítimo y desligarlo de un antiimperialismo radical -que abarca no solo al imperialismo estadounidense sino a todos los imperialismos- es de una simpleza enorme, puesto que se ciñen a expresiones adecuadas a una situación histórico-concreta, y no pueden ser usadas nunca como corolarios de un pensamiento profundamente estratégico en constante desarrollo.

Se olvida así, lamentablemente, en muchas ocasiones, tanto en la historiografía cubana como en la extranjera, el “Manifiesto del Moncada” en el que los jóvenes de la Generación del Centenario, antes del asalto a los cuarteles “Guillermón Moncada” y “Carlos Manuel de Céspedes”, de Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente, afirmaron que “(...) La Revolución se declara libre de trabas con las naciones extranjeras (…) La Revolución declara su respeto por las Naciones Libres de América hermana que han sabido conquistar, a costa de cruentos sacrificios, la libertad económica y justicia social que es el índice de nuestro siglo. Y hace votos, en esta hora decisiva, porque la clarinada cubana sea una estrella más en la conquista de los ideales e intereses latinoamericanos, latentes en la sangre de nuestros pueblos y en el pensamiento de nuestros hombres más ilustres.” (Manifiesto del Moncada, redactado por Fidel Castro y Raúl Gómez García (este último mártir del Moncada), y publicado en la revista Pensamiento Crítico, No. 18 / 19, Instituto del Libro, La Habana, 1968, pp. 250-256). Resulta interesante añadir que, en este documento, los jóvenes moncadistas se declararon firmes seguidores de las ideas y los accionares de Mella, Villena y Guiteras, así como de un grupo de organizaciones de izquierda existentes en las etapas históricas precedentes, principalmente, las surgidas en la década del 30; y que cuando se expresa, sinceramente, el fin de la opresión económica -“libre de trabas con las naciones extranjeras”- ésta se transforma directamente en el comienzo de la libertad política.

La Generación del Centenario se constituyó a finales de 1952 y principios de 1953 cuando un grupo de jóvenes encabezados por Fidel Castro, Raúl Castro, Abel Santamaría, entre otros, se organizaron y prepararon política y militarmente para enfrentar la tiranía. Ellos constituyeron el núcleo principal de lo que luego fue el MR 26 de Julio, creado el 12 de junio de 1955. Aunque no debe olvidarse que la organización Acción Nacional Revolucionaria (ANR) y su antecesora la Oriental (ARO), bajo el mando de Frank País, pusieron sus estructuras clandestinas a disposición de Fidel Castro y su movimiento. El estreno público de la Generación del Centenario sucedió cuando se realizó el “Desfile de las Antorchas”, en la noche del 27 al 28 de enero de 1953, y marcharon en un bloque disciplinado y compacto desde las escalinatas de la Universidad de la Habana hasta las canteras de San Lázaro, lugar donde se encontraba la Forja Martiana. Existe un antecedente y, quizás, paralelismo organizacional que fue el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), organizado por el profesor universitario y miembro del Instituto de Filosofía y de la Sociedad Cubana de Filosofía, Rafael García Bárcena, cuyo intento de tomar el Campamento de Columbia en La Habana, fracasó por evidentes ausencias de compartimentación conspirativa, delaciones y traiciones.

Al realizar una revisión minuciosa de cerca de 157 escritos originales del Comandante en Jefe Fidel Castro, dirigente máximo del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, creado el 12 de junio de 1955, y de su Ejército Rebelde surgido en la fecha del desembarco de los 82 expedicionarios del yate Granma, el 2 de diciembre de 1956, hemos hallado otros enunciados esenciales de su idea futura acerca de la política exterior de la Revolución Cubana. Igualmente sucede con las otras dos organizaciones revolucionarias fundamentales en la contienda antidictatorial, el Partido Socialista Popular y el Directorio Revolucionario (denominado, posteriormente, DR-13 de Marzo, luego del ataque al Palacio Presidencial, en ese día y mes de 1957). Continuando un cierto orden cronológico y selectivo, y separándolos por las tres organizaciones fundamentales, podemos encontrar nuevas aristas de estas raíces esenciales que conformaron una doctrina que fue autosuperándose en el decursar de la lucha, aunque teniendo adecuaciones a las características del conflicto.

En un discurso pronunciado por Fidel Castro, el 10 de octubre de 1955, en Ciudad México, se expone: “(...) América tiene que esperarlo todo de su juventud; América, dígase de una vez, no puede esperar nada, ni tiene nada que esperar de las oligarquías políticas en decadencia (...) Vendremos aquí, con un pueblo libre, con el pueblo libre de Cuba en la mano, y les diremos a los exiliados de los demás países: allá también tienen, como en México, una patria donde pueden vivir, una patria donde pueden prepararse para la batalla final (...) Y yo envidio a los niños héroes de México, porque los admiro también, y creo que los niños héroes pertenecen a México, y pertenecen también a América, porque cayeron luchando contra un imperialismo que ha puesto sobre toda la América sus garras (...) Hago aquí la profesión de fe en América. Y lo hago con la fe que sentimos en nosotros mismos; lo hago con la seguridad de que América se va a terminar cansando, que América se está cansando, que América se está hastiando de tanta casta de politiqueros y de traidores que está padeciendo. Que el pensamiento de Martí y la espada de Bolívar van a volver a centellear en América. Tengo fe en América.” (Fidel Castro Ruz Discurso pronunciado ante el Monumento a José Martí, en Ciudad de México, el 10 de octubre de 1955, en periódico Hoy, La Habana, 29 de noviembre de 1964, p. 2).

Y confirmando el sentimiento de solidaridad militante y consecuente con las causas de otros pueblos oprimidos por dictaduras sangrientas, como el del quisqueyano contra el sátrapa Rafael Leónidas Trujillo, dijo en agosto de 1956, que “(...) La Revolución dirigida por el “Movimiento 26 de Julio” daría todo su respaldo al movimiento democrático dominicano.” (Fidel Castro Ruiz, Carta sobre Trujillo, dirigida a Miguel Quevedo, Director Revista Bohemia, La Habana, 2 de septiembre de 1956, pp. 35 y 82-83).

A mediados de 1957, ya en tierras cubanas, se dio a la luz pública un nuevo documento que permite percibir la insistencia en asuntos medulares de la proyección internacional del Movimiento 26 de Julio. En el denominado “Manifiesto de la Sierra Maestra” se reafirma: “X) Posición Internacional. (...) La Revolución Cubana queda históricamente situada dentro de la más pura corriente americanista. La comunidad de ideales y de destino que necesariamente une a las repúblicas del hemisferio -las del Norte y las del Sur- es un hecho afortunado a cuyo mantenimiento y desarrollo debe cooperar toda la familia continental (…) La independencia de Cuba, por lo tanto, como la de todos los demás pueblos hermanos de América, no puede tomarse como un hecho aislado. Es parte de un proceso mayor cuya meta suprema debe ser, lógicamente, la integración de todos en una unidad superior de libertad y mutuo entendimiento (...) Por ella, en su relación con todas las demás repúblicas americanas, incluyendo, por supuesto, a los Estados Unidos, Cuba asume una actitud no de separación, sino de acercamiento, no de divergencia, sino de amistad. Esta actitud, encima, siempre que lo demanden los ideales históricos comunes, tendrá categoría de prioridad respecto al resto de las relaciones internacionales, o sea, las extrahemisféricas (…) Política exterior dirigida al logro y mantenimiento de un orden internacional de justicia y de paz y, especialmente, al mejoramiento de las relaciones interamericanas. (…) Revisión de aquellos tratados o acuerdos que resulten lesivos a la soberanía o a la independencia de nuestros pueblos. (…) Proposición de medidas que faciliten el comercio y el intercambio económico entre los países de América. (…) Consideración y estudio de la unidad educacional latinoamericana. (…) Consideración y estudio de la unidad monetaria interamericana. (…) Proposición de medidas que faciliten el intercambio cultural interamericano. (…) Proposición de medidas tendientes a combatir el totalitarismo y las dictaduras en América. (…) Proposición de medidas y acuerdos internacionales encaminados al estímulo y protección del sistema democrático. (…) Política exterior dedicada a la defensa y aplicación de la Carta de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. (…) Afirmación del Derecho de Asilo.” (Manifiesto-Programa del Movimiento 26 de Julio, Folleto Nuestra Razón, Impreso en los Talleres de Manuel Machado, S.A., Noviembre de 1957, México, DF, pp. 35-36. En Archivo del Instituto de Historia de Cuba).

Este documento programático -muy coyuntural- puede ser considerado sumamente cauteloso en sus posiciones con respecto a los gobernantes estadounidenses, pues se evita en el texto cualquier formulación antagónica entre Cuba y los EE.UU., así como se sortean las contradicciones latentes entre la Isla y las oligarquías burguesas de América Latina. Se trata, ante todo, de un proyecto que tiene un sentido y carácter táctico, concebido para no levantar recelos anticipados en los círculos de poder norteamericanos y que, además, contiene una valoración objetiva de la composición ideopolítica de las fuerzas que ya integran o se están incorporando a la lucha popular-armada, política-cívica contra la dictadura y de otras que están optando por una reconciliación con la misma.

La oposición burguesa a la dictadura y la correlación de fuerzas en el campo revolucionario

Dos meses después del desembarco del Granma el 2 de diciembre de 1956, las fuerzas de oposición burguesas en Cuba, intentaron revitalizar la Sociedad de Amigos de la República (SAR), surgida en 1948 y dirigida por el político conservador y Coronel de la Guerra de Independencia Cosme de la Torriente.

Ésta convocó a la concordia y la paz, el cese del terror y la búsqueda de una salida pacífica al drama nacional. Era el mismo esfuerzo conciliador traicionero que esta asociación había realizado posterior al golpe de estado del 10 de marzo de 1952 y ante las taimadas y engañosas -falsas sería la perfecta denominación- “elecciones” de 1954. Aunque fatalmente para sus esfuerzos seudo-políticos, siempre sus llamados al diálogo fueron desalentados y abatidos por la fuerza brutal, arrogante y burlesca de la dictadura.

De igual modo, luego del susodicho zarpazo ilegítimo a la Constitución de 1940, y hasta el mismo final de la guerra se crearon, y muchas veces desparecieron por diversas causas, algunos grupos oposicionistas -de tendencia insurreccionalista-, desgajados del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), (PPC-(O), y del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), (PRC-(A). Incluso, el 2 de junio de 1953, Carlos Prio Socarrás y Millo Ochoa, firmaron el “Pacto de Montreal”, en Canadá, que intentó ser un acuerdo “insurreccionalista” entre una fracción auténtica y otra ortodoxa y no aportó grandes resultados a la práctica ideopolítica oposicionista de la burguesía -solo contribuyeron con dinero y armas, pero nunca pusieron en peligro las vidas de sus demagógicos dirigentes- dadas las divisiones surgidas desde su fundación, por aspiraciones egoístas, individualistas y pretendidos protagonismos.

Así se fundaron y accionaron la organización Triple A (al frente de ésta estuvo en los inicios Aureliano Sánchez Arango), Acción Libertadora (liderada un tiempo por Justo Carrillo), la Organización Auténtica (con Menelao Mora dirigiéndola hasta su muerte, en el ataque al Palacio Presidencial) y el Grupo Montecristi, este último muy afín al Movimiento 4 de abril, dirigido por Ramón Barquín, uno de los integrantes de los militares que llevaron a cabo la “Conspiración de los Puros”, en abril de 1956, y que fue Agregado Militar en la Junta Interamericana de Defensa y, además, gente de confianza de las agencias de espionaje estadounidenses.

Las tácticas entre estas y otras organizaciones divergían, no así sus estrategias que se proponían, solamente, derrocar a Fulgencio Batista, sin cambiar el status quo de una Cuba capitalista y dependiente, y sobre todo el regreso al poder político otra vez. Pero algunos de sus miembros de base se fueron transformando en revolucionarios reales y ofrendaron sus vidas heroicamente en el combate antibatistiano.

Tales fueron los casos, por ejemplo, de Mario Fortuny Rodríguez, luchador de la década del 30, y en esos momentos uno de los hombres claves del aparto militar de la ‘Triple A’, en La Habana, quien fue torturado y asesinado el 27 de noviembre de 1953; y de Reynol García -de la Organización Auténtica- que muere al frente de los asaltantes al Cuartel Goicuría, en Matanzas, el 29 de abril de 1956, conjuntamente con el segundo jefe de la operación, Rubén Hernández Concepción, perteneciente al MR-26-7.

De forma paralela, antes y después, se erigieron otras agrupaciones antidictatoriales de corte reformista como la Juventud Obrera Católica, el Directorio Obrero Católico, etc., y nuevas organizaciones mediacionistas, entre las que se encontraban el Bloque Cubano de Prensa, el Movimiento de la Nación, con figuras como Jorge Mañach, José Pardo Llada, Justo Carrillo y Rufo López Fresquet (éste pasó luego al Movimiento de Resistencia Cívica), también el Movimiento de Liberación Radical, de Amalio Fiallo, Andrés Valdespino y Mario Llerena; el Partido del Pueblo Libre, de Carlos Márquez Sterling (que participó en la farsa electoral de 1958) y, en ese propio año, la denominada Comisión de Concordia Nacional, conformada por altos ex-funcionarios políticos, hacendados, banqueros, comerciantes y el Reverendo Pastor González, que se disolvió prontamente en marzo, entre otros.

Muchos de estos grupos quisieron restar eficacia al combate armado, popular y político decisivo que se desarrollaba en la Sierra Maestra y en el llano. Por esas razones exógenas y por necesidades internas del desarrollo del movimiento revolucionario, en el mes de septiembre de 1957, se constituye el Movimiento de Resistencia Cívica, agrupación militante, pero colateral y subordinada al MR-26-7, cuya composición social fue más diversa, porque en ella se asocian sectores de la pequeña burguesía cubana y de algunas capas burguesas medias, entre otros, y que sirvió para sumar y canalizar el apoyo a la lucha insurreccional, principalmente la clandestina, desde el punto de vista de la logística, etc.. Desde finales de 1952, se había creado con fines antidictatoriales similares, el Frente Cívico de las Mujeres Martianas.

Pero en el instante histórico, cuando se da a conocer el “Manifiesto de la Sierra Maestra”, en 1957, el Movimiento Revolucionario 26 de Julio era -e iba a continuar siéndolo- muy heterogéneo, porque tenía en sus filas a individuos y colectivos que pertenecían a varias organizaciones, como el PPC (O) y, en menor cuantía, al PRC (A) -ambos ya divididos en fracciones, como hemos señalado-, y a otras agrupaciones políticas que no compartirían un compromiso más allá de sus intereses de clases e ideas políticas, y menos un sentimiento y convicción antinorteamericano y antiimperialista. En el “Manifiesto de la Sierra Maestra” estuvieron presentes, firmando el documento, figuras de la oposición burguesa como Felipe Pazos y Roberto Agramonte. Además, no es aún el momento histórico en que estaba consolidado y había alcanzado su hegemonía política el Ejército Rebelde y las fuerzas más radicales del MR-7-26, por lo que no era propicio imponer una línea más profunda en la venidera proyección exterior de la Revolución en curso. Sólo después del fracaso de la huelga del 9 del abril de 1958, en la histórica reunión de Altos de Mompié, es cuando el cargo de Coordinador General del Movimiento 26 de Julio recae en el Comandante en Jefe Fidel Castro, y con ello la total dirección política-militar del combate guerrillero en las montañas y el llano, en la Sierra y la clandestinidad.

Otra fase importante de determinación de la correlación de fuerzas dentro de las filas oposicionistas, así como contra el aparato estatal-represivo de la tiranía fue cuando fracasó la Ofensiva de Verano, lanzada por el ejército batistiano contra las bases principales del Ejército Rebelde, en el corazón de la Sierra Maestra, principalmente, a la Comandancia de la Plata. La contraofensiva rebelde y el viraje militar de la guerra constituyeron el auge y reforzamiento de la hegemonía política del Ejército Rebelde y de los grupos más avezados ideopolíticamente del MR-26-7.

Ese nuevo escenario sociopolítico interno permitió que en el Pacto de Caracas, firmado en Venezuela, los representantes del movimiento revolucionario pudieran decidir a su favor los resultados de la mayoría de los puntos de la agenda de discusión y que, incluso ante la propuesta de otras fuerzas oposicionistas, de que Felipe Pazos fuera el futuro Presidente de la República, estos hicieran la contrapropuesta, aceptada, del Dr. Manuel Urrutia Lleó.

Sin embargo, con cierta retrospectiva en el análisis, los siete documentos primarios que expondremos a continuación sí perfilan, con mayor nitidez, la posición internacional de la dirección política del proceso revolucionario cubano.

Otro momento en que se dan a conocer puntos de vista, esenciales, discordantes entre las distintas organizaciones opositoras y la dirección del Ejército Rebelde es a finales de 1957, en la famosa carta de respuesta del Comandante en Jefe Fidel Castro a los firmantes del “Pacto de Miami”, del que surgió la “Junta de Liberación Nacional” -en el exilio-, éste denuncia el tratado-compromiso alcanzado y desautoriza a los integrantes del MR-26-7 en la reunión, porque, "(…) Suprimir en el documento de unidad la declaración expresa de que se rechaza todo tipo de intervención extranjera en los asuntos internos de Cuba, es de una evidente tibieza patriótica y una cobardía que se denuncia por si sola (…) Declarar que somos contrarios a la intervención no es sólo pedir que no se haga a favor de la revolución porque ello iría en menoscabo de nuestra soberanía e, incluso, en menoscabo de un principio que afecta a todos los pueblos de América; es pedir también que no se intervenga a favor de la dictadura enviándole aviones, bombas, tanques y armas modernas con las cuales se sostiene el poder, y que nadie como nosotros y -sobre todo- la población campesina de la sierra ha sufrido en sus propias carnes (…) En fin, porque lograr que no se intervenga es ya derrocar a la tiranía.” (Fidel Castro Ruz “Carta a los firmantes del Pacto de Miami”, diciembre de 1957. En, Ernesto Che Guevara, Obras. 1957-1967, en Dos Tomos, T. I., Colección Nuestra América, Casa de las Américas, 1970, p. 364).

En la aludida reunión, efectuada en la ciudad sureña estadounidense, estuvieron representadas varias organizaciones que se pronunciaban partidarias de la vía insurreccional: la Organización Auténtica (OA), que era una fracción del PRC (A), el Partido del Pueblo Cubano (O), la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), el Directorio Obrero Revolucionario (organización sindical dirigida por el reformista Ángel Cofiño), el Directorio Revolucionario “13 de Marzo”, el Partido Demócrata (grupo político que procedía del autenticismo) y una representación del MR-26 de Julio compuesta por Mario L. Llerena y Léster Rodríguez. También se encontraban, entre las figuras más representativas, firmantes de este acuerdo, Felipe Pazos (éste se atribuyó la auto-militancia en el movimiento 26 de julio), Raúl Chibás, Carlos Franqui y Lucas Morán.

Mayor radicalización en los pronunciamientos latinoamericanistas y antiimperialistas

Más tarde, en entrevista concedida por el máximo líder de la insurrección armada, popular y política a un periodista norteamericano en 1958, Fidel vuelve a cuestionar la ayuda militar que le presta el gobierno estadounidense a la dictadura planteando que, “(...) ¿Ustedes creen que sus tanques, sus aviones, los cañones que ustedes, norteamericanos, mandan a Batista de buena fe, son usados para la defensa del hemisferio? Los usa para intimidar a su propio pueblo indefenso. ¿Cómo va a contribuir a la “defensa del hemisferio? ¿Si ni siquiera fue capaz de vencernos a nosotros, aún cuando sólo éramos un grupo de doce? (...) Repito lo dicho: al armar a Batista ustedes están en realidad haciendo la guerra contra el pueblo cubano.” (Fidel Castro Ruz Entrevista concedida al periodista Andrew St. George, revista Look, 4 de febrero de 1958, Copia taquigráfica y mecanografiada por el Consejo de Ministros, La Habana, Archivo del Instituto de Historia de Cuba).

A su vez, en la primera transmisión de Fidel Castro por la emisora Radio Rebelde -fundada el 24 de febrero de 1958, por Ernesto Che Guevara- se lanza el siguiente Manifiesto titulado: “A la opinión pública de Cuba y a los pueblos libres de América Latina”, en el que se expresa: "(…) Se afirma que la venta de armas al Gobierno de Batista ha sido cancelada por el Departamento de Estado Americano (…) Pero el resultado no se altera en nada: Estados Unidos se las venden a Somoza y a Trujillo; Somoza y Trujillo se las venden a Batista. ¿Y la Organización de Estados Americanos que hace? ¿Acaso tienen derecho los dictadores a conjurarse para masacrar al pueblo cubano? ¿Y los gobiernos democráticos de América, los líderes y los partidos democráticos del Continente, que hacen con los brazos cruzados? (…) Si los dictadores se ayudan entre sí, ¿por qué los pueblos no han de darse las manos? ¿No estamos en la obligación de ayudarnos los sinceros demócratas de toda la América? ¿Es que no hemos pagado suficientemente caro el pecado de nuestra indiferencia frente al concierto de los tiranos que promueven la destrucción de nuestras democracias? ¿No se comprende que en Cuba se está librando una batalla por el ideal democrático de nuestro Continente? ¿No se percatan de que los últimos dictadores han convertido a Cuba en una de sus últimas trincheras? En Cuba no se lucha ya por la redención de un pueblo solamente, se defiende un principio que interesa a América. Si los dictadores ayudan a Batista, justo es que los pueblos de América ayuden a Cuba (…) En nombre del pueblo de Cuba que está luchando contra las armas de Batista, Trujillo y de Somoza, demandamos ayuda de los gobiernos democráticos de América”. (Fidel Castro Ruz “A la opinión pública de Cuba y a los pueblos libres de América Latina”, en Radio Rebelde, 15 de abril de 1958, copia taquigráfica y mecanografiada del Consejo de Ministros, La Habana, 1959. En Suplemento del periódico Granma, 8 de marzo de 1973, La Habana, p. 1., y en el Archivo del Instituto de Historia de Cuba).

En junio de ese mismo año, 1958, en una entrevista con un periodista venezolano, Fidel Castro corrobora la línea política a seguir por la Revolución triunfante al expresar que “(…) En el orden internacional, la plena soberanía a todo tipo de injerencia política y económica, la solidaridad con los pueblos oprimidos por la dictaduras o agredidos por los países poderosos y el estrechamiento de los lazos con los pueblos hermanos de América Latina.” (Fidel Castro Ruz Entrevista concedida al periodista venezolano Javier Rodríguez, a través de Radio Rebelde, en el periódico Sierra Maestra, junio de 1958, Miami, Florida, USA. En, Archivo del Instituto de Historia de Cuba).

Esa hermandad proclamada con los pueblos y gobiernos democráticos del subcontinente tenía toda una intención estratégica, definida en el mes de julio en un homenaje rendido por Fidel al pueblo de Venezuela, quien había derrocado a la tiranía de Marco Pérez Jiménez. “(...) Y a la gratitud se une la esperanza; la esperanza de que Venezuela siga adelante por el camino que se ha trazado, y a la esperanza de que nos ayude con el mismo espíritu con que Bolívar ayudó a otros pueblos oprimidos, para buscar en la unión de las Naciones libres de América Latina, la solidaridad y la fuerza que nos preserven de los graves peligros de la debilidad, la desunión, la tiranía y el coloniaje”. (Fidel Castro Ruz Palabras de Fidel en Homenaje a Venezuela, 5 de julio de 1958, Copia taquigráfica y mecanografiada del Consejo de Ministros, La Habana, 1959, en Archivo del Instituto de Historia de Cuba; y en periódico Revolución, julio 6 de 1959, Año 2, No. 179, p. 1, Col. 1; y p. 12, Col. 8, La Habana, 1959).

Quizás, el enfrentamiento público más agudo entre la dirección político-militar de la Revolución Cubana y el imperialismo norteamericano se produjo en el mes de octubre de 1958, cuando Fidel Castro responde, de manera enérgica, a una amenazante declaración del Vocero del Departamento de Estado de los EE.UU., Lincolm White. Los sucesos acaecidos alrededor de las plantas de Níquel de Nicaro, en la provincia de Oriente, habían sido el detonador. La situación se creó por una actitud provocadora del ejército batistiano que abandona las posiciones de la zona en donde están enclavadas las propiedades del monopolio norteño. Las fuerzas rebeldes toman las mismas y, es entonces cuando el ejercito de la tiranía decide regresar a la localidad con el fin de provocar acciones combativas que pusieran en peligro las vidas de los funcionarios y empleados norteamericanos e incitar la intervención de las fuerzas militares de los EE.UU. En la tensa coyuntura, una patrulla rebelde que se encuentra preparando una emboscada a los soldados enemigos, advierte la presencia de civiles cubanos y extranjeros en la zona de operaciones y toma retenidos a dos norteamericanos y siete cubanos trabajadores de la Texaco con el objetivo de que no se vieran involucrados en los enfrentamientos armados y no delataran las posiciones rebeldes.

En ese instante se producen las declaraciones del funcionario del Departamento de Estado de EE.UU., y la viril respuesta de Fidel Castro que planteó categóricamente," (…) Porque la única fiscalización que toleramos de nuestros actos, de nuestra libre determinación, es la de la opinión pública de nuestro pueblo y del mundo entero (…) Bueno es advertir que Cuba es un país libre y soberano; deseamos mantener con los Estados Unidos las mejores relaciones de amistad. No queremos que entre Cuba y los Estados Unidos surja un conflicto que no se pueda resolver dentro de las razones y los derechos de los pueblos. Pero si el Departamento de Estado continúa dejándose arrastrar por las intrigas de Mr. Smith y Batista, e incurre en el error injustificable de llevar a su país a un acto de agresión contra nuestra soberanía, tenga la seguridad de que sabremos defenderla dignamente (…) Hay deberes con la Patria que no se puede dejar de cumplir, cueste lo que cueste. A un país grande y poderoso como los Estados Unidos no lo honran las palabras y amenazas que entrañan las últimas declaraciones de Ud. Las amenazas tienen virtud entre las gentes cobardes y sumisas, pero no la tendrán jamás entre los hombres que están dispuestos a morir en defensa de su pueblo”. (Fidel Castro Ruz Declaraciones públicas del Comandante en Jefe Fidel Castro pronunciadas el 25 de octubre de 1958 a través de Radio Rebelde. En, Museo de la Revolución, Propaganda Radial, Caja 18, No. 0230; y en el Archivo del Instituto de Historia de Cuba).

Durante los meses finales de 1958, noviembre y diciembre, ante los éxitos de las fuerzas rebeldes, se comienza a hablar en los círculos políticos del establishment de los EE.UU., República Dominicana y otros países de la región, sobre la posibilidad de una intervención de la OEA en el conflicto interno cubano. A esta maniobra injerencista respondió el líder de la Revolución: "(…) A buena hora se aparecen esta gente con esas intenciones de intervención o de llamar a la Organización de Estados Americanos. Cuando aquí la dictadura estaba tronchando cabezas por centenares no se preocupaban absolutamente nada por eso. No tiene derecho a venir a preocuparse ahora. (…) El que venga a intervenir tendrá que entrar peleando.” (Fidel Castro Ruz Documento del 13 de diciembre de 1958, Archivo del Centro de Estudios de Historia Militar; también en Colectivo de Autores El Comandante en Jefe Fidel Castro, fundador y guía de las FAR. Apuntes para un estudio de su pensamiento militar, 25 Años de Luchas y Victorias, Editora Militar, La Habana, 1983, p. 19).

Acerca de la presencia del marxismo leninismo en el líder la Revolución, él mismo ha corroborado que arribó a este ideario a través de su propio camino de toma de conciencia, luchas patriótica-solidarias y por un acercamiento paulatino a las obras de los clásicos. De un socialista utópico se transformó en un marxista orgánico, creador y original gracias, más que todo, a la praxis revolucionaria. Ello lo reafirmaría por primera vez, públicamente, el 1ro de diciembre de 1961, cuando confirmó que él creía en el marxismo leninismo desde el 26 de julio de 1953 y el 1ro de enero de 1959.

Del pensamiento a la acción

Una vez culminada la contienda bélica mundial (1939-1945), otros espacios de solidaridad se abrieron para las nuevas generaciones de patriotas e internacionalistas cubanos. El líder estudiantil de la Facultad de Derecho de la Universidad de la Habana, Fidel Castro, junto a otros jóvenes patriotas y revolucionarios, se enrolaron en una expedición armada de Cayo Confites, frustrada por el propio gobierno de Grau, el ejército y los oportunistas- aventureros de variado espectro que se habían unido a la misma, para derrocar al dictador Trujillo en República Dominicana.

En 1948, el propio Fidel y otros compañeros viajan a Colombia para asistir a una reunión de coordinación de los estudiantes y jóvenes latinoamericanos, organizada y dirigida contra la constitución de la OEA, entre otros objetivos.

Y allí toman parte en las acciones combativas del pueblo colombiano por el asesinato del candidato popular Jorge Eliécer Gaytán. De igual forma, el líder revolucionario es integrante del Comité Universitario Pro-Independencia de Puerto Rico, luego del resurgimiento del movimiento independentista de ese país (1950) y, más tarde, del Comité Pro-Guatemala, cuando se produce la agresión de la CIA y la OEA contra ese pueblo en 1954.

En este grupo que viaja a Colombia, está Alfredo Guevara que era el responsable de las relaciones exteriores de la FEU. El grupo se separa ante los acontecimientos y Guevara se dedica a buscar a Fidel que ya está tomando parte de la insurrección armada en Bogotá, fusil en mano, y lo trae a La Habana en un avión que transportaba ganado.

El Comité Pro Guatemala inició un reclutamiento popular de jóvenes cubanos dispuestos a combatir en defensa de ese hermano pueblo. Se conformaron entonces las Brigadas “Antonio Maceo” y “Rubén Batista” (nombre del primer mártir estudiantil de la dictadura batistiana) y aunque no fue posible la materialización de esta decisión latinoamericanista, algunos de sus representantes, por otras vías, tuvieron la oportunidad de llegar a esa tierra centroamericana.

En ese país se encontraron Jorge Risquet, entonces dirigente de la Juventud Socialista (organización juvenil del PSP) además de representante de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas (FMJD), y el joven médico argentino Ernesto Che Guevara, quien coincidió en ese momento y espacio histórico en su recorrido por América Latina y se sumó de inmediato a la lucha. En aquel momento el Che comentó que, “(...) Cada mercenario tenía dos ametralladoras, muchas municiones y granadas de mano. Nosotros éramos apenas 50 personas y teníamos sólo revólveres y viejas escopetas, que ni siquiera alcanzaban para todos”. (Noel Vázquez -seudónimo de Jorge Risquet- “Cinco meses en Guatemala”, artículo publicado primeramente en alemán, revista Juventud del Mundo, Órgano de la Federación Mundial Democrática de Juventudes; y también en la Revista Verde Olivo, No. 28, La Habana, 1984, p. 12).

Paralelamente, José Antonio Echevarría y otros dirigentes estudiantiles universitarios estuvieron presentes en tierras costarricenses en 1954, ante la agresión del dictador nicaragüense Anastasio Somoza, en un gesto de convicción y sentimiento solidario, latinoamericanista y humano de gran dimensión.

En cuanto a la participación cubana en la Federación Mundial de Juventudes Democráticas (FMJD), fundada en 1945 en Londres, podemos considerarla amplia, así como la historia de la presencia posterior de la juventud cubana en los Festivales Mundiales de la Juventud y los Estudiantes. Una representación de la Isla estuvo presente en su constitución, entre ellos, Flavio Bravo, Jaime Gravalosa, Arquímedes Poveda, entre otros. (1) Y en 1949, en el II Festival efectuado en Budapest, Hungría, asistieron 4 representantes de la FEU y la Juventud Socialista. Tres años más tarde, en 1953, en el III Festival estuvo, en sus sesiones y actividades, una delegación cubana de 21 miembros, entre los cuales se encontraban, Antonio Núñez Jiménez, José Felipe Carneado, Alfredo Guevara, Raúl Valdés Vivó y José Massip.

A la Conferencia Internacional de Viena, en marzo de 1953, asistió el joven de 22 años, Raúl Castro, como miembro del Comité Permanente del Congreso Martiano por los Derechos de la Juventud, surgido en el cónclave celebrado en La Habana, los días del 26 al 28 de enero de 1953. (2) A su regreso a Cuba, Raúl fue apresado, golpeado y amenazado por el Buró de Investigaciones del régimen batistiano. Y en una entrevista concedida al periódico Hoy, luego de ser puesto en libertad expresó: “Momentos emocionantes fueron los de la clausura de la Conferencia (…) ¡Se acababa de proclamar el derecho de la joven generación a la felicidad!”. (En periódico Hoy, La Habana, 21 de julio de 1953, p. 4). Posteriormente, Jorge Risquet asistió, junto con otros 15 jóvenes cubanos, al IV Festival Mundial en Bucarest, Rumania, entre el 2 y el 16 de agosto de 1953.

Finalmente, significamos que en la última etapa por la liberación nacional y social de nuestra patria, participaron otra vez, como en las guerras de liberación nacional y social del siglo XIX y del propio XX, varios combatientes internacionalistas, como el argentino Ernesto Che Guevara, los dominicanos Ramón Mejías del Castillo y Enrique Jiménez Moya, el mexicano Guillén Alfonso Zelaya Alger, el español Alberto Bayo Giroud y el italiano Gino Donne Paro. También es necesario mencionar el apoyo de personalidades mexicanas como María Antonia y Conde, entre otros.

Quizás, el caso menos conocido sea el de Enrique Jiménez Moya, quien arribó a la Sierra Maestra en un avión desde Venezuela, en el mes de diciembre de 1958, con la encomienda de brindar ayuda en hombres y armas al Ejército Rebelde, en especial, por parte de los patriotas y revolucionarios dominicanos, pero que no llegó a materializarse por la rápida victoria del Primero de Enero. No obstante, Jiménez Moya logró el acuerdo solidario tácito de que, una vez triunfante la Revolución en Cuba, ésta daría su apoyo solidario a los hermanos quisqueyanos en su lucha contra el dictador Trujillo, compromiso político y militar que el proceso revolucionario cubano cumplió en el primer semestre de 1959.

En resumen, tales concepciones y acciones en su conjunto de franco espíritu independentista, latinoamericanista y antiimperialista, solidario e internacionalista conforman, a nuestro entender, las raíces básicas de la proyección internacional de la Revolución Cubana. Se puede afirmar sin dudas que con ese arsenal teórico y práctico, con las enseñanzas y experiencias de los luchadores cubanos de todas las épocas y con la creatividad innata de los nuevos dirigentes de la Revolución, el proceso revolucionario iniciado el primero de enero de 1959 tenía las condiciones objetivas y subjetivas para definir una proyección internacional acorde a las nuevas situaciones.

Enero y año 1959: deslinde de posiciones

El Primero de Enero de 1959 fue un día decisivo para la Revolución Cubana. El instante donde no solo no solo se alcanzó la victoria, sino que se tomaron decisiones fundamentales para defenderla. En horas de la madrugada, el alto mando rebelde ubicado en el central azucarero “América”, en el pueblo de Contramaestre, conoció de los primeros indicios de que se había producido el colapso político-militar del régimen dictatorial y la fuga del tirano Batista. Junto a estas noticias se recibieron rumores, luego la confirmación, de que se había efectuado un golpe de Estado en La Habana. Un día antes, el 31 de diciembre, el Comandante Ernesto Che Guevara había tomado la estratégica ciudad de Santa Clara -junto con el descarrilamiento del famoso “tren blindado” y la rendición de las tropas que viajaban en el mismo-, y el Comandante Camilo Cienfuegos derrotaba al ejército en la batalla de Yaguajay, quedando la Isla dividida, prácticamente en dos. En el Oriente cubano la suerte de la tiranía quedaba decidida con las victorias rebeldes en Maffo, Guisa, Contramaestre y otras zonas en que se denotaba físicamente la presencia de los 4 Frentes guerrilleros y sus columnas.

El golpe de Estado fue preparado por el General Eulogio Cantillo y el embajador norteamericano Earl E. Smith, quienes trataron de imponer en la presidencia provisional de la República al Dr. Carlos M. Piedra, que era el magistrado más antiguo del Tribunal Supremo, porque se habían marchado del país, junto a Batista, el Vicepresidente de la República, Dr. Guás Inclán, y el Presidente del Senado, Dr. Anselmo Alliegro. Además, extrajeron de la cárcel de Isla de Pinos al militar oposicionista y participante en la “Conspiración de los Puros” en 1956, el Coronel Ramón Barquín, para que asumiera el mando del ejército constitucional.

Tal intentona golpista fracasó, en el interior del conciliábulo preparado oficialmente, por no hallar ni siquiera consenso en el resto de los magistrados del Tribunal Supremo y otras personalidades políticas. En la reunión citada en el Campamento de Columbia para la aprobación de Piedra, estuvieron los Dres. José M. Cortina, Alberto Blanco, Vicente Banet, Ricardo Núñez Portuondo, Luis Cuervo Rubio, Loynaz del Castillo, Raúl Cárdenas, Juan B. Moré Benítez y Fernando Álvarez Tabio, algunos de los cuales cuestionaron esa decisión, porque sabían que el presidente propuesto en el Pacto de Caracas era el Dr. Manuel Urrutia Lleó, desconocían si el MR-26 de Julio había autorizado esta designación, no veían en este encuentro sorpresivo a ningún miembro de esa organización y, finalmente, porque si Fidel desconocía de estos pasos dados por Cantillo era mejor no acceder, pues el procedimiento no se ajustaba a las características de una Revolución triunfante. Cerca del mediodía y en el propio Palacio Presidencial, continuaron las divergencias entre los reunidos y Piedra le comunicó a Cantillo que desistía en esos empeños, marchándose para su casa.

Por su parte, Barquín, aunque intentó reorganizar al maltrecho y derrotado ejército, su efímero y virtual mandato y las órdenes que impartió no fueron aprobados por la Comandancia General de la Sierra Maestra, quien le advirtió que el único militar con poderes para tomar el mando militar en el Campamento Militar de Columbia, era el Comandante Camilo Cienfuegos.

El caso de la traición del General Eulogio Cantillo merece una atención especial, pues este fue el oficial que en una secreta reunión sostenida con Fidel Castro, el 28 de diciembre de 1958, se había comprometido a no permitir la huida del tirano y sus más fieles seguidores, que no se entraría en contactos con la embajada norteamericana y que no se admitiría la creación de una Junta o un Gobierno a espaldas de la dirección político militar de la Sierra Maestra, y sin embargo, hizo todo lo contrario. A pesar de las violaciones de lo acordado, Cantillo guardó prisión por poco tiempo, porque era un alto representante del ejército que no se había visto envuelto en hechos sangrientos durante el batistato.

Ante tales acontecimientos, la dirección política de la insurrección armada y popular decidió la toma inmediata de Santiago de Cuba, el avance y la entrada a la capital de la República de las Columnas Guerrilleras No. 2 “Antonio Maceo” y la No. 8 “Ciro Redondo”, al mando de los Comandantes Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara, respectivamente. Y ordenó a los demás jefes militares de los Frentes y Columnas que obtuvieran la capitulación de las ciudades, pueblos y guarniciones en poder de las fuerzas enemigas.

Finalmente, como colofón de las acciones que definirían la victoria revolucionaria, Fidel Castro, en la mañana del día primero, desde los micrófonos de Radio Rebelde, en Palma Soriano, convocó a todos los trabajadores y el pueblo a la huelga general revolucionaria. (6) Aseverando en su llamamiento que, “(...) ¡La historia del 98 no se repetirá! ¡Esta vez los Mambises entrarán en Santiago de Cuba!”. (Fidel Castro Ruz “Instrucciones a Santiago de Cuba”, leídas por Radio Rebelde, el 1ro de enero de 1959, Documento 961, Fondo: Fidel Castro Ruz, Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado).

Ese mismo día, fue conquistada la ciudad oriental de Santiago de Cuba, la segunda en importancia en el país, lograda por la rendición pacífica e inevitable de la guarnición de la misma -al frente del Cuartel Moncada se encontraba el Coronel Rego Rubido -, quien, en las conversaciones con el mando rebelde, cedió ante una realidad que le era sumamente adversa.

La decisión y voluntad de las fuerzas del Ejército Rebelde, la heroicidad del pueblo santiaguero, al que le fueron suministradas armas, y la táctica de Fidel de no humillar a ese ejercito desmoralizado combativamente, al que finalmente le propuso la salida honrosa de incorporarse a las tropas guerrilleras que harían el recorrido hacia La Habana, tuvieron el efecto deseado de no propiciar un combate muy costoso en hombres y el retraso del triunfo, que siempre se dio como seguro. Un episodio poco conocido sucedió en medio de esos intercambios entre las partes beligerantes: el Comandante Raúl Castro entró al Cuartel Moncada y al dirigirle la palabra a los oficiales allí congregados, percibió la confusión e indecisión de sus interlocutores y, entonces tomó un retrato de Batista rompiéndolo contra el piso ante los ojos atónitos de todos los presentes, logrando de esa forma que fueran junto a él a la reunión que Fidel tenía citada con otros jefes militares.

Esa noche, en el discurso al pueblo de toda Cuba en general, Fidel Castro planteó la necesidad de la unidad de la nación, de la urgencia de consolidar la victoria contando con la disposición del pueblo para defender con las armas en la mano los derechos, la soberanía y la libertad recién conquistadas.

Afirmó que se cumpliría con el mandato del pueblo y se aplicaría la justicia revolucionaria contra los criminales y los ladrones de la riqueza del país. Anunció, asimismo, que solo la dirección de la Revolución tenía potestad para nombrar a personas en los cargos públicos, ascensos y otorgar grados militares.

Y haciendo un breve recuento de las luchas del pueblo cubano desde 1868 hasta la fecha, precisó que esta vez no iban a ser frustrados los anhelos independentistas de las masas populares, que no habría posibilidad de que los enemigos de la liberación y la soberanía de Cuba, los Estados Unidos de América evitaran con una intervención-ocupación militar la victoria, como hicieron durante la Segunda Guerra de Independencia (1895-1898) y, con la actividad mediadora de su embajador y verdadero procónsul en la Isla, en la Revolución de 1933.

En La Habana, el susodicho intento de golpe de Estado preparado por la embajada norteamericana y los militares fue prácticamente desbaratado por la acción de las milicias clandestinas del Movimiento Revolucionario 26 de Julio y la inmensa y rotunda huelga general que prácticamente paralizó a todo el país. Asimismo, la rapidez con que las dos columnas invasoras rebeldes entraron en La Habana, dejó sin capacidad de reacción a los conspiradores contrarrevolucionarios. El control militar y político asumido por los Comandantes Camilo Cienfuegos y Ernesto che Guevara, los días 2 y 3 de enero, en el Campamento de Columbia y la Fortaleza de la Cabaña, respectivamente, fueron garantía inequívoca de que el antiguo poder castrense se había desplomado.

La marea de pueblo tomó virtualmente las ciudades y campos de Cuba. Fueron cerradas todas las fábricas, talleres y establecimientos comerciales. Los centros e instituciones represivos fueron asaltados por los combatientes armados con la participación de la propia población. Allí donde la resistencia enemiga se hizo notable, la audaz acción de los revolucionarios puso fin inmediato a tales enfrentamientos. La presencia del Ejército Rebelde y las instrucciones dadas por la dirección política e insurreccional, en especial, las emanadas del Comandante en Jefe Fidel Castro, evitó que algunos ciudadanos pudieran tomarse la justicia por sus propias manos contra los delatores y torturadores al servicio de la tiranía, que fueron detenidos entonces. Los excesos fueron limitados al máximo.

El día 3 de enero, la situación política y militar comenzó a esclarecerse para la alta dirección de la Revolución. Ya no quedaban vestigios de la conspiración golpista y las fuerzas revolucionarias en estrecha coordinación con el pueblo dominaban la compleja situación política. Ese propio día se constituyó el Gobierno Provisional Revolucionario, al efectuarse la primera reunión del Consejo de Ministros, en Santiago de Cuba, la cual había sido seleccionada también temporalmente la capital del país.

Posteriormente, el día 5 el Consejo de Ministros se trasladó a la Capital. Para esa fecha, el Comandante en Jefe Fidel Castro, decidió que el recorrido del Oriente hacía el Occidente cubano que, en un primer momento tenía un carácter fundamentalmente militar, se realizara con un significado político y bajo la denominación de “La Caravana de la Libertad”. De hecho, tal recorrido fue un acontecimiento de una extraordinaria connotación sociopolítica. A su paso por las diferentes provincias y regiones, el líder la Revolución pronunció innumerables discursos y tomó decisiones que incluyó nombramientos de los nuevos representantes en las funciones públicas y militares y, con ello, el establecimiento en todos los lugares de la Isla del orden y el poder revolucionario. La llegada a La Habana de Fidel, el 8 de enero fue apoteósica.

En su discurso pronunciado en el Campamento Militar de Columbia, habló de la necesidad de la unidad de todas las fuerzas revolucionarias, alertando en contra de todas las posibles divisiones y enfrentamientos que, en momentos anteriores de la historia de Cuba habían dado al traste con la victoria revolucionaria y, avizorando su concepto de la verdadera unidad expresó que “(...) Creo que todos debimos estar desde el primer momento en una sola organización revolucionaria”. (7) La idea tenía un significado real, aunque también estratégico, pues algunas fuerzas que decían pertenecer al Directorio Revolucionario 13 de Marzo y a otras organizaciones, habían sustraído armas y logrado ocupar temporalmente el Palacio Presidencial, así como en una base militar de la provincia habanera. La sospecha y el temor de que ocurriera un enfrentamiento entre las fuerzas opositoras al batistato, había provocado que un grupo de mujeres y madres, presentes en el acto, enarbolaran telas y consignas de que no se permitiera más derramamiento de sangre entre los hijos de la nación cubana. Tal confrontación fue evitada y se comenzó un proceso de diálogo y sumatoria de todos los luchadores, no importando el espectro ideopolítico progresista antibatistiano. Solo los traidores se decantaron por su propia actitud antipatriótica y pronorteamericana.

Igualmente, Fidel aseveró que, a pesar del optimismo reinante en el seno de pueblo, nadie podía pensar que el camino a transitar desde ese instante en adelante iba a ser menos fácil con respecto a la lucha, puesto que se levantarían obstáculos innumerables ante el desarrollo del proceso revolucionario. Finalmente, advirtió que la dirección de la Revolución sabría poseer de toda la paciencia revolucionaria necesaria para asumir las responsabilidades y el enorme poder que les otorgaba una revolución victoriosa. En medio de su histórica alocución, Fidel ladeó su rostro hacia el Comandante Camilo Cienfuegos y le preguntó: “¿Voy bien, Camilo?”, a lo que el jefe guerrillero le respondió: “Vas bien, Fidel”. La noche pletórica de emociones imprevisibles, tomó un simbolismo imperecedero cuando fueron soltadas decenas de palomas y una de ellas, de color blanco, se posó en el hombro del líder del Moncada, el Granma y la Sierra Maestra.

Desde los primeros momentos, el principal problema a resolver por toda Revolución auténtica, la conquista del poder político fue en esencia alcanzado. El espacio político arrebatado al bloque oligárquico burgués-terrateniente fue ocupado por el único y verdadero poder, el bloque clasista-popular, cuyo garante fue el Ejército Rebelde, el alma de la Revolución. Conjuntamente los mejores dirigentes y miembros de las fuerzas revolucionarias fundamentales: el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo y el Partido Socialista Popular, entre otros colectivos e individuos revolucionarios, se convirtieron paulatinamente en la vanguardia política del proceso triunfante. Ellos representaron los intereses de los obreros manuales e intelectuales, los campesinos, los estudiantes, la intelectualidad, los desempleados, la pequeña y mediana burguesía radicalizada y otros grupos y sectores del pueblo. Y asumieron el rol de desarrollar hasta las últimas consecuencias la obra de la Revolución Cubana.

Pero fue necesario emprender el rumbo de las transformaciones formuladas en el Programa del Moncada e ir más allá; se hizo imprescindible destruir las bases fundamentales del aparato estatal burgués pro-imperialista e irlas sustituyendo por el establecimiento de un Estado-Nación-Popular, revolucionario, democrático y libre de ataduras imperiales. Los primeros pasos en el desmantelamiento de las instituciones militares-represivas se dieron simultáneamente posterior al triunfo. En la propia madrugada del día 2 de enero, el primer decreto presidencial nombró a Fidel Castro como Comandante en jefe de las Fuerzas de Aire, Mar y Tierra de la República de Cuba.

Esta designación como jefe supremo del ejército lo facultó para iniciar el proceso de depuración y reestructuración del mismo. La idea acerca de cómo sería la nueva institución armada la expresó Fidel cuando afirmó el 6 de enero, a su paso por Santa Clara, que el derrotado cuerpo armado batistiano sería reemplazado por el pueblo armado y organizado. Y con el aniquilamiento del viejo aparato militar-represivo se produjo el surgimiento de las nuevas instituciones armadas revolucionarias. El 16 de octubre de 1959 se crea el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y, el 6 de junio de 1961, el Ministerio del Interior. El Comandante Camilo Cienfuegos denominó a las FAR, “el pueblo uniformado”.

La avalancha de cambios originados por la Revolución se extendió al sistema político y judicial heredado. Feneció de esta forma, paulatinamente, la justicia burguesa. Por decretos y leyes aprobados por el Consejo de Ministros se suprimieron, el día 6 de enero, los Tribunales de Urgencia y los de la Sala Segunda de lo Criminal del Tribunal Supremo.

El 14 de ese propio mes salió publicado la Reforma Constitucional que eliminó la inmovilidad de los funcionarios fiscales y judiciales. A su vez, los famosos jueces venales del Tribunal Supremo, y de otras instancias, fueron destituidos y de hecho inhabilitados para ocupar cargos públicos. Las medidas tomadas eliminaron de la escena política cubana a los antiguos defensores de la dictadura batistiana. Al unísono fueron creados Tribunales Revolucionarios y, en sus cargos se promovieron a profesionales, patriotas de limpia trayectoria y algunos de los que habían luchado con las armas en las manos al oprobioso tirano. Ellos iniciaron, por primera vez en la historia de Cuba y el continente, los juicios imparciales y necesarios contra los asesinos, torturadores, delatores y malversadores del anterior régimen.

En las transformaciones tuvo especial significado la aprobación el 7 de febrero de 1959, por el Consejo de Ministros, de la Ley Fundamental. Partiendo de los criterios básicos, más democráticos y progresistas, de la Constitución de 1940, la nueva ley constituyó un cambio esencial en material legal y, de hecho, sustituyó algunos articulados de la susodicha constitución. Fidel Castro, el 15 de enero, abordó el asunto durante una intervención al responder algunos cuestionamientos sobre el carácter legal de las transformaciones que se iban haciendo y las que se enunciaban, expresando que “(...) Una revolución no se hace con la ley, sino se hace una revolución y la ley viene detrás de la revolución. (...) Las leyes de la Revolución son, fundamentalmente, principios morales. Los propósitos por los cuales se está luchando, esos propósitos son los que guían y trazan el derrotero de la Revolución (...)”. (Fidel Castro Ruz Discurso pronunciado en el Club de Rotarios, en La Habana, En, Pensamiento de Fidel Castro. Selección Temática, enero de 1959-abril de 1961, Un Tomo, Dos Volúmenes, Vol. II, Instituto de Historia del Movimiento Comunista y de la Revolución Socialista de Cuba, Editora política, La Habana, 1983, p. 356).

La Ley Fundamental dio carácter legal permanente al Consejo de Ministros, (8) instrumentó su funcionamiento y permitió aprobar la creación de nuevas instituciones, que constituyeron el nuevo Estado revolucionario. Éstas ejecutaron, entre otras misiones, las confiscaciones de las riquezas mal adquiridas por los funcionarios batistianos. Con esta promulgación y aplicación inmediata se sentó las bases jurídicas iniciales para solucionar en la práctica los graves problemas políticos, socioeconómicos, éticos y jurídicos en que se encontraba el país. (9)

Algo singular sucedió a los partidos políticos burgueses, incluidos los de la oposición batistiana, que antes de la victoria revolucionaria pulularon por todo el país con su retórica demagógica. Estas organizaciones fueron desapareciendo paulatinamente del escenario político nacional porque, junto al desprestigio y los males acumulados en su seno, muchas se habían dividido y subdividido en el combate contra la dictadura. Estas escisiones a su interior, por las formas de lucha adoptadas, produjeron el desgajamiento y el abandono masivo de sus miembros de base.

La vacilación y cobardía política de muchos de sus dirigentes les restó también capacidad de convocatoria. La aprobación de la Ley No. 30 del 30 de enero de 1959, que ratificó la vigencia de “Las disposiciones del Alto Mando Rebelde durante el desarrollo de la lucha armada”, inhabilitando por 30 años las posibilidades de ocupar cargos públicos y políticos a los que habían tomado parte en la farsa electoral de noviembre de 1958, fue un duro golpe a estos personeros reformistas y proclives al entendimiento con el gobierno de los Estados Unidos.

Otros factores de las desapariciones partidarias fueron que muchos de los líderes de estas organizaciones y sus miembros más reaccionarios, más algunos confundidos, se marcharon al exilio, especialmente, hacía los EE.UU. junto a los personeros de la dictadura. Otros, algunos meses después, cuando transitaron con mayor o menor rapidez al campo de la contrarrevolución fueron detenidos y enjuiciados o huyeron hacia, fundamentalmente, el vecino del Norte.

Finalmente, el principio de que los dirigentes de la Revolución tenían que vivir como el pueblo, servirlo con el sacrificio y nunca enriquecerse a costa de él, comenzó a sembrar una confianza ilimitada en las masas trabajadoras, manuales e intelectuales, de la ciudad y el campo, hacía la nueva dirección de la Revolución. La política burguesa al uso tuvo pues una muerte casi natural.

Algunos murieron antes de nacer, tal fue el caso del Movimiento Demócrata Cristiano al frente del cual se hallaba un antiguo estudiante universitario José Ignacio Rasco, quien profesaba ideas anticomunistas, muy inculcadas por el resurgimiento de la Internacional Socialista en 1951, y su desborde hacia América Latina y el Caribe.

Por otra parte, las preguntas clásicas de los gobernantes del Potomac fueron las de siempre. Había que precisar que tipo de gobierno se implantaría en Cuba, cuáles serían sus relaciones con EE.UU. y en que modo podrían afectar las relaciones de éste con el resto de América Latina y el Caribe.

Esas mismas interrogantes se la habían hecho desde los tiempos de Augusto César Sandino y, más tarde, con el gobierno guatemalteco de Jacobo Arbenz. Y ya se conocen las respuestas que dieron a estos. Y de acuerdo a las respuestas de esas interrogantes las posiciones internas de la burguesía y los no antimperialistas irían agrupándose.

Sin embargo, el 7 de enero de 1959, el gobierno de los EE.UU. (Dwight W. Eisenhower) reconoció al nuevo Gobierno Revolucionario de Cuba.

La primera medida del Gobierno Revolucionario de Cuba que les impactó fue la expulsión inmediata de la misión militar norteamericana de la Isla. Tal decisión anunciada por Fidel Castro, el día 9 de enero de 1959, los dejó atónitos. A una pregunta sobre la decisión del gobierno de EE.UU. de retirar la misión militar si el Gobierno Revolucionario lo solicitaba, Fidel respondió de manera tajante: “(...) El Gobierno de los Estados Unidos no tiene derecho a tener una misión aquí permanentemente, eso en primer lugar. O sea, que eso es una prerrogativa no del Departamento de Estado, sino del Gobierno Revolucionario de Cuba. (10) Y el 13 de enero confirmó esa idea: “(...) No hay derecho a que sigamos manteniendo a los que estuvieron enseñando a los soldados a matar cubanos. (...) no queremos espías dentro de las fuerzas armadas de la República, ni conspiradores.” (11)

El gobierno norteamericano y sus dependencias no emitieron un juicio final e inmediato al respecto. El sondeo político había comenzado. Y se abstuvieron de realizar declaraciones y acciones muy agresivas -relativamente- que provocaran una radicalización del proceso, todo lo contrario a lo que han afirmado algunos estudiosos en el exterior. En ese sentido es sintomático que el embajador Earl T. Smith solicitara su renuncia al Departamento de Estado, la cual fue aceptada por el Presidente Dwight D. Eisenhower. Sin embargo, comenzaron por recibir como exilados políticos a los testaferros del gobierno batistiano, los chivatos, torturadores y ladrones del erario público.

Tal acción trató de borrar, de alguna forma, los estrechos vínculos de EE.UU. con Batista. En su lugar, enviaron a Phillip W. Bonsal, el 10 de enero, quién trató en todo momento de conocer los propósitos de las nuevas autoridades cubanas y estableció inmediatamente conversaciones, secretas o de espaldas a la máxima dirección político-militar, con las figuras menos radicales dentro del primer Gobierno Revolucionario, con el fin de tantear sus posiciones y conocer de primera mano hasta donde era posible el desvío de la Revolución en su rumbo más nacionalista y antinorteamericano.

Un ejemplo de ello se puede apreciar claramente, en el telegrama del Embajador Bonsal al Departamento de Estado, el 4 de junio de 1959, donde se explica que “(...) Muchos Ministros incluyendo a Rufo López Fresquet y Humberto Sorí Marín, son conocidos por haberse opuesto a la Ley (Agraria), pero la han secundado en vez de excluirla por completo. (...) López Fresquet piensa que los ruinosos efectos económicos llevarán a su modificación en el término de seis meses. Carrillo, del Banco de Desarrollo Agrícola e Industrial, hablando con los funcionarios de la embajada la noche anterior, vaticinó malos augurios, pero con entusiasmo simpatizó con la Ley (...) Carrillo piensa que la creación de miles de nuevos pequeños propietarios será el baluarte más fuerte en contra del Comunismo.” (13)

Este primer gabinete ministerial revolucionario era en realidad muy heterogéneo. En sus filas aunque predominaron las personalidades revolucionarias y otras, que fueron radicalizándose en el proceso, (14) estuvieron presentes también figuras reformistas y moderadas, los centristas, cuya inclusión en el mismo estuvo dada por la necesidad de la Revolución de lograr cierta unidad entre todas las agrupaciones antibatistianas.

Así, en el gobierno había figuras políticas de “viejo estilo” como Manuel Urrutia Lleó, José Miró Cardona y Roberto Agramante, (15) personas como Manuel Ray, quien perteneció al Movimiento de Resistencia Cívica; un viejo miembro del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) (16) como Manuel Fernández, quien, además, perteneció al autenticismo; y un grupo de intelectuales identificados como nacionalistas (más bien nacional-reformistas) en el terreno económico como Felipe Pazos y Rufo López Fresquet y, otros como Elena Mederos, Ángel Fernández y el Comandante Humberto Sorí Marín. (17) Muchos de estos individuos traicionaron a la Revolución algún tiempo después y se marcharon hacia los Estados Unidos.

Por lo tanto, la comunicación e identificación del embajador Bonsal con el Presidente Manuel Urrutia Lleó y otras personalidades no revolucionarias persiguieron el objetivo de que no se alteraran las relaciones con los EE.UU. y, mucho menos, se afectaran los intereses norteamericanos en la Isla. Tales ideas “moderadas” del enviado diplomático pronto se vieron frustradas al dimitir José Miró Cardona y el resto del gabinete, el 13 de febrero de 1959 y, asumir el 16 de febrero el premierato, el Comandante en Jefe Fidel Castro, en lo que se consideró la solución a la primera crisis institucional de dicho gobierno.

El otro golpe propinado a los intentos del imperialismo de socavar la unidad y el funcionamiento del gobierno revolucionario sucedió cuando, el 11 de junio se produce la segunda crisis institucional y son sustituidos algunos de los ministros, unos por razones políticas y otros con el objetivo de mejorar la eficiencia de los organismos que dirigían. En ese momento entran a formar parte del gabinete Raúl Roa García, como Secretario de Estado (el 23 de diciembre de 1959, se pasa a denominar Ministerio de Relaciones Exteriores), el Comandante Pedro Miret Prieto, José A. Naranjo, Julio Camacho Aguilera y otros.

Poco después, el 16 de julio, ante las actividades y posiciones vacilantes, conspirativas y anticomunistas del Presidente Manuel Urrutia, el Comandante en Jefe Fidel Castro, renuncia a su cargo de Primer Ministro. En una alocución en la televisión Fidel Castro expone las causas de su renuencia a continuar en el cargo por la actitud no revolucionaria y muy pronorteamericana de Urrutia. (18) Este último dimite al cargo, se retira a una casa en los alrededores de La Habana y se introduce tiempo después en una embajada extranjera.

El 26 de Julio de ese año, ante una enorme concentración popular en la Plaza Cívica, en La Habana, el nuevo Presidente de la República Osvaldo Dorticós Torrado, nombrado en una sesión del Consejo de Ministros el 18 de julio, planteó al pueblo congregado que, como se había solicitado en múltiples asambleas obreras, (19) campesinas, estudiantiles y por la población en general, era necesario el retorno del Comandante en Jefe Fidel Castro a su responsabilidad de Primer Ministro y, con la aprobación de las masas congregadas, entre ellas una caballería mambisa campesina traída a La Habana por el Comandante Camilo Cienfuegos, (20) éste asume de nuevo su mandato.

Finalmente, en octubre de 1959, se descubre y se desbarató la intentona golpista y sedicionista del traidor y hasta ese momento Comandante Hubert Matos. (21)

Luego de la destrucción de esta conspiración “inspirada” en el anticomunismo, las opciones norteamericanas de revertir el proceso revolucionario desde dentro las filas del Gobierno fueron prácticamente nulas.

Orlando Cruz Guerra. Dr. en Ciencias Históricas . Investigador Auxiliar del Instituto de Filosofía de Cuba, 23 de julio de 2018.

Notas bibliográficas y referencias:

Denominaremos vanguardia política, en este momento, a las organizaciones, movimientos y a las principales personalidades que dirigieron, realmente, el proceso revolucionario (en la teoría y en la práctica) y que tuvieron capacidad organizativa, de convocatoria, movilización y dirección sobre el pueblo en la lucha insurreccional, política y de masas contra la dictadura. En este caso, en el núcleo dirigente del Ejército Rebelde estaba una parte esencial de esa vanguardia política.

Fidel Castro Ruz Conferencia en el Ciclo de la Universidad Popular. Educación y Revolución, Obras Revolucionarias, No. 19, La Habana, 9 de abril de 1961; Conferencia en el Ciclo de la Universidad Popular. Los Órganos de la Revolución, sobre el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC), Obras Revolucionarias, No. 46, La Habana, 1ro de diciembre de 1961; Discurso en la Universidad de Carolina de Praga, Checoslovaquia, 22 de junio de 1972, en El futuro es el internacionalismo, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1972; Discurso en la Velada Solemne en ocasión del XX Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1973, en Discursos. Fidel Castro, Tomo II, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 26 de julio de 1973; Algunos aspectos de la Revolución Cubana, en la Revista Kommunits (El Comunista), No. 15, Moscú, 1978 (en ruso); El Marxismo-leninismo y la Revolución Cubana, en Revista Internacional, No. 1, Editorial Paz y Socialismo, Praga, 1979; Informe Central al Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, en “La Unión nos dio la Victoria”, Editora del DOR del CC del PCC, La Habana, 1976, entre otros.

José Antonio Echevarria, en octubre de 1954 es nombrado presidente de la FEU, en diciembre de 1955 se funda el Directorio Revolucionario y, el 24 de febrero de 1956, el líder estudiantil comunicó el acuerdo que creaba la organización clandestina de la FEU, el Directorio Revolucionario para la lucha armada contra la tiranía.

La delegación cubana estuvo integrada por 8 miembros efectivos y dos suplentes, en representación de la FEU, la Juventud Socialista, la Comisión Juvenil de la CTC y la Juventud Auténtica. En, María C. Pacheco, Orlando Cruz y Humberto Fabián Apuntes para la Historia del Movimiento Juvenil Cubano, Editora Abril, La Habana, 1987.

El Congreso Martiano por los Derechos de la Juventud fue un empeño de varias organizaciones juveniles de la oposición batistiana que impulsaron, en su lucha por restituir la Constitución de 1940, los derechos democráticos, la celebración de elecciones generales y otras demandas radicales como la constitución de un gobierno realmente democrático, la realización de una reforma agraria, la eliminación de la discriminación racial, etc. Este evento nacional, en el año del Centenario del nacimiento de José Martí, formó parte de un amplio movimiento internacional en defensa de los derechos de la joven generación que culminaría en Viena, ese mismo año, en una conferencia mundial de las juventudes.

La Huelga General Revolucionaria se inició a partir del llamamiento de Fidel Castro y terminó el 4 de enero, cuando el propio Fidel, desde Camagüey, convocó al pueblo y a los trabajadores a reiniciar las labores para que no se afectaran los servicios y la economía del país y ante la comprobación del triunfo revolucionario.

Fidel Castro Ruz Discurso en el Campamento Columbia a su entrada a La Habana, 8 de enero de 1959, En El Pensamiento de Fidel Castro. Selección Temática, enero de 1959-abril de 1961, Instituto de Historia del Movimiento Comunista y de la Revolución Socialista de Cuba, I Tomo, Dos Volúmenes, Vol. II, Editora política, La Habana, 1983, p. 563.

Desde la constitución del Consejo de Ministros quedaron abolidos el Senado y la Cámara de Representantes de la República, y este Consejo asumió las funciones y facultades ejecutivas y legislativas.

Además, ratificó algunas leyes y medidas revolucionarias tomadas durante la lucha insurreccional por el Ejército Rebelde, como lo fue, por ejemplo, la Ley No. 3 sobre la Reforma Agraria puesta en ejecución en la Sierra Maestra.

Fidel Castro Ruz Comparecencia en el programa “Ante la Prensa”, 9 de enero de 1959, Versiones Taquigráficas del Consejo de Estado, Archivo del Instituto de Historia de Cuba.

Fidel Castro Ruz Discurso pronunciado en el almuerzo homenaje que el Club de Leones ofreció al Ejército Rebelde, 13 de enero de 1959, en El pensamiento de Fidel Castro. Selección Temática, Ob. Cit. t. I., Vol. I, p. 4.

Telegram 1500 from Havana, June 4, 1959; Department of States, Central Files, Lot. 837. 16/6-459.

En el Primer Gabinete Ministerial estaban personalidades revolucionarias como: Armando Hart Dávalos, Faustino Pérez Hernández, Julio Martínez Páez, Luis Orlando Rodríguez, Luis M. Buch Rodríguez, Raúl Cepero Bonilla, Regino Boti, Augusto R. Martínez Arango, Enrique Ostulki Osacki. Incluso, en fechas tempranas fue incluido en el gobierno el compañero Osvaldo Dorticós Torrado como Ministro Encargado de la Ponencia y Estudios de leyes Revolucionarias. Folletos de Divulgación Legislativa. Leyes del Gobierno Provisional de la Revolución, Tomos: desde enero hasta diciembre de 1959, Editorial Lex, La Habana, 1959; Luis M. Buch Gobierno Revolucionario Cubano. Génesis y Primeros Pasos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1999 y Luis M. Buch y Reynaldo Suárez Otros Pasos del Gobierno Revolucionario, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2002.

Manuel Urrutia Lleó había sido designado por Fidel Castro desde el Pacto de Caracas como el futuro Presidente del país, teniendo en cuenta su posición favorable en el juicio efectuado a los jóvenes revolucionarios que habían participado en el alzamiento y toma de Santiago de Cuba, el 30 de noviembre de 1956; José Miró Cardona había sido Presidente del Colegio de Abogados y estuvo en el Conjunto de Instituciones Cívicas que trataron de mediar en la contienda contra el batistato; Roberto Agramonte era Ortodoxo y estuvo involucrado con la oposición al batistato en el exilio, desde la fracción del PPC (O).

El Movimiento Nacionalista Revolucionario fue una organización creada por el profesor universitario Rafael García Bárcenas, a fines de 1952 y principios de 1953, cuyo propósito era derrocar a la tiranía batistiana. Por su deficiente organización clandestina y la entrada a la misma de individuos no revolucionarios fue descubierta por los órganos represivos de la dictadura. Orlando Cruz Capote “Rafael García Bárcenas (1907-1961). El escenario latinoamericano de su accionar intelectual y político en los años de la década del 50”, Revista Cubana de Filosofía, No. 9, Mayo / septiembre, ISSN: 1817-0137, http://www.filosofia.cu.

Como se puede apreciar, es cierto que la composición sociopolítica e ideológica de este gobierno era heterogénea, pero nunca tuvieron el poder real, ni siquiera dentro del gobierno. El poder real lo ejercía el Ejército Rebelde y su dirección político-militar, y lo más que pudieron hacer dentro del gabinete fue la demorar la aprobación de leyes e intentar la mediatización de algunas. Fueron denominados ministros y funcionarios ‘retrancas’ nombrados de esa forma por las autoridades revolucionarias y el propio pueblo.

Las declaraciones públicas (televisivas) del Presidente Urrutia, el 13 de julio de 1959, censurando las posiciones radicales de la Revolución que catalogó de comunistas tuvieron una repercusión inmediata en los EE.UU. En un telegrama de la embajada norteamericana al Departamento de Estado se indicaba que

"…las observaciones de Urrutia representaban la declaración anticomunista más firme que alguna vez fuera hecha por miembro alguno de un gobierno revolucionario". Telegram from the Embassy in Cuba to the Department of State, July 13, 1959. Department of State, Central Files, 737.00/7-1359. Confidential.

Los obreros llegaron a convocar y realizar una huelga general de 10 minutos solicitando el regreso de Fidel Castro al cargo de Primer ministro. Como hecho curioso se puede apuntar que esta ha sido la única huelga general sucedida a lo largo del proceso revolucionario en sus 45 años de existencia.

Al decir de los medios de prensa cubanos, la capital de Cuba “se vistió por primera vez de guajiros” y ello fue una muestra fehaciente de la alianza obrera-campesina. Periódico Revolución, 27 de julio de 1959, pp. 1-2.

Este individuo luego del triunfo revolucionario fue nombrado Jefe Militar de la Plaza de Camagüey. Allí, Hubert Matos desarrolló una labor conspiradora, escisionista, secesionista y confusionista en las filas del Ejército Rebelde, principalmente en esa provincia agramontina, llegó a crear una revista “Las Clavelinas” y promocionó su figura para una Cuba contra Fidel y el comunismo. Fue la primera gran traición dentro de las filas revolucionarias del más alto nivel. La respuesta fue contundente, el propio Fidel Castro y Camilo Cienfuegos desbarataron ese movimiento, donde algunos compañeros revolucionarios fueron confundidos y, poco después, algunos de ellos volvieron a ser fieles representantes de los intereses de la Revolución. Hubert Matos fue sentenciado a 30 años de privación de libertad y luego marchó hacia los EE.UU. donde prosiguió su labor contrarrevolucionaria al servicio de la potencia imperial enemiga de Cuba, hasta su muerte Periódico Revolución, La Habana, octubre y noviembre de 1959.

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