Agromercados en Cuba: La hierba que pagamos y no comemos PDF Imprimir E-mail
Sociedad
Jueves, 01 de Marzo de 2018

Enrique Valdés Machín - Cubadebate - Foto: Ana Zulueta/ ACN.- Desde hace algún tiempo se ha convertido en casi una moda de mal gusto la existencia de toda una gama de productos agrícolas “adornados” con un ostentoso racimo de hierba tan pesado que el alimento en cuestión. Si bien eso ayuda al consumidor a reducir el margen de error a la hora de conocer si lo que pretende adquirir está fresco o no (bástese con comprobar el color de la planta), también lo encarece notablemente.

Algunos administradores de puntos de venta que se rigen por el margen comercial de precios aprobados hace algunos años por el Ministerio de Finanzas y Precios, me explicaban que en los casos de la cebolla, zanahoria y remolacha estaban obligados a venderlas con la hierba porque esta venía incluida en el peso de la carga y los márgenes de merma eran muy estrechos.

Escogimos al azar los mazos de algunos consumidores para realizar este trabajo y en la casi totalidad “el adorno” igualaba o superaba el precio del alimento.

Así un mazo de cinco zanahorias alcanzaba el nada módico precio de 16 pesos, a cuatro pesos la libra; dos de ellas (ocho pesos) en su tallo casi marchito que el dependiente del agromercado accedió quitar después de pesar el producto.

En consecuencia la libra no se pagó a cuatro sino a ocho pesos porque el resto del dinero fue destinado a pagar algo cuyo destino final fue el latón de basura.

Igualmente sucede con la cebolla, aunque en honor a la verdad, no encontré en los márgenes comerciales de precios nada referido al molesto, innecesario e incomprensible apéndice.

Recuerdo ahora que hace algunos años la principal divisa del sector era la de ofertar un servicio eficiente, con productos beneficiados y precios acordes con su verdadera calidad. ¿Adónde fueron a parar esos principios? ¿Por qué debe ser la población quien pague los desechos de la cosecha?

Esta situación que a diario golpea los diezmados bolsillos de los consumidores abre también otras interrogantes: ¿engrosa esta hierba los informes de la cantidad de toneladas de alimentos que según se afirma se entregan a la población? ¿Está concebido en el presupuesto y recaudación de las Empresas de Mercados Agropecuarios ingresar por este concepto?

De cualquier manera la realidad, más rica que la ficción, nos enfrenta al absurdo- no puedo calificarlo de otra manera- de pagar por un racimo de hierba inservible, que va a la basura y por supuesto no comemos.

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