Michel Balivo - Cubainformación.- Estamos en épocas paradójicas. En Venezuela el gobierno bolivariano viene concretando en hechos simultáneos y crecientes las eternas e incumplidas promesas de dictaduras y gobiernos democráticos que lo antecedieron. Nunca como ahora ha habido movimiento tan intenso ni un crecimiento sostenido en el país en todas las áreas. 

Pero sobre todo la toma de control de PDVSA luego del boicot petrolero, le permitió intensificar las misiones dirigidas a la satisfacción de todas las necesidades esenciales del pueblo. ¿Qué podían proponer los eternos vendedores de sueños y prometedores incumplidos de la comarca, ante la toma de conciencia de la gente de que sí se podía hacer y que todas las excusas habían sido vanos engaños?

Ahora el ejército y la policía ya no se usa para reprimir al pueblo. No hay necesidad de ello cuando se lo escucha, cuando se dialoga y acuerda con el, cuando no se le miente. Cuando se le va pagando hasta la deuda social acumulada por los gobiernos anteriores, dándoles todas sus justas y merecidas reivindicaciones. Cuando se está dispuesto hasta la muerte por ser fiel al compromiso.

Habiendo perdido su fuente central petrolera de recursos y el aparato represor, a la oposición que pretendía mantener los privilegios que ya consideraba un derecho adquirido o heredado, no le quedó más recurso que abandonar las calles y replegarse en los recintos cerrados, con aire acondicionado de los canales de televisión.

Desde allí y con abundante flujo de dólares que viene desde sus socios mayores y jefes del norte, sin calor de pueblo ni molestos debates democráticos planifican discursos y efectos a producir en las multitudes, para generar la impresión de que el país en manos de un dictador ególatra que pisotea a la gente está alterado y resulta ingobernable.

Solo se sale a la calle en grupitos y con las cámaras listas para filmar los efectos prefabricados que se pretende difundir, sobre todo a nivel internacional. Porque luego de ocho años de derrotas contundentes y consecutivas en todos los frentes ya saben que en el país han perdido totalmente su credibilidad y por la vía democrática no tienen nada que buscar.

Cualquier propuesta que la oposición pueda hacer en estos momentos, como su candidato presidencial con la tarjeta “Mi Negra” en las últimas elecciones presidenciales de diciembre, prometiendo que de los dividendos del petróleo se iba a acreditar una cantidad mensual a cada persona, es solo una apuesta para ver cuan estúpida puede llegar a ser la gente.

Porque no pueden más que decir que van a hacer lo que por cuarenta años no se les dio la santísima gana hacer y ahora si se está haciendo. Cuando en realidad lo que es un secreto a todas veces es que no aceptan justamente que “de lo que consideraban suyo”, la gente ahora está recibiendo lo que le corresponde y eso es lo que resienten y quieren evitar a toda costa.

Es desde aquí que se comprende que la no renovación de la señal del espectro electromagnético de RCTV, entregándola además a la participación popular en Tves, golpea uno de sus recintos sagrados, de sus cerebros operacionales. Anunciando además un terreno más en el que serán vencidos y desplazados, dejándolos sin herramientas para manipular a la conciencia colectiva.

Hábitos, creencias y sistemas de intereses son una y la misma cosa, y cuando tu interfieres, desvías, discontinúas esa poderosa inercia, esa economía sicológica, se actualizan las resistencias y reacciones desproporcionadas.

Allí en la desproporción está la medida y profundidad del núcleo conflictivo de intereses alcanzado. Así y no de otro modo es como lo oscuro, difuso, sentido pero poderosamente operativo y sugestionador, aflora, es traído a conciencia, es “visto”, objetivado, perdiendo gradualmente poder.

La dirección, el plan estratégico del gobierno bolivariano ha puesto en evidencia justamente esas reacciones desproporcionadas, cuando lo único que se está haciendo es simplemente implementar lo que se soñó, habló, ideologizó y prometió por boca de filósofos, curas, mercaderes y políticos a lo largo y ancho de este último siglo.

He dicho muchas veces que la mente humana trasciende su percepción y por eso el contenido de la conciencia es organizado por mitos. A mi me da la impresión de que justamente todo esto que presenciamos es un mito que aflora a la superficie de la conciencia colectiva y se personaliza en el escenario público. Casi como el continente atlante que emerge de bajo las aguas.

El mito es que se había proyectado sobre el pueblo lo oscuro y temible, lo sucio y bajo. Mientras que en los hechos el verdadero peligro viene de los intereses de quienes manejan la información, el conocimiento, los recursos económicos, las fuerzas represivas.
Por lo tanto para que todo eso pasara desapercibido eran necesarios entretenimientos que nos mantuviesen distraídos. Por ello se apropiaron del arte popular y lo administraban para transmitirnos mensajes explícitos y subliminales de las aspiraciones y  modelos sociales ideales. Ideales para la continuidad de sus intereses claro está.

¿Y quienes son los que oscilan, los que fluyen y refluyen entre los oscuros abismos de la temida pobreza y las elevadas y luminosas élites de anhelada riqueza sino las clases medias? Justamente por ello son los elementos de mayor movilidad o inestabilidad sicosocial y por tanto los más vulnerables o susceptibles, a quienes van principalmente dirigidos tales mensajes.

Pero como dice una canción de Eros Ramazzotti refiriéndose justamente al “sueño americano”, todo tiene un precio, cada dios un cielo, cada sueño un tiempo en que debes despertar. Y las hambrunas, enfermedades y muertes de una tercera parte de la humanidad, los recursos energéticos que se agotan, aires y cielos contaminados, tierras desertizadas, etc., nos han comenzado a cachetear despertándonos del laaargo hechizo o pesadilla mítica.

Una nueva sensibilidad se hace sentir, un nuevo mito comienza a cobrar forma, a deslumbrar las miradas, a dar dirección al pensamiento y las acciones colectivas. La conciencia colectiva sueña un nuevo paisaje humano y por eso el viejo mito pierde fuerza hipnótica y comienza a ser visto.

Entonces los señores feudales empiezan a ser considerados como lepra social y todo su prestigio se convierte en excremento entre el cual comienzan a chapotear y vivir. Poco a poco todo el mundo comienza abandonar los árboles caídos y hace leña con ellos, ese proceso es inevitable e irreversible. Es una inversión total de valores respecto a la cual no hay nada que hacer.

Solo puedes renunciar a tu identificación egoica y sumarte alegremente a las nuevas corrientes de vida, donde ya no son los privilegios los que señalan quien eres sino la generosidad o egoísmo con que participas en el intercambio social. Esa es la base de la experiencia personal que se magnifica en lo global y que se registra igual en cada conciencia. Es una experiencia fáctica, sensual, pero con un trasfondo sicológico, anímico.

Si no reconoces la nueva condición y te ajustas a ella, te sucede como a Condoleeza Rice en la OEA, comienzas a chocar y a quedarte solo como perro. Pasas vergüenza y no te queda más que retirarte haciéndote el ofendido y dejando escapar amenazas que ya sabes no podrás cumplir. Porque cada vez tienes menos gente que te cree y acompaña, menos poder, pues árbol caído  ya no da sombra.

Pareciera entonces que el poder está no tanto en las armas o el dinero, porque eso pasa de mano en mano y tu no puedes vivir vigilando arsenales y bancos. Y aunque pudieras no puedes defenderlos solo. Así pues el poder está en el mítico sueño que impresiona la conciencia colectiva generando consenso. Y cuando lo pierdes, cuando se desgastan sus deslumbrantes imágenes ya no te queda nada. Esa es la triste historia de los poseedores de todo.

Hablar de mitos, del sustrato profundo de la conciencia y memoria de nuestra especie en una época de pretendida racionalidad, es peor que decir palabrotas. En el mejor de los casos se trata de una vaga palabrería que como una nube pasa sin el menor significado. Por eso sería bueno tal vez hacer un acercamiento a la posible formación de un mito y su poder operativo.

Imaginemos por un momento que la vida crece y se desarrolla en torno a un medio líquido, fluyente, como el agua, pero también como la sensibilidad, las sensaciones, la atención. Todo organismo o ser viviente depende de ella para existir, ya sea vegetal, animal o humano y no puede alejarse de ella más allá de su tolerancia a la deshidratación, lo cual establece sus límites de movilidad.

Ahora bien, un día cualquiera por ausencia de lluvia u otro accidente comienza a faltar el precioso líquido. Recién entonces comienzan a entrar en conciencia, comenzamos a experimentar los efectos de esta ausencia y a caer en cuenta de la función imprescindible que este líquido cumple en nuestra existencia.

Porque mientras no se discontinúa su provisión no hay necesidad, exigencia imperiosa de respuestas ni en consecuencia caer en cuenta o conciencia. Esta imperiosa necesidad puede perfectamente traducirse alegórica o ensoñadamente a contenido religioso, como sucede ante todo momento crítico de la vida en que la conciencia es desbordada y se siente impotente víctima de las circunstancias. Entonces eleva su mirada al cielo, a lo alto y superior y cayendo de rodillas lleva sus manos al centro del pecho y ora, ruega, suplica.

Ahora en torno a la diosa de las aguas se comienza a establecer un sistema de jerarquías que la administran y exigen ofrendas y sacrificios variados a cambio del favor de los dioses, y por supuesto se autootorgan privilegios de hijos de los dioses como intermediarios que son.

Cuando este particular paisaje mental y anímico se convierte en hábitos y creencias al que ya nacen las nuevas generaciones, poco a poco las castas se vuelven herencia divina y clases sociales, instituciones, burocracia. Así como los sacrificios se traducen a adoraciones, subordinaciones y dinero. Aún hoy puede apreciarse este fenómeno, surgen  lugares, hechos y santos milagrosos y se montan rápidamente los escenarios y peregrinaciones.

Por supuesto con el tiempo también surge su contrapartida, su otra polaridad, los hijos del mal, los antisociales, terroristas, los libres pensadores que despertando del sueño se oponen a todos esos privilegios hereditarios y preestablecidos. Y es justamente ante el orden y la autoridad establecida que los menos privilegiados y sus exigencias cobran connotaciones antisociales y terroristas y se proyecta todo lo malo, oscuro y temible sobre ellos.

A su vez la incipiente conciencia de la función fundamental del agua, de su imperiosa necesidad para la vida, de cómo se experimenta físicamente su ausencia, opera desde el trasfondo de memoria impulsándonos y  guiándonos hacia el descubrimiento de los modos de direccionar esa corriente de agua, de canalizarla, embalsarla. Aunque nada de ello implica la alteración de tales hábitos y creencias de respeto a la autoridad y supremacía de lo alto y sus jerarquías. 

Pero por cosas más o menos inexplicables resulta que otro día cualquiera la sensibilidad y la atención fijada en ese sistema de creencias y valores comienza a ganar movilidad, a fluir, y poco a poco los hijos de los dioses se transfiguran y son vistos como los del diablo o mal, y todo el respeto y admiración que despertaban se convierte en indignación.

Entonces comienzan a ser abandonados a su suerte y todo lo que habían creído llegar a ser se destiñe como un sueño al despertar, como la oscuridad ante los primeros rayos de luz. Yo diría que se trata del desgaste de un sistema de creencias, contenidos y valores que se van quedando como envases vacíos, agotados en el sentido y significado, en las expectativas sobre ellos proyectadas.

Y cuando eso sucede la conciencia insatisfecha comienza a buscar otros valores, paisajes, guías, a orientarse y organizarse en torno a otros representantes y a retejer la red social de comunicaciones que se había deshilachado. Justamente porque “representar” no es ser, sino convertirse en intermediario o conectiva entre algo y alguien.

El viejo mito y su orden resultante se escenifican públicamente como las actitudes prepotentes y despóticas de la señora Rice en la OEA, como los políticos de la oposición, como los estudiantes que ahora manifiestan irreflexivamente en nombre de la libertad de expresión.

Cuando paseas por Caracas y ves ese eslogan en los vidrios de vehículos de decenas de miles de dólares, no puedes más que sonreír y preguntarte de que libertad hablarán estos señores y cuántas libertades habrán. Pero resulta que en respuesta a su pedido invitan a los estudiantes a debatir en el máximo estrado del pueblo, en la asamblea constituyente, transmitiendo en cadena.

Entonces dicen tres o cuatro frases, se quitan la camisa para dejar a la vista otra que dice “libertad”, y tras el efecto dramático y sentimental “for export” se retiran “dignamente”. Tras ellos vienen otros estudiantes que si representan a la gran mayoría y muestran el guión abandonado por los breves oradores, prescrito por una empresa de publicidad internacional que les indica hasta el momento preciso para el show mediático del cambio de camisas.

Estos estudiantes sí tienen argumentos, si quieren y pueden  debatir, ya sea en medio del pueblo o ante las cámaras. Porque no necesitan mentir, huir vergonzosamente, porque tienen la verdad de su parte, porque no le temen al pueblo, porque se suman a los Consejos Comunales y participan aportando su conocimiento y guiando, aconsejando a los menos favorecidos.

Porque consideran su ciencia una herramienta de cambio para devolver al pueblo los estudios que les está proporcionando con su esfuerzo y sudor. Esta es la emergencia del nuevo mito y paisaje contra el cual todo lo anterior desgastado comienza a estrellarse.
Por eso en Venezuela, andando por las calles o parques tu puedes ver al ejército hombro con hombro con la sociedad civil, trabajando, celebrando. Y en el mismo trabajo y celebración te puedes encontrar mezclados “Hare Krisna” con sus refrescos y comidas vegetales, con sus particulares ritmos y cantos, con sacerdotes católicos y evangelistas que alternan alegremente.

Es una especie de colorida y loca feria difícil de creer, y hasta difícil de vivir. Porque la puntualidad, orden y obediencia de los militares choca con el desorden alborotado de la multiplicidad de pueblo, son diferentes notas en la melodía. Pero no puedes tener orquesta ni melodía con un solo instrumento y nota musical, no puedes tender arco iris con un solo color.

Y si una revolución verdadera hay, es esta en que las funciones especializadas comienzan a interactuar, reconciliarse, complementarse, conocerse, flexibilizarse. Comprendiendo que toda especialización y eficacia en un rubro exige un alto precio en lo que a la totalidad anímica del organismo o ecosistema se refiere.

Así como en un momento la evolución hizo necesaria tal diferenciación, así como la luz se desdobla o refracta en el cristal de la conciencia en los colores del arco iris, ahora para seguir adelante hace imprescindible una síntesis de diferenciaciones, una conciencia de la conciencia.

De esa síntesis genética y cultural hacia la cual camina nuestra América de mil colores, entre los temblores del parto que ya experimentamos, nacerá el siempre esperado nuevo hombre. Ese también es un mito que nos acompaña desde siempre y que hoy finalmente realiza su transición de la oscuridad a la luz, de los sueños a la carne, a los hechos, del alma al mundo de las formas.
Solo resta decir que al igual que los dioses, las imágenes o contenidos míticos que algunos llaman arquetipos tienen movimiento autónomo, operan con total libertad e independencia de la conciencia racional o personal de cada época, y responden más bien a tonos o atmósferas anímicas colectivas que a circunstancias puntuales.

Algunos sueños toman más y otros menos, pero de cierto todos se realizan. Los dioses y sus hijos los héroes mueren, pero también llegado su tiempo renacen.

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