Es la segunda vez que el sociólogo y politólogo argentino Atilio Borón visita Cubainformación TV. Nos presenta su libro más reciente, “El hechicero de la tribu”, editado por Akal. Una obra de polémica, de refutación de los postulados de Mario Vargas Llosa, ese gran novelista peruano paladín de la derecha y de los intereses de las élites latinoamericanas.


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Comienza de manera irónica la entrevista: "La llamada de la tribu" -libro de Vargas Llosa que es refutado por “El hechicero de la tribu” de Borón- es la tercera autobiografía del peruano, "algo inédito y excepcional en la historia".

Repasamos el escenario latinoamericano y las nuevas medidas de bloqueo contra Cuba y la agresión a Venezuela, apoyada esta por Vargas Llosa, intelectual orgánico del neoliberalismo a quien, sin embargo, reconoce grandes virtudes: ser un "gran publicista" e influencer, del que la izquierda "tiene mucho que aprender": "su manera elegante y flexible de llevar a públicos muy amplios sus ideas, más allá de sectores académicos".

"La izquierda debería tener varios Vargas Llosa, que consigan llevar a grandes públicos, en términos elegantes, elocuentes y bien escritos las grandes ideas del pensamiento revolucionario", explica Borón.

Equipo de producción: Ana Gil, José Manzaneda y Endika Alonso.

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Atilio Borón, sociólogo argentino autor de “El hechicero de la tribu”: “La izquierda debe ser implacable porque la derecha no respeta la democracia”

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Transcripción: Leonardo A. MESA SUERO / Cubainformación.- Atilio Borón presentó en la pasada Feria Internacional del Libro de La Habana “El hechicero de la tribu”, una obra de polémica intelectual, de refutación de las tesis ideológicas del novelista peruano Mario Vargas Llosa

¿Por qué y para qué “El hechicero de la tribu”?
- Vargas Llosa sigue siendo un gran escritor, aunque la calidad de su obra no sea ya la misma de 45 o 50 años atrás. Y tiene una enorme capacidad para transmitir sus ideas: me llama mucho la atención cómo él ha popularizado los argumentos del neoliberalismo, cómo usa los grandes medios, la prensa, la radio y la televisión. Las ideas que promueve se convierten en sentido común en muchos sectores en América Latina.
    Va pregonando las supuestas virtudes del liberalismo mientras va ocultando sus innegables crímenes. Cuando digo crímenes, no estoy exagerando. Por ejemplo, cuando en Argentina el presidente Mauricio Macri quitó a los niños y las niñas más de la mitad de las 19 vacunas existentes, a las que antes accedían gratuitamente, fue un crimen.
    En mi libro hago una exégesis de sus pensamientos, sobre todo de su último libro, curiosamente la tercera autobiografía que escribe. Es un caso bastante excepcional, porque ya había escrito una en “La tía Julia y el escribidor” (1997) y otra en “El pez en el agua” (1993). Esta tercera, “La llamada de la tribu” (2018), está dedicada a su tránsito desde el marxismo radical, extremo, al liberalismo, esa doctrina que según él permite a la humanidad avanzar hacia el progreso, la felicidad y el bienestar.

Considera que existen claras “falacias ideológicas” en los textos de Mario Vargas Llosa. ¿Cuáles?
- Son muchas. En el libro él revisa la obra de siete autores, según él los grandes inspiradores de su fundamentación ideológica. Los más importantes: Karl Raimund Popper, Friedrich Von Hayek, Isaiah Berlin y Raimond Claude Ferdinand Aron.
    También se apoya en la obra de Adam Smith, pero tergiversa brutalmente su pensamiento. Por ejemplo, se ampara en su metáfora de la “mano invisible” y la distorsiona por completo, haciéndose eco de la interpretación que los liberales han hecho de la obra de Smith. Adam Smith fue un pensador progresista que, contrariamente a lo que dice Vargas Llosa, enumera las decisiones que tienen que tomar los estados para evitar los estragos que puede producir la “mano invisible”. Decía que basta escuchar lo que hablan, en una taberna, comerciantes, industriales y terratenientes para darse cuenta de que lo único de lo que hablan es de aumentar los precios y reducir los salarios. Nada de esto aparece ni remotamente en la obra de Vargas Llosa, donde más bien se habla de una mano invisible que produce el progreso económico, la felicidad y el desarrollo. Una tergiversación brutal.
    En mi libro lo contrasto con lo que realmente dijo Adam Smith, remitiendo al texto original, demostrando la tergiversación. Lo contrasto también con la Teoría del Derrame, esa suposición de que los ricos, hastiados ya de sus riquezas, comienzan a dejar que esa fluya hacia abajo para que los pobres, con sus cucharas, reciban lo que cae de esa copa llena de riquezas. Esto no existe, no se ha dado en ningún país del mundo. Todo lo contrario, hay investigaciones que lo demuestran. Thomas Piketty, economista francés, en su libro “El capital en el siglo XXI”, muestra el proceso de concentración de la riqueza de los capitalismos centrales en estos dos últimos siglos, y no hay distribución hacia abajo. En mi libro analizo el caso de EEUU donde, desde finales del siglo XX, mientras la riqueza del 1% de la población más rica se ha incrementado de manera descomunal, la del 90% no ha experimentado ningún aumento en términos reales, considerada la inflación. La teoría de que el 1% rico se harta de riqueza y la derrama no tiene ningún fundamento.

Nos cuenta que Mario Vargas Llosa es un gran “publicista” de la derecha, un gran influencer del que ¿se puede aprender algo?
- ¡Mucho! Deberíamos tener, en el campo del pensamiento de izquierda, varios Vargas Llosa: gente que exponga en términos sencillos, elocuentes, elegantes, bien escritos, en buen castellano, las grandes ideas del pensamiento revolucionario. Tenemos grandes intelectuales, pero sin su capacidad para exponer en términos simples y persuasivos.
    Creo que el academicismo ha sido un elemento negativo en la difusión del pensamiento marxista revolucionario. Siempre hago una valoración muy positiva de la obra de Federico Engels, porque fue quién popularizó el marxismo. El primer capítulo de “El Capital” ya era suficiente para desalentar hasta al obrero alemán más consciente de finales del siglo XIX; sin embargo, este podía leer y entender el “Anti-Dühring” o cualquiera de los textos de divulgación de Engels, entender qué era el fenómeno de la explotación. Esa claridad es la que nos está faltando hoy y esa es la convocatoria que hago a las jóvenes generaciones de intelectuales.

-En el escenario convulso de América Latina, ¿cuáles serían las lecciones que debe aprender el progresismo?
- Hemos sido extraordinariamente ingenuos al pensar que la derecha es democrática, republicana y respetuosa. Muchos gobiernos progresistas lo creyeron: Cristina, Lula, Correa y Evo. Que, ante un triunfo apabullante de la izquierda, la derecha iba a respetar la institucionalidad que ella misma había establecido. No, la derecha es golpista y desestabilizadora, no cree en la democracia, esta le va bien sólo cuando les conviene, cuando pueden aprovecharla. Lo prueba la experiencia de América Latina en estos últimos años que, a mi juicio, es una gran lección. Al volver, tenemos que ser más implacables en la aplicación de nuestros programas y no caer en la ingenuidad de pensar que la derecha va a respetar las reglas democráticas. Nunca lo ha hecho y nunca lo hará.

¿Qué papel augura al actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO)? ¿Lo considera una esperanza?
- Absolutamente, creo que es una gran noticia para América Latina su llegada al gobierno. México se incorpora tardíamente al ciclo progresista que se inició en América Latina con el triunfo de Hugo Chávez en 1998. ¿Y por qué se incorpora tardíamente? Como decía el viejo dictador Porfirio Díaz: “Pobre México. Tan lejos de Dios, tan cerca de Estados Unidos”. La cercanía a EEUU limitó los márgenes de maniobra que tenía México para actuar con independencia en relación con los procesos de unidad del Sur de América, de la Unión de las Naciones Suramericanas (UNASUR), por ejemplo. México no pudo incorporarse, porque  ya EEUU lo había amarrado con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), que entró en vigor el 1 de enero de 1994.
    Creo que López Obrador es un aliento muy importante. De hecho, la nueva política exterior está recuperando su tradicional independencia. Recordemos que nunca se sumó al bloqueo en contra de Cuba cuando EEUU obligó a expulsarla del sistema interamericano. Actualmente, las declaraciones muy enfáticas del presidente López Obrador y de la cancillería de que no debe admitirse ningún tipo de injerencia extranjera en la solución de la crisis venezolana, por ejemplo, han sido un elemento muy positivo.

Vd. recuperaba la vieja idea del boicot a los productos de las multinacionales de EEUU, ¿realmente lo ve posible?
- Creo que sí, de hecho en Europa se ha hecho una experiencia positiva con el boicot a los productos de Israel, con cierto impacto. Deberíamos tener, claro está, una coordinación internacional. Cuando Fidel insistió en la Tricontinental, allá en el año 1967, fue para coordinar las luchas en contra de las oligarquías. Y creo que aquella convocatoria tiene una tremenda actualidad. ¿Por qué? Porque estamos luchando frente a una burguesía imperial entrelazada, coordinada, que planifica sus acciones a escala global y planetaria.
    El Foro anual de Davos es el estado mayor de la burguesía imperial, donde deciden cómo avanzar en los diferentes países. Frente a eso hay una colección totalmente dispersa de fuerzas revolucionarias muy abnegadas y populares, pero que carecen de un comando centralizado. No planteo repetir la historia de la Tercera Internacional, pero sí coordinar esa campaña. Unirnos en Europa, EEUU, América Latina y el Caribe, África y Asia para decir: vamos a tomar cinco grandes empresas norteamericanas y hacer un boicot serio, o plantones en sus sedes.
    Estoy siguiendo muy cerca el tema de los chalecos amarillos en Francia. Es un caso realmente impresionante, negado totalmente por la prensa. ¿Tú sabes mi gran sorpresa? En España, estando casi semana y media, no leí ninguna noticia sobre Francia, donde la represión ha sido brutal, nada. Pero no pocas sobre Venezuela y Maduro. Es una cosa ridícula.
    Ese es el efecto perverso de los medios, al filtrar la información, al ocultarla. Gilbert Chesterton, filósofo inglés, en 1914, en vísperas de la Primera Guerra Mundial, sentenció que creíamos que, con el advenimiento de la gran prensa, íbamos a conocer al fin la verdad, pero nos damos cuenta de que la misión de la gran prensa es evitar que la verdad sea conocida. ¡1914! Más de un siglo atrás. Y eso no ha cambiado, los estudios de Noam Chomsky demuestran que la función de la prensa hegemónica no es informar, sino generar el consenso para mantener el poder.

 

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