Misión Verdad.- En el marco del 74º periodo de sesiones de Asamblea General de las Naciones Unidas, el administrador de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo (USAID, por sus siglas en inglés), Mark Green, anunció la "donación" de 52 millones de dólares para el financiamiento del gobierno fake de Voluntad Popular, tras una reunión con Julio Borges y Carlos Vecchio.


 

En medio del recrudecimiento del bloqueo financiero contra Venezuela, el posicionamiento del discurso de la "ayuda humanitaria" y su financiamiento en el país continúan siendo el núcleo discursivo del manual de golpe de Estado que sigue en marcha en contra la República Bolivariana de Venezuela.

Sin embargo, lo atractivo de la "ayuda" es la gran cantidad de dinero que orbita sobre ella, y no solo ha servido para los operadores venezolanos sino para algunos gobiernos del continente. En mayo de este año, el canciller Carlos Holmes Trujillo, de Colombia, hizo la solicitud de 1 mil 526 millones de dólares para, supuestamente, atender a la población migrante venezolana.

Aunado a esto, los migrantes venezolanos han sido el foco en las noticias internacionales, a razón de la creciente xenofobia y aporofobia en su contra.

Repasemos brevemente tres puntuales casos xenofóbicos hacia los migrantes venezolanos en el continente, para así diagramar el rol político y hasta económico que juega la xenofobia en todo el aparataje de ataques a escala internacional en contra de Venezuela.

  • La corresponsal de TeleSur, Madelein García, publicó un video sobre la expulsión por medio de redadas y maltrato a venezolanos en Colombia.
  • A través de Exitosa Sur, un canal de noticias peruano, se hace cobertura al decomiso de productos golosinarios que utilizaban para la venta tres venezolanos.
  • El canal peruano Andina Televisión (ATV) colgó un video en el que se muestra a un grupo de policías golpeando a una mujer venezolana en la calle. Posteriormente publicaron su testimonio.

Son innumerables las publicaciones, a través de redes sociales y medios, sobre las agresiones hacia los venezolanos en diferentes países, principalmente en los pertenecientes al llamado Grupo de Lima, e inclusive se ha llegado a mostrar las alarmantes cifras de venezolanos asesinados por razones de odio en Colombia.

Pero, ¿a qué viene esa amplia cobertura mediática? El diario El Nuevo Herald ya ha asomado la opinión de que la única solución a la crisis migratoria venezolana es sacar a Nicolás Maduro del poder. Resultan evidentes las intenciones políticas que hay detrás de esta repugnante campaña de xenofobia contra venezolanos.

Es la misma jugada, solo cambian el nombre del país

Basta con hacer scrolling en las cuentas de redes sociales de los diferentes medios de comunicación, de ciertos periodistas y de algunos usuarios para darse cuenta de toda una cobertura a la aparente consternación y disgusto de los nativos de los países que tienen una amplia población migratoria. Diferentes alegatos se orientan a culpar a los extranjeros de todos los males de la sociedad.

Desde la década de los años 90, la cifra migratoria ha ido en aumento, de la mano de las nuevas configuraciones económicas globales y, sobre todo, porque históricamente Latinoamérica ha sido un terreno para las intervenciones militares de los Estados Unidos.

En Latinoamérica, los grandes movimientos migratorios han tenido diferencias destacadas, pero el referente de ese fenómeno en el continente ha sido el desplazamiento forzado colombiano, debido al conflicto armado en ese país.

Según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), más de 7 millones de colombianos han sido desplazados desde 1985 hasta 2018, siendo el país con mayor movimiento migratorio.

Aunado a eso, Radio Nacional de Colombia informó en su portal la alarma de ACNUR, sobre una de las razones por las cuales se ha incrementado la cifra: por las políticas de recepción del gobierno colombiano a los venezolanos migrantes, dejando en un segundo plano la causa real del desplazamiento.

El foco es Venezuela, pero esto tiene un precedente. La admisión de migrantes se ha presentado a la opinión pública como "ayuda humanitaria", pero su esencia es claramente política, ni más ni menos.

La historia reciente lo registra. Por ejemplo, iniciando la década de los años 60, Estados Unidos tenía atractivas políticas migratorias para los cubanos porque eran las "víctimas del comunismo", esto era parte de las políticas de Washington para generar presión sobre Cuba y desestabilizar al país. Desde luego, esto contaba con una gigantesca campaña mediática que no tomaba en cuenta el impacto negativo sobre ese país provocado por el embargo comercial y financiero.

En paralelo, los migrantes de Haití, en épocas de Jean Claude Duvalier, se desplazaban a Estados Unidos por las políticas de terror implementadas bajo ese gobierno. En territorio estadounidense los haitianos no eran tratados de la misma manera, como sucedía con los migrantes cubanos, solo porque Duvalier era aliado de la administraciones de Richard Nixon hasta Ronald Reagan. Este trato también aplicó a los países de Centroamérica.

Actualmente, a pesar de las notables cifras de migración colombiana, para la administración de Trump no es relevante ni alarmante el desplazamiento colombiano, debido a la complicidad entre Colombia y Estados Unidos. Contrario a la atención que prestan a Venezuela, ya que envían dinero a los países del Grupo de Lima para "atender" a los migrantes venezolanos y promueven la iniciativa de otorgar a los venezolanos que emigren a Estados Unidos, el Estatus de Protección Temporal (TPS). Es el mismo manual, solo se sustituye el nombre del país cómplice y del país a atacar.

Para la USAID, el proceso migratorio venezolano se debe a la creciente inflación desde 2014, y no hacen ninguna referencia a que, desde el Decreto Obama (2015) y la extensión paulatina del mismo, la economía venezolana se ha visto afectada indudablemente. Pues, como informó la vicepresidenta Delcy Rodríguez ante la ONU, son 350 medidas coercitivas las que ha aplicado Estados Unidos contra Venezuela, fungiendo como catalizador para acelerar e intensificar las presiones políticas contra el gobierno venezolano.

Migración, el negocio perfecto para la explotación

Las empresas y las industrias capitalistas tienen una regla básica: mantener los costos más bajos. Esto lo logran, sustancialmente, con mano de obra barata para poder aumentar las ganancias. Sin duda, esta lógica contribuye a la prosperidad de una élite empresarial y comercial de cualquier país.

También, para las empresas es crucial mantener cierta competencia o ciertas disputas para que cualquier persona, en condición ilegal, esté dispuesta a trabajar sin importar los salarios bajos que ofrecen. Con esto, la xenofobia juega un rol de índole económica.

El columnista de The New York Times, Eduardo Porter, publicó un artículo en 2017 titulado "Estados Unidos necesita más inmigrantes", en el que considera que la política migratoria del magnate presidente Donald Trump de deportar para ese entonces a más de 11 millones de inmigrantes estaba errada, porque "los inmigrantes poco calificados también son consumidores de bienes y servicios hechos en Estados Unidos y su mano de obra barata aumenta la producción económica y reduce los costos".

Estas premisas forman parte de la lógica semiesclavista que subyace a la migración. Los inmigrantes son netamente útiles en el desarrollo de esta era de la globalización corporativa. Por ello, los países con alta recepción de migrantes, en los distintos continentes, necesitan hacer uso de la amenaza de la deportación y el recelo de los nativos hacia los extranjeros como componentes clave para mantener a la población migrante (por un largo tiempo) ilegal para continuar "invirtiendo" en mano de obra barata.

La xenofobia como instrumento de presión (geo)política

El abrebocas de este escenario fue en 2017, y lo inició Julio Borges catalogando a la migración venezolana como una enfermedad contagiosa. Es este sujeto el principal operador de las sanciones contra Venezuela, y con estas declaraciones, sumó al caldo de cultivo de la intervención militar ansiada por los lobbistas de Guaidó.

En esa misma declaración, Borges alegó que los venezolanos crean un problema social en la región, potenciando el paramilitarismo, el tráfico de drogas, la delincuencia y el terrorismo. Es innegable que esa matriz manejada por Borges es aprovechada para crear las presiones a nivel internacional en contra de Venezuela, ya que expresa que es el momento de actuar para "rescatar la democracia".

En el plano internacional, acompañó en el inicio de esta campaña de criminalización a los venezolanos el presidente ecuatoriano Lenín Moreno, cuando en enero pasado hizo el llamado a las brigadas de seguridad para "controlar la situación de los inmigrantes venezolanos", incitando un desborde de violencia xenófoba contra venezolanos en Ecuador.

De hecho, el 29 de septiembre se desató un trending topic en Twitter sobre la situación de xenofobia hacia venezolanos en Perú, puesto que se publicaron múltiples videos: una marcha antivenezolana, la mencionada golpiza a la joven venezolana y el llamado que hace una autoridad de cerrar la frontera a "los miserables venezolanos". A raíz de esto, llama poderosamente la atención la sintonía de las reacciones de los diferentes operadores de Guaidó, que responsabilizan de estos hechos al gobierno venezolano.

De acuerdo a los tres casos referidos al comienzo, y toda la cobertura mediática, resulta alarmante la situación, desde los hechos de violencia hasta los obstáculos para abastecer de combustible a los vuelos del Plan Vuelta a la Patria en Perú; también el trato agresivo de las fuerzas de seguridad y de la población y sus autoridades contra los venezolanos, es producto de una magna y lúgubre campaña política.

Los mitos de que los migrantes quitan empleos y son los males de la sociedad quedaron atrás, es imposible que el monopolio de la delincuencia recaiga objetivamente en una población migrante. Las posibilidades de que un nacional y un extranjero cometan actos irregulares son las mismas.

El divide y vencerás como recurso político para mantener una ruptura en grandes masas de población y el resultado de esto, pueden servir para cualquier fin. Por ello, la xenofobia es manejada de forma pendular porque es parte del movimiento de las piezas de presión en el intento de quebrar al Estado venezolano y todas sus instituciones.

Asimismo, es un instrumento de distracción a las crisis reales que viven esos países receptores en lo interno.

Por eso, toda esta estrategia política solo tiene un fin: la contribución a los "esfuerzos" que llevan a cabo los operadores respaldados por Estados Unidos para climatizar el terreno en el marco de una próxima intervención de Washington sobre Venezuela, cercando a la opinión pública en torno a los supuestos responsables de la "desestabilización regional" con el que se le indilga al gobierno de Nicolás Maduro Moros.

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