Misión Verdad - Video: Anonymus Bolivia.- El Comité Pro Santa Cruz (CPSC) y la Unión Juvenil Cruceñista (UJC), aglutinantes del empresariado del departamento de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, son las plataformas que utilizó Luis Fernando Camacho para perfilarse como líder de las primeras revueltas, amplificadas luego en sediciones contra la institucionalidad del gobierno boliviano.


La región más beligerante de los últimos días de enfrentamiento es territorio de las élites cruceñas, famosas por haber trazado una línea divisora entre ellas y el resto del país, marginando sobre todo a la población del altiplano.

Una rápida vista a los orígenes del poder cruceñista

El dominio del oriente del país se concentró en unas decenas de familias con orígenes "blancos, criollos y descendientes de europeos", que amasaron fortuna en la época colonial, sobre todo con la actividad agrícola y la explotación del caucho. Sin embargo, perdería influencia en el Estado boliviano por algunos años, cuando la economía fue trasladada hacia el occidente con el auge de la minería de estaño.

Un grupo de académicos de la Federación Universitaria Local tomó entonces la decisión de conformar, en octubre de 1950, el CPCS. Lo describieron como una organización "esencialmente apartidista" que cumpliría el papel de "gobierno moral", un eufemismo para ocultar que carecían de poder político constituido, por lo que esa figura ejercería desde entonces presión a favor de los proyectos de la oligarquía cruceñista en Bolivia por encima de las necesidades de otros departamentos del país.

Entre las pretensiones primarias del comité, estaba la culminación de la carretera Cochabamba-Santa Cruz, la del transporte ferroviario y la urbanización de los servicios públicos.

Siete años después, Carlos Valverde Barbery (dirigente de la Falange Socialista Boliviana) conformaría la UJC, el brazo armado de este comité, junto con otros jóvenes cruceñistas. Decía Valverde que la iniciativa surgió de la necesidad de dinamizar los objetivos "pues la lucha hasta esa fecha se estaba convirtiendo en una guerra de comunicados".

¿Qué era exactamente lo que no lograban dinamizar en ese momento? En Bolivia se promulgó una Ley de Regalías Petroleras (1938) que dictaba la repartición del 11% de las ganancias a las regiones productoras. Santa Cruz estaba exigiendo que se cumpliera esa ley.

La Gulf Oil Co., empresa estadounidense de hidrocarburos, impuso al gobierno de Hernán Siles Zuazo la entrega de la industria en un conveniente contracto para Estados Unidos: el 89% de la participación le correspondía a la transnacional mientras que el Estado boliviano asumía el 11%.

Las élites cruceñistas y el presidente de entonces, perteneciente al Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), discutían quién iba a administrar esa mínima parte boliviana. La disputa llevó a la llamada "revolución de 1958", con la que Washington tenía intereses contrapuestos.

En su libro Destrucción de naciones: el arma global de Estados Unidos desarrollada en Bolivia (2016), Juan Carlos Zambrana hace notar que la Casa Blanca quería mantener el control de Bolivia, garantizado con la subordinación del gobierno de Siles, pero además andaba adelantando la construcción de una representatividad política de extrema derecha que lo sustituyera, apoyándose en los latentes sentimientos separatistas y racistas de Santa Cruz.

La región secesionista tuvo a la UJC como herramienta de acción directa para enfrentarse al gobierno central. Los jóvenes reclutados luego pasaron a formar parte de la organización política CPSC. Así se inauguró el grupo paramilitar, estrechamente vinculado al Comité, que más adelante realizará otras labores operativas para contribuir a un clima bélico entre el Estado y Santa Cruz, más definidos con la llegada de Morales a la presidencia.

Al final, el embrollo fue ganado por la fuerza de los cruceñistas, siéndole asignados el total de las regalías obtenidas por permitir el saqueo de la Gulf Oil Co. El dinero y la retoma de influencias convirtió a la ciudad en el centro económico del país.

Lo esencial de este intrincado evento es que las élites cruceñistas posicionaron la narrativa de que el culpable del enfrentamiento era el MNR y, fundamentalmente, los collas (los indígenas) como identidad cultural que atentaba contra el progreso de los cambas (blancos).

De ahí en adelante, la pugna separatista serviría a Estados Unidos para encubrir el resto de sus ensayos neoliberales y actividades injerencistas en Bolivia.

El Comité y la Unión Juvenil en formato conspirativo

El ascenso de Evo Morales al poder político en 2006 trajo reformas profundas a los intereses nacionales de ese país, con miras a participar en el proyecto de integración regional que dirigía el gobierno de Venezuela, junto con Argentina y Brasil. Igualmente, el nuevo Estado Plurinacional haría contacto con las potencias emergentes del bloque euroasiático.

Esto expuso el radical viraje que hubo de gobiernos anteriores que custodiaban celosamente las concesiones de Estados Unidos en la estructura estatal. Visto de ese modo, es sencillo comprender el resurgimiento de la causa secesionista cruceña, revestido en un su histórico reclamo de autonomía, para lograr el quiebre del gobierno que recién instalaba Evo Morales, siempre al frente el CPSC y la UJC.

Ese fue el objetivo que buscaron en los días violentos de 2008, donde latiguearon bolivianos mientras convidaron a otros comités cívicos en Tarija, Beni y Pando a sumergirse en el caos y la anarquía.

En las provincias orientales de la llamada "media luna" boliviana, donde las organizaciones de Santa Cruz habían capitalizado mayor fuerza política, detonaron la violencia que debía ser orientada a la defección de Morales, cuestión que fue neutralizada por los movimientos indígenas y populares.

Dio chance a realizar un atentado contra el gasoducto de la ciudad de Yacuiba (Tarija), sitio que exporta gas a Brasil y Argentina.

La devolución de las regalías petroleras fue la narrativa que escondió el intento de sabotear la nacionalización de la industria de hidrocarburos y las cooperaciones energéticas con países vecinos, que apuntaban a liberar a Bolivia de las relaciones comerciales nocivas con transnacionales occidentales.

El hecho terminó con la expulsión del embajador estadounidense Philip Goldberg por sus comprobadas conspiraciones.

El intento de asesinato de 2009 y su conexión con el golpe

Un año después de las conspiraciones cesionistas, se supo por un operativo de la policía boliviana que la oligarquía cruceña intentó intentó asesinar a Evo Morales. El expresidente del Comité Pro Santa Cruz, Branko Marinkovi, estaba conformando al grupo de sicarios que también tenían planeado atentar contra la vida del vicepresidente Álvaro García Linera.

El 16 de abril de 2009, la Unidad Táctica de Resolución de Crisis de la Policía boliviana llegó al hotel Las Américas en Santa Cruz donde se enfrentó a la célula paramilitar. Allí fue abatido el líder del grupo, el boliviano-húngaro Eduardo Rózsa Flores y los mercenarios europeos Michael Dwyer (irlandés) y Árpád Magyarosi (rumano-húngaro).

"Todo inició en septiembre del 2008. Cuando se producían grandes estallidos de violencia en Santa Cruz, Tarija, Pando, Beni y Chuquisaca destinados a provocar la caída del presidente Evo Morales", afirma el periodista mexicano Orio Malló, en un artículo publicado en la Jornada de Oriente.

Allí, reconstruye los detalles del golpe cívico-militar fallido y el magnicidio en grado de frustración, planteando una continuidad con la operación de cambio de régimen efectuada ahora.

Rózsa, nacido en Santa Cruz, participó en el conflicto de Yugoslavia del lado de los croatas. Regresó a la ciudad boliviana luego de los eventos de 2008, llamado por Marinkovi para "organizar las defensas" del departamento. Antes de irse de Hungría, dijo a la televisión local que viajaba para "declarar la independencia y crear un nuevo país". Reveló además que tenía la logística garantizada por los organizadores del magnicidio, y que las armas las obtendría por contrabando desde Brasil.

A propósito de ello, Oriol Malló trae a la memoria el momento en que Camacho asume la presidencia del Comité Pro Santa Cruz, en febrero de este año. Durante el acto de traspaso, el cruceño hizo honores al fugitivo golpista Branko Marinkovi, ausente de la ceremonia, y proclama la continuación de la agenda irregular en contra del gobierno de Evo Morales.

Incluso el intento de asesinar a Evo Morales fue adoptado, tal y como lo denunció el propio mandatario una vez llegó a tierras mexicanas. El asilo en México fue resultado de la amenaza de grupos paramilitares, a los que ofrecieron hasta 50 mil dólares por ejecutar esta tarea.

Los grupos de choque que emergieron en Santa Cruz para trasladarse a otras regiones del país lo hicieron siguiendo las señas de la violencia clasista del comité y la Unión Juvenil Cruceñista. Ambas plataformas emplearon acciones de desestabilización sistematizadas durante años en conflictos de menor escala.

Las semanas de “paro cívico” blanquearon el asedio contra las instituciones del Estado, permitiéndoles avanzar en las gestiones paramilitares que incrementaron la presión a las autoridades bolivianas: barricadas, trancas, quemas de alcaldías, secuestro y violencia contra figuras públicas.

A la "media luna" oriental, que ensayó el modelo de violencia en 2008, se unieron otros comités cívicos en distintos departamentos, revelando el interés de abarcar zonas con recursos estratégicos, como es el caso de Oruro y Potosí, que poseen reservas de litio estimadas en un millón de toneladas, siendo de las más grandes del mundo.

Las protestas violentas de golpe hicieron que el gobierno boliviano cediera en un proyecto para explotar el Salar de Uyuni, en asociación con la empresa alemana ACISA, exigencia del Comité Cívico de Potosí con el objeto de bajar las tensiones. Aunque se anuló la sociedad mixta, las calles siguieron incendiadas.

Una vez fue consumado el golpe, policías y seguidores del discurso de Santa Cruz procedieron a quemar la whipala, bandera de la diversidad indígena revindicada por Evo Morales. El mismo presidente del Comité Pro Santa Cruz se apresuró a simular que rechazaba la acción.

A pesar del esfuerzo, es imposible ocultar que este acto sintetiza los valores históricos del cruceñismo, que tomando el poder destruye los símbolos plurinacionales levantados durante años por el gobierno del MAS.

El objetivo apunta a eliminar cualquier rastro de cohesión entre los movimientos indígenas que pueda perjudicar la reinstalación de un desgastado modelo neoliberal.

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