Catalina Andramuño, renunció al cargo de ministra de Salud denunciando falta de recursos para enfrentar la crisis. Foto: API.


Ministra de Salud de Ecuador dimite en medio de crisis por la COVID-19

Cubadebate

El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, designó el sábado a Juan Carlos Zevallos como nuevo ministro de Salud, después de la renuncia del cargo de Catalina Andramuño.

Zevallos se desempeñaba como decano de la Facultad de Medicina en la Universidad de las Américas, con estudios en cardiología y un grado postdoctoral en Cardiología Preventiva de la Escuela de Medicina de Massachusetts en los Estados Unidos (EE.UU.)

El nombramiento llega después de que Andramuño emitiera una carta donde le dice al presidente Moreno que el Ministerio se enfrentó a la pandemia sin contar con los recursos, “no se ha recibido ninguna asignación presupuestaria por parte de la autoridad competente para el manejo de la emergencia”, agregó.

“Durante la crisis de la COVID-19, los postulados técnicos y médicos para enfrentarlo no encontraron eco en muchas instancias del Gobierno. Con este antecedente, me resulta inaceptable la imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de salud pública y de la realidad frente a la situación”, señala la carta de Andramuño.

El gabinete del jefe de Estado está sufriendo un debilitamiento en medio de los 532 casos de contagios por el nuevo coronavirus a nivel nacional y es la renuncia del ministro del Trabajo, Andrés Madero, quien fue reemplazado por Luis Poveda.

(Con información de teleSUR)

 

El coronavirus arrincona a Jair Bolsonaro en Brasil

Misión Verdad

Tres noches seguidas de cacerolazo, dos solicitudes de impeachment, 1 mil 209 contagiados registrados con el Covid-19, 18 fallecidos, 2 recuperados (datos al publicar esta nota) y un montón de declaraciones destempladas ante la actual pandemia mundial: ese es el récord de Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, en la semana que concluye.

Entre el 18 y el 20 de marzo se registraron más de 500 nuevos casos positivos de este nuevo coronavirus en Brasil y, con respecto al lunes 16, esta cifra aumentó casi cuatro veces. Este país se encuentra en el puesto 25 de la lista de países con la mayor cantidad de afectados que encabezan China (81.156 casos), Italia (41.035), Irán (18.407), España (18.077), Alemania (15.320) y Estados Unidos (14.152).

Anuncio, revuelo y negación

Según AP, el Ministerio de Salud de Brasil informó el pasado 26 de febrero que un brasileño de 61 años, que contrajo la enfermedad en Europa al haber permanecido dos semanas trabajando en Lombardía, norte de Italia, fue el primer caso confirmado del nuevo coronavirus en Latinoamérica.

Pese a que desde el comienzo del brote en China se registraron decenas de casos sospechosos en Brasil y en la región, todos habían sido descartados.

Lombardía, donde el empresario habitante de Sao Paulo habría contraído el virus, es el epicentro del brote en Italia, donde se registraban hasta ese momento más de 200 casos confirmados y algunos muertos. Dos días después de llegar a Brasil, el empresario comenzó a mostrar síntomas compatibles con la enfermedad como tos seca, dolor de garganta y gripe, además las autoridades dijeron que el hombre recibió a unos 30 familiares en su casa desde que regresó a Sao Paulo. Esas personas estuvieron bajo observación junto con los pasajeros del avión que lo trajo de regreso.

Luiz Henrique Mandetta, ministro de Salud brasileño, buscó evitar la alarma declarando: “Nuestro sistema de salud ya pasó por epidemias respiratorias graves, vamos a atravesar esta situación invirtiendo en ciencia, investigación y claridad informativa”. Sin embargo, el avance del coronavirus impactó en el mercado de acciones brasileño.

El día del anuncio, cerca del cierre de la bolsa en Sao Paulo, su principal índice marcaba una caída superior al 7%, las pérdidas de valor fueron encabezadas por empresas de aviación que caían más de 13%; la moneda local se desvalorizó y alcanzó 4,44 reales por dólar estadounidense, su menor valor nominal en su historia.

“Hay interés económico para que se llegue a esta histeria”

En medio del reacomodo de su gobierno y arrastrando una impopularidad creciente, el mandatario brasileño viajó a Estados Unidos del 7 al 10 de marzo en una visita oficial, aun cuando para esa fecha hacía más de una semana que Brasil había descubierto el primer contagio de Covid-19 en América Latina.

Se reunió con figuras militares del Comando Sur y con el presidente Donald Trump, el vicepresidente Mike Pence y una lista de altos funcionarios de Estados Unidos en el complejo de golf de Trump en Florida. Al regreso, se detectó el coronavirus al jefe de prensa de Bolsonaro, Fabio Wajngarten, y a otros 21 funcionarios más, quienes estuvieron presentes en la reunión de los presidentes.

A su regreso dijo que el presidente estadounidense Trump había mostrado su voluntad de sellar un acuerdo bilateral de libre comercio entre la primera y la novena economía más grande del mundo y expresó su optimismo en que las conversaciones sobre un pacto de libre comercio pudieran comenzar pronto.

A pesar de que su hijo Eduardo dijo a Fox News en Estados Unidos que su padre Jair había dado positivo, este publicó el resultado negativo de una prueba en su página de Facebook junto con una foto suya haciendo un gesto obsceno con el brazo, a diferencia de Trump, quien emitió un documento firmado por su médico.

Para ese momento Brasil seguía el modelo del primer ministro británico, Boris Johnson, que planeaba dejar que el virus se esparciera para “crear inmunidad”. El premier inglés ya cambió el enfoque a las medidas de aislamiento ante la presión internacional.

El domingo 15 de marzo, cuando Brasil presentaba cerca de 200 casos confirmados y él mismo debía estar en cuarentena tras el viaje a Estados Unidos, Bolsonaro rompió con su aislamiento y se presentó en un acto político en apoyo a su gobierno frente al Palacio del Planalto, en Brasilia, minimizando los riesgos del coronavirus y afirmando que existía una “neurosis” en torno a la pandemia que ya había matado a miles de personas en el mundo.

Se trataba de una de las protestas realizadas contra el Congreso y la Corte Suprema por una disputa presupuestaria en curso, en la que Bolsonaro declaró que “con toda seguridad hay interés económico para que se llegue a esta histeria” en torno del nuevo coronavirus, y expresó su desacuerdo con algunos gobernadores que decidieron suspender las actividades en las escuelas y las concentraciones masivas porque con ellos, opinó, se puede afectar la “actividad económica”.

También discrepó con la Confederación Brasileña de Fútbol, que determinó la suspensión de los campeonatos nacionales. “Cuando se prohíben los partidos de fútbol se está cayendo en la histeria, desde mi punto de vista”, apuntó el mandatario minimizando la gravedad de la pandemia, calificándola de fantasía y fabricación mediática y comparándola con la gripe.

En entrevista al recién lanzado canal CNN Brasil declaró esa misma noche: “Tenemos que tomar las medidas sanitarias pertinentes (ante el virus) pero no podemos entrar en una neurosis como si fuera el fin del mundo”.

Tan solo en el Distrito Federal hay más 40 casos de infección, más de la mitad pertenece al séquito que asistió con él a Florida.

El clan Bolsonaro sacrifica a Brasil por Trump

En los días siguientes, en pleno disparo del número de casos de Covid-19 en Brasil, su hijo Eduardo se unió al discurso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para criticar a China por la propagación del coronavirus. El también legislador de 35 años, que formó parte de la delegación que acompañó a su padre a Miami, acusó a China el martes 17 de marzo de ocultar información sobre la propagación del Covid-19, diciendo que las acciones del país eran similares a lo que “la dictadura soviética” hizo durante el desastre nuclear de Chernobyl en 1986.

Por su part,e el embajador de China en Brasil, Yang Wanming, acusó a Bolsonaro hijo de continuar la animosidad de Trump hacia Beijing y exigió una disculpa del legislador “al pueblo chino” en un tweet escrito en chino y portugués, ante lo que el portavoz de la cámara baja de Brasil, Rodrigo Maia, se apresuró a pedir disculpas en nombre de la cámara “por las palabras irreflexivas de Eduardo Bolsonaro”.

“Estamos familiarizados con sus irresponsables palabras. Imitas a tus queridos amigos (americanos). A su regreso de Miami, desgraciadamente se contagió de un virus mental, que infectó la amistad entre nuestros pueblos”, dijo la embajada en un tweet.

La embajada también replicó una serie de mensajes del embajador chino en Brasil, Yang Wanming, contra las acusaciones de Eduardo Bolsonaro. El diplomático dijo que exigió que el diputado “retire las palabras inmediatamente” y “se disculpe con el pueblo chino”.

“Sus palabras son un insulto malvado contra China y el pueblo chino. Una actitud tan descarada contra China no está en consonancia con su condición de diputado federal, ni con su calidad de figura pública especial”, escribió. “Además, perjudicarán la relación amistosa entre China y Brasil. Tienes que asumir todas sus consecuencias”, añadió el embajador.

La venta de productos brasileños a China, Hong Kong y Macao totalizó 4 mil 724 millones de dólares en febrero, un 20,9% más que en el mismo mes de 2019, informó el Ministerio de Economía brasileño el pasado 2 de marzo. Brasil tiene un superávit comercial de 30 mil millones de dólares con China, exporta 60 mil millones de dólares y compra 30 mil millones de dólares.

Al ser consultado al respecto, Jair Bolsonaro dijo que la crisis con China es un punto de inflexión e hizo declaraciones ambiguas. Cuando se le preguntó si culpaba a China de la pandemia del coronavirus, dijo al reportero: “Llevo dos meses oyendo de ti que el virus nació en China”.

Cuando le preguntaron si se disculparía con el gobierno chino, devolvió la pregunta iracundo al periodista: “¿Cometí un crimen? ¿Hice alguna acusación? Respóndeme allí. ¿Por qué no te disculpas entonces? ¿Por qué no te disculpas?”.

Es evidente el alineamiento automático de la administración Bolsonaro con Estados Unidos, que está librando una guerra comercial con China aun cuando el país asiático es el mayor comprador de productos brasileños y su país necesita inversión extranjera para obras de infraestructura.

¿Austericidio o acción social del Estado?

Para proteger los intereses de las élites corporativas, la administración Bolsonaro ha informado que las pruebas sólo se realizarían en casos más graves sin tomar en cuenta que muchas más personas infectadas puedan estar propagando el virus sin saberlo.

Mientras que la mayoría de los líderes mundiales han respondido al creciente número de casos y al aumento de la cifra de muertos imponiendo medidas restrictivas como el cierre de fronteras, escuelas y restaurantes, Bolsonaro reaccionó tarde luego de estar en negación, y lo hizo con un acto reflejo muy de moda en la derecha regional: culpar a Venezuela.

Además, el mandatario brasileño ha pedido que su ministro de Salud incorpore la narrativa de que la economía del país no tiene por qué detenerse en medio de la pandemia, y que en su discurso incluya charlas sobre el derecho de los ciudadanos a participar en las protestas, además de defender la idea de que la actividad económica del país no debe paralizarse en medio de la crisis sanitaria.

Bolsonaro considera que el tono del Ministerio de Salud ha generado histeria entre la población y que su papel sería calmar y no generar pánico cuando, acorde con los protocolos internacionales de salud pública, Mandetta ha defendido que las personas no deben participar en aglomeraciones y ha fomentado medidas de precaución, además del aislamiento en los casos de síntomas.

Mandetta dijo que hay más casos de coronavirus en Brasil de los que se han reportado y subrayó que algunos estados que aún no han registrado el virus pueden haber sido infectados ya, aun así apoya que sólo se realicen las pruebas en los casos más graves.

El gobierno ha decidido no seguir las recomendaciones de la OMS para las pruebas de coronavirus. Manetta ha afirmado que “(…) El presidente de la (Organización Mundial de la Salud) Tedros (Adhanom Ghebreyesus), dice que el planeta entero debería hacer la prueba en el 100% de las personas. En primer lugar, esto desde el punto de vista de la salud es un gran desperdicio de recursos preciosos para las naciones”.

Bolsonaro reacciona al filo de sus errores: ¿Medidas populistas?

Esta semana la administración Bolsonaro ha tomado medidas que sus correligionarios pudieran considerar populistas, intentando evitar el naufragio en medio de la crisis. Cinco días después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara el brote de coronavirus como una pandemia, el gobierno federal creó un comité de crisis para monitorear la situación en Brasil.

El ministro de economía Paulo Guedes también anunció un plan para reducir el impacto de la pandemia, incluyendo unos 3.000 millones de dólares en ayuda financiera para los trabajadores informales y autónomos. Y el pasado miércoles, Bolsonaro envió un pedido al Congreso para declarar el estado de calamidad pública, una medida para aumentar el gasto público que sería válida hasta diciembre.

Otras medidas económicas se contemplan:

  • Refinanciación de las deudas de las familias y de las empresas privadas por valor de 700 mil millones de dólares.
  • Inyectar casi 130 mil millones en el sistema financiero para aumentar su capacidad crediticia.
  • Adelanto del pago del medio aguinaldo para los jubilados, que será efectivizado ya en abril.
  • Otra disposición que aún está en estudio es ampliar los recursos para las asignaciones a las familias más pobres a través del programa “Bolsa Familia” que atiende a los sectores más vulnerables de la población.

El Ministerio de Salud informó que se han realizado casi 46 mil pruebas a través del Sistema Único de Salud de Brasil (SUS) y que 27 laboratorios centrales han sido capacitados en todos los estados para realizar los exámenes del Covid-19, con una capacidad mensual de entre 30 mil y 40 mil pacientes. Estimaron que las cifras seguirán creciendo hasta junio, lo que suscita una especial preocupación en la población de las favelas, que carece de servicios básicos y vive en espacios reducidos.

Además, una resolución conjunta del Ministerio de Justicia, a cargo del ex juez Sergio Moro, y de Salud ordenó a partir del pasado jueves 19 el cierre de las fronteras terrestres con Argentina, Uruguay, Paraguay, Colombia, Perú, Bolivia, Guyana, Guayana Francesa y Surinam para extranjeros no residentes.

La frontera con Venezuela ya había sido cerrada el martes 17 de marzo y ahora el gobierno negocia con Uruguay cómo será el cierre del límite terrestre en las próximas horas.

El naufragio se acerca: ¿Culpa de Bolsonaro?

Un gobierno que poco a poco se militariza, señalado por sus actividades criminales y las de su familia, con tensiones entre el ala militar y el grupo de los “ideólogos” ha agregado una nueva con el Congreso y el Poder Judicial por el control de aproximadamente 3 mil 400 millones de dólares en gastos discrecionales del presupuesto federal.

Su ministro Manetta no lo defendió ante la prensa por su participación en actos a favor del gobierno, en medio de la crisis endémica del coronavirus sino que declaró a Folha que, aunque no era ilegal, la directriz era que la gente no participara en las manifestaciones. Por otro lado, Manetta estuvo en rueda de prensa junto al gobernador de São Paulo, João Doria, quien ha alabado públicamente al ministro y ha criticado a Bolsonaro al punto de decir que lamenta haber votado por él.

A medida que los casos aumentan exponencialmente en todo el país, las comparaciones con Italia son cada vez más frecuentes, y a medida que más miembros del círculo íntimo de Bolsonaro se enferman, la realidad se parece al naufragio de su popularidad.

El mandatario criticó las medidas tomadas por algunos gobernadores estatales como económicamente perjudiciales, y dijo que a pesar de la “histeria” provocada por la crisis, haría una fiesta para celebrar su 65 cumpleaños el sábado.

Las manifestaciones de “panelaço” (cacerolazos) de tres días de duración indican que podría ser demasiado tarde para revertir el efecto de la mayor devaluación del real brasileño, proyecciones catastróficas en lo económico (posible recesión y menor PIB) y acusaciones de que su familia está involucrada con escuadrones paramilitares.

El 15 de marzo sus seguidores llevaban máscaras que comparaban a los congresistas con los virus, pedían un nuevo Decreto AI-5 y llevaban carteles que decían “la corrupción mata más que el coronavirus”.

Los miembros del Congreso han criticado a Bolsonaro por atacar las instituciones democráticas del país y exponer a la población a la amenaza del coronavirus, al punto de que el presidente de la Cámara Baja de Brasil, Rodrigo Maia, caracterizó la participación del presidente en las protestas como un ataque contra la salud pública y el presidente del Senado, Davi Alcolumbre, que dio positivo en el test de coronavirus, lo calificó de irresponsable.

Sus partidarios le han retirado el apoyo pidiendo su renuncia, incluso antiguos aliados y estrategas de alto nivel que están detrás del proceso de destitución de Dilma Rousseff. Esta semana, la Cámara de Representantes recibió una petición de destitución contra Bolsonaro sobre la base de que el presidente cometió un delito de responsabilidad al, entre otras cosas, apoyar y convocar manifestaciones en medio de la pandemia y declarar sin pruebas que las elecciones fueron fraudulentas.

Dos peticiones de impeachment cursaron contra Bolsonaro por “atacar las instituciones democráticas del país y exponer a la población a la amenaza del coronavirus”, entre otras acusaciones.

Poco antes de que el Congreso fuera suspendido porque al menos dos parlamentarios dieran positivo en la prueba del Covid-19. El diputado federal Alexandre Frota, su antiguo aliado, había planeado presentar el martes 17 en el Congreso un procedimiento de destitución contra Bolsonaro por delitos contra la salud pública. Pero ese día el país registró su primera muerte por el virus y su vuelo a la capital, Brasilia, fue afectado por las cancelaciones anunciadas por las compañías aéreas.

En una carta al presidente de la Cámara de Representantes, Rodrigo Maia, el diputado Leandro Grass, quien sí pudo introducir una solicitud, enumera una serie de posibles delitos de responsabilidad en el cargo como el estímulo y la participación en una manifestación de simpatizantes frente al Palacio del Planalto el 15 de marzo, haciendo caso omiso de las recomendaciones del Ministerio de Salud de su propio gobierno, además de las medidas señaladas por la OMS como necesarias para contener el avance de la pandemia en todo el mundo.

La solicitud se refiere también a la declaración hecha públicamente por el presidente a principios de mes de que las elecciones generales de las que salió victorioso en 2018 habrían sido fraudulentas. Además, incluye las declaraciones del presidente contra la periodista de Folha de S. Paulo, Patrícia Campos Mello, con insinuaciones de carácter sexual.

“Ella quería dar la primicia a cualquier precio contra mí”, dijo el presidente en una insinuación sexual durante una entrevista frente a un grupo de simpatizantes en el Palacio del Planalto en ese momento.

La petición de destitución también presenta situaciones lideradas por el presidente durante su primer año en el cargo. La determinación expresa de conmemorar el golpe de 1964, dirigido a las Fuerzas Armadas en marzo de 2019 y el video compartido en la cuenta de Twitter de Jair Bolsonaro en el Carnaval del año pasado en el que una persona aparece orinando en la cabeza de otra en una vía pública.

Manifestantes en varias ciudades de Brasil apoyaron a Bolsonaro pidiendo un nuevo decreto como el Acto Institucional 5 (AI-5) emitido durante la dictadura en 1968, cerró el Congreso, revocó los derechos civiles y dio al Ejecutivo plenos poderes para castigar arbitrariamente a quienes eran considerados enemigos del gobierno. Foto: Archivo

Pareciera que Bolsonaro ha puesto todos los ingredientes para que su gobierno entre en una tormenta perfecta, se aproximan más desplantes y excentricidades que le permitan distraer lo esencial: prefiere poner el enriquecimiento de su clase por delante de los intereses de la población brasileña, al punto de desintegrar su estado, como gusta a la política exterior.

Lo de “Brasil encima de todo” es solo una letanía vacía.

 

La crisis del coronavirus pone a Iván Duque cerca del abismo

Misión Verdad

En Colombia los políticos uribistas y medios de comunicación y propaganda afines a sus intereses colman sus noticieros, opiniones y campañas publicitarias en torno a Venezuela. Lo que hace, dice o apenas sugiere el presidente Nicolás Maduro es automáticamente desplazado por el sentido que la narrativa de la Casa de Nariño quiere endilgarle.

Bajo ese esquema, el cierre unilateral de la frontera ordenado por Iván Duque fue justificado por un mantra ya habitual en los últimos años: “La capacidad de detección de Venezuela es mínima, la capacidad de administrar la situación es mínima”, dijo el presidente colombiano en una entrevista radial el lunes 16 de marzo.

En su momento, reportó BBC Mundo, “organizaciones como Puentes Ciudadanos Colombia — Venezuela (PCCV), una asociación civil gestionada por Oxfam, calificaron el cierre como ‘contraproducente’ porque ‘vulnera a la población que vive en fronteras, aumenta los riesgos de una grave crisis sanitaria y fortalece a los grupos criminales’”.

Si bien es cierto que las dificultades sanitarias en Venezuela son evidentes, en Colombia la situación es quizás más escandalosa debido a que no sufre bloqueos económicos, financieros y comerciales por parte de una superpotencia ni el gobierno de Duque cuenta con una oposición que dedica sus mayores esfuerzos a las rutas antipolíticas (sabotaje multifactorial, desestabilización política y económica, instituciones paralelas) para llegar al poder.

Todo lo contrario: Colombia es socio estratégico de los Estados Unidos y, se supone, dispone de recursos para inyectar en los sectores más necesitados de la sociedad. Sin embargo, el presupuesto de 2020 contempla mayor cantidad de pesos colombianos en materia de Defensa y Policía que de Salud.

Más allá de los índices presupuestarios, la manera en cómo Duque está gestionando la crisis del nuevo coronavirus deja en evidencia su nula calidad como estadista y lo advenedizo de su llegada a la presidencia, con la población colombiana sufriendo los estragos de la calamidad política y perjudicando, al mismo tiempo, a sus vecinos venezolanos.

Desastre interno en lo gubernamental

A pesar de que, desde el 6 de marzo, cuando se descubrió el paciente cero en Colombia por COVID-19, hasta el martes 17 de marzo, cuando ya se habían registrados 65 casos por contagio, fue que el presidente colombiano decretó estado de emergencia a nivel nacional. Esperó nueve días.

Los casos confirmados, al cierre de esta nota, llegan a 145.

Desde entonces, los reportes son estremecedores, denotando una inexistente coordinación y cooperación entre los distintos niveles de gobierno (locales, departamentales y central). La contradicción está elevando la confusión y el miedo entre la población.

El ejemplo más claro compete al simulacro de aislamiento obligatorio en Bogotá, desde el viernes 20 de marzo hasta el lunes 23, decretado por la alcaldesa Claudia López, ante el aumento de los casos confirmados en la ciudad capital, con 56, el mayor número en el país.

La medida fue contradicha por el gabinete de Duque, a través de la ministra de Interior, Alicia Arango, quien dijo el miércoles 18 que, por orden del presidente, las decisiones extraordinarias que habían tomado alcaldes y gobernadores por su cuenta no podrían tener efecto.

Sin embargo, el mismo Duque al día siguiente dio el visto bueno del simulacro en la capital, un “tira y encoge” que ha provocado un rechazo generalizado entre los propios bogotanos, expresado en el cacerolazo nocturno del 18 de marzo.

Por otro lado, las contradicciones político-territoriales en Colombia están dando a entender que Duque se resiste a tomar medidas drásticas como la cuarentena total, a pesar del escalamiento de las infecciones por COVID-19.

En una misiva pública, el gremio de la salud pidió expresamente al presidente colombiano aplicar la cuarentena como han hecho en otros países, incluida Venezuela: “Pedimos aislamiento por tiempo definido ya que ha sido la herramienta más eficaz para el control de la pandemia”.

De la misma manera pidieron comunidades científicas el jueves 19 de marzo en un comunicado conjunto.

Es por eso que varios alcaldes y gobernadores se han opuesto al decreto 418 emitido por el gobierno de Duque, que desautoriza las medidas que se tomen en los municipios y departamentos para contrarrestar la propagación del nuevo coronavirus.

Así como lo hizo Claudia López en Bogotá, por exponer otro ejemplo del desastre gubernamental, en una rueda de prensa el alcalde William Dau Chamat, de Cartagena, afirmó: “El toque de queda permanece. El toque de queda dictado por el alcalde mayor de la ciudad de Cartagena está en consonancia, no contraviene el decreto emitido hoy por el presidente Duque”, esto para disipar las dudas que ya venían gestándose entre los usuarios de redes sociales y los medios de comunicación.

La bancada opositora en el Congreso y el Senado asimismo apoyó las decisiones de alcaldes y gobernadores por sobre el decreto de la Casa de Nariño, así lo expresó en un comunicado oficial.

(…) La experiencia internacional demuestra que el distanciamiento social es la única manera de contrarrestar el colapso de los sistemas de salud.

(…)

Las y los congresistas de la oposición que suscribimos esta declaración, rechazamos que el presidente Iván Duque haya expedido el decreto 418 del 18 de marzo de 2020, que siembra un manto de duda sobre las decisiones mencionadas, y anuncia sanciones para las autoridades que con responsabilidad están velando por la vida de sus conciudadanos.

La actual situación demanda del Jefe del Estado dar ejemplo de concertación y liderazgo. Entorpecer iniciativas que sin duda contribuyen a hacer frente a la pandemia, siembra la confusión en la opinión pública y conlleva la pérdida de tiempo y energía que en la presente circunstancia son preciosos para salvar vidas.

Lamentablemente para la población colombiana, las desavenencias entre bandos políticos, la nula coordinación y cooperación intergubernamental y la incapacidad de Iván Duque para tomar medidas cónsonas al momento no permiten que haya una línea diáfana por la cual trazar una hoja de ruta para la contención del COVID-19 en el país.

Pero la presión social, cívica y política han servido de algo: en la noche del 20 de marzo, el presidente decidió que Colombia entrará en cuarentena total… a partir del martes 24 de marzo, y durante 19 días. ¿Por qué tanta dilación? Teniendo en cuenta las experiencias en China y Europa, ¿para qué darle fecha de caducidad a una emergencia de la cual no se tiene certeza un pronto final?

¿Desinterés sanitario?

Tomando en cuenta el nivel exponencial del contagio de la pandemia actual, los protocolos de salud para la detección, aplicación de medidas y tratamiento de posibles casos de contagio entre la población colombiana dejan mucho que desear, producto directo de la falta de coordinación en todos los niveles de gobierno ya reseñados.

Dos días antes de confirmarse el primer caso de COVID-19 en Colombia, el ministro Fernando Ruiz trazó los lineamientos con todos los departamentos para enfrentar la pandemia que se avecinaba. Las llamadas Secretarías de Salud serían las encargadas de enviar las muestras de contagio y pagar por el servicio de las pruebas.

La contigencia no pudo asentarse en este protocolo, ya que, según reporta La Silla Vacía, desde el momento en que se concertaron las medidas, en el Ministerio de Salud se entró en estado de alerta porque en “15 departamentos del país no tenían contratados servicios especiales de transporte de las muestras biológicas que recolectan las Secretarías, para trasladarlas a Bogotá”.

Entre esos departamentos con casos confirmados, para el 19 de marzo, estaban Santander, Norte de Santander, Huila, Cundinamarca, Chocó, Caldas, Bolívar, Valle, Risaralda y Quindío.

“No están llegando todas las pruebas que esperamos”, dijo un alto funcionario del Ministerio de Salud a La Silla Vacía.

Esto va en consonancia con otro reporte del 19 de marzo, en el que la directora del Instituto Nacional de Salud (INS), Martha Lucía Ospina, advierte que “su laboratorio para pruebas de coronavirus está subutilizado”, a pesar de que “a la fecha el INS había descartado 3 mil 879 casos de pacientes sospechosos de contagio.

“Estamos preocupados, porque no están llegando las suficientes muestras que deberían estar llegando, recibimos muy pocas”, señaló Ospina. Solo estarían llegando de las Entidades Promotoras de Salud (EPS) y de la Secretaría de Salud un promedio de 800 pruebas y la capacidad es de 1 mil 600.

“Ospina aseguró que esa falencia está en la atención directa y primaria, que es donde se recogen las muestras a analizar, lo cual afecta la cadena de diagnóstico y, por ende, de contención y prevención”, dice el reporte.

Los protocolos de detección y atención de posibles casos del nuevo coronavirus no está estandarizado en las diversas EPS de la capital, como lo denunció la Personería de Bogotá este jueves 19 de marzo, a solo horas del simulacro: “Tan solo una de 13 revisadas cumplía con los requisitos”.

La Contraloría General, y no el ejecutivo encabezado por Duque personalmente, tomará las medidas al respecto.

En otro radio de problemas, asociaciones civiles y de todo tipo firmaron una carta donde manifestan preocupación ante la emergencia, por lo que pidieron a Duque que solicite el antiviral Interferón ALFA 2B a Cuba, usado con éxito en China, a pesar de que el mandatario colombiano está enfrascado en una cruzada política, diplomática y económica dictada por Washington contra la isla, aliada de Venezuela.

Los criterios sanitarios de la administración de Iván Duque dejan por el piso las esperanzas de millones de colombianos que han sido tomados por sorpresa por la pandemia, dando por entendido a numerosos usuarios de redes sociales que existe un desinterés en la Casa de Nariño por tomar las medidas más efectivas ante el desastre que se viene.

Mientras tanto, el mandatario se resiste a acudir por ayuda internacional en esta materia, hoy crítica a nivel global, mientras insiste en una “crisis venezolana de refugiados” para quedar bien con los decisores de política exterior de la Casa Blanca.

El uribismo frente al abismo

A medida que las dificultades ante la extensión de la pandemia van alzándose de manera crítica en Colombia, la popularidad de Duque y el uribismo caen en picada debido al escándalo de la #Ñeñepolítica, en la que el Centro Democrático habría sido beneficiado por la compra de votos en las elecciones presidenciales de 2018 y donde convergen actores e intereses relacionados con el narcotráfico y el paramilitarismo.

La Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes abrió la investigación previa contra el presidente, con varias citaciones incluyendo actuales ministros, asesores políticos y gestores de la última campaña electoral del partido Centro Democrático y el mismo Álvaro Uribe, investigado en más de 70 procesos en su país.

En conjunto, todos los problemas que experimenta Colombia conducen a la irresponsabilidad del uribismo que, con cada paso que da, o deja de dar, se acerca más y más hacia el abismo, llevándose consigo a toda la población.

Y esta vez no hay “carta Venezuela” que valga para trasladar chivos expiatorios de su gestión.

Las colombianas y los colombianos no lo merecen.

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