Ahí les Va.- Lo dijimos hace siete meses, pero ahora que también lo dice en New York Times, tal vez algunos comiencen de una vez a planteárselo en serio… ¿De quién fue el fraude en Bolivia, de Evo o de la OEA?


El fraude en Bolivia no fue de Evo Morales, sino de la OEA

Juan Manuel Karg - RT en Español

La nota se titula 'Una elección amarga. Acusaciones de fraude. Y, ahora, una reconsideración'. Apareció en The New York Times, uno de los diarios más importantes del mundo. Y rápidamente empezó a circular en redes sociales, sobre todo con una exigencia a un personaje en particular: Luis Almagro, el secretario general de la Organización de Estados Americanos. ¿Por qué se le exige a Luis Almagro? Por ser el titular de la OEA, la organización que con un informe preliminar poco fiable provocó la seguidilla de llamamientos para desplazar a Morales, que incluyó, en esa misma jornada, un pedido de renuncia de parte del Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia. Lo que siguió es conocido: una renuncia forzada, un avión de la Fuerza Aérea Mexicana que llevó a Evo a la Ciudad de México y Añez asumiendo, autoproclamada y sin quórum, un gobierno de facto. Es decir: un golpe de Estado, en toda línea. 

El artículo de NYT utiliza como fuente un estudio de investigadores de las universidades de Tulane, en New Orleans, Pennsylvania, que consigna "datos obtenidos por The New York Times de las autoridades electorales de Bolivia". Según este nuevo estudio, la OEA usó un método estadístico inapropiado, que creó artificialmente la apariencia de un quiebre en la tendencia de la votación. Es más: el consultor de la OEA que hizo el análisis estadístico en aquella famosa auditoría final fue consultado en varias ocasiones por los autores del nuevo estudio. Y no proporcionó detalles ni compartió sus métodos, destaca el artículo. 

Con informes amañados, con medios de comunicación adictos, con persecuciones, destruyeron Bolivia. Aún tardío es igualmente importante mostrar lo que hizo la OEA, para que Bolivia vuelva a transitar algún sendero democrático pronto

Ya en febrero pasado había surgido otro informe, de dos investigadores del Laboratorio de Ciencias y Datos Electorales del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Fue una investigación que consideraba "altamente probable" que Evo Morales haya ganado aquella elección por una diferencia mayor al 10% de diferencia sobre el segundo candidato, Carlos Mesa. Esa diferencia le daba el triunfo en primera vuelta, evitando el ballotage, de acuerdo a las reglas electorales bolivianas. "No parece haber una diferencia estadísticamente significativa en el margen antes y después de la suspensión de la votación preliminar", decía aquella nota de los investigadores del MIT.  Quienes cubrimos elecciones previas en Bolivia sabemos que los votos rurales, del campo, son los últimos que ingresan. Históricamente, por cuestiones demográficas. Y son favorables al MAS en un 80%. Por eso no hubo quiebre de tendencia: existió la misma tendencia que en todas las elecciones anteriores, ya sean presidenciales o legislativas. Se profundizó el voto a Morales con la carga final de esos votos. 

Démosle un contexto a todo lo que acabamos de mencionar: Massachusetts, New Orleans, Pennsylvania, The Washington Post, The New York Times. Es decir, EE.UU. Resulta grandilocuente que ahora desde EE.UU. se diga tan abiertamente que lo que hizo la OEA, con sede en Washington, fue un despropósito. ¿Es tarde? Sí, es tarde porque el golpe fue consumado. Asumió un "gobierno transitorio", entre miles de comillas, que fácilmente podríamos catalogar como un gobierno de facto, encabezado por la senadora Jeanine Añez, que se autoproclamó primero presidenta del Senado y luego presidenta de Bolivia. Sin quorum, de vuelta. El nuevo gobierno, autoritario, se estrenó con dos masacres: Senkata, en El Alto, y Sacaba, en Cochabamba. Dolorosos crímenes que fueron investigadas por la CIDH en el lugar de los hechos. Además hubo un nuevo alineamiento incondicional con el gobierno de EEUU, a través de las agencias que Evo Morales había expulsado del país, como la USAID. Y el ex presidente en el exilio, junto a más de 200 funcionarios que también se refugiaron en distintos países y Embajadas para proteger su vida. 

Hay fecha fijada de elecciones, el próximo 6 de septiembre. Fue luego de idas y vueltas entre el legislativo, el Ejecutivo y el Tribunal Electoral. Pero atención: el cruceño Luis Fernando Camacho, uno de los autores materiales del golpe, pide posponerlas poniendo como ejemplo otros comicios de Paraguay, incomparables. No quiere que vuelva el MAS, que lleva al candidato Luis Arce Catacora, ex Ministro de Economía de Morales. Camacho ingresó en el Palacio Quemado con una Biblia mientras Morales todavía estaba en Bolivia: lo que hizo es un delito, lisa y llanamente. Teme también, seguramente, ir preso.

La síntesis de esta columna: destruyeron Bolivia en unos meses. Con informes amañados, con medios de comunicación adictos, con persecuciones, destruyeron Bolivia. Aún tardío es igualmente importante, muy importante, que The New York Times y The Washington Post muestren lo que hizo la OEA. Que se lo cuenten al mundo. Para que Bolivia vuelva a transitar algún sendero democrático pronto: ojalá luego de las elecciones de septiembre, sin los usurpadores en el Palacio Quemado. 

Meses después sabemos la verdad: el fraude en Bolivia no fue de Evo, fue de la OEA. 

 

Estudio independiente arroja que informe de la OEA sobre fraude en las elecciones de Bolivia fue "deficiente" y "se basó en datos incorrectos"

 

RT en Español

Si bien el documento no puede determinar que haya habido inconsistencias en los comicios bolivianos, sí ha encontrado datos equivocados que fueron usados por la OEA.

Un estudio llevado a cabo por investigadores independientes arrojó que el informe sobre un supuesto fraude en las elecciones presidenciales de Bolivia de octubre de 2019, hecho por la Organización de Estados Americanos (OEA) tras la auditoría de los resultados, fue "deficiente", estuvo basado en "datos incorrectos" y "técnicas estadísticas inapropiadas".

En el documento, titulado '¿Los cambios en los votos tardíos indican fraude? Evidencia de Bolivia', donde participaron los investigadores Nicolás Idrobo, Dorothy Kronick y Francisco Rodríguez, los autores afirman que se revisaron "los patrones cualitativos que la OEA y otros investigadores presentaron como 'inexplicables' y que se concluyó que:

  • Los patrones pueden ser explicados "sin invocar fraude".
  • Por sí solos los resultados "no cuestionan la credibilidad del proceso".
  • No se evaluó la "integridad del proceso", sino "solo la evidencia cuantitativa" que "jugó un papel importante en la evolución de la crisis política de Bolivia". 

A principios de diciembre de 2019, la OEA publicó su informe final sobre las elecciones del 20 de octubre de ese año y concluyó que el depuesto mandatario, Evo Morales, había ganado de manera irregular y evitado una segunda vuelta, al no conseguir el 10 % de diferencia necesaria con su contendor más cercano.

Según el organismo internacional, la victoria de Morales "fue estadisticamente improbable" y su proclamacion se habría dado "por un aumento masivo e inexplicable de los votos del MAS [Movimiento al Socialismo] en el 5 % final del computo".

Posibles errores de la OEA

Uno de los expertos que participó en el estudio, Francisco Rodríguez, afirmó que se examinó "detenidamente la evidencia estadística de la OEA" y que se hallaron "problemas con sus métodos". "Una vez que corregimos esos problemas, los resultados de la OEA desaparecen, sin dejar evidencia estadística de fraude", recoge una entrevista de The New York Times.

Conforme a este análisis de la Red de Investigación de las Ciencias Sociales (SSRN, por sus siglas en inglés), el "salto discontinuo" hallado por la OEA luego del conteo de 95 % de los votos, calificado por el organismo como "extremadamente inusual" y que ponía "en duda la credibilidad del proceso", fue producto de dos errores estadísticos que, de ser corregidos, se "elimina la aparición de un salto" y se concluye que:

  • Un "salto" aparente en la participación del voto del titular fue por error de los analistas.
  • Se usó un método estadístico inapropiado que creó artificialmente la apariencia de una ruptura en la tendencia de la votación.
  • El análisis de la variación de votos ignoraba por error una fuerte tendencia.
  • En los comicios de 2020 aparecen patrones casi idénticos en los datos de la elección de 2016, cuando se llevó a cabo un referendo constitucional, que no fue impugnada.
  • Las tendencias "sorprendentes" en los votos contados tarde pueden provocar conflictos y, en el caso de Bolivia, "dramáticas consecuencias políticas".

Este no es el primer estudio que pone en duda lo señalado por la OEA. En noviembre del año pasado se divulgaron dos estudios internacionales, hechos por el Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR, por sus siglas en inglés) y por Walter Mebane, profesor de los departamentos de Ciencias Políticas y de Estadística de la Universidad de Michigan y uno de los expertos en fraude electoral en el mundo.

Las explicaciones de Bolivia por el "salto"

Para la OEA, el "salto" aparente que hubo la noche de las elecciones, cuando se inició una pausa de casi 24 horas en el proceso de la Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP), mostró cambios "inexplicables" en los resultados.

No obstante, las autoridades bolivianas sostuvieron en esa oportunidad que el sistema electoral de su país poseía dos mecanismos de conteo de votos, que funcionan de manera paralela: la Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) y el Recuento Oficial de los Votos, que es el verdaderamente vinculante.

El TREP no brindaba información oficial y es un mecanismo que da información preliminar, con entre 80 % y 85 % de los resultados. El porcentaje restante no puede obtenerse con celeridad debido a que corresponde al voto de lugares alejados o rurales donde no hay acceso a internet.

El informe preliminar

Diez días después de las elecciones en las que Morales obtuvo el triunfo en primera vuelta, la OEA emitió un comunicado donde pidió anular los resultados y convocar nuevos comicios. El país andino vivía momentos de máxima tensión debido a que los dirigentes de la oposición no aceptaron los resultados, adujeron que se había cometido "fraude" y llamaron a sus seguidores a protestas. 

Estas manifestaciones generaron un clima de violencia caracterizado por la quema de tribunales electorales provinciales, bloqueo de vías, llamado a paro nacional y persecución de indígenas, campesinos y miembros de organizaciones sociales que apoyaban a Morales y que rechazaban la repetición de las elecciones.

Ante las dudas de la OEA, el propio Gobierno boliviano invitó al organismo a realizar una auditoría completa con resultados vinculantes, a finales de octubre. Tras el veredicto del organismo internacional, se generó una crisis política en el país, lo que derivó en un golpe de Estado en contra de Morales, quien tuvo que verse obligado a abandonar el país, y se instaló un gobierno de facto encabezado por Jeanine Áñez.

Según el analista internacional Gabriel Villalba Pérez, las fuerzas opositoras crearon un estado de opinión general sobre el fraude incluso antes de la votación.

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