Ernesto Cazal - Misión Verdad.- "Es la economía, estúpido" podría ser uno de los lugares comunes que mejor describe las motivaciones del gobierno de los Estados Unidos con respecto a Citgo Petroleum, filial de PDVSA en suelo norteamericano. 


La ampliación del campo de batalla en Venezuela hacia lo geoeconómico partió con la Orden Ejecutiva firmada por Barack Obama en 2015, la carta de navegación para el bombardeo financiero. Luego de eso ya no hubo vuelta atrás, la economía debía chillar y con ella toda la estructura del Estado-nación. 

Porque para Washington "golpe de Estado" quiere decir "destrucción nacional". O más bien, una cosa va con la otra. Para ello practica infinidad de tácticas, todas ellas descritas en manuales de sabotaje y archivos desclasificados de la CIA, en los breviarios de guerra no convencional del Pentágono, en las declaraciones de personeros políticos del establishment, que de vez en cuando confiesan que roban, mienten, hacen trampa y asesinan ante las cámaras.

Bajo estas premisas, lo de Citgo puede considerarse un precedente muy peligroso para la soberanía venezolana. No solo por el robo de los activos, que los mismos estadounidenses llaman "resguardo" o "congelamiento", sino por sus pretensiones que derivan en el enfrentamiento global entre bloques de intereses.

Las múltiples tramas

Con el embargo total a la economía de Venezuela, el magnate presidente Donald Trump pudo abrir una de las heridas más críticas hasta el momento contra la soberanía estatal de nuestro país. Avaló la transferencia fraudulenta de los activos de Citgo a las manos de Washington tan fácilmente que el entusiasmo de Juan Guaidó & Cía pareció ser un gesto de complicidad y premeditación.

Pero existen varias sombras en la trama:

  • La minera canadiense Crystallex ganó un laudo arbitral en la corte de Delaware, conocido paraíso fiscal en las entrañas norteamericanas, con luz verde para embargar las acciones de PDV Holding, casa matriz de Citgo, por el monto de 1.4 mil millones de dólares.
  • El bono PDVSA 2020 comprende una deuda de 1.7 mil millones de dólares, garantizados con los activos de la filial de PDVSA.
  • Los bonos están respaldados por un gravamen (hipoteca) de primera prioridad sobre una participación del 50.1% en Citgo Holding Inc.
  • El otro 49.9% de Citgo está comprometido con Rosneft PJSC como garantía de un préstamo de 1.5 mil millones al Estado venezolano.

Con las órdenes ejecutivas de la Casa Blanca sobre Venezuela, Washington toma para sí la gestión de una importante extremidad PDVSA, corazón económico del país, con el fin de que nadie más pueda hacerse con ella al mismo tiempo que da un golpe financiero a la economía venezolana. 

De esta manera no permite a los canadienses asir los activos de Citgo, y controla los movimientos de la camarilla Guaidó mediante las licencias que otorga al bono PDVSA 2020.

Los riesgos son claros desde varios ángulos, ya que Estados Unidos autoriza el embargo de los activos de Citgo de no cancelarse los montos requeridos del bono, pero también supone un conflicto con la contraparte rusa, "amenaza existencial" para el Pentágono, el mayor acreedor del PDVSA 2020.

Es una telaraña de intereses los que se posan sobre el dinero venezolano (que ya son unos 130 mil millones de dólares robados a través del sistema financiero occidental), una trama que sigue a la otra y que comprende la tensión geopolítica y geoeconómica actual, con guerras comerciales, inestabilidades socio-económicas y amenazas bélicas por doquier.

Confianza y Capital financiero: dos antagonismos

Venezuela se encuentra en el límite donde se divide el mundo, entre el unilateralismo excepcionalista que lidera Estados Unidos y la creciente multipolaridad, aún en construcción y con pasos a veces confusos, pero que tiene a China y Rusia como sus principales promotores con alcance global.

Rusia, inevitablemente arrastrado hacia el conflicto venezolano, se ha comprometido con Venezuela y el gobierno de Nicolás Maduro, al que reconoce por encima de los dictámenes del Norte, mediante acuerdos de cooperación en los diferentes ámbitos políticos, culturales, económico-comerciales y hasta financieros, previendo otros mecanismos de pagos que salten el SWIFT controlado por Wall Street.

No importa cuántos reportes con "fuentes anónimas" publique Reuters o Bloomberg, el Kremlin no ha dado muestras de que abandone el barco ante la pugna que existe entre Venezuela y Estados Unidos. Los intereses financieros de Rosneft no son lo único que importa a la estrategia de alianzas rusa, también lo político es fundamental como base para la confianza entre ambos países. 

Y confianza es lo que no sobra cuando se nombra a los Estados Unidos en cualquier mesa de negociación. Donald Trump suele lanzarse rosas respecto a sus facultades negociadoras, sin embargo la actitud de China, Corea del Norte, Irán y Rusia ante cualquier diálogo con funcionarios estadounidenses siempre es de sospecha, como es natural.

En vista de que el Departamento del Tesoro solo otorga licencias para transar con los fondos y activos de Citgo, y no para que el Estado venezolano pueda importar medicinas y alimentos o tratar a pacientes de salud crítica en otros países, ya sabemos de antemano que los protagonistas de las múltiples tramas aquí son el capital financiero estadounidense y la geopolítica del petróleo.

No parece una coincidencia que los mayores productores de crudo en el mundo, junto con los de mayores reservas petrolíferas, sean atacados económicamente o estén confrontados abiertamente con Estados Unidos, o experimenten procesos de privatización de sus industrias energéticas como es el caso de Saudi Aramco.

El capital financiero estadounidense pretende devorarse, de acuerdo a su tendencia "natural", toda competencia producida por el bloque multipolar. Si el gobierno que lo representa tiene que engullirse a sus propios socios con fines monopólicos, lo hará. Lo está haciendo.

Citgo representa, de esta manera, un punto de quiebre entre dos formas de negocio: la confianza política, encarada por Rusia y Venezuela, y el hambre sin sosiego del capital financiero norteamericano, con la Administración Trump y Crystallex a la cabeza.

Y la destrucción estatal

Un punto a destacar del caso Citgo se refiere casi al principio de estas líneas: el robo de la filial de PDVSA es un esfuerzo más por destruir el Estado-nación venezolano, una manera de contribuir a la erosión de sus fronteras soberanas.

No se trata solo de una acción de piratería, también tiene sus repercusiones en la estructura del Estado. El valor de esta operación de saqueo tiene esa arista, y quizás represente lo más importante a la hora de evaluar en el futuro estos acontecimientos.

Probablemente el gobierno de Vladimir Putin tenga en consideración este tema a la hora de negociar con Trump, y permanezca ese canal que atraviesa las sanciones del Departamento del Tesoro sobre Venezuela para seguir pagando la deuda de los bonos.

Así como a Rusia le interesa el resguardo territorial de Siria, sin divisiones autonomistas, también le atañe que Venezuela sufra la menor cantidad de pérdidas posibles.

Mientras tanto, a Estados Unidos le conviene cierto equilibrio diplomático con el Kremlin, tomando en cuenta que es el mayor acreedor de los activos robados a nuestro país, para evitar una cruzada más agresiva entre ambos.

El anuncio del presidente Maduro en torno a la renegociación de la deuda es un primer paso ante los prestatarios internacionales, pero hace falta mucho más que una apelación judicial para impedir la rapiña y la aceleración de esta crisis.

Citgo termina siendo una piedra de tranca entre las dos potencias, un foco de intereses multidimensionales. En el atolladero, Venezuela juega a resistir el desmembramiento de su Estado.

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