Gabriela García Alifano - Rebelión.- Giustino di Celmo fue uno de los principales testigos del Tribunal Antiterrorista que realizó la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba el pasado mes de mayo. Allí recordó que el autor material del crimen perpetuado contra su hijo Fabio, el salvadoreño Raúl Ernesto Cruz León, había confesado que fue reclutado por el agente de la CIA, Luis Posada Carriles para cometer múltiples actos de sabotaje en Cuba.  
Actualmente, mientras Cruz León guarda prisión tras haber sido juzgado y condenado a la pena de muerte por los Tribunales cubanos; el terrorista Luis Posada Carriles, goza de la plena libertad que le ha otorgado el gobierno de los Estados Unidos.

A Fabio: mi hijo
Estabas aún en el
vientre de tu madre
y de alegría
lloré.
Eras un niño y
por tus fiebres y
tus caídas
lloré.
Eras un joven y
por el temor y la angustia
a la decisión de tu vida
lloré.
Cuando la bomba asesina
apagó tu joven vida
no tengo más lágrimas para llorar.

A Giustino di Celmo le gustaría buscar a su hijo Fabio para tenerlo al lado suyo, pero ese es un sueño que nunca va a poder concretar, porque de la muerte nadie se despoja. A su hijo menor lo asesinaron en 1997 con una bomba que fue puesta en el hotel Copacabana de Cuba, cuando la ola del terror quiso bañar las instalaciones turísticas de La Habana. Sin embargo, Giustino no guarda rencores, sino que continúa su marcha como en los tiempos de inmigrante, para repartir amor y contarnos lo que para él significa la justicia.
 
“Yo nunca digo que Fabio ha muerto, sólo que me dejó; porque un padre, para seguir viviendo, no puede decir que le mataron a un hijo en dos segundos. Él me dejó, como cuando un hijo deja al padre y a la madre para hacer una carrera o un viaje o algo así. Y esto a mí me marcó para toda la vida, es la cosa más atroz que me ha podido pasar. Por eso me quedé en Cuba definitivamente, luchando de la mañana a la noche, contra el terrorismo. El terrorismo es nada más y nada menos que injusticia. En el mundo, hasta que haya injusticia, los pueblos serán víctimas del terrorismo.”  

La historia de nuestros abuelos
Giustino es un hombre sencillo, afable, que le gusta hacer sentir bien a quien tiene frente a sus ojos. Su historia está cargada de emociones buenas y malas, pero todas están signadas por la emotividad que él emana. Nació en 1920 en Salerno, Italia y a los 20 años de edad fue reclutado para la Segunda Guerra Mundial (SGM) de la cual salió milagrosamente con vida, a pesar de que combatió activamente en varios de sus frentes. “Cuando terminó la SGM, mi país era escombros, nada más que eso. Entonces todo el mundo trataba de buscar posibilidades.” A partir de allí, comenzó a laborar por tres años en la mina de carbón de la Bohemia del Norte, a más de mil metros bajo tierra, de donde recopiló ahorros para crear una oficina comercial en Praga, que hoy en día todavía funciona. En 1951, en busca de nuevos horizontes para sus negocios, zarpa hacia Sudamérica y llega a Buenos Aires. No obstante, a pesar de dedicarse a la esfera comercial, siempre estuvo vinculado al pensamiento de izquierda. En Argentina se casa y tiene sus primeros hijos, pero debe regresar hacia Italia. “Me tuve que ir del país porque yo compraba el periódico Comunista -aunque no era afiliado a ningún partido político- pero el periódico del Partido Comunista era clandestino y me habían hecho fotos de las que yo me di cuenta. Entonces a un amigo de familia, al prefecto nacional marítimo de esa época –quien nos quería mucho a mí, a mi esposa y a los niños- le dije lo que me estaba pasando. Después de una semana él me dijo: “Giustino, tomáte el primer barco y te vas. Dejá todo y te vas” Era el año 1962, todavía no había llegado el horror del Plan Cóndor, pero ya eran los primeros síntomas. Entonces, sin perder tiempo me fui a buscar pasajes, y el mismo prefecto nacional me acompañó al barco, y con mi esposa y los dos niños nos fuimos a Italia, donde después de siete años nació Fabio, el más pequeño.”

A Cuba hay que ayudarla siempre
“Mi tendencia por el mundo progresista, el mundo de izquierda, me llevó a Cuba en 1992. Fue cuando trágica o momentáneamente, se cayó el Campo Socialista. En ese mismo año yo hice una promesa: venir a Cuba y ayudar a este país para ver si se podía salvar de la caída del Campo Socialista. Aquí empecé a trabajar con particular simpatía por este pueblo, porque yo no sabía en Europa los atropellos, las amenazas y las víctimas de terrorismo que había tenido Cuba a lo largo de tantas décadas del 59 al 92. Y definitivamente pensé que aunque yo hacía un trabajo conservador, mi camino era solamente vinculado al Socialismo. Después de dos años, mi hijo se incorporó a este trabajo, y juntos, modestamente empezamos a enviar lo que era necesario durante el Período Especial.” En esos duros años, en donde escaseaban los productos de primera necesidad para la población cubana, la familia Di Celmo, continuó estrechando sus vínculos a la Revolución. Giustino nunca imaginó lo que le ocurrió cinco años después: mientras estaba preparándose para unas reuniones de negocios, en el hotel donde se hospedaba, sintió un estruendo. La noticia de que un acto terrorista había acabado inmediatamente con la vida de su hijo, le estremeció el alma de pena y dolor. Pero la vida de Giustino no terminó cuando el asesinato de Fabio. Su repulsión por el terrorismo se acrecentó, y así nos cuenta que decidió afiliarse al Partido Comunista de Cuba a los dos días de que estallara la bomba asesina que mandó a poner el agente de  la CIA, Luis Posada Carriles. “Yo hice una carta a Fidel pidiéndole la inscripción y a los tres días, Fidel me la otorgó.” A partir de ese momento, Giustino se empeñó en hacer conocer al mundo la verdad sobre el asesinato de Fabio. Como hombre sensible que es, su vocación la orientó hacia la Sociología y obtuvo su licenciatura a los 83 años de edad. Se convirtió en profesor de esta materia y además, se doctoró durante el 2006 en Ciencias Políticas. Su historia de vida la transformó en una herramienta para la lucha y el descubrimiento de la verdad.

La historia del Capitalismo se canceló
Giustino es un hombre sencillo, pero profundo al que le apasiona filosofar sobre la realidad. Vive convencido, de que si los pueblos no toman como alternativa la vía del Socialismo, no podrán continuar su marcha. “El Capitalismo a donde ve riqueza, llega y rapiña. Predomina la ley del más fuerte. Tenemos un ejemplo: el más fuerte del mundo es el gobierno de los Estados Unidos, que está amenazando a todos. El terrorismo es un arma del sistema con el que son sometidos los pueblos a la injusticia, porque el capitalismo no crea justicia, sino injusticia.” Así mismo sostiene que la integración Latinoamericana que ha propiciado inicialmente Cuba, es el mejor camino para combatir las desigualdades que genera el Capitalismo como sistema. “Cuba ha luchado solo contra el monstruo del gobierno norteamericano por casi medio siglo; aunque después de medio siglo, aparecieron los discípulos de Fidel. El primero fue Chávez, después llegó Evo Morales y después vino Nicaragua, Ecuador. Y después vendrá Uruguay, y después no se sabe qué va a venir, pero el camino está abierto… El Capitalismo no puede ir adelante en el mundo, tiene que terminar, su historia se canceló. De un momentito para otro, ya está en camino, una Revolución global en donde los pueblos como en  la Revolución Francesa, van a destruir todo vestigio y recuerdo del Capitalismo.”
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