Jorge Lezcano Pérez - Cubarte.- Tan pronto el Consejo de Estado convocó a elecciones generales en Cuba el presidente George W. Bush formuló declaraciones públicas en contra de las mismas en vano intento de descalificarlas; incluso expresó su decisión de hablar con el Papa Benedicto XVI del “deseo de Cuba de ser libre”, “no hay que hablar de quienes gobiernan sino de elecciones libres”, afirmó.

En la emisora Radio- Miami, de la Florida, en su sección El Duende, al hablar del programa electoral de la candidata Hillary Clinton se expresó lo siguiente: “La prohibición de los viajes humanitarios a la Isla de los cubanos residentes en Estados unidos, se ha convertido en tema de discusión en la campaña presidencial norteamericana desde que uno de los candidatos, el senador Demócrata de la raza negra por el Estado de Illinois, Barak Obama, se pronunciara a favor del levantamiento de las restricciones a esos viajes, impuestas por la administración Republicana del presidente Bush.


Ni corta ni perezosa, la ex primera dama Hillary Clinton salió a la palestra para señalar que ella sí respaldaba las restricciones de viajes a la Isla, coincidiendo en eso con los tres republicanos que aspiran a suceder a Bush en la Casa Blanca”

Pero el tema Cuba en las campañas electorales de los Estados Unidos para elegir al presidente de la Nación más poderosa del mundo no representa una novedad; es más bien una constante que se repite cíclicamente y solamente adopta diferentes variables atendiendo a situaciones coyunturales internas o de acuerdo a las circunstancias internacionales del momento.

Las mezquinas armas que se utilizan para denigrar a nuestro país y las falsedades que caracterizan el discurso electorero que se emplea para atacar a la nación cubana con el objetivo de conquistar votos, no solo revela en cada ocasión la obsesiva y tradicional política estadounidense de apoderarse de Cuba, sino que forma parte del método de vale todo que distingue las elecciones norteamericanas.

En marzo de 1885, José Martí escribía un profundo y detallado artículo para el periódico La Nación.

Entre las tantas cosas comentadas por nuestro Apóstol que mantienen total vigencia en las elecciones norteamericanas de hoy se encuentran las referencias siguientes: “Es recia y nauseabunda, una campaña presidencial en los Estados Unidos.” (…) “Una vez nombrados en las Convenciones los candidatos, el cieno sube hasta los arzones de las sillas.” (…) “Se vuelcan cubos de lodo sobre las cabezas. Se dan tajos en el vientre y por la espalda. Se creen legítimas todas las infamias. El que inventa una villanía eficaz se pavonea orgulloso”.

En fecha tan lejana como 1854, James Buchanan, candidato a la presidencia de los Estados Unidos, desarrolló su campaña electoral situando la compra de Cuba como principal argumento en su plataforma. En su manifiesto de Ostenden; quedó expresada su propuesta de la manera siguiente:

“Los Estados Unidos deben comprar a Cuba por su proximidad a nuestras costas, porque pertenecía naturalmente a ese grupo de Estados de los cuales la Unión era la providencial casa de maternidad, y porque la Unión no podría nunca gozar de reposo hasta que Cuba estuviese dentro de su frontera”.

Y aunque dicha compra no se llevó a cabo, tal propuesta contribuyó a que Buchanan ganara las elecciones.

Con estos antecedentes no cuesta mucho trabajo entender el por qué, 153 años después, Cuba está nuevamente como tema en las elecciones presidenciales estadounidenses, y de manera especial en el Estado de la Florida.

Antes de explicar como es tratado el tema Cuba por los Estados Unidos en la actual campaña electoral, es indispensable recordar el decisivo papel que jugaron los cubano-americanos que controlan la ciudad e integran las organizaciones terroristas de Miami en la “elección” de George W. Bush en el año 2000. Por supuesto que el hecho de que la mafia de Miami se empleara a fondo, utilizando las ilegales acciones que escandalizaron al mundo, para que Bush fuera finalmente designado presidente de la poderosa Nación norteamericana por la Corte Suprema, obedeció a las grandes promesas que el candidato del Partido Republicano les hiciera referidas a las medidas que adoptaría, una vez electo, con el objetivo de destruir a la Revolución Cubana. De esa manera arreciar el bloqueo contra nuestro país, incrementar el financiamiento a los grupúsculos de mercenarios que organizan y financian dentro de Cuba, y aumentar los fondos para Radio y TV Martí, entre muchas otras, fueron piezas claves del discurso electoral de Bush y del Partido Republicano.

Las declaraciones del presidente George W. Bush, el 10 de octubre de 2003, cuando al hablar en acto público expresó: “El régimen cubano no va a cambiar por su propia iniciativa, pero Cuba tiene que cambiar”, anunciaron anticipadamente el tono agresivo y amenazador que tuvo el tema Cuba en la campaña electoral presidencial 2004.

Como prueba fehaciente de ello, el presidente norteamericano, George W. Bush, dijo el 12 de enero de 2004, “que había que trabajar por una transición rápida en Cuba”, y el miembro de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Lincoln Díaz Balart, declaró en el propio mes de enero que “En Cuba se impone el magnicidio”, refiriéndose a su convicción de que el presidente Fidel Castro debía ser asesinado.

No obstante estas claras evidencias de la manipulación del tema Cuba en la política interna norteamericana, el anuncio hecho el 6 de mayo de 2004 por el gobierno norteamericano sobre las nuevas medidas para recrudecer aún más su política agresiva y hostil contra Cuba y la declaración del presidente Bush al anunciar de que el objetivo era “acelerar el día en que Cuba sea libre”, daría el tono definitivo de cómo nuestro país sería tratado en la campaña electoral de los republicanos. Los 59 millones de dólares que EEUU dedicaría en los dos años siguientes para financiar las acciones dirigidas a la destrucción de la Revolución Cubana, representaron sin dudas, un extraordinario botín para que se movilizaran los cubano-americanos integrantes de las organizaciones terroristas de Miami y la extrema derecha republicana, como lo hicieron, para lograr la reelección de Bush.

Expresión de que esa aberrante política mantiene plena vigencia en la actualidad, es lo publicado el pasado mes de agosto del presente año en el Nuevo Herald, de Miami, en artículo que presenta las opiniones de tres candidatos presidenciales de cada partido sobre Cuba.

Los candidatos fueron escogidos a partir de los resultados favorables que alcanzaron en una encuesta de Gallup realizada del 4 al 6 de junio de 2007.

RUDY GIULIANI

Republicano, 46 por ciento

Cuando era alcalde de Nueva York, se ganó los corazones de miles de cubanos al bautizar la calle frente a la delegación de Cuba ante las Naciones Unidas con el nombre de ''Esquina de Hermanos al Rescate'' en honor al grupo de aviadores que fueron derribados por aviones de combate cubanos en 1996. En su reciente visita a Hialeah prometió, que de ser presidente, no levantaría el embargo ni las restricciones a los viajes. ''Castro es un asesino. Lo sé y nunca lo olvidaré. Lo mismo es su hermano, lo sé y nunca lo olvidaré'', dijo.

JOHN MCCAIN

Republicano, 31 por ciento

Bajo su gobierno, el embargo a Cuba continuaría. Sólo se levantaría si el régimen de Cuba se compromete a: liberar a los prisioneros políticos sin condiciones, legalizar los partidos políticos y los sindicatos, permitir la libertad de expresión en los medios y programar elecciones libres.

FRED THOMPSON

Republicano, 13 por ciento

Tuvo que aclarar un pronunciamiento en junio en el que criticó la inmigración de cubanos sugiriendo que representaban una amenaza terrorista. ''No me imagino que ellos vengan a traer saludos de Castro. Estamos viviendo en la era de las maletas bombas'', afirmó. Al día siguiente, corrigió. Dijo que se refería a ''espías cubanos'' y en un esfuerzo por congraciarse con la comunidad cubanoamericana, agregó: ''Mientras que la dictadura comunista ha sido una tragedia para Cuba, Estados Unidos ha sido de alguna manera y, por lo menos, el beneficiario. Uno de esos beneficios es la presencia de la maravillosa artista cubanoamericana Gloria Estefan. Ella escribió una canción que se titula No hay mal que por bien no venga’’. Agregó que ``la tiranía de Castro le ha dado a Estados Unidos una de las grandes comunidades del Hemisferio Occidental''.

HILLARY CLINTON

Demócrata, 59 por ciento

Se opone al levantamiento del embargo hasta que la democracia no eche raíces en la Isla. Criticó fuertemente los comentarios de Thompson sobre los inmigrantes cubanos asegurando que el candidato ''aparentemente no tiene experiencia en la Florida o en cualquier lugar'' y ''no conoce cubanoamericanos''. Calificó a su contrincante Obama como ''irresponsable e ingenuo'' por decir que se reuniría con el jefe de Estado de Cuba y de otros gobiernos enemigos de Estados Unidos.

JOHN EDWARDS

Demócrata, 35 por ciento

Considera a Castro un ''brutal dictador''. Favorece los viajes a Cuba y ha criticado las restricciones impuestas por el gobierno de Bush. Estuvo de acuerdo con Obama en cuanto a una unión con los jefes de Estado de Cuba y Venezuela, aunque advirtió que antes de hacerla se debe adelantar un trabajo diplomático para que el encuentro no sea utilizado con fines propagandísticos. En cuanto al embargo ha dicho: ``Yo respaldo las sanciones que ataquen el régimen de Castro pero que ayuden al pueblo inocente de Cuba''.

BARACK OBAMA

Demócrata, 33 por ciento

Dijo que se reuniría, sin precondiciones, con el jefe de Estado de países renegados como Cuba, Siria, Venezuela y Corea del Norte. ''Lo haría y la razón es la siguiente: la noción de que alguien no hable con países es de alguna manera castigarlos, lo que ha sido el principio diplomático que ha guiado este gobierno, es ridículo''. Se opone al levantamiento del embargo. Junto con otros congresistas, firmó el año pasado una carta dirigida al Departamento del Tesoro para protestar por las restricciones a los viajes de grupos religiosos a Cuba.

Cuanta razón tenía el Apóstol de la Independencia de Cuba, José Martí, cuando al igualar los propósitos y fines de los partidos republicanos y demócratas, expresó:

(…) ...unos y otros, donde gobernaban, gobernaban con iguales abusos, por ser ambos tajos de un mismo pueblo… “en ninguna cuestión capital se diferenciaban, sino que se dividían de igual manera”.

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