María Victoria Valdés Rodda - Cubadebate.- Incontables son los episodios que confirman la enorme resiliencia de los cubanos y las cubanas. En octubre de 2016, la nación entera volcó su solidaridad hacia la provincia de Guantánamo, golpeada con saña por el huracán Matthew, de categoría 4, con una velocidad de traslación de 15 kilómetros por hora y destructivos vientos de 220 kilómetros por hora.


Como millones de mis compatriotas, contribuí en la confección de paquetes de ayuda para los damnificados, y aunque el evento meteorológico impactó por igual en los municipios de Maisí, Imías, San Antonio del Sur y Baracoa, yo me identifiqué particularmente con esta última, la Villa Primada, porque a raíz de la tragedia sufrí un shock psicológico al ver en Facebook la imagen de una pareja de baracoenses abrazados en medio de una destrucción total. Se habían quedado sin nada; solo se tenían el uno al otro. “Y a Cuba”, pensé de inmediato mientras contemplaba ese testimonio gráfico.

Entonces me juré que haría algo por aquellos seres anónimos desde mi pequeño espacio vital. Una de mis primeras acciones fue buscar en la red noticias locales, lo cual me llevó al portal de Radio Baracoa. Me admiró la agilidad de sus emisiones, con información minuciosa del desastre, pero también de las labores recuperativas. Les envíe mis palabras de apoyo y continué “conectada” con la localidad de manera permanente.

Un día, leí un texto de la periodista Eliannis Legrá Rodríguez titulado “Un mensaje, unas lágrimas”, publicado el 18 noviembre de 2016. Mi identificación con esa familia fue total, porque la reportera escribió lo que a continuación reproduzco:

“¡Ay mami, me están saliendo las lágrimas!, fue lo primero que dijo una de mis pequeñas al leer lo que estaba escrito en un recorte de papel dentro de una bolsita de nylon que contenía unas libretas, y encima, este mensaje: ‘No pierdan la esperanza’ (…) Gracias por tan delicadas palabras, que llevo en mi mente y repito y repito a quien encuentre para que todos sepan que siempre hay un alma generosa y buena. Gracias por tanto amor”.

Se trataba de un paquete de donación recibido por Eliannis y los suyos desde algún rincón de esta isla inmensa. Nunca supieron quién lo escribió, probablemente un pionero cubano, pero la semilla de la confianza quedaba plantada. Los baracoenses resistieron y también se recuperaron. Desde entonces soy seguidora habitual de esa emisora local, pero potenciada hacia el exterior debido a las bondades de internet. A través de Facebook no solo me estremecí de dolor ante la foto de dos desconsolados desconocidos, sino que inicié una amistad verdadera que dura hasta hoy.

Por eso, animada por la convocatoria a denunciar el impacto del insensato bloqueo estadounidense contra mi patria, necesariamente he vuelto a Baracoa desandando esos afectos y vínculos. Sus entregas laboriosas permiten que amplíe mis conocimientos sobre las incidencias heroicas de la localidad. Así supe del doctor Abel Oslé Matos, director del Hospital General Docente Octavio de la Concepción y de la Pedraja. Aguijoneada otra vez por la capacidad de resiliencia lo entrevisté para Cubadebate.

Sacerdocio por la vida

“Es difícil no definir un antes y un después de Matthew. Nuestro municipio sufrió mucho, quedó destrozado. Sin embargo, también fuimos testigos de hechos hermosos y de sacrificio de colegas, y de la población en general. Nuestro hospital se convirtió en un centro de evacuación y garantizó su vitalidad todo el tiempo. Hasta una cesárea se realizó mientras pasaba el huracán, y tuvo un buen final.

“En fin, en medio de la tormenta la institución se mantuvo firme como un faro que da aliento a todos aquellos que necesitan amparo. Después, fue cuestión de días para recuperarnos de los daños materiales con el apoyo colosal de todo el país”. Fueron las primera palabras del galeno, graduado en el 2001 y actualmente Máster en atención integral a la mujer, y diplomado en perinatología”.

Al frente del Hospital General Docente de Baracoa desde marzo de este año, Abel Oslé Matos, con solo seis meses de servicio allí, tiene un profundo vínculo con su centro de trabajo, al que se dedica por entero desde que abre los ojos cada día. Siente un gran orgullo por sus compañeros: “Indudablemente, la principal fortaleza de nuestro hospital es su gente, su carisma, su humildad y su compromiso a la hora de enfrentar las dificultades que aparecen en cada jornada”.

Considera que plantarle cara al bloqueo yanqui “es una lucha sin cuartel desde diferentes ángulos: el sindicato, la UJC, el Partido y la administración desde sus diferentes aristas buscan soluciones enfocadas en un único objetivo, enfrentar esa política y las medidas y restricciones que nos impone. Realmente no hay decisión tomada en la que no estén implicados todos los factores del centro hospitalario”.

“El bloqueo -afirma- se ha convertido en parte de nuestra cotidianidad, de nuestras vivencias y de nuestra motivación en algunos casos, y como buenos cubanos aprendemos a crecernos, a adaptarnos”.

Es importante subrayar que esa adaptación no es ni mucho menos cruzarse de brazos, caer en la inacción o la resignación. La perseverancia guía cada una de las medidas que toma la dirección de la institución para ofrecer un servicio de excelencia. “Si algo tiene nuestro colectivo, es que no se detiene a lamentarse por las carencias. Diariamente se definen en la entrega de guardia las dificultades en la jornada anterior y se precisan las estrategias para la nueva, las gestiones y soluciones a buscar, y luego nos lanzamos a trabajar con el propósito de ofrecer la mejor atención posible a los pacientes. Eso sí no lo ha logrado disminuir el bloqueo”, recalca el entrevistado.

El doctor Abel Oslé es una persona cabal y limpia: “Mentiría si dijera que no hay insatisfacciones; existen, y aunque no son reiteradas, sí se discuten diariamente para buscarles una solución. Hay en nuestro centro una comisión creada al efecto, que cada día recoge el estado de opinión de la población, de pacientes y familiares, así como también de los trabajadores, para estar alertas ante las inconformidades, quejas, sugerencias, e incluso opiniones positivas. Lo más importante es saber definir cuáles de estas quejas o inconformidades dependen del hombre; esas son más fáciles de resolver, pues no dependen de una inversión de recursos materiales sino del trato y el amor que reciben nuestros pacientes”.

El Hospital General Docente Octavio de la Concepción y de la Pedraja, cuyo colectivo está integrado por 1 267 trabajadores, atiende a la población de los municipios de Baracoa, Maisí, Imías y San Antonio del Sur. Cuenta con 302 camas; de ellas, 284 en uso. Y tiene, como todas las instalaciones de su tipo en el país, los servicios imprescindibles, desde laboratorio clínico y varias consultas hasta unidades quirúrgicas y servicios de hemodiálisis puestos a disposición de 125 000 pobladores.

Cubadebate conoció que en el centro hospitalario están instalados siete riñones artificiales que brindan atención a 36 pacientes, quienes son recogidos en la puerta de sus casas y conducidos hasta el hospital, tanto desde Baracoa como desde los municipios lejanos. La institución tiene garantizado esa opción de traslado a partir de un contrato con las empresas local de taxi.  Y a pesar de las dramáticas horas que se han vivido con las nuevas restricciones impuestas al país por la administración estadounidense, en Baracoa se “rieron” con esa vuelta de tuerca. Porque, tal y como señala el doctor Abel, el cubano ya viene de regreso de tanta locura.

A mal tiempo buena cara

“Estos últimos meses han sido bastante tensos, pero han servido para volver a la carga contra las deficiencias de recursos, combustible y la necesidad de ahorrar lo que tenemos, y para activar nuestras iniciativas e inventiva. Aquí se aunaron todos los sectores y niveles de decisión pensando siempre en soluciones y en ayudar a la economía”, cuenta el director del hospital de Baracoa.

A raíz de la situación coyuntural reciente, el consejo de dirección del hospital definió e implementó un conjunto de medidas que permitieran el ahorro de los portadores energéticos, garantizando la continuidad de los servicios prestados.

“No se dejó de ofrecer ninguno de nuestros 36 servicios de salud, al tiempo que en las áreas administrativas se logró el ahorro de hasta 4 Mw semanales con respecto al consumo habitual. Estas medidas llegaron a nuestro centro para quedarse; para educarnos en el potencial tan grande que representa el ahorro para nuestro país, y han sido motivo de reflexión sobre cuánto podemos hacer aún por nuestra economía.

“Se han implantado cifras récord de ahorro. De los cinco metros contadores de energía eléctrica del hospital, el denominado ‘de terapia’ ha registrado históricamente el mayor consumo porque a él están conectados servicios como terapia intensiva, preparto y neonatología. Sin embargo, sin afectación ninguna de la asistencia médica, y eso es importante recalcarlo, se han logrado también ahorros significativos en estas áreas, lo cual demostró todas nuestras potencialidades”, destaca.

Estas reflexiones lo llevan a otra fundamental: “Pienso que es evidente que saldremos de esta, pues a pesar de los esfuerzos por aplastar a la Revolución, Trump y sus lacayos están logrando unirnos más. Puede ser impensable en otro país, pero los cubanos hemos aprendido a sobreponernos, a levantar los pies cuando hay piedras en el camino. Ya tuvimos una ‘escuela’ cuando el Período especial, que nos enseñó a adaptarnos y a sobrevivir a las más crudas adversidades, y en esa ‘escuela’ terminamos con Título de Oro”.

Plan contra plan

Abel Oslé relata que “con apoyo del equipo de electromedicina, recuperamos dos mesas quirúrgicas que estaban en desuso; es decir, de baja, y creamos una mesa de cadera. Ese logro nos permitió uno mayor: realizar en mayo de este año una hemiartroplastia izquierda de cadera, luego de 15 años sin hacerse esta operación en el municipio por falta de condiciones materiales y organizativas”.

Este tipo de cirugía en Baracoa es un éxito con doble significación. Primero, porque el paciente gana mayor calidad de vida, y en segundo lugar porque se evita su traslado hasta la capital de Guantánamo, que era lo que sucedía hasta hace muy poco. ¿Y no es esto una forma magistral de romper el bloqueo yanqui?

“Este año se han hecho tres operaciones de fractura de cadera”, constata el orgulloso director del hospital baracoense. Se percibe su confianza en el presente de luchas, pero también en el mañana porque tampoco está solo, cuenta con el respaldo del colectivo. Y debe ser por eso la permanente inventiva de los afiliados en el hospital a la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores que han presentado valiosos trabajos al Fórum de Ciencia y Técnica.

Por intermedio de la imaginación creativa a la que no le valen imponentes molinos de vientos, le han “alargado la vida útil a muchos de nuestros equipamientos; por ejemplo, los de anatomía patológica, que se mantienen trabajando con calidad, con lo cual contribuimos a disminuir importaciones al país”.

“Es difícil cuantificar los daños del bloqueo a nuestro hospital, comenzando por la falta de culminación del bloque hospitalario iniciado en los años ochenta y que perdura como símbolo de carencias en nuestro centro, pero no estamos detenidos”, agrega Oslé.

Entonces le explica a esta reportera sobre el continuado plan inversionista: “Se trabaja en la unidad de cuidados intensivos y se realiza el mantenimiento de otras salas del hospital”.

Se han reinaugurado otras áreas como el salón de partos y cesáreas, la sala de ginecología, la sala de puerperio, el servicio de neonatología y el de oncología, el área de cocina comedor y el dormitorio de la guardia médica, así como el área del cuerpo de guardia de adultos y la sala de emergencia. Al mismo tiempo se trabaja en el mantenimiento de las salas de medicina, neonatología, las de hospitalización de gestantes y perinatología.

Justo aquí es preciso hacer un alto para llamar la atención sobre que, a pesar de la hostilidad y las medidas estadounidenses, el Hospital General de Baracoa mantiene una tasa de mortalidad infantil de 2.1 por cada mil nacidos vivos, por debajo de la proyección nacional, y una tasa de mortalidad materna de cero. Son rotundas victorias si se tienen en cuenta las carencias materiales asociadas al bloqueo: ausencia de medicamentos e imposibilidad de adquirir piezas de repuesto para el equipamiento clínico que van desde los ventiladores mecánicos y otros equipos de climatización, los tomógrafos, ecógrafos y hasta las incubadoras neonatales.

Una lógica de continuidad marca las jornadas baracoenses, también en su institución insigne de la salud, la cual se encadena a los intereses de la región en asuntos estratégicos como la natalidad: “Nosotros no estamos ajenos al decrecimiento en los nacimientos a nivel de país. Cada año nacen menos niños en nuestro municipio; sin embargo, se ha logrado mantener una baja tasa de mortalidad infantil en nuestro hospital. Pienso que el fenómeno es multicausal. Está determinado en parte por el nivel cultural de la población, independientemente de que se pueden relacionar varias situaciones materiales como la necesidad de viviendas y la situación económica de la familia, que sí son afectaciones del bloqueo.

“A pesar de eso, en Baracoa se trabaja arduamente por tratar de disminuir la tendencia negativa. Un ejemplo de ello es el funcionamiento de una consulta de infertilidad que ha logrado varios embarazos clínicos. Estamos, además, enfrascados en apoyar a las madres con más de dos hijos como parte de la política trazada por el país”.

Un legado y un propósito

En 1955 se inauguró el Hospital Civil de Baracoa, aunque solo tras el triunfo revolucionario del 1º de enero de 1959 el pueblo sería su centro de desvelos. En 1962 la institución fue dirigida por el doctor rebelde Octavio de la Concepción y de la Pedraja, quien más tarde sería uno de los fieles integrantes de la guerrilla del Che en Bolivia. Allí cayó en combate el 12 de octubre de 1967 en la confluencia de los ríos Mizque y Grande.

Ante ese legado, el doctor Abel Oslé Matos asegura que “es a la vez un honor y un reto. Es como si a nuestro lado caminara el Che, alguien a quien en lo personal he admirado siempre. A Octavio de la Concepción se le rinde tributo en cada niño que nace, en cada paciente que sale de alta, en cada solución a un problema de salud, y no solo en nuestro país, sino también en los pacientes atendidos por nuestros internacionalistas alrededor del mundo”.

Y es a ese vasto universo más allá de las fronteras de Cuba que este consagrado galeno se dirige al final de la entrevista: “Realmente, el mejor mensaje que se le puede dar al mundo aún lo estamos escribiendo en la historia. Nuestra onda es la de David y está llena de sacrificio, de esfuerzo, de amor, de ejemplos de heroísmo y, sobre todo, de unidad. Debería avergonzarse el imperialismo porque sus patrañas y su política podrida no resultan en nuestro país y solo logran unirnos más”.

A pesar del bloqueo -continúa-, “nuestro hospital, el más oriental del país, tiene fuerzas para proteger a la población de Baracoa, de Maisí e Imías. Se hace un esfuerzo inmenso por dignificar sus salas e instalaciones y mejorar el confort no solo de las áreas de asistencia médica sino también del dormitorio médico. Además, se trabaja arduamente para garantizar la alimentación adecuada y balanceada de pacientes, familiares y trabajadores. En fin, que a pesar del bloqueo existimos y avanzamos. Estamos convencidos de que algún día esa actitud cavernícola desaparecerá para convertirse en un recuerdo de lo absurda e inútil que puede llegar a ser la política de la potencia más poderosa del mundo contra una isla que piensa como país”.

Este cubano, casado y padre de una joven de 16 años y de una niña de seis, tiene como anhelo cimero para su familia “formar bien a mis hijas y enseñarles a amar a su patria para que un día sean personas de bien”. Y en lo social, “ser obstetra, que es ‘el portero’, el que da la bienvenida a los nuevos inquilinos de esta vida para seguir aportando sonrisas a las familias baracoenses”.

No he tenido la oportunidad de ir todavía a Baracoa. A Eliannis Legrá y a Radio Baracoa los sigo desde la web. Y al doctor Abel Oslé Matos lo entrevisté online; no obstante, ando tranquila y segura al igual que ellos, porque si unos años atrás me estremecí con el abrazo doloroso de dos desconocidos que recorrió vertiginosamente el mundo digital, hoy, en mi Cuba, la realidad nos hermana y nos une en la resistencia cotidiana. Pero, sobre todo, en la convicción del acompañamiento solidario.

Si volviera a cernirse una nueva desgracia meteorológica sobre cualquier punto de la geografía nacional, nos daríamos un abrazo colectivo y nos enviaríamos mensajes como aquel de “No pierdan la esperanza”, porque todos somos Cuba y seguimos luchando y trabajando por las conquistas sociales de la Revolución, en una tierra donde la salud pública es derecho de todos y prioridad del Estado.

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