Cubadebate TV.- El sector privado vinculado a la industria turística en Cuba se ha visto afectado por el recrudecimiento de las medidas económicas del gobierno norteamericano, en especial la prohibición de entrada de cruceros a la Isla y el incremento de las restricciones de viajes para los norteamericanos.


La verdadera “ayuda” de Trump al sector privado: Cinco historias de cubanos (+ Video)

Oscar Figueredo Reinaldo, María del Carmen Ramón, Lissett Izquierdo Ferrer, Edilberto Carmona Tamayo, Lisandra Romeo Matos, Abel Padrón Padilla

Cubadebate

Mayo de 2017. Un nuevo negocio abre en la calle San Lázaro, en La Habana. “Rooms for rent”, avisa un cartel en la casa número 1210. Corrían tiempos de “vacas gordas” para los emprendimientos conectados con la industria turística y Adriana Orejuela lo aprovecha. Justo como vaticinó, el boom de visitantes estadounidenses toca su puerta. Pero esta “racha tremenda” duraría poco.

Casi un 60% de los visitantes que recibía era de los Estados Unidos y hoy, lastimosamente, representan solo el 5%”, cuenta esta colombiana radicada en Cuba, cuyo alojamiento, cercano a la Universidad de La Habana, atrajo a jóvenes que venían a la “isla prohibida” amparados en la licencia para viajes académicos.

Desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca se ha movido en sentido inverso a su predecesor, quien apostó por el sector privado como estrategia para continuar con la histórica política de su país contra Cuba. Una avalancha de sanciones contra la mayor de las Antillas acompañan los dos años y 11 meses del mandato del actual presidente.

“Ellos (la nueva administración de Estados Unidos) dicen que todas estas medidas afectan a los que gobiernan la nación, pero realmente afectan al cuentapropista”, asegura Adriana.

Para la propietaria de “San Lázaro 1210” uno de los mayores daños ha sido la incertidumbre que generan las políticas de Trump. Más allá de medidas como la prohibición de los viajes de cruceros y de todos los vuelos a Cuba —con excepción de La Habana—, “se sigue vendiendo la idea de que visitar la Isla es un riesgo”.

Este efecto desalentador emergió, por ejemplo, cuando el tornado en enero de 2019. “Me cancelaron muchas reservaciones porque (en las redes sociales y medios de comunicación) mostraban a La Habana como un caos, aunque aquí (en el Vedado) no pasó nada. Ahora mismo hay una campaña feroz contra el turismo, pues con la coyuntura le dicen a la gente cosas que no son, se magnifican los problemas y eso al final afecta al que tiene su pequeño negocio”.

“Para el turismo —argumenta— la tranquilidad es muy importante. Por eso se promueve que el destino es peligroso, que hay ataques sónicos. Incluso he tenido clientes norteamericanos que me han escrito para preguntarme qué necesitan traer a Cuba; les han dicho que aquí no hay ni taxis en el aeropuerto. Me preguntan hasta por las rutas de guagua y yo solo me río”.

Sentada en el comedor de la casa que desde hace más de dos años le proporciona su sustento económico, Adriana busca semejanzas con épocas pasadas. “Tal pareciera que los tiempos que se viven hoy con Trump son un deja vú. Aunque a veces me pongo a pensar  que ni él mismo sabe lo que está haciendo. Es increíble como en Miami viven miles de cubanos que no quieren esto para el país, pero los que tienen el poder son los que votan”.

— Y los visitantes estadounidenses, ¿cómo son?

— Desde mi experiencia te puedo asegurar que son los mejores huéspedes que se pueden tener. Ellos disfrutan mucho Cuba y dejan grandes propinas. Les encanta La Habana.

Son muy prácticos y los que vienen a Cuba lo hacen porque saben que lo pasarán bien. Todo les parece rico y lindo. Tú le pones un plato de tostones con aguacate o frituras de malanga y les encanta.

***

El último crucero de una compañía de Estados Unidos, el “Empress of the seas”, partió de La Habana el miércoles 5 de junio de 2019, culminando con el alza de esta actividad en Cuba, que llevó a cientos de miles de estadounidenses a la Isla.

Y el descenso en el número de clientes no se hizo esperar. Números rojos aparecieron en las cuentas de los que alquilan coches antiguos, los cocheros, artesanos, los que trabajan en restaurantes y hasta de los que venden agua de coco.

Los “Almacenes de San José” eran una parada recurrente en el itinerario de los cruceristas. Casi una “plaza desierta” es ahora. “La feria se pasa el día prácticamente vacía, porque los cruceros le daban vida turística”, dice Raciel Llorente Domínguez, uno de los artesanos que ofrece sus creaciones en esa enorme nave junto al puerto.

“La disminución de visitantes a nuestro país nos ha afectado grandemente”, lamenta el joven emprendedor, mientras precisa cifras. “Mis ventas han bajado en más de un 70%”.

Por ejemplo, puntualiza, en estos meses a pesar de que en años atrás ya había finalizado la temporada de cruceros, comenzaba la temporada alta. “Pero ni en la alta se ve el turismo. Con esta disminución nuestra mercancía demora meses en venderse y las ganancias son mínimas”.

Otro sector que sufrió afectaciones por la prohibición de la entrada de cruceros a Cuba fue el de los taxistas agrupados bajo el sello Gran Car. Choferes de los famosos autos clásicos marca Ford, Chevrolets, Cadillac, Buick, Oldsmobile, que circulan por La Habana e impresionan a más de un visitante.

Si usted pasa cualquier día por los alrededores del Parque Central podrá encontrar a muchos de ellos, entre cocheros y ómnibus, intentando “captar” una carrera.

“Después de las últimas medidas de Trump contra Cuba todo está mucho más difícil, porque ha decrecido el turismo. A veces los choferes pasamos largas horas sin lograr hacer ni un solo recorrido, y eso nos afecta económicamente”, cuenta Mario Verdecia, por más de 30 años detrás del timón de un Ford del 57.

Son pocos los turistas y muchísimos los autos dispuestos a brindar servicios de tour por la ciudad de La Habana, según pudo comprobar Cubadebate en un recorrido por esta zona.

Para Raudel Rodríguez, la prohibición de entrada de cruceros a Cuba fue una medida que los golpeó sobremanera.

“Los cruceros ayudaban mucho. Ahora están solo los turistas que vienen a los hoteles y a las casas de renta. Escasean los clientes. Hay días que sales y tienes suerte, pero hay otros en que puedes pasar 4 horas sin conseguir un cliente”, asegura.

Similar es la experiencia de Danilo Pérez, quien agrega que, con los cruceros, no llegó a existir para ellos una temporada baja. “Ahora estamos supuestamente en temporada alta, pero está siendo baja. Hay días malos, otros regulares”.

La poca clientela también mantiene preocupado a Ismael Pérez Pérez, de la cooperativa “El Carruaje”, perteneciente a la Oficina del Historiador de La Habana. “A raíz de las medidas hemos tenido que esforzarnos para poder cumplir con nuestros indicadores económicos y pagar los impuestos. La disminución ha sido muy fuerte”.

Y la situación se complejiza ante “la enorme competencia” existente, generada por el boom del turismo en Cuba. “Antes no había los llamados autos clásicos, ni coco taxis ni el micro de doble piso. Ahora, con la baja, la distribución entre todos esos actores es más difícil”.

“Creo que Trump se equivoca si piensa que sus medidas afectan al Gobierno cubano, porque en realidad afectan al pueblo en general. La entrada de un crucero era tremendo negocio para nosotros, porque el visitante viene por poco tiempo y quiere hacer muchas cosas, y nosotros lo trasladamos”.

Este cooperativista de 20 años de experiencia nunca pensó que las amenazas de Trump se convirtieran en realidad. “Lo veía más como un comentario. Pero me asombró lo rápido que lo cumplió. Ha ahogado el turismo”.

Mientras su colega echa a andar el carruaje hacia el Parque Central, Ismael vuelve al pasado, añorando aquellos recorridos con los cruceristas. “Le mostrábamos la parte más antigua de la ciudad y le contábamos sobre la historia, la cultura y tradiciones”.

— ¿Cómo ven los estadounidenses a la Habana colonial?

— Trabajar con los americanos es muy bueno. Son gente que les encanta Cuba. Vienen con una realidad distorsionada del país. Ellos mismos reclaman que se vuelvan a establecer los cruceros hacia Cuba y he escuchado que múltiples compañías cayeron en bancarrota por la medida de Trump, ya que tenían vendidas las capacidades hacia nuestro país.

Estoy seguro que ellos quieren volver, les encanta Cuba, nuestra gente, la comida.

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Todos los vientos a su favor tuvo el Puerto de Casilda, cercano a Trinidad, tras el arribo de cruceros a sus aguas. Y justo hacia los negocios privados iría, sin dudas, este desembarco de turistas. Porque en la tercera villa de Cuba es mayoritaria la oferta no estatal en cuanto a casas de renta, restaurantes y cafeterías, al igual que ocurre en Viñales (Pinar del Río) y Baracoa (Guantánamo).

“Muy provechoso” fue el emergente escenario para “La nueva era”, primer restaurante que abrió sus puertas en Trinidad luego del nuevo impulso al trabajo por cuenta propia en el país, en septiembre de 2010.

Su jefe, Reinaldo Vivas Zerquera, evoca con nostalgia aquellos tiempos: “La nueva era recibía un número considerable de cruceristas, al tener capacidad para alrededor de 200 personas. Los cruceros se convirtieron en una gran posibilidad para el territorio. Los turistas comían en restaurantes, compraban artesanías”.

“Fue la etapa más próspera para mi negocio”, que se revirtió bruscamente con las medidas de Trump. “Nos hemos visto afectados, sobre todo en la atención al cliente. Son medidas económicas muy drásticas”.

— Los clientes que por estos días llegan a La nueva era, ¿qué dicen?

— “Los clientes se sienten cohibidos. Muchos vienen pensando en la situación económica del país. Lo cierto es que han venido por sus deseos de visitar Cuba, pero teniendo en su mente las cosas dañinas que dicen sobre nuestro país”.

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