M.H. Lagarde - Cubasi.- A algunos funcionarios y legisladores de Estados Unidos, por lo visto, no les interesa que, convertido en el epicentro de la pandemia del coronavirus, ese país haya rebasado la barrera de los 2 000 muertos en un día —el total de fallecidos ya alcanza la escandalosa cifra de 18 637—, ni que el saldo de contagiados se haya elevado a más de medio millón*.


Lo que sí parece interesarles, y mucho, son "las condiciones de trabajo de los médicos cubanos que trabajan en terceros países para combatir el coronavirus". 

Así lo hizo saber el pasado viernes Michael G. Kozak, un alto funcionario del Departamento de Estado, en un comunicado firmado también por los congresistas de la Florida, Mario Díaz-Balart, Francis Rooney y Debbie Mucarsel-Powell, en el que acusan a La Habana de “explotar la pandemia del coronavirus para su beneficio político”, refiriéndose a los médicos “internacionalistas”.

Según Kozak escribió en Twitter, “Cuba continúa violando convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que protegen derechos de trabajadores a organizarse, reunirse y negociar colectivamente. Cuba y países que aceptan sus médicos y enfermeras deben cumplir con sus compromisos con la OIT.

“Instamos a los países que acojan médicos cubanos a proteger sus derechos. Exija a Cuba que deje de confiscar el pago y los pasaportes. Requerir prueba de credenciales médicas. Hacer públicos los acuerdos bilaterales. Las crisis no justifican el tráfico de profesionales médicos, que necesitan protección ahora más que nunca”, agregó el alto funcionario. 

Las declaraciones de este personaje prueban la prioridad que el gobierno le da a la politiquería por encima de la vida humana o el respeto a los derechos de los ciudadanos de su nación y el mundo.


La campaña de mentiras contra los médicos cubanos nada tiene que ver con el bienestar de los galenos de la Isla, y sí mucho con el rejuego electoral de ese país. 

En artículo publicado en El Nuevo Herald el pasado 1 de marzo, la excongresista Ileana Ros-Lehtinen, en un ataque de sinceridad, apuntaba: "Pronto, el Departamento de Estado producirá su reporte anual sobre el tráfico humano, y muchos activistas de derechos humanos de nuestra comunidad del sur de la Florida han trabajado arduamente cabildeando a nuestro gobierno federal para que merecidamente clasifique las misiones de médicos cubanos como tráfico humano".

Para nadie es un secreto quiénes son los "activistas de derechos humanos de nuestra comunidad del sur de la Florida": los miembros de la mafia anticubana de la que ella, y los congresistas citados arriba, son prominentes miembros. 

El cabildeo al que hace referencia tampoco es un misterio. Se trata de otro Quid pro quo, al estilo del practicado con Ucrania, entre la mafia terrorista de Miami y la actual administración. Cegados por el odio de un fracaso, que acumula ya 60 años, están convencidos de que a cambio de que Trump les deje vía libre para acrecentar el bloqueo contra la Isla, ellos podrían servirle en bandeja su victoria electoral en la Florida en 2020.

En su obstinada estupidez política, ni siquiera se dan cuenta de que la comunidad cubana, a la que dicen representar, no se prestará para utilizar como rehenes, en su beneficio político y económico, a sus familiares en la Isla.

Por otro lado, les duele profundamente que su campaña de mentiras contra los médicos cubanos, que es la misma a favor del bloqueo, no haya demostrado tener ningún éxito a nivel internacional.

Bastó que estallara la pandemia para que más de 15 países del mundo solicitaran la solidaridad cubana y cerca de 70 adquirieran los medicamentos cubanos.

No es para menos. Mientras Cuba salva vidas, el gobierno de Estados Unidos, como en los mejores tiempos de los corsarios y piratas, se dedica a robarle mascarillas y otros necesarios implementos médicos incluso hasta a sus propios aliados, bloquea el envío de ayuda médica a Venezuela, Cuba e Irán, y amenaza, para justificar el fracaso de su impotencia en salvar la vida de miles de norteamericanos, con retirarle los 500 millones de dólares que le paga a la Organización Mundial de la Salud.

Los aplausos a los profesionales de la salud cubana en el mundo demuestran que la votación casi unánime que tiene lugar todos los años en la ONU en contra del bloqueo de Washington a Cuba, no es una ceremonia de rutina, es una denuncia contundente al mayor genocidio de la historia.

Esperemos que el gobierno de Trump, a pesar de su politiquería barata, logre contener el número de muertes de sus ciudadanos. 

No hay que olvidar que la brigada Henry Reeve, esa misma que ahora salva vidas en muchos países, fue creada por Fidel en el 2005 para ayudar a las víctimas en Estados Unidos del huracán Katrina.

Nota:

*Cifras del viernes en Estados Unidos. En el momento de la publicación de este comentario, ya la cantidad de muertos en Estados Unidos había alcanzado los 20 000.

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