ACN - Foto: FB del artista.- El Instituto Cubano de la Música (ICM) manifestó hoy su total apoyo al reconocido intérprete Alexander Abreu Manresa al rechazar, mediante una declaración oficial, las agresiones que el artista ha recibido en las redes como parte de una campaña financiada desde Estados Unidos.


Como un artista nacido y formado en Cuba, genuino representante del sistema de enseñanza artística y defensor de  nuestras tradiciones culturales más identitarias, calificó la institución al líder de la popular agrupación Havana DPrimera.

En correspondencia con su talento y exitosa carrera, su pueblo le sigue y aplaude por su profesionalidad y auténtica cubanía, refiere el comunicado.

De acuerdo con el ICM, los insultos a la figura de Abreu ocurrieron a partir de la puesta en circulación, este martes 15 de septiembre, de un texto apócrifo que contenía ofensas a la Revolución Cubana, maniobra de descrédito que el artista denunció inmediatamente en el perfil de Facebook de su orquesta.

Tanto esta reciente ofensa, como otras que han pretendido implicar a artistas e intelectuales residentes en Cuba en varias plataformas de internet y en redes sociales, responden a campañas enemigas concebidas y pagadas desde los Estados Unidos, manifestó la institución.

Lo sucedido, argumentó, es una muestra más del terrorismo político de la mafia cubano americana de Miami, huérfana de toda ética y temerosa de perder los privilegios que se derivan de su hostilidad a la resistencia y autodeterminación del pueblo cubano.

Alexander Abreu se ha ganado el respeto y el cariño de su pueblo y eso ninguna campaña lo podrá destruir, concluyó.

Desde su cuenta de Twitter el ministro de Cultura de Cuba, Alpidio Alonso Grau (@AlpidioAlonsoG) se expresó también en contra de las agresiones al destacado músico cubano.

Todo mi apoyo y solidaridad con el gran músico Alexander Abreu, víctima de una sucia campaña mediática de manipulación y de odio contra intelectuales y artistas cubanos, concebida, dirigida y muy bien pagada desde los Estados Unidos. Hagamos que prevalezcan la verdad y el amor, publicó.

 

Critican campaña mediática de Estados Unidos contra artistas cubanos

Cubadebate

El ministro de Cultura de Cuba, Alpidio Alonso, criticó hoy una campaña mediática desde Estados Unidos en contra del músico Alexánder Abreu y otros artistas e intelectuales del país.

Todo mi apoyo y solidaridad con el gran músico Alexánder Abreu, víctima de una sucia campaña mediática de manipulación y de odio contra intelectuales y artistas cubanos, concebida, dirigida y muy bien pagada desde los Estados Unidos. Hagamos que prevalezcan la verdad y el amor, convidó el funcionario en su perfil de Twitter.

Abreu comentó en Facebook, mediante el perfil de su agrupación Havana D'Primera, que ha recibido mil sms (servicio de mensajes corto) en su teléfono donde le dicen desde Gorila hasta las peores ofensas que existen como si él fuera un criminal de guerra.

Lo único que quiero decir es que a todos los que escriben con tanto odio les tengo un corazón lleno de amor y música, aseveró el artista.

Al mismo tiempo, el músico dijo sentirse agradecido por el amor que contrarresta las energías negativas.

Tengo el corazón abierto para cada uno de los cubanos que existen por el mundo. El que me conoce sabe que por más que traten de ofenderme más se ablanda mi alma, aseguró el compositor de Me dicen Cuba, una canción que dedicó especialmente a su pueblo y que se ha hecho muy popular dentro y fuera de la isla.

La difusión del tema parece molestar a un sector dentro de Estados Unidos que suele expresar odio hacia artistas e intelectuales cubanos y, para ello, recurre frecuentemente a la mentira y la manipulación mediática.

Además, en los últimos tiempos, se han exacerbado dentro de Estados Unidos las manifestaciones de racismo con el incremento de hechos violentos de segregación.

(Con información de PL)

 

Alexander, te digo "Cuba"

Ernesto Limia Díaz - Cubadebate

Alexander Abreu en un cienfueguero de familia humilde que gracias a la obra de la Revolución alcanzó las estrellas; pero no llegó al firmamento como un regalo de la providencia: después de graduarse en la Escuela Nacional de Arte impartió clases entre su claustro y cuando creyó llegado el momento se echó a andar. Debió caminar más de veinte años —lo mismo en Cuba que en Europa—, y sudar…

Convertido en uno de los más grandes trompetistas del país, no se conformó y fundó la agrupación Habana D´Primera. Tenía mucho que expresar sobre sus propias vivencias y el instrumento con que alcanzó la fama se quedó pequeño. Entre 2012 y 2013 tocó y cantó —y fue acogido de una manera sorprendente para él mismo— en Japón, Australia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Argentina. Solo en el último de estos dos años realizó 85 presentaciones con su orquesta en Cuba y el exterior. Recuerdo una tarde de complicidades y cervezas, en la que Sergio Vitier me dijo que Alexander era ya uno de los verdaderos grandes de la música cubana; unos días más tarde Juan Formel, a quien Alexander tiene como paradigma, me lo repitió. Y no había cumplido aún los 40 años.

Cuando en 2015 sacó La vuelta al mundo, casi todos opinaban que tras su tercer disco Habana D´Primera se había consolidado como una de las mejores orquestas de nuestra música popular, con una sonoridad propia —fusión entre la timba, la rumba, el songo, el jazz, la música negra norteamericana, entre otras. En este CD incluyó un número capaz de emocionar a coterráneos de aquí y acullá: “Me dicen Cuba”. La gente lo hizo suyo, es como una especie de canto a la entereza de un país que no ha podido ser doblegado por su ilustre vecino, al acecho desde hace más de 250 años. No se trataba de un tema sectario, alimenta la identidad de quienes comprenden —no importa el sitio geográfico donde estén— que los destinos de la nación se hallan ligados al régimen de justicia e igualdad social erigido sobre el sacrificio y la sangre derramada por muchas generaciones.

Algún que otro crítico catalogó a “Me dicen Cuba” de pieza bailable, y hasta deseó que pronto el tiempo la silenciara, porque es verdad que en una época se saturó a la gente de tanto ponerla en radio y televisión. Uno llegó más lejos: la comparó con lo peor de lo producido por Eduardo Saborit y Willy Chirino; las notas del himno en su trompeta eran algo cursi —según se desprende de lo que escribió. Paradójicamente, recuerdo haberme insultado, no pocas veces, con otros que lo consideraron una falta de respeto a nuestros símbolos patrios.

“Me dicen Cuba” pasó la prueba del tiempo y se confirmó como lo que es: un canto a una nación espartana —o para decirlo con orgullo: cubana. Y no, no era una pieza de baile, fue el tema central de un proyecto en el que participó la vanguardia musical cubana cuando el país luchaba por el regreso de sus cinco héroes presos en Estados Unidos por infiltrar a las organizaciones terroristas de Miami, que ponían bombas en los hoteles de la Isla y realizaban incursiones piratas en sus playas. Bajo la dirección técnica de Emilio Vega se congregaron varias generaciones con cinco Premios Nacional de la Música: Juan Formel, Sergio Vitier, Digna Guerra, Frank Fernández y Silvio Rodríguez. Siempre me viene a la mente el gesto solemne de los músicos de Habana D´Primera cuando Alexander grabó en el estudio de la EGREM, documentado por Pablo Massip en su fabuloso documental. Tampoco olvido la cara de Pablo al narrar que durante la filmación del video clip en el techo del hotel Habana Libre, a la hora de improvisar Alexander tocó las notas del himno en dirección a la entonces Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana. He ahí su delito mayor: un delito de patriotismo.

¿Llamaba Alexander a la intolerancia? ¿Se trataba del desafío de un aldeano? ¿Negaba el aporte musical de una nación de cultura rica y diversa como Estados Unidos? ¿No le interesaba presentarse allá? Ni es intolerante, ni aldeano que niega el aporte de la cultura universal a su obra, ni un suicida que desdeña presentarse en un país que por el influjo de su arte y poder económico se considera la meca de la música. Preguntado en 2014 por la cadena televisiva RT en español sobre su opinión respecto a las negociaciones en curso durante la Administración Obama, respondió: “Necesitamos esta apertura, para que la energía de este pueblo que tiene tanta cultura y tantas cosas lindas por mostrar pueda seguir expandiéndose. Sé que es un proceso lento, por los contratiempos que han existido a lo largo de la historia de Cuba; un proceso que lleva un esfuerzo sobrenatural de ambas partes, y realmente esperemos que sea positivo en un futuro, porque van a ganar los dos pueblos. Hay muchas cosas positivas que pueden salir de estas negociaciones”.

En 2015 mereció el Gran Premio Cubadisco por La vuelta al mundo y un año después recibió la réplica del machete del Generalísimo Máximo Gómez junto a otras diez personalidades de la cultura, muestra de que su virtuosismo se daba la mano con su acendrada cubanía. Como a todo lo largo de la historia de la Isla desde que sus hijos e hijas encararon la dominación extranjera, primero de España y luego de Estados Unidos, la mayor parte de nuestros más grandes artistas prefirió correr la suerte de su pueblo.

Y claro que disfrutó del cambio de política promovido por Obama; tanto, que en 2017 realizó una gira por Estados Unidos con conciertos en Nueva York, San Francisco y Los Ángeles, y al año siguiente su disco Cantor de pueblo era nominado al Granmy Latino en la categoría de Mejor Álbum de Salsa; mas no por ello hizo concesiones de principios: “Fidel no se fue, permanece en nosotros”, declaró durante sus exequias en 2016. “Sabiduría, inteligencia, energía positiva y humanidad, esas son las palabras que definen su legado. Estamos tristes porque le debemos habernos convertido en hombres de bien, pero nos queda el cometido de mantener la patria; por eso cuando vuelva a cantar “Me dicen Cuba” lo haré como siempre, con la misma pasión”, significó, y no tardó en armarse una gran alharaca entre los sectores ultrareaccionarios y los libelos de Miami.

Trump dio un vuelco a las relaciones bilaterales y puso la gestión de la política hacia Cuba en manos de una nueva generación dentro de la órbita batistiana que impera en la Florida desde hace sesenta años. El reverdecer del discurso irracional de una progenie terrorista, alimentó a un pequeño segmento dentro de la emigración que llegó después de los noventa y por más que lo ha buscado no halla el “sueño americano”. Para no culparse, como sería lo lógico, desahogan su furia en la Revolución y en Fidel. Cuando florecen el fascismo y la xenofobia con el presidente de Estados Unidos como portaestandarte, la guerra psicológica ha adquirido una dimensión rayana en el terror. El corro está de plácemes y gritan alto, sin duda, por eso les pagan. El desarrollo de las comunicaciones les facilita su labor y han adaptado sus mensajes a una audiencia que encontró en las redes sociales de Internet el canal para proyectar sus propios reveses y rabias.

¿Escondió entonces sus sentimientos Alexander? ¿Pasó al silencio cómplice o a la amenaza de ruptura? No. Por el contrario, en julio pasado se sumó a la iniciativa online que en apoyo a la nominación de la brigada médica cubana Henry Reeve para el Premio Nobel de la Paz y en condena al bloqueo económico impuesto contra la Isla promovió el proyecto Hot House de Chicago, en coordinación con el Instituto de la Música y el Ministerio de Cultura.  Transmitido desde las plataformas de Hot House Global, el evento contó con la flautista y saxofonista canadiense Jane Bunnet, junto a la pianista cubana Danae Olano; la leyenda del folk y el blues, Barbara Dane, y su hijo Pablo Menéndez al frente de Mezcla; el jazzista Omar Sosa; el multinstrumentista angloamericano Jon Cleary; la cantante peruana Susana Baca; los changüiseros de El Patio de Adela; el guitarrista Ben Lapidus; el pianista cubanoamericano Nachito Herrera; el jazzista Dayramir González; el sonero Eliades Ochoa; el saxofonista puertorriqueño Miguel Zenón; y Alexander con Havana D'Primera, que cerró con “Me dicen Cuba”.

¿Cómo perdonarlo? Hace unas horas Alexander denunció que ha recibido en su teléfono celular mil mensajes con ofensas y vituperios de carácter político y racista; hasta “gorila” le han llamado. “Lo único que quiero decir es que a todos los que escriben con tanto odio les tengo un corazón lleno de amor y música”, escribió en su muro de Facebook. Resulta obvio que se trata de una operación montada por alguna de esas empresas de comunicación estadounidenses convertidas en destinatarias de los fondos para la subversión contra Cuba y Venezuela, de esas que contribuyeron al golpe de Estado en Bolivia. Mientras escribo estas líneas he meditado que haría Fidel de estar entre nosotros en un momento como este. Se me antoja que mirándolo a los ojos con la ternura de un padre, le pondría la mano sobre sus hombros y con tono bajo y reposado le diría: “Alexander, te digo Cuba”

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