Cubasi.- La entrevista sostenida entre el payaso mayor y el principal activista mediático de su política de odio y bloqueo contra Cuba, que tuvo lugar en el Trump National Doral, en Miami, sirvió, sobre todo, para explicar cómo es posible que un bufón de Youtube, cuyo único talento es el de la burda manipulación, puede, con una simple llamada telefónica, poner a su servicio al alcalde de una ciudad.


La explicación está en el tercer hombre que estuvo presente en la escena del hotel propiedad de Trump donde ocurrió el encuentro: el congresista Mario Díaz-Balart, quien, según declaró Otaola, además de servirle como traductor, fue quien facilitó su encuentro con el loco (Trump), quien acaba de decir que solo Jesucristo es más famoso que él.

La presencia de Díaz-Balart, perteneciente a una familia batistiana que luego de huir de Cuba, tras el triunfo revolucionario, se apoderó del poder político de Miami, confirma, sin lugar a dudas, la denuncia reiterada de que es la mafia anticubana de Miami quien mueve los hilos de la marioneta Alexander Otaola en Youtube.

Mario Díaz-Balart, ¿el tercer hombre, o el primero, en el encuentro de Trump y su marioneta de Youtube?

Desde los días en que el padre de Díaz-Balart, un exministro de Batista, fundó la Rosa Blanca, la primera organización contrarrevolucionaria, esa familia, de una forma u otra, ha estado implicada en todos los actos terroristas realizados durante los últimos 60 años contra la Isla. No es de extrañar, por tanto, que ahora apoyen también la última modalidad de guerra contra Cuba: el terrorismo mediático.

En cuanto a las declaraciones de Trump en la entrevista, no hay mucho que decir. Más de la misma estafa electorera con que el presidente y sus asesores de Miami, entre los que se encuentra Díaz-Balart, subestiman la inteligencia de los cubanos en Miami.

Paradójicamente, el país que denuncia la influencia externa en sus elecciones basa sus campañas electorales en la injerencia en los asuntos internos de aquellas naciones que no se subordinan a su hegemonía. Las culpas de la administración en materias de salud, inmigración y represión policial, al parecer, son problemas que no deben ser solucionados en EE.UU., sino en países como Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Paradójicamente también, los ciudadanos de la Florida que parecen estar muy preocupados por la suerte de sus familiares en sus países de origen no vacilan en apoyar bloqueos y todo tipo de agresiones contra sus «seres queridos».

¿La Cuba comunista es la culpable de todo?

¿Habrá sido la Brigada Médica Cubana Henry Reeve la que ignoró durante meses la existencia de la pandemia en EE.UU.? ¿Serán los médicos cubanos, que han ofrecido, en tiempos de COVID, su ayuda solidaria a más de 39 países, los culpables de la muerte de más de 200 mil norteamericanos? ¿Habrá sido un miembro de la Policía Nacional Revolucionaria cubana quien pisoteó la cabeza de George Floyd hasta asfixiarlo?

No obstante, del encuentro del mentiroso mayor y su pupilo floridano vale destacar el momento en que este último le propuso al Presidente presentarle una lista de intelectuales y periodistas cubanos a quienes se les debe impedir la entrada a Estados Unidos por el simple hecho de no renunciar a su patria.

Que se le ocurra tal idea a un estúpido animador de mentiras en Youtube no es nada significativo, pero que el presidente de Estados Unidos la acepte y prometa trabajar en ello es algo que rememora la cacería de brujas macartista de la década de los 50, una buena muestra de la verdadera «democracia» que Trump les ofrece a sus votantes en Florida.

 

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