Javier Gómez Sánchez*
La Jornada
Pretendiendo emular el impacto de las fotos que desataron la Crisis de los Misiles en 1962, algunos medios de prensa estadunidenses insisten en mantener la historia de las bases de espionaje chinas en Cuba.
Esta trama se remonta a cuando The Wall Street Journal (WSJ) publicó en 2023 un artículo titulado Cuba to Host Secret Chinese Spy Base Focusing on U.S, sobre un supuesto acuerdo entre China y Cuba para crear una instalación de espionaje electrónico en la isla.
Días mas tarde publicó otro titulado China’s New Military Footprint in Cuba, diciendo que el gobierno chino construiría bases de entrenamiento militar en Cuba.
Pero ambas afirmaciones fueron de inmediato desestimadas por el Pentágono:
Puedo decirles, basándome en la información que tenemos, que esa publicación no es exacta y que no tenemos conocimiento de que China y Cuba estén desarrollando un nuevo tipo de estación de espionaje
, dijo el portavoz, citado por Reuters, bajo el título Pentagon Dismisses WSJ Report on China Spy Station in Cuba.
Olvidando esa experiencia, los editores de WSJ vuelven sobre la narrativa del espionaje chino-cubano, que hasta hoy otros medios replican para mantenerla a flote, y en julio de 2024 publicaron un nuevo artículo: Satellite Images Show Expansion of Suspected Chinese Spy Bases in Cuba, comentando que fotos satelitales muestran campos de antenas SIGINT ( Signals Intelligence) que pueden dirigirse para captar comunicaciones radiales.
Las supuestas revelaciones se presentan como avaladas por un informe del Center for Strategic and International Studies (CSIS), un think tank con sede en Washington.
Sin embargo, es precisamente en la fuente donde está una contradicción que puede llevar a un nuevo fiasco como el provocado antes por el Pentágono, ya que los investigadores del CSIS fueron los mismos que llegaron a la conclusión de que el supuesto globo de espionaje chino que sobrevoló el territorio estadunidense en febrero de 2023 difícilmente podía ser una operación de espionaje, y que lo más probable es que fuera, –como afirmaban los chinos–, un globo meteorológico fuera de control.
En una publicación con cierto tono burlón, titulada Chinese Spy Balloons: The Sky’s the Limit, los expertos del CSIS declararon que la mayor parte de las comunicaciones y el espionaje se realizan en el ciberespacio, por lo que la historia del globo chino para espiar las comunicaciones de radio era una distracción mediática –buscar espías chinos debajo de la cama
–, y que lo que realmente necesitaba Estados Unidos era una mejor ciberseguridad.
¿Acaso la misma lógica no aplica para la historia de las antenas de radio chino-cubanas?
Sin embargo, el CSIS especula sobre bases en Cuba alegando que éstas pueden obtener información sobre la trayectoria de los cohetes espaciales que despegan desde Florida. El asunto deja nuevamente al Pentágono en una situación bastante comprometida.
En realidad, no hay prueba alguna de que las instalaciones fotografiadas consistan en bases de espionaje, menos aún de que sean chinas, y tanto el gobierno asiático como el cubano lo han negado. El juego consiste en la utilidad que una afirmación, aunque sea sin sustento, puede brindar a quienes buscan más sanciones comerciales contra China y justificar un aumento del bloqueo económico sobre Cuba, ambas cosas en vista a la nueva administración de Donald Trump.
Pero la trama implica involucrar a otros actores: lo que el CSIS presenta como el supuesto interés del espionaje chino desde Cuba, no son las comunicaciones militares, –admiten que están protegidas por encriptamiento–, sino las civiles. Empresas aeroespaciales que operan desde el Kennedy Space Center y el Cape Canaveral Space Force Station. En realidad una sola: SpaceX… ¿A quién pertenece? Nada menos que a Elon Musk, el nuevo superaliado político republicano.
¿Qué se gana con involucrar al multimillonario sudafricano?
La respuesta parece venir con la sugerencia que hacen los expertos del CSIS al cierre del informe: Los funcionarios estadunidenses pueden apoyar los esfuerzos para brindar al público cubano un mayor acceso a Internet más allá del alcance del control estatal. Proporcionar a la sociedad civil cubana redes privadas virtuales confiables y seguras puede ser un paso importante hacia la libertad
.
Parecía que lo importante eran los cohetes, pero de pronto aparece lo de llevar Internet libre a los cubanos
.
¿Qué pintaría Elon Musk?
Resulta que Musk es también propietario de Starlink, una supercorporación de servicios satelitales que, se supone, puede enviar la señal alternativa a Cuba. ¿Qué mejor manera de involucrarlo que convencerlo de que China está espiando a su empresa espacial desde los campos cubanos… con unas antenas de radio para escuchar el conteo de despegue, y que la solución –no faltaba más– es poner un servicio de Internet paralelo para los habitantes de la isla?
Al parecer, el punto final de esta novela de espías chinos en el Caribe vuelve a estar en manos del Pentágono.
* El autor es maestro en estudios sobre Estados Unidos y geopolítica hemisférica por la Universidad de La Habana (CEHSEU), e investigador asociado al Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI) de Cuba.