Yoerky Sánchez Cuellar es el director del diario cubano Juventud Rebelde. Poeta, repentista, periodista, diputado: Yoerkys encarna una juventud cubana bien distante de los cliqués mediáticos, que la representan bien como desligada completamente del proceso revolucionario, bien como sujeto sumiso a unas supuestas "órdenes desde el poder".


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Son extremos que, en opinión de Sánchez, constituyen falacias que no reflejan una realidad más rica y compleja. Recordando a José Martí, el periodista afirma que "la juventud cubana es alegre y profunda" al mismo tiempo.

Equipo de grabación y fotografías en La Habana: José Manzaneda, Miguel Ángel Díaz Catalá, Patricia Moncada. Apoyo logístico: ICAP. Edición: Ana Gil.

Yoerky Sánchez Cuéllar, director del diario «Juventud Rebelde» y miembro del Consejo de Estado de Cuba: “En Cuba no construye ni la juventud desconectada ni la que dice sí a todo”

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Entrevista: José MANZANEDA / Transcripción: Aurora VILAR / Cubainformación.- Yoerky Sánchez Cuéllar, joven poeta y repentista, es director del diario «Juventud Rebelde» y miembro del Consejo de Estado de Cuba. Nos recibió en su despacho de La Habana con unos versos dedicados a las fake news.

Dicen que el mar es violeta.

Dicen que la Tierra es plana.

Que cayó nieve en La Habana.

Que existe solo un planeta.

Que Homero no fue poeta.

Que Goya se cortó un pie.

Que nunca existió Fouché.

Que Aquiles murió del codo.

Las Fake News lo cambian todo

y hay gente que se lo cree.

- ¿Qué son estas décimas, Yoerky?

- Estas décimas sobre las fake news son parte de nuestro trabajo para crear una conciencia en Cuba acerca de su desmontaje. En «Juventud Rebelde» (JR), desde hace unos años, estamos priorizando todo lo que tiene que ver con las tecnologías de la información y la comunicación.

Nuestro periódico fue el primer medio en Cuba en estar presente en Twitter, en 2009. JR no se puede ver sólo como un periódico de papel de cerca de 200 000 ejemplares de martes a sábado y 250 000 en la edición dominical. Son nuestras páginas digitales, nuestras redes sociales, el suplemento humorístico «Dedeté», el semanario «Opciones» sobre mundo empresarial... Es decir: somos una multiplataforma con diferentes canales.

            En la página web de JR estamos recibiendo mensualmente cerca de 170 000 visitas a través de teléfonos celulares, y más de 400 000 visitas al sitio. Muchas son de jóvenes que están en las universidades. A eso ha ayudado mucho el reciente acceso a Internet a través de los móviles, que ya es una realidad. Cerca de dos millones de personas han tenido acceso desde sus celulares a los sitios cubanos. Además, los sitios del dominio .cu, como JR, tienen una tarifa menor, para priorizar la navegación por contenidos nacionales.

            Es una prioridad que la visión que exista sobre Cuba la demos, en primer lugar, nosotros, y que cubanas y cubanos accedan cada día más a nuestros contenidos, que no se informen sobre la Base Naval de Guantánamo por lo que les diga el periódico «El País», que casi siempre tiene una versión sobre Cuba tergiversada, a veces en forma de fake news.

- ¿Cuál es el público objetivo de «Juventud Rebelde»?

- En JR tenemos un grupo de corresponsales que nos remiten información de todo el país. Reflejamos lo que está ocurriendo en toda Cuba. Estamos en intercambio permanente con las universidades. Participamos, con la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), con la Federación de Estudiantes de Enseñanzas Medias (FEEM), con la Juventud Comunista (UJC) o con la Asociación Hermanos Saíz (AHS), en todos sus procesos, en sus congresos.

            El periódico JR no es el diario oficial de la Unión de Jóvenes Comunistas. Por eso nos denominamos “Diario de la juventud cubana”, es decir, trabajamos para todo el público joven del país. Los contenidos son diversos: desde las nuevas tecnologías hasta temas de sexualidad, un espacio llamado “de impacto”, con información sobre carreras universitarias a las que acceder, además de información sobre artistas de calidad del momento...

            Hay que dar opciones para que puedan leernos, teniendo en cuenta la diversidad, porque no se puede hablar en Cuba de una sola juventud, hay que hablar de juventudes. Y no se puede hablar de un público meta sino de públicos meta. Por eso hay mensajes dedicados a la adolescencia, al público universitario, mensajes dirigidos, por ejemplo, a jóvenes cuentapropistas... Ya hay cerca de 600 000 trabajadores por cuenta propia y más de 1 400 000 en el sector no estatal de la economía, lo que está a tono con la nueva Constitución y con los documentos aprobados en el último congreso del Partido Comunista de Cuba.

            En cierto momento el trabajo por cuenta propia fue un tabú, no se entendió bien la apertura al sector no estatal, incluso en el mundo se pensó que Cuba regresaba al capitalismo, que era un retroceso. Pero no: es importante el aporte de las y los cuentapropistas, de quienes trabajan en el sector no estatal (privado y cooperativo). Y lo estamos reflejando en las páginas del periódico como una prioridad.

            Desde que se fundó en 1965, JR ha ido reflejando el acontecer juvenil cubano de una forma muy desenfadada, sin rigidez, sin someternos a camisas de fuerza, y en diálogo permanente con el público. Hacemos encuestas en las universidades, y cada cinco años estudios de opinión pública sobre el periódico. Pronto haremos uno, en el que incorporaremos datos sobre las tecnologías digitales. En 2017 fueron cuatro millones de lectores web y en 2018 fueron 5 200 000: en un año crecimos en más de un millón de lectores.

            Eso refleja no solo lo que el periódico está haciendo, sino los cambios que ha vivido la sociedad cubana, sobre todo en la informatización. Se puede publicar una información en la portada del periódico, pero si esa información no se socializa en las redes, no está completa. Está completa cuando se comparte, y no en una sola red social. El presidente Miguel Díaz–Canel planteaba, en el debate sobre cuál es la mejor red social, que hay que participar en todas: Facebook, Twitter, Instagram, YouTube… Hay que ocupar todos los espacios. Después, Bruno Rodríguez Parrilla, nuestro canciller, decía que en los movimientos sociales de América Latina se daba la discusión sobre si tomar las redes o tomar las calles... Y él decía: falso dilema. Hay que estar en las redes pero también hay que hacer la lucha en las calles. Eso es fundamental: nosotros estamos en las redes, pero también estamos en la batalla permanente, en la calle, en los diferentes espacios y lugares. Por eso tenemos un presidente que inaugura su cuenta en Twitter pero al día siguiente visita una provincia, y desde allí, en contacto directo con el pueblo, pone contenido en las redes sociales.

No podemos ser consumidores pasivos de los contenidos. Cerca de seis millones de cubanos y cubanas, según los últimos datos publicados, tienen acceso a Internet, y hay más de cinco millones de teléfonos celulares, pero necesitamos que eso vaya acompañado de una conciencia crítica del consumo, para que no nos creamos todo lo que nos llega, porque hay muchas formas sutiles –y no tan sutiles– de manipulación. Hay que ir creando esa conciencia también en las personas que empiezan a interactuar con las redes sociales. El periódico en eso puede ayudar mucho.

- Pero los grandes medios dicen que la juventud cubana está bien oprimida, bien deslumbrada por el capitalismo.

- Otro estereotipo. Se habla de la juventud como un sector vulnerable, pero yo no lo creo. En la historia de Cuba, la juventud ha tenido un protagonismo vital. Sin ella no hubiera sido posible la Revolución. Las y los jóvenes son la esencia de la Revolución y para ellas y ellos trabaja la Revolución.

            Hay que ver si nos referimos a la juventud como estado etario, o como una filosofía... el comandante José Ramón Balaguer (jefe del Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del PCC) nos decía: ustedes son muy jóvenes, pero cuando tengan 80 años van a seguir con el mismo espíritu si son revolucionarios. Como dijo Salvador Allende, ser joven y no ser revolucionario es una contradicción casi biológica.

            Pretenden que pensemos que la juventud cubana es una sola: ese joven que se quiere ir del país, o la contraria, la de quien está comprometido con cumplir órdenes, sin analizar el mundo de manera dialéctica. Pero no es así. La juventud cubana es alegre pero profunda, decía el Che. Y esa alegría se manifiesta en los conciertos, al caminar por las calles de La Habana, donde se ven rostros alegres. Si llegan a Cuba los Rolling Stones, se llena un estadio completo de jóvenes y no tan jóvenes.

            Y con profundidad de pensamiento: es la misma juventud alegre que el día de la muerte de Fidel salió de modo espontáneo a rendirle homenaje, y no hubo que llamarla para que fuese allí. Y que al día siguiente firmó el compromiso con el concepto de Revolución, con todo lo que ello encierra. Ahí se ve que nuestros jóvenes, desenfadados, también tienen esa profundidad en el pensamiento, demostrada en el estudio, en los centros de investigación, o en el proceso de debate del proyecto de la Constitución del pasado año, en el que fueron muchos los aportes de la juventud. Propusieron temas fundamentales que se tuvieron en cuenta en la redacción final del texto. Yo estuve en varios de de los encuentros de debate constitucional con jóvenes. Y cuando llevamos al Parlamento la propuesta de Carta Magna se incorporó un artículo específico destinado fundamentalmente a la juventud y sus proyectos de vida.

            A aquellos que plantean que tenemos una juventud desconectada de la realidad política nacional, o que tenemos una juventud demasiado obediente que le dice sí a todo y que está de acuerdo con todo, hay que decirles que eso es un estereotipo que conocemos bien desde que triunfó la Revolución. Es el estereotipo de los que no quieren que la juventud cubana participe realmente, porque no construye de modo positivo aquel que dice sí a todo ni tampoco aquel que está desconectado.

            Por supuesto que tenemos jóvenes en Cuba a los que la ideología neoliberal ha penetrado sus mentes. El neoliberalismo es un fracaso en lo económico y en lo social, pero ha tenido victorias en el plano ideológico y ha traspasado fronteras con sus mensajes consumistas, su satanización del estado y a favor del mercado. No vivimos en una urna de cristal y algunos asumen esa ideología. Son los que no quieren participar en este proceso de construcción colectiva, pero no son la mayoría. Y están otros, quizá con una mirada más apática o más complaciente, que tampoco son la mayoría. La mayoría de los jóvenes cubanos participamos en los procesos, construimos este país, “empujamos este país”, como decía el poeta Miguel Barnet.

            No somos el relevo, sino que somos continuidad. Y no somos el futuro porque somos el presente. En todas las provincias los presidentes de gobierno municipales, provinciales o los secretarios del PCC son jóvenes. Estamos en las empresas, en la ciencia, en la cooperación internacional…

            La juventud formamos parte imprescindible y protagónica de la Revolución cubana. Sin los jóvenes, la Revolución no se podría sostener. Algunos pensaban que iba a ser traumático el traspaso de una generación a otra, que iba a haber una ruptura. Y lo que ocurrió fue todo lo contrario, lo que ha habido es una confluencia de generaciones, para construir entre todos un mejor país. Ha habido un diálogo de generaciones, como decía Armando Hart, como dice Graziella Pogolotti. Tenemos el privilegio de haber vivido el tiempo de esa generación que fundó la Revolución, y de ahora ir materializando sus ideas. Es un privilegio para los que ahora tenemos treinta y cinco años, y también para los que tienen cuarenta y cincuenta. No ha habido una ruptura.

            Aquí no hubo un “quítate tú para ponerme yo”. En Cuba ha habido una confluencia de experiencias. La dignidad no es una cuestión de edad sino de mantener principios universales, que no cambian con los tiempos. Son principios que se fortalecen. Son los que la generación histórica nos legó: la dignidad, el respeto a la soberanía, porque Cuba no se va a dejar agredir, somos un país independiente. No son conceptos de una época o de un momento histórico determinado, y por eso están en la Constitución cubana, que está transversalizada por el concepto de Revolución de Fidel.

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