Revista Mujeres.- ¿Por qué es importante?

La igualdad de género es esencial para lograr la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, que contempla un mundo de “respeto universal por los derechos humanos y la dignidad humana” y un mundo en el que “todas las mujeres y niñas gocen de la plena igualdad de género, y donde se hayan eliminado todos los obstáculos jurídicos, sociales y económicos que impiden su empoderamiento”. La Agenda 2030 reivindica la igualdad de género no solo como un derecho humano fundamental, sino como una base necesaria para lograr un mundo pacífico, próspero y sostenible.


 

La Agenda 2030 cuenta con un ODS específico para lograr la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas como el ODS 5, pero también está integrado en el resto de Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Esta integración se hace eco de cómo la igualdad de género tiene efectos multiplicadores en todo el espectro del desarrollo. El empoderamiento de las mujeres y la reducción de las brechas de género en la salud, la educación, los mercados laborales y otros ámbitos da como resultado una menor pobreza, un mayor crecimiento económico, una mayor productividad agrícola, comunidades más resilientes, una mejor nutrición y una mejor educación para niños y niñas. Por el contrario, si no se abordan las desigualdades de género y la discriminación contra las mujeres, se obstaculizará o —peor aún— se impedirá el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En resumen, no puede existir el desarrollo sostenible si no se afrontan los obstáculos tangibles e intangibles que impiden que la mitad de la población progrese.

Lamentablemente, a pesar del creciente reconocimiento de la igualdad de género como catalizador para el desarrollo sostenible, siguen existiendo desigualdades de género en todo el mundo.

Entre ellas, se incluyen:

* El acceso desigual de las mujeres a los recursos y activos económicos, lo que incluye la tierra y los derechos de propiedad; el crédito financiero; el desarrollo y la transferencia de tecnología; la financiación relacionada con los recursos naturales, el medio ambiente y el clima;

* La discriminación contra las mujeres en el mercado laboral, que se manifiesta en salarios y oportunidades desiguales, y en empleo vulnerable;

* La carga desproporcionada de trabajo no remunerado sobre las mujeres, como, por ejemplo, el cuidado de los hijos, las personas mayores y los enfermos y, especialmente en los países en desarrollo, el acopio de agua y combustible para cocinar y calentarse;

* Índices bajos de participación de las mujeres en la toma de decisiones;

* Violencia persistente y generalizada contra las mujeres y las niñas, lo que incluye el matrimonio precoz y forzado y prácticas nocivas;

* Una repercusión desproporcionada del cambio climático, los desastres naturales y la degradación elemental en las mujeres.

Estos y otros retos tienen implicaciones para las vidas de las mujeres, al tiempo que obstaculizan el progreso de las familias, las comunidades y las naciones. Para tratar estos retos son necesarios esfuerzos específicos centrados en la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y enfoques multidimensionales que tengan en cuenta las experiencias, las necesidades y las contribuciones de las mujeres como parte de todos los esfuerzos de desarrollo.

Por ejemplo, el reconocimiento y la reducción del trabajo no remunerado de las mujeres es esencial para reducir la pobreza (Objetivo 1), además de para promover el crecimiento económico inclusivo y sostenible (Objetivo 8). En la mayoría de países en desarrollo, las mujeres dedican al menos el doble de tiempo que los hombres al trabajo no remunerado. Esto impide que las mujeres tengan tiempo para obtener ingresos, acceder a la educación, adquirir nuevas habilidades y participar en la vida pública. La inversión en prestación pública de servicios de cuidado creará más empleos, y mejores, para las mujeres, y reducirá las desigualdades de género y socioeconómicas.

Las disparidades de género en la participación en el mercado laboral también deben ser un aspecto clave de las estrategias para la reducción de la pobreza y el crecimiento puesto que no solo obstaculizan el desarrollo humano, sino que también representan una pérdida importante de potencial económico. Muchas más mujeres que hombres desempeñan empleos vulnerables y precarios, que se caracterizan por una remuneración inadecuada, baja productividad y condiciones de trabajo difíciles que socavan los derechos fundamentales de los trabajadores. Aproximadamente el 73 por ciento de la brecha mundial del empleo en 2014 se debió a un déficit del empleo entre las mujeres, que solo representan cerca del 40 por ciento de la fuerza laboral mundial. En 2013, la estimación de salarios perdidos debido a la brecha mundial de la participación de las mujeres en el mercado laboral ascendió a 589 mil millones de USD.

Las pruebas demuestran que garantizar el acceso igualitario de las mujeres a los recursos agrícolas contribuiría sustancialmente a poner fin al hambre y lograr la seguridad alimentaria y una mejor nutrición (Objetivo 2). Pese a que las mujeres representan un promedio del 50 por ciento de la fuerza de trabajo agrícola en el este y el sudeste de Asia y el África subsahariana, y cifras mucho más superiores en algunos países concretos, tienen menos acceso a recursos productivos, como semillas y herramientas, y a oportunidades, en comparación con los hombres. Según la Organización para la Alimentación y la Agricultura, las mujeres rurales podrían aumentar las cosechas de sus terrenos de un 20 a un 30 por ciento si tuvieran el mismo acceso a recursos productivos, como fertilizantes, semillas y herramientas, del que disfrutan los hombres. De esta manera se podría aumentar la producción agrícola en los países en desarrollo entre un 2,5 y un 4 por ciento, lo que a su vez reduciría la cantidad de personas desnutridas en el mundo en un 12-17 por ciento.

Garantizar que las mujeres y las niñas tienen acceso a agua limpia e instalaciones de saneamiento (Objetivo 6) también tiene efectos multiplicadores vistos los impactos significativos de un mal saneamiento sobre la seguridad, el bienestar y las perspectivas educativas de las mujeres. A menudo, las mujeres y las niñas son las principales responsables de ir a buscar agua. Por ejemplo, en el África subsahariana las mujeres y las niñas dedican conjuntamente 40 mil millones de horas al año (hasta seis horas cada día) para ir a buscar agua, lo que les priva de tiempo para ganar dinero, aprender nuevas habilidades, recibir una educación y participar en la vida pública.3 Por otra parte, el acceso seguro y adecuado al agua e instalaciones de saneamiento aumenta la privacidad y reduce el riesgo de que las mujeres y las niñas sufran acoso o agresiones sexuales cuando van a buscar agua. Diversos datos recientes demuestran que, en 2011, solo el 45 por ciento de las escuelas en los países menos adelantados y de ingresos bajos tenían instalaciones de saneamiento apropiadas. La falta de este tipo de instalaciones a menudo provoca que las niñas no acudan a la escuela, un hecho que repercute a largo plazo en sus perspectivas futuras.

Lograr el desarrollo sostenible exige reconocer las contribuciones de las mujeres y garantizar su participación equitativa y significativa en las decisiones que afectan a sus vidas y comunidades. Cuando se abordan las desigualdades y se rediseñan las políticas, las mujeres y las niñas pueden convertirse en agentes del cambio catalizadoras y compañeras en pie de igualdad con los hombres compartiendo el objetivo de promover un crecimiento que sea inclusivo, justo, equitativo y sostenible.

Leer más: http://www.undp.org/content/dam/undp/library/SDGs/5_Gender_Equality_digital.pdf?download

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