Agencia Cubana de Noticias.- Ya disponible en plataformas digitales el primer trabajo discográfico de Carlos Paz, un ajíaco de sonoridades nacionales y foráneas para llenar de música las casas cubanas en la nueva etapa que se vive en el país post COVID-19.


Tan orgullosamente mestizo como endémico

Resultado de la beca Ignacio Villa, de la AHS, la esperada ópera prima de Carlos Paz es «una declaración de esa diversidad musical y social que me alimenta desde niño»

Juventud Rebelde

Nació en Santa Clara, creció en Trinidad, y de inmediato a los curiosos como JR les resultó interesante saber si la poderosa historia de amor que ha vivido Carlos Paz con la música le vino por herencia o lo sorprendió mientras corría por las calles empedradas de la llamada Ciudad Museo de Cuba. Y este talentosísimo creador anda tan feliz con su primer disco que le dio por nombrarlo Endémico, y es tan buena gente que ni siquiera se hace de rogar y enseguida satisface las ansias de fisgoneo de este diario.

«Mi madre me dice, nos cuenta, que yo no podía escuchar ni una sola melodía en la radio, porque formaba un “bailoteo” que casi desarmaba la cuna, o sea, que la música al parecer venía incluida en el paquete (sonríe). Así que desde pequeño, mis padres Ada Belkis Menas Agüero y Nelson Medina Lorente, decidieron apostar por esa vocación mía que apareció desde temprana edad. El apoyo, el sacrificio y el amor que depositaron en mí fueron cruciales y me convirtieron en quien soy. Ellos han sido mis ejemplos a seguir en todo sentido. También encontré inspiración en mi tía materna, Matilde, la matriarca de los Menas Agüero, tan original que el repentismo y la décima cantada han sido siempre su manera favorita de comunicarse en nuestras fiestas y reuniones, con lo cual se sitúa como la precursora del arte en la familia.

«En Manaca Iznaga, Trinidad, donde crecí, fue donde entendí conscientemente que la música era mi destino. Gracias a una fuerte influencia del movimiento de artistas aficionados que emergía en mi entorno, desde niño fui testigo de inolvidables fiestas populares, de la actuación de grupos y músicos empíricos, sin formación académica, pero con una bomba y unas espuelas que te hacían bailar y escuchar música toda la noche (sonríe, mientras su mente se llena de lindos recuerdos).

«Las parrandas campesinas, las tonadas; el punto libre, el de Limones y el espirituano, son típicos de mi zona, donde a la gente le encanta el son tradicional y la controversia poética que se desarrolla entre dos o más personas de manera espontánea... Vivir algo así es increíble, te marca para toda la vida.

«La percusión fue el modo más rápido que encontré de canalizar mi sentir, mi mundo interior, o de expresarme. Para mí era muy divertido crear y reproducir ritmos. Por suerte, en los ya lejanos años 90, más exactamente en 1995, me otorgaron una beca en esa especialidad, en la Escuela Vocacional Olga Alonso, de Santa Clara».

¿Qué te llevó, entonces, a acercarte a la trova, a la guitarra?

Te digo algo: la guitarra atrapaba mi atención desde la primaria; de hecho, mi mejor amigo en la escuela, Yoandy Guerra Delgado (el Indio), era uno de los mejores guitarristas de nuestro año, y de vez en cuando yo le imploraba: «asere, ¿cuándo tú me vas a enseñar un par de acordes?», y un día me dio una buena clase que aún recuerdo como si fuera hoy, pero en ese entonces no le dediqué a ese maravilloso instrumento todo el tiempo que merecía. Eso ocurrió cuando cumplí 17, que le entré con seriedad y motivación, al igual que a la composición.

«Resultó vital en mi formación el hecho de que estando en la Escuela de Instructores de Arte (EIA) de Sancti Spíritus (2000-2004), tuve el privilegio de estudiar junto a talentosos músicos, entre cantantes, guitarristas, pianistas, treseros, percusionistas... En fin: una cátedra de música popular resumida en 24 alumnos que venían de escuelas vocacionales y de la calle. Entre ellos destacaba, por su destreza y maestría, Yassel López Pis, un cantautor completo, guitarrista, cantante y poeta... ¡Un fenómeno de verdad! Este muchacho logró revivir con fuerza en mí todo aquello que yo sentía desde chamaco; me impulsó a crear, a hacer algo nuevo, a expresar mis ideas y mostrar a la gente mi opinión musical.

«No olvidaré que en la plaza de la escuela me senté con una guitarra, una de esas chinas, y virada al revés sobre mis piernas, escribí en una tarde mi primera canción, Soledad, un son que está incluido en este disco, Endémico, acompañado por músicos geniales: Lino lores (tres), Gastón Joya (contrabajo) Josué Maresma (flauta) y Florana Padilla (coros), entre otros. Recuerdo que en cuanto la terminé, fui corriendo a enseñársela a Yassel, y me dijo: “Ño, hermano,¡qué bonita!”. Esas palabras me dieron una alegría tan grande (saber que podía componer), que hasta el día de hoy (te estoy hablando de 18 años) no he parado de escribir.

Soledad, su primera canción e incluida también en su ópera prima, la escribió de un «empujón», en una tarde.

«Al descubrir el maravilloso milagro de la creación me dije: Carlitos, esto hay que hacerlo como es. Fue en la época en que comencé una vida nueva, porque me dediqué a leer poesía, a escuchar música de autores y trovadores de Cuba y de Latinoamérica; experimental, clásica, jazz, blues..., o sea, mi mente y visión musical empezaron a expandirse de una manera tremenda. Conocí y aprendí de los grandes: Pepe Sánchez, Sindo Garay, Manuel Corona, Alberto Villalón y Rosendo Ruiz, Miguel Matamoros, Silvio, Pablo, Feliú, Frank Delgado, y otros admirables que viven en otras tierras: Gilberto Gil, Cayetano, Bob Dylan, Eric Clapton, Juan Luis Guerra… Tengo influencias de muchos de ellos... Así comenzó mi acercamiento verdadero y en serio a la guitarra».

A la guitarra y al tres, porque llama la atención que hayas comenzado profesionalmente por el cuarteto Ácana, justo con este último instrumento...

Le tengo mucho respeto al tres. Para mí es un símbolo de cubanía. Creo que debería estar dentro del diseño de nuestro escudo, ya que con ese ilustre instrumento las tropas mambisas apaciguaban muchas veces sus cargas emocionales, durante las guerras independentistas. En la manigua, cuando había descanso en las noches, con frecuencia se entretenían con la música de algún trovador o las notas que regala ese acero inconfundible, a ritmo del son o del changüí.¡El tres es identidad de nuestra etnia cultural!

«En 2004, el tresero y amigo Rewar Pérez me comentó: “Hermano, tienes buenas condiciones para el tres, ¿por qué no le dedicas unas horas?”, y escuché su consejo. La verdad es que me gusta mucho y en mi cabeza alojaba tumbaos y notas que había escuchado desde chama en mi pueblo, y en la radio: música del Guayabero, de Pancho Amat, Elio Revé (cuando empezó), del grupo Sierra Maestra, Pedro Luis Ferrer, la vieja trova, del punto guajiro, del sucu-sucu, el negón, hasta del programa Palmas y Cañas, que en la casa los domingos era punto fijo. Estaba, como se dice en buen cubano, colmado. Unos meses después, Juan Carlos Borges, director del cuarteto Ácana, se enteró de que había un nuevo tresero por la zona: yo, y me mandó a llamar».

Cuéntame del septeto Manacanabo, de lo que representó en tu carrera...

Manacanabo es como una gran familia. En el pueblo manaquense, es el grupo insignia y la verdad es que cuando ese piquete arranca quien no baile es gallego. Tengo un vínculo especial con esos músicos. Su voz líder, Jorge Marín, fue quien me enseñó, cuando tenía unos nueve años, a diferenciar la clave cubana de la del guaguancó. Desde entonces ya venía conectado con ellos. Luego, cuando me gradué en la EIA, comencé a hacer suplencia como guitarrista, los fines de semana en la Vivienda, como se le llama a la Casa Museo de los Iznaga.

«En el restaurante ensayábamos y tocábamos para los turistas que venían a visitar el famoso lugar. En Manacanabo se toca de todo: son, bolero, chachachá, changüí..., pero es en la música folclórica y campesina con todas sus variantes, donde se desenvuelve con más soltura. Fue mi primera gran escuela, porque empecé a aprender acerca de la armonía con más profundidad; de solfeo, arreglos, composición.

«Su director y fundador fue Gradelio Pérez, gran compositor y padre de ese genio musical nombrado Alain Pérez, quien también es de allí, de Manaca. Entonces, ya te imaginas que para tocar aquellos arreglos había que “echarla”, por eso tuve que estudiar y superarme mucho. Manacanabo constituyó mi primer conservatorio de verdad. Yo seguía componiendo, pero casi no mostraba mis temas a nadie, solo a mis padres y a algunos amigos».

Referirse a Pachi y Lía, en Trinidad, es como hablar también de otra escuela, de una institución musical...

Pachi y Lía han sido una bendición, no solo para mí, sino para la vida cultural de Trinidad. Independientemente de que la villa posee una maravillosa historia y cultura, hay que agradecer los aportes que han traído los artistas foráneos a la comunidad. Ellos vinieron como tantos otros, buscando oportunidades y sustentos para vivir de lo que saben hacer muy bien: la música. Desde que llegaron abrieron sus puertas a todo joven, adulto, niño, que se les acercara con dudas o inquietudes musicales. Yo me incluyo y agradezco al universo por haberlos conocido.

«Ambos compartieron su tiempo y espacio desinteresadamente conmigo. Me dieron música para escuchar, literatura exquisita para leer, recomencé a estudiar la guitarra; me enseñaron, sobre todo, que lo más importante en el arte, y en la vida, es el ser humano y su sinceridad. Gracias a ellos conocí a muchísimos artistas y trovadores como Frank Delgado, Fernando Cabrejas, Geraldo Alfonso. Junto a ellos compartí escenario con Inti Santana, Peteco Carbajal, Leonardo García, Roly Berrío. Ese extraordinario dúo que conforman me insertó en el circuito de los trovadores y cantautores de mi generación. A esos grandes los quiero y admiro mucho».

¿Por qué si ya habías fundado el cuarteto Isla, donde además de dirigir, cantabas, tocabas la guitarra, arreglabas y componías, decides moverte hacia la capital?

El cuarteto Isla resultó una gran oportunidad profesional. Experimenté y llevé a la realidad, musicalmente hablando, todo lo que me sonaba en la cabeza, gracias a la ayuda y entrega de sus integrantes: Yadira Soto Arias (voz líder y bongó), Javier Sariol Medinilla (voz, tres, requinto) y Michel Zada (voz y contrabajo). Allí complementamos un sonido típico, ya que mezclamos la sonoridad de la música tradicional de tríos y cuartetos con la trova, el blues, el swing, la canción moderna, a lo cual se añadía el trabajo de cuatro voces. Era una agradable locura sonora (risas).

«Guiado por mis ambiciones profesionales y sueños de proyectos, siempre coqueteaba con la idea de vivir en una ciudad que tuviera más oportunidades para la creación y la música. La Habana fue mi siguiente lugar para vivir, luego de que en 2015, tras una gira por Estados Unidos, cada cual se lanzó a forjar su carrera de manera independiente. Aquí fundé mi familia y junto a mi amada esposa Tanja, esbocé las primeras ideas de lo que hoy es Endémico».

¿Con qué concepto de la música cubana creaste Mestizo? ¿Es ese el proyecto que soñaste?

Bueno, luego de cerca de un año sin tocar ni escribir, ni interactuar mucho, un día cogí mi guitarra y salí a tocar por ahí: en el Fresa y Chocolate, el Pabellón Cuba, la Casona de Línea..., los espacios que han forjado y se han ganado los trovadores de acá, quienes fueron muy generosos, sobre todo, Fernando Bécquer y David Torrens. Fernando me dijo: “Cada vez que quieras tocar pasa por aquí los jueves y listo”, y me daba un abrazo fuerte.

«Por esa etapa también me reconecté con uno de los viejos amigos de la EIA, Pedro Lezcano, excelente guitarrista. Le hablé de mis canciones y de mis ganas de armar un proyecto en serio, y como él conocía algunos músicos... Así fueron llegando, y quedándose hasta hoy, el jazzista Roger Rizo (piano), Ernesto Sánchez (bajo), Raúl Rizo (percusión), Florana Padilla González (voz) y Pedro González (guitarra); estos dos últimos habían estudiado conmigo... El mundo es un pañuelo.

«Mestizo, porque es una mezcla, una fusión natural cuando sonamos. Confluyen naturalmente jazz, timba, flamenco, rumba, la cancionística, blues, y por ahí para allá (risas). Pienso que su concepto sonoro surgió de manera autónoma, a golpe de amistad, gustos musicales y los deseos de tocar que sentíamos, usando mis canciones como base. Este proyecto se acerca bastante a lo que he soñado, pero la vida cambia y con ella nosotros; sigo soñando».

Parece que ha resultado muy fructífera tu colaboración con el productor Justo Aboy…

En una de esas noches increíbles del Fresa y Chocolate con Fernando, estrené Canciones, tema incluido en el disco, donde participa, entre varios músicos, el maestro y coterráneo Alain Pérez. Esa vez estaba David Torrens en el público, uno de los más completos cantautores de Cuba. Cuando terminé, bajé del escenario, lo saludé y me dijo: «Chama, ¡estuvo bueno eso!». Aproveché y le pedí una foto. Después nos las tiramos, me respondió, ahora hablemos de trabajo. Ufff, fue un momento muy emocionante. Fue cuando me presentó al que entonces era bajista de su banda, Justo Rafael Aboy González. «Mira, me dijo, él es un joven productor musical, me da la buena espina de que ustedes pueden trabajar juntos». Y así ha sido: emprendimos un viaje musical en el que la sensibilidad y la comunicación se entrelazaron como base para una labor en conjunto.

En Canciones, tema incluido en Endémico, participa, entre varios músicos, su coterráneo Alain Pérez.

«Justo tuvo la capacidad de entender al vuelo la primera canción que le enseñé, fue una que le escribí a mi abuelo, Filosofía de Juan, también incluida en Endémico. Pasó una semana y me llamó: “Ven, para que veas cómo está quedando esto”... ¡Candela! Cuando escuché el arreglo, la orquestación y el vuelo musical que tomó el tema, se me salieron las lágrimas. Definitivamente era Justo a quien le confiaría mis futuras canciones, porque tiene una sensibilidad musical y un nivel de detalles que es digno de admiración. Gracias a él participaron en Endémico, y conocí durante el proceso de grabación y producción, a muchos artistas que admiraba mucho. Este disco es de él, sin discusión, y de todos los que colaboraron, pero sobre todo de Aboy».

¿Qué propones en Endémico, resultado de la beca Ignacio Villa, de la AHS?

Endémico es una declaración de esa diversidad musical y social que me alimenta desde niño.Yo me nutro constantemente de la música tradicional cubana y creo que el endemismo de este álbum viene de la raíz de mis influencias cubanas. En el disco puedes encontrar géneros como el son, el bolero, la rumba, el guaguancó, pero que se fortalecen y se complejizan en combinación con el rock and roll, el góspel, el rap, con temáticas de mi realidad, que es la de muchos jóvenes. La música tradicional y la trova perviven como fuente nutritiva en mí, sin embargo, no dejo de escuchar, estudiar y aprender de otros géneros foráneos como el blues, el funk y el country.

«Las diez canciones no tienen nada que ver una con la otra, por decirlo de algún modo. En ellas pude plasmar y hablar de mis puntos de vistas como ser social, mis amores, mis frustraciones, sobre mi constante preocupación sobre la emigración de generaciones de cubanos, sobre la melancolía, sobre la fe en el mañana, sobre la Historia. Estas canciones son hermanas, pero cada una tiene voz propia. No se parecen, ni están conectadas entre sí en apariencia. Fue uno de los objetivos de la producción: no queríamos condenar un disco entero a una sonoridad específica, cuando cada tema en sí es un mundo, un universo independiente del otro.

«Los temas son de mi autoría, excepto Endémico, que escribí con Wilfredo Pomares; y Encuentros, el cual musicalicé a partir de un texto de Carilda Oliver Labra. Inicialmente la parte más compleja en este proceso fue cantar las canciones, porque, por lo general, le dedico más tiempo a la composición y a la guitarra que al canto, un instrumento que se las trae, el más complejo de todos, aunque te confieso que a medida que pasa el tiempo lo estoy disfrutando cada vez más y voy cogiéndole el tumbao (risas).

«Entre las bendiciones del disco menciono la muestra de amistad, colaboración y la presencia de varios de los más prestigiosos instrumentistas cubanos que hacen de Endémico un álbum con denominación de origen. Firman la nómina entre muchos más: Gastón Joya (contrabajo), Ruly Herrera (drums), Oliver Valdés (drums), Lino Lores (tres), Nam Sang Fong (guitarras eléctrica y acústica), Andy Rubal (piano y teclados), Eduardo Ramos (timbal), Eduardo Sandoval (trombón), Alejandro Martínez (chelo), William Roblejo (violín), Emir Santa Cruz y Jamil Schery (saxofones), Alejandro González y Tonatiut Isidrón (trompetas), Josué Borges (flauta)...

«Además de las figuras mencionadas, participan en carácter de invitados: Alain Pérez en el tema Canciones, David Torrens en Arena y mar, Etian Arnau Lizirie “Brebaje Man” en Endémico, el trío Los Embajadores en Te espero, y Sady Cruz como voz solista en Ámame. Como ya sabes, la producción musical está cargo a Justo Rafael Aboy, quien se responsabilizó, además, con el bajo eléctrico en todos los tracks, excepto en Canciones (Alain Pérez).

«No debo dejar afuera de este recuento, y de mi agradecimiento, a Florana Padilla, Yara Castle y Ariel Roig (los dos últimos responsables de las hermosas voces del góspel en el tema Filosofía de Juan), quienes se encargaron de los coros; a Marvin Mustelier, que realizó la grabación; como la mezcla y masterización fue del binomio Daelsis Pena y José Raúl Varona;a amigos como Iván Soca, Iván Botello, Alejandro Azcuy, Alexeis Hernández y Víctor Manuel Echenagusía, autores de la fotografía; así como a Emilio García y Leidy Conde, quienes pusieron su sello en el diseño.

«De igual modo le agradezco de corazón a las instituciones que me han apoyado en este momento importante de mi carrera: a la disquera Egrem, la cual me abrió las puertas de su estudio y en la actualidad me ayudacon la promoción nacional e internacional del álbum. Y allí a Gretel Garlobo, Yamilet Pro León y Natalie Méndez, quienes no han dejado de estar atentas a cada paso que doy. Mi abrazo fuerte para la Asociación de Hermanos Saíz (AHS). Endémico es resultado de la Beca Ignacio Villa en 2016, una de las tantas oportunidades que ofrece esa organización, de manera gratuita, para los jóvenes artistas de Cuba.

Agradezco a la disquera Egrem, que me abrió las puertas de su estudio y en la actualidad me ayuda con la promoción nacional e internacional del álbum. Foto: Cortesía del entrevistado

«En el desarrollo cultural de nuestro país, la AHS juega un papel fundamental en reconocer, apoyar y difundir el quehacer de los noveles creadores, aunque vengamos de lugares distantes y/o seamos poco conocidos. Esa organización sabe detectar a aquellos que nunca han dejado de crear y defender el arte sincero, como bandera e identidad de cubanía».

¿Hacia dónde se encaminan ahora Carlos Paz y Mestizo?

Te confieso, sinceramente, que ya tengo canciones escritas para dos discos más, si Dios lo permite, pero por el momento vamos a trabajar fuerte en la sonoridad del grupo, afianzarnos, y promocionar Endémico, que trae de todo para el disfrute de un público bien variado.

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