Ventura de Jesús - Cubadebate.- El balneario matancero, el principal destino de sol y playa del país, estuvo cerrado por más de 100 días. Nunca permaneció vacío por tanto tiempo, con un silencio poco habitual a lo largo de más de 20 kilómetros de su arenal.


Sin ese desmesurado bullicio y la concurrencia, a veces abrumadora, estuvo hasta que, en fecha reciente, abrió paso de nuevo al público en consonancia con la fase de recuperación de la provincia, aunque con precauciones higiénico-sanitarias muy precisas y otras medidas organizativas.

Nuestro objetivo es ofrecer un turismo de calidad y, al propio tiempo, garantizar la salud de los clientes y trabajadores, insistió Ivis Fernández, delegada del Ministerio de Turismo en la provincia, convencida de que junto a los beneficios económicos es muy importante no dar un paso atrás en el enfrentamiento a la pandemia.

Admitió que gracias a la estricta vigilancia no se reportan aún casos en ninguna instalación turística del polo, a pesar de que se han mantenido con bastante asiduidad los clientes alojados, por encima de los 6 000 en estos momentos.

No siempre los bañistas cooperan

Para no pocas personas, como es el caso del ingeniero agrónomo Juan Carlos Gutiérrez, el disfrute de las playas parece estar al otro extremo de la disciplina a que se aspira para evadir la transmisión de la enfermedad.

Asumen que es una locura que, dentro de la playa, con el agua a la cintura o sencillamente sentados en la orilla, no hay poder humano capaz de persuadir a los bañistas de que usen nasobuco o mantengan el distanciamiento corporal.

Los más extremistas creen que el uso permanente de la mascarilla es aquí una molestia inútil. Y nada más lejos de la verdad, dijo el directivo Luis Nodal, quien sostiene que “hasta ahora no se ha inventado algo mejor para evitar la pandemia. Es la única verdad”.

Mientras serviciaba su vehículo en la gasolinera ubicada en la autopista sur, esquina 17, en Varadero, expuso algunas ideas que le preocupan.

“Creo que en la playa existe muy poca percepción de riesgo, sobre todo, en los tramos del llamado centro histórico y a donde acuden cientos y hasta miles de personas. He visto a los salvavidas llamar la atención reiteradamente a grupos de jóvenes que ingieren alcohol a “pico de botella” dentro del agua, y eso es muy grave. No siempre la gente coopera”.

Recordó que el principal balneario turístico cubano recibe un alto volumen de visitantes cada día, de forma acentuada los fines de semana, y muchos de ellos proceden de la región occidental, básicamente de La Habana, lo cual constituye un riesgo constante, dijo.

Turistas en buenas manos

Está claro que al interior de los hoteles existe seguridad y la situación está bajo control, donde se refuerza el control epidemiológico y las medidas higiénico-sanitarias.

Así ha sido desde que las 15 instalaciones en operaciones abrieron sus puertas al turismo interno, explicó Luis Martínez, subdelegado de Turismo en Matanzas, luego de recalcar que la disciplina y el cumplimiento de los protocolos de salud tienen la mayor prioridad.

El protocolo comienza desde el recibimiento a los clientes, dice la doctora Yadira Fernández, al frente del personal de Salud en el hotel Arenas Blancas, equipo que también comprende a un epidemiólogo y a tres enfermeros.

“Antes de entrar a la instalación le hacemos la toma de la temperatura, así como la desinfección de las manos, del calzado y del equipaje, además de mantener con ellos una comunicación constante por si presentan algún tipo de sintomatología respiratoria”, detalla la especialista tras significar que en la propia recepción están precisados a mantener el debido distanciamiento.

Dijo que los turistas aprueban la atención en general y los cuidados en provecho de su estancia en el hotel. Saben que todo se hace por elemental sentido humanitario, por salvar vidas en definitiva, sostuvo la especialista.

“Felicidades Brisas del Caribe”, escribió en su perfil de Facebook el profesor Orlando Alberto, residente en el municipio de Perico, quien por estos días disfrutó de las bondades de dicha instalación.

“Uno se la pasa muy bien en este lugar, donde llama la atención el oficio y profesionalidad de los trabajadores, quienes brindan un servicio de calidad y se muestran afectuosos con los clientes”, reconoció.

Mencionó que todos los años, en particular durante estos meses, algunas familias planean una visita a Varadero, al menos para realizar el baño diario y disfrutar de los placeres de esa inigualable playa. “El verano trae a muchos entusiastas que soportan de buen ánimo el sol de este tiempo. Unos lo hacen por vez primera y no pocos repiten la experiencia”.

Comportarse de manera responsable

No es menos cierto que muchas de esas personas que tratan de sofocar este verano en las playas, lo hacen sin poder disimular la preocupación por el riesgo que entraña las aglomeraciones y la posibilidad de infectarse.

A partir de las constantes visitas de personas de otros territorios, y el riesgo de rebrotes, en las últimas horas se adoptaron medidas orientadas a limitar el acceso al balneario en medios de transporte colectivo, además del uso obligatorio del nasobuco.

Las regulaciones incluyen el reporte del estado de salud de los turistas nacionales, quienes deberán portar el resultado del test rápido, realizado en un periodo no mayor de 48 horas antes del viaje.

El incremento de las acciones de control para verificar la disciplina y el cumplimiento de los protocolos adquiere una dimensión mayor en el balneario de Varadero, donde el costo de la indisciplina pudiera ser demasiado caro para el país.

A medida que el tiempo pasa es más evidente que solo estamos a salvo del nuevo coronavirus si nos cuidamos, sin excesos de confianza, y nos comportamos de manera responsable.

El distanciamiento físico y uso de la mascarilla en la playa o en la piscina no es un agravio ni un ridículo formalismo, es sinónimo de prudencia. Valiéndonos del refranero popular, para disfrutar de la playa de forma segura en tiempos de la COVID-19 hay que bañarse y saber guardar la distancia.

(Tomado de Granma)

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