Fidel impone a Benedetti la Orden Félix Varela de Primer Grado, en 1982. Foto: Jorge Oller 

Canal Caribe.- Homenajes y antologías en diversas partes de Latinoamérica celebran el centenario del escritor uruguayo, Mario Benedetti, cuyos versos resuenan hoy en las redes sociales. Desde Cuba, se evoca su vínculo con la Casa de LasAméricas donde no sólo queda su literatura sino también su huella como promotor de lo más representativo de la escritura latinoamericana.


Contar desde amor

Cuba abraza con fuerza en la eternidad al gran Mario Benedetti, cuyo centenario se celebra este 14 de septiembre, al genio que estaba convencido de que con la poesía se escribirá la historia de los pueblos

Juventud Rebelde

Mario Benedetti creía firmemente en la poesía. «Es más probable que con esos cultores del verso que se siguen estudiando y citando, se escriba la historia de los pueblos», decía convencido este uruguayo ilustre quien con su escritura inmortal consiguió que todas las tierras de este mundo lo sintieran como hijo propio. Cuba, una de ellas, lo abraza ahora con fuerza en la eternidad sin haberlo dejado morir jamás, aunque ya sumen cien años de su nacimiento en Paso de los Toros, el 14 de septiembre de 1920.

Es que para él la poesía tiene «libertad, una independencia superior que se sobrepone a las presiones del mercado», por tal motivo Benedetti le entregó su voz, consciente de que, como escribiría en un artículo «la poesía muerde. Por ser libre, preguntona, transgresora, cuestionante, subjetiva, fantasiosa, hermética a veces y comunicativa en otras. Por eso muerde».

De su primer contacto con La Habana dio fe la poesía cuando viajó invitado por la Casa de las Américas para integrar el jurado de su Premio Literario. Uno llega/ con sus ojos de buey/ con sus dedos de frente/ o con sus pies de plomo// todo eso y además/ con su vieja aritmética/ con su rengo compás/ con su memoria/ a cuestas// uno llega/ sensato/ dispuesto a transpirar/ a cotejar testigos/ a combustir mulatas// todo eso y además/ a contar hasta diez/ a averiguarlo todo/ a no decir me asombro// uno llega/ a La Habana/ se planta en su febrero/ y a quién le importan viejos/ compases/ simetrías// aquí en La Habana invierno/ sol de un invierno sol/ hay que recalcularnos/ hay que desintuirnos/ hay que saltar encima/ del prejuicio y la pompa/ y empezar a contar/ desde amor/ desde cero.

Empezar a contar desde amor, desde cero. Eso mismo hizo in situ quien encontró en Baldomero Fernández, Martí, Antonio Machado y Vallejo sus inspiraciones iniciales, quien ya admiraba la Revolución Cubana desde la distancia, como se descubre en Palabras en orden, libro de Jorge Ruffinelli:

«El año 59 fue decisivo, no solo para mí, creo que también para todos los latinoamericanos; no solo para la gente de izquierda, sino también para la gente de derecha. Algo aconteció en ese año que cambió la relación de fuerzas, los puntos de vista, las actitudes humanas, y fue la Revolución Cubana. En un país como el nuestro, que había estado tan de espaldas a América, mirando a Europa especialmente, más que a Estados Unidos, ese acontecimiento fue un sacudón decisivo y en relación, hasta más dramático que en otros países de América Latina. Significó un serio tirón de orejas para nosotros, los intelectuales, que estábamos muy encandilados con lo europeo. Para mí fundamentalmente representó la necesidad de ponerme al día conmigo mismo, y en ese sentido hubo toda una etapa de autoanálisis y de autocrítica con respecto a las actitudes que había tenido hasta ese momento. La Revolución Cubana me sirvió también para comunicarme con mi país, para ver de manera distinta el Uruguay, y frutos de eso son evidentemente ciertos cambios que se establecen en el orden literario», dejaba plasmado en el texto La trinchera permanente quien publicara su primer libro a los 25 años, aunque a los 11 años se había atrevido «con una novela de capa y espadas, intentando imitar a Alejandro Dumas».

Después de 1966, Cuba se apoderaría del corazón de Benedetti, y viceversa. No solo sería convocado en cuatro ocasiones más para determinar junto a otras firmas relevantes del continente los ganadores del prestigioso galardón en las categorías de Novela (también en 1974), Cuento (1967), Poesía (1978) y Testimonio (1987), sino que además fundaría el Centro de Investigaciones Literarias que diseñó con el Archivo de la Palabra y la colección Palabra de esta América, destinados a grabar y publicar en soportes fonográficos las voces de los escritores de esta parte del mundo.

Con el Centro de Investigaciones Literarias también organizaría ciclos de conferencias y prepararía más de una decena de textos publicados por el Fondo Editorial de Casa, en los cuales aparecería como prologuista y/o encargado de la selección, entre ellos: Poesías (Rubén Darío), Sobre Julio Cortázar, Cien años de soledad (Gabriel García Márquez), El astillero (Juan Carlos Onetti), Poemas (Juan Gelman) y Poesías de amor hispanoamericanas, que vio la luz en 1997 y se reimprimió en 1998, 2004 y en 2007.

«Cuba ha sido siempre una palabra muy importante para mí. Incluso antes de viajar a este país, la Revolución Cubana fue para muchos uruguayos una alerta, nos sacudió porque vimos la posibilidad de enfrentar de alguna manera esa presión que es política, económica, militar, cultural… de EE. UU.», le dijo a la periodista Magda Resik, a quien le comentó sobre aquella etapa en la que tuvo el privilegio, según sus propias palabras, de integrar el Consejo de Dirección conformado por cubanos excepto Manuel Galich, el guatemalteco, y aprender «desde adentro cómo funciona un organismo cultural en Cuba».

Cuando en 1979, para la edición 20 del Premio, pronunció el discurso inaugural, hacía ya tres años que el autor de Montevideanos, Gracias por el fuego, El cumpleaños de Juan Ángel y Primavera con una esquina rota (todos dentro del catálogo de Casa), permanecía exiliado en la Mayor de las Antillas, una de las cuatro patrias que lo acogieron hasta que pudo regresar a su país en 1985, tras el derrocamiento de la dictadura instaurada después del golpe militar de 1973.

«El exilio es al principio una experiencia no muy agradable, porque es una decisión que otros toman por ti. Es un fenómeno de ósmosis: uno trata de dar lo que puede a esa nueva sociedad que lo acoge, pero también ella ofrece cosas a uno, y cuando vuelves a tu patria, resulta que encuentras un país distinto, pero tú también eres distinto. Primero viví en Argentina, luego en Perú, después en Cuba, y por último en España. Son exilios distintos que van enriqueciendo espiritualmente, a pesar de lo tristes que resultan al principio», expresó quien consideraba que «el socialismo es la mejor solución para el género humano. Tal vez no la perfecta… Creo que no hay soluciones perfectas.

«No me arrepiento de nada por lo que he luchado aunque he cometido mis errores como cualquiera, pero las posiciones que he tomado han sido de acuerdo con lo que en ese momento me dictaba mi conciencia. No padezco de insomnio, siempre he podido dormir tranquilo, salvo cuando andaban recogiendo a la gente de izquierda para llevársela presa. Pero eso no tenía que ver con mi conciencia sino con la de ellos».

El gran escritor que fue Mario Benedetti, con más de 1 300 ediciones de un centenar de libros, traducidos a 28 idiomas, igual disfrutó de la novela «por tratarse de un mundo mágico que creas, de personajes con los que cargas durante un tiempo como si fueran familiares cercanos». La vez que conversó con mi colega Maribel Acosta de aquellas que más han marcado a los lectores: de La Tregua; de Gracias por el fuego, «un conflicto generacional donde un hijo descubre que el padre está traicionando muchas cosas. En cambio, Primavera con una esquina rota es la doble relación de amor entre una mujer, el esposo preso y esa misma mujer en el exilio con un amigo del marido…».

La cuestión era comunicarse con la gente. «Las relaciones humanas —le decía a Acosta— son de los hechos más importantes de la vida, con una mujer, con amigos, compañeros. Y también en las relaciones humanas están el odio, el rencor y sentimientos nada positivos. No es que uno se ponga a observar o hurgar en las vidas ajenas, pero sí está mirando las cosas que pasan a los demás y a uno mismo y que se les pueda sacar partido literario. Hay que tener intuición para reconocerlas«.

Y en todas partes, sin excepción, el amor y el desamor haciendo de las suyas. «Y es que el amor también es un conflicto. Yo tengo un poema que dice: el amor es un centro/ pero también es un conflicto… No es tan fácil amar», se explicaba.

Le parecía lindo «que un viejo como yo pueda comunicarse con los jóvenes» a través de su poesía. Creía que tal vez había ayudado en ese hechizo la musicalización que de algunos poemas habían realizado con éxito varios cantautores. Sabía que seguramente «quienes entraron a mi obra por la zona de la canción terminan invadiendo la de la poesía».

A los jóvenes de hoy y de mañana los seguirá conquistando, cuando encuentren en sus versos las palabras que a ellos se les agolpan en el pecho: si te quiero es porque sos/ mi amor mi cómplice y todo/ y en la calle codo a codo/ somos mucho más que dos... Porque ellos muchas veces reconocerán junto a él que Tengo miedo de verte/ necesidad de verte/ esperanza de verte/ desazones de verte/ tengo ganas de hallarte/ preocupación de hallarte/ certidumbre de hallarte/ pobres dudas de hallarte/ tengo urgencia de oírte/ alegría de oírte/ buena suerte de oírte/ y temores de oírte...

No hay dudas, Mario Benedetti seguirá conquistando a quienes creen en las utopías. «Los buenos pasos que han dado los hombres en toda su historia han sido gracias a los utópicos, entre ellos Jesús, Freud y Marx, que quizá no materializaron totalmente lo que predicaban, pero de muchas formas ayudaron al progreso de la humanidad. Y como antípodas aparecen los antiutópicos: que constituyen los verdaderos perdedores de la Historia».

 

Joan Manuel Serrat rinde homenaje a Mario Benedetti en su centenario

Con motivo del centenario del nacimiento de Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1920 - Montevideo, 2009), el cual se celebra este lunes 14 de septiembre, la editorial Alfaguara ha publicado una antología poética que ha sido seleccionada y prologada por el cantautor catalán Joan Manuel Serrat

Ricardo Alonso Venereo - Granma

Con motivo del centenario del nacimiento de Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1920 - Montevideo, 2009), el cual se celebra este lunes 14 de septiembre, la editorial Alfaguara ha publicado una antología poética que ha sido seleccionada y prologada por el cantautor catalán Joan Manuel Serrat.

«No es fácil escoger lo más representativo entre la extensa obra de Benedetti, pero confío en que en esta antología estén representados todos los Benedetti que Mario cargaba en su mochila —el oficinista rutinario, el montevideano de clase media, el periodista comprometido, el viajero curioso, el militante de la patria doméstica, el exiliado y el desexiliado, y también el intelectual parcial, el luchador político y, por supuesto, el escritor minucioso y trabajador que nunca dejó de ser—, con la esperanza de que la selección de poemas pueda resultarle tan útil al lector familiarizado con el mundo literario del poeta uruguayo como a aquel que llegue por primera vez a sus versos", asegura Serrat en el prólogo de Mario Benedetti. Antología poética (Alfaguara 2020).

La antología, según dio a conocer El País,  recoge un centenar de poemas de Benedetti, una poesía que gira en torno al amor, la política, la vida cotidiana, el exilio, la memoria y el humor; y caracterizada por la sencillez formal, el compromiso ético y político, la profundidad existencial y una emoción única que ha cautivado a numerosos lectores de distintas generaciones.

«Mario Benedetti ha sido uno de los escritores más fecundos y populares de América Latina —dice Serrat—. Un hombre de aspecto frágil y sencillo, de gesto y voz mesurada, que acercó a la gente su palabra despojada de solemnidad. Escribió, a contramano de las modas imperantes y de la crítica, historias que son las peripecias del hombre medio. Visitó todos los géneros literarios: la novela, el relato, el teatro, pero fue la poesía su predilecto, el que marcó más intensamente su vocación y el más abundante y popular de su obra».

«No toda la poesía vale para ser cantada ni todos los poetas sirven para escribir canciones, de la misma manera que detrás de un buen autor de canciones no hay necesariamente un buen poeta. Pero en el caso de Mario Benedetti, letrista de canciones por derecho y al tiempo buen poeta, entre poesía y canción no media una frontera clara», escribe Serrat en el prólogo.

«Me apasiona su poesía y su actitud ante la vida. Ha legado a Latinoamérica los ideales de libertad, justicia y solidaridad. Benedetti no nos dejará», concluye Serrat.

En 1985 el poeta y el cantautor trabajaron juntos para componer el disco El sur también existe con canciones musicadas por Serrat que son, en su mayoría, versiones de poemas de Benedetti y que se convertiría en uno de sus álbumes más emblemáticos. Ese fue el punto de partida de una amistad que ambos mantuvieron hasta la muerte del uruguayo en 2009.

El lunes 14, coincidiendo con el centenario de Benedetti, tendrá lugar en España un recital poético a cargo de los cantautores Joaquín Sabina y Leiva, los escritores Benjamín Prado y Elvira Sastre; el compositor y músico Marwan; la cantante y compositora Vanesa Martín; y la cantautora y compositora Rozalén, el cual ha sido organizado por el Instituto Cervantes y la editorial Alfaguara .

Para Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, Benedetti enseñó que la poesía «no es inventarse un lenguaje raro al margen de la sociedad sino tratar de la manera más respetuosa posible el lenguaje de la tribu».

Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1920 - Montevideo, 2009), hijo de padres italianos, fue autor de novelas, relatos, poesía, teatro y crítica literaria, publicó más de cincuenta libros y ha sido traducido a veintitrés idiomas. Fue galardonado con, entre otros, el Premio Reina Sofía de Poesía 1999 y el Premio Iberoamericano José Martí 2000.

 

Benedetti, compañero y amigo

Mario Benedetti, el escritor uruguayo, o mejor dicho, nuestro americano, a quien celebramos su centenario este 14 de septiembre

Pedro de la Hoz - Granma

Nadie, salvo algún que otro minado por los virus de la envidia y la mediocridad, pone en duda la estatura poética ni el calado de la narrativa (La tregua, Montevideanos y Gracias por el fuego, entre otros títulos) ni la brillantez de los ensayos de Mario Benedetti, el escritor uruguayo, o mejor dicho, nuestro americano, a quien celebramos este 14 de septiembre.

Ahora mismo en España lectores muy jóvenes son los primeros en apurar las páginas de la antología poética preparada, para coincidir con el centenario del autor, por Joan Manuel Serrat. El cantautor introdujo la labor con palabras que vale la pena citar: «No es fácil escoger lo más representativo entre la extensa obra de Benedetti, pero confío en que en esta antología estén representados todos los Benedetti que Mario cargaba en su mochila, el oficinista rutinario, el montevideano de clase media, el periodista comprometido, el viajero curioso, el militante de la patria doméstica, el exiliado, el desexiliado y también el luchador político, y, por supuesto, el poeta minucioso y trabajador que nunca dejó de ser…».

Denominador común de tan múltiples faenas es una palabra que el catalán subraya: compromiso. A la que añadiría otra: consecuencia. Aquí diríamos que Mario nunca se despintó. Ni en las buenas ni en las malas. Algo sabido por quienes en Cuba lo tuvimos como uno más en los años de trabajar en la Casa de las Américas. Sus compañeros en la institución lo recuerdan y atesoran valiosas vivencias de su cercanía a la fundadora Haydée y de sus contribuciones a las investigaciones literarias. Y más allá a la formación de jóvenes escritores en los albores de los años 70, como podrían atestiguar y agradecer Víctor Rodríguez Núñez, Alex Fleites, Norberto Codina, Abilio Estévez, Jesús Barquet y unos cuantos más entre los que acudíamos al taller literario Roque Dalton, en la colina universitaria.

Era el hombre sencillo, generoso, cordial, integrado a los avatares de una Revolución siempre asediada pero resistente, y a la vez el poeta y militante que padecía en su interior los horrores de la dictadura que por entonces asolaba a Uruguay, condición que reveló en uno de los textos de la serie Cotidianas: «Desde el octavo piso de mi tercer exilio veo el mar excesivo que me prestan,  pienso en la solidaria terrible dulzura de este pueblo que sabe arrimar sus amparos sin pedir cuentas (...) y ellos golpeando ciegos sordos mudos en cráneos y praderas y carátulas en cojones y úteros o sea procurando destrozar el futuro en cada tallo».

Cuando Fidel cumplió 80 años, envió un mensaje de felicitación y reconocimiento a un líder en quien apreció «la sencillez de sus planteos (…), la franqueza de que hacía gala ante nuestras objeciones y su infranqueable voluntad de defender y mejorar el nivel de su pueblo», afirmó: «He pasado en Cuba varios periodos: la primera vez como invitado y luego varias más como exiliado. Desde su estallido, la Revolución Cubana fue una gran sacudida para nuestra América. En el Río de la Plata, los sectores culturales habían atendido primordialmente a Europa, pero la Revolución nos hizo mirar a América Latina. No solo para interiorizarnos de los problemas del subcontinente sino también para aquilatar el poder y la presión de los Estados Unidos».

¿Cómo entendió el escritor el compromiso? Creación, deber cívico y pasión revolucionaria. Apuesta por la emancipación de su patria, que comenzaba en Uruguay y prolongaba en otras tierras del continente y otros pueblos del mundo.

En 1987 reunió en el volumen  El escritor latinoamericano y la revolución posible reflexiones sobre las que convendría volver una y otra vez por su vigencia. Permanece intacto el llamado a asumir un compromiso que «no debe ser un quiste mental, sino una capacidad en desarrollo, una forma de vitalidad, que oiga, comprenda e interprete la quemante realidad contemporánea, y no se instale cómodamente en un estado de pureza, sobre todo, verbal, desde el cual dicte normas, formule exigencias, juzgue conductas y dictamine cómo deben ser las revoluciones y hacia dónde deben dirigirse». Ejercicio de humildad y vocación participativa que siempre deberíamos tener en cuenta.

Como también esta otra lección que nos legó en una carta enviada al crítico Ángel Rama desde La Habana, en la que discurre sobre el impacto de la Revolución en los seres humanos: «Para el individuo es un entrenamiento pavoroso, que lo mantiene alerta aunque no quiera, y que en el fondo lo va capacitando para decisiones rápidas, para cambios profundos, para planteos originales. Uno mismo no puede evitar la oscilación temperamental entre el pesimismo y el optimismo, pero cada vez que vuelve a este último, uno se siente más en su casa».

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