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Lecturas en Tiempos de Mujeres

UNEAC

El libro Tiempo de Mujeres es una compilación de 40 crónicas costumbristas o estampas, como gusta decir a su propia autora, Laidi Fernández de Juan. El volumen, dividido en 5 capítulos (Nosotras, Escuelas, Cuba hoy, Otras interrogantes y Misceláneas), aborda desde una perspectiva femenina y con perspicaz sentido del humor temas medulares de la sociedad cubana.

La solidaridad entre mujeres, el cuidado a los ancianos, la crianza de niñas y niños, así como la migración, el refranero popular, la burocracia o las tendencias digitales son solo algunos de los disímiles temas a los que podrá acercarse el lector en este texto que es, en suma, un relato de las vicisitudes que debemos sortear a diario en nuestra cotidianidad, contados desde la magia de un género tan particular como la crónica.

“Este libro reúne varias de las estampas que he publicado en la columna quincenal Hablando en Plata de la revista cultural La Jiribilla, donde hablo de nuestras realidades siempre con una mirada de mujer. Es la segunda colección de crónicas, la primera fue La Habana nuestra de cada día, y ya tenemos en proyecto otros libros. La vida es muy rica, llena de contradicciones, de cosas hermosas, de dolores, de complejidades, y de eso va este libro, es una manera de ser cronista de mi tiempo”, confiesa Laidi Fernández de Juan. 

“Un tiempo, para que sea legítimo, obligatoriamente tiene que ser un tiempo de mujeres, de ahí el título, porque con nosotras hay que contar. No es posible hacer la historia de un país, una revolución, o de la sociedad de manera general sin hablar del rol que jugamos las mujeres en ella. De ahí que Tiempo de Mujeres sea también un reclamo al espacio y respeto que ellas merecen”, agrega.

Fernández de Juan explica que se trata de un libro que, como el anterior, está dividido en secciones. La primera, titulada precisamente La Mujer, incluye heterogéneas historias sobre las madres, lasadolescentes, la sororidad, sobre cómo asumen ellas la crianza de los hijos e hijas y el cuidado de familiares, incluso puede encontrarse, por ejemplo, una crónica dedicada al bolso de la mujer.

“Luego hay un capítulo llamado Escuelas, donde incluyo anécdotas de mi juventud, de la etapa de secundaria, preuniversitario y de mi tiempo en la escuela de medicina, profesión que ejercí durante 28 años. Por tanto, es un homenaje también a esas amistades y profesores, es una manera de saldar deudas a través de historias que contienen un poco de mi personalidad, jocosa y atrevida. Otrassecciones hablan sobre el burocratismo, sobre muchas de los obstáculos que debemos enfrentar a diario, también responden a muchas interrogantes: quiénes somos, en qué nos convertiremos, cómo asumimos los nuevos desafíos económicos, etcétera”.

– ¿Por qué recurrir una vez más a la crónica?

“La crónica tiene una manera de contar especial,que no debe ser violada. Por eso siempre cito a Jorge Mañach cuando decía…si se quiere tomar la temperatura de un país léase a sus escritores costumbristas. Yo vengo del cuento, la novela, empecé a estudiar la crónica porque me llamaba mucho la atención. Además, es un género que ha sido un poco abandonado. Existen muy buenos cronistas en Cuba pero creo que somos pocos. Tenemos una larga tradición de escritores costumbristas: Emilio Roig, Eladio Secades, Héctor Zumbado, Enrique Núñez Rodríguez. Recuerdo un encuentro que se hacía todos los años en Santa Clara llamado Cronistas Crónicos y ahí nos reuníamos muchos de mi generación, porque la crónica es un género que hay que reivindicar. Y no se puede ver solo como una literatura ligera, para divertirse; es mucho más que eso, es la palabra del día a día y eso queda como un testimonio de una época, de una generación, de una problemática.

Las mujeres tenemos mucho q decir y yo me expreso a través de estas estampas, porque me gusta, porque hago lo que me hace realmente feliz. A mí me hace feliz darle voz, a través de estegénero, a tantas personas conocidas que quisierannarrar la realidad, pero no tienen las herramientas necesarias para hacerlo”. 

Tiempo de Mujeres pertenece a la colección Los Molinos de Ediciones Matanzas. Su presentación en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba sirve de antesala al espacio Mirada de Mujer, un proyecto impulsado desde esa organización para promover la lucha contra la violencia hacia las mujeres y las niñas.

El texto de Laidi Fernández de Juan es un homenaje a la vívida memoria de Adelaida de Juan, y de manera general, a esas experiencias y sentimientos que guarda cada persona de su pasado o experimenta en el presente. Es, en voz de Francisco López Sacha, “una manera de acotar en la fugacidad de las cosas, de vencerlas al fin con las únicas armas posibles, es decir, con las palabras”.

 

Laidi Fernández de Juan: “Escribir me salva, me anima, me compromete, y me divierte”

Siempre recuerdo un consejo de mi admirada narradora Luisa Valenzuela, que dice “debemos dormir con una libretica al lado de la cama, porque las mejores ideas, y los títulos más originales, siempre llegan a punto de dormirnos, y hay que escribirlos pronto, antes de que se escapen”. Lo recuerdo, pero no lo cumplo. ¡Y lleva razón la gran escritora! ¿Cuántas veces, ya en estado de duermevela, se nos ocurren posibles asuntos llevables a la literatura, que confiamos recordar al día siguiente, y no sucede así? En mi caso, confieso que muchas. Pero siempre olvido la dichosa anotación, de modo que en cuanto me despierto, me siento frente a mi PC, con la esperanza de que algo que pensé en la noche, pueda traducirlo en palabras. Por cierto, ese despertar es muy temprano. Alrededor de las cuatro o a más tardar las cinco de la madrugada, ya estoy en pie. Me gusta mucho escribir cuando reina silencio absoluto. Luego el día se contamina de ruidos, de olores, de reclamos y de fastidios que entorpecen la paz que necesito.

Desde hace algunos años me dedico a un género literario un tanto pasado de moda: la crónica, también llamada estampa, o literatura costumbrista. No abandono del todo mi gusto por la cuentística, pero demoro más que antes en armar un libro. Después de más de diez volúmenes de narraciones, y de veinticinco años de ser escritora, ahora me divierto más. Sobre todo, si siento presión, como ya dije. Quizás mi profesión original, la Medicina, siempre urgente, siempre bajo fuego, siempre precisada de decisiones veloces, influya en esa necesaria prisa que requiero para crear.

En estos momentos mantengo (es una forma de decir) tres espacios a la vez: En el Centro Pablo escribo para “Hoy por hoy” y “Letras afines”; para La Jiribilla, “Hablando en plata”, que es la más antigua de todas mis columnas, y la que más me divierte, porque es muy de actualidad, muy efímera, y me exige muchísimo. Por ejemplo, desde hace cinco meses hablo de la pandemia sin caer en el miedo que sentimos todos. Más bien intento aflojar ese terror creando situaciones ligeras, graciosas, cotidianas y verosímiles. La mayoría de las veces, “Hablando en plata” refleja lo que está sucediendo ahora mismo en una tienda, en una casa, en una familia, y, obviamente, lo que me sucede a mí, a mi pareja, a mis hijos, a mis amistades.

Luego de ser publicadas en esa revista digital, las comparto en mi Facebook, para que quienes suelen leer mis textos, estén al corriente sin necesidad de entrar en ninguna publicación nuestra, que sabemos exige gastar dinero y tiempo. Compartir al gran (e implacable) público de las redes mis estampas no es un acto de vanidad, más bien es un riesgo. Y lo hago porque siento que contribuyo a disminuir el terror que sufrimos en estos tiempos. Creo firmemente en la utilidad del humor, en la sanidad de la risa, en el beneficio que produce sonreír. Leo mucho humor, me refugio en la literatura humorística, y vuelvo una y otra vez a los mejores exponentes literarios que conozco de dicho género: Mark Twain, Will Cuppy, David Sedaris, Evelyn Waugh, Kennedy Toole, Roberto Fontanarrosa, Elina Berro, Eladio Secades, Héctor Zumbado, Francisco Chofre, entre otros.

Por último, desde hace apenas un mes, dispongo de otro espacio, otra columna, a la que he nombrado “Parece que fue ayer”, en La Ventana. Ahí me explayo en mis recuerdos. Cuento de mi niñez, -que fue particularmente feliz-, y evoco a mis padres, y a sus amistades. Aunque añoro con intensidad la presencia de quienes ya no están de este lado de la luna, intento que los textos no contengan escenas tristes, más allá de mi propio dolor, y del cambio brusco que ha tenido mi vida a partir de la muerte de mis progenitores, que fueron, sin lugar a dudas, mis grandes interlocutores, mis profesores, mis críticos, y mis más severos entusiastas. Comencé en dicha columna el día del primer aniversario de la desaparición de mi padre, el 20 de julio de este año, con un artículo llamado “Hace un año”. Luego, evoqué a mi madre (“La de Juan”), y en septiembre aparecerá “Mario”, conmemorando el centenario de Mario Benedetti. No puedo adelantar más, pero pretendo reverenciar a muchos intelectuales, hombres y mujeres, que marcaron mi infancia, sin yo saberlo en esos momentos. Como ves, no dejo tiempo a la pereza. Escribir me salva, me anima, me compromete, y me divierte enormemente.

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