Luis Javier González López y el equipo. Foto: Cortesía del entrevistado.


Carlos Amed García Santoya, Elizabeth Zoila Carmona Fernández - Cubadebate

Hace unos días el Doctor en Ciencias Luis Javier González López nos recibió en su oficina en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB). Sus aportes a la introducción de la proteómica en Cuba y su aplicación en numerosos proyectos investigativos le han hecho merecedor del Premio Nacional de Química 2021. Un logro, que nos dice no más llegar, es de todo el equipo. Luis Javier es de esos científicos que desprende humildad por los poros.

De niño ya tenía inclinaciones por la ciencia y las matemáticas, pero su interés por la química vino de manera casi involuntaria. Oriundo de San José de las Lajas, su madre impartía clases en la Facultad Obrero Campesina. Con el objetivo de que no volviera solo a la casa y que no fuera una carga para su abuela, de avanzada edad, el futuro científico pasaba largas jornadas sentado en el aula donde su madre les daba las clases a los obreros esperando a que terminara para regresar. Fue allí donde comenzó todo. Le fascinaban los experimentos.

Más tarde ingresaría en el IPVC Vladimir Illich y todo cobraría sentido. Estando en la escuela participó en varias olimpiadas. Incluso, en 12mo grado, fue parte del primer equipo de cuatro cubanos que representó a Cuba en la Olimpiada Internacional de Química, en Bratislava. De allí recuerda y le pesa todavía que no ganaron, desde ese momento -dice- comprende a los atletas cuando no consiguen las medallas.

Pero Luis Javier y su equipo conseguirían muchas medallas simbólicas a lo largo de sus vidas. En 1990 llegó al CIGB, aunque ya estaba afiliado desde 1987. “Yo estoy trabajando aquí gracias a la influencia de Fidel y le agradezco haber generado en mí la curiosidad por la biotecnología, pues, en ese entonces, era un campo con  un gran signo de interrogación para mí y no tenía claro en qué papel podía desempeñar un químico en esa área. Entonces me especialicé en la caracterización de proteínas por espectrometría de masas, un campo muy importante para la biotecnología”, nos aclara desde el primer momento.

Con Fidel coincidió en varias ocasiones, pero nunca olvidará la primera. Era de noche y él era un estudiante trabajando de noche solo en el laboratorio con el espectómetro de masas, “un equipo muy caro, que hay que cuidar mucho”.

“Cuando aquello -cuenta- se trabajaba con un espíritu de trabajo de consagración, donde las horas no tenían límites, y el estudiante (en todo el mundo) tiene que adaptarse a las horas en el laboratorio. Yo estaba aprendiendo. Él entró con alguien que no recuerdo y yo era el único que estaba, así que tuve que explicar en qué consistía el trabajo aquí. Al final parece que no fue de la manera más correcta, porque después que di mi explicación Fidel le dio la explicación al visitante de qué era lo que se hacía ahí. Después me di cuenta de que él usó las palabras que había que decir mejor que yo que estaba trabajando aquí. Ahí tuve la enseñanza de que uno tiene que ubicarse de quién es el interlocutor que tiene delante para transmitir el mensaje”.

La vez que más cerca lo tuvo, sin embargo, fue en el 11no Fórum Nacional de Ciencia y Técnica, cuando tuvo que explicar el trabajo de un colega que se encontraba en una beca en Japón.

Una vida dedicada a la proteómica

Cuando eres un científico que se dedica a la proteómica no es raro que te pregunten en qué consiste lo que haces. En palabras de Luis Javier, la proteómica es una disciplina que estudia el rol de las proteínas en el organismo y cómo cambia el contenido de determinadas proteínas bajo el efecto de un estímulo externo sobre la célula.

Normalmente, cuando se desarrolla un fármaco, se tiene que describir lo que se conoce como su mecanismo de acción, el cual se entrega a la entidad regulatoria para hacer el registro del producto y ahí es donde juega un papel clave proteómica.

“La proteómica, por ejemplo, la hemos aplicado para caracterizar nuestros preparados vacunales, y no solo el del CIGB, el Instituto Finlay produce la vacuna contra la enfermedad meningocócica VA-MENGOC-BC, y el contenido de esa vacuna la hemos descrito a nivel detallado, porque es una vacuna efectiva, y todas las vacunas que se han producido aquí han sido caracterizadas con herramientas de la proteómica, porque hoy en día para tener un producto bien caracterizado y que cumpla con las normas más exigentes de las entidades regulatorias internacionales uno tiene que caracterizar a nivel estructural muy detallado la proteína que has obtenido. Así, hemos caracterizado no solo los productos de CIGB, sino de otros centros del polo científico”. 

La llegada de la COVID-19 representó, como en todo el mundo, un gran desafío no solo para su equipo, dice Luis Javier, sino para todo el sistema.

“El coronavirus ejerció una gran presión sobre nosotros. No es que estuviéramos relajados, porque los científicos siempre trabajamos rápido, pero aquí teníamos la presión adicional de que estaba muriendo gente, y eso implica una gran diferencia. No solo teníamos que tener el resultado, era también hacer el informe con la calidad requerida para entregárselo a la entidad regulatoria”.

Eso les llevó madrugadas, sábados, días de ir a la casa 15 minutos y volver. “Trabajamos cuatro personas fundamentalmente en ese tiempo: Luis Ariel, Vladimir, Yasser Ramos y yo”. Hasta que se logró y ahora “el expediente de las vacunas Abdala y Soberana tiene el trabajo que se hizo en nuestro grupo”.

“Nosotros no hicimos nada diferente en la COVID-19 que no hiciéramos antes. El pueblo ve que lo que nosotros hicimos fue algo grandioso, y sí, esa es la respuesta que se podía esperar de nosotros, pero siendo modesto uno dice: he hecho lo mismo que he estado haciendo toda la vida: caracterizar las proteínas. De cierta manera fuimos preparados durante muchos años para enfrentar este reto. En el tiempo de la COVID-19 lo diferente fue la urgencia. Te entregaban la muestra por la mañana y por la tarde te estaban preguntando el resultado. En cualquier momento te estaban llamando. `Vengan para la dirección, ¿qué resultados tienen? ¿qué es lo que hay? ¿qué variantes tenemos?`”.

Luis Javier lleva más de 30 años en el CIGB y esta etapa de la pandemia -confiesa- ha sido la realización máxima de lo que podía dar la ciencia por el país. “Sin lugar a dudas fue una etapa difícil, y lograr la vacuna costó mucho trabajo y horas sin dormir, pero sin dudas valió la pena, porque caminar por las calles y que la gente te diga de forma espontánea: mi familia se salvó gracias a ustedes, y saber que a ti te toca un pedacito de ese ustedes hace que sientas el orgullo de un deportista cuando gana una medalla de oro”, expresó Luis Javier visiblemente emocionado. “Es lo más grande que yo he sentido en todos estos años”, no duda en afirmar.

Pero a Luis Javier le sobran las experiencias de vida. Cuando tenía 23 años trabajó durante año y medio en una beca en Japón y estuvo en un laboratorio de primer nivel donde se hacía espectrometría de masas de péptido y proteínas al máximo nivel acabado de graduar.

“A Japón llegué como parte de la necesidad que tenía el CIGB de formar su personal. Cuando llegué era muy joven, conocía la técnica analítica, tenía los conocimientos necesarios para insertarme allí. Eso sí, había una competitividad impresionante y un nivel de exigencia que te obligaba a estudiar de manera intensiva.

“Ellos fueron muy amables conmigo, pero sí te obligaban a entregar semanalmente tus resultados, tenías que entregar un informe de cómo iban tus resultados, de lo contrario eras cuestionado. Cuando incorporas eso como un modo de vida, lo transmites a los que vienen detrás. Con ese laboratorio nos hemos formado alrededor de diez especialistas en espectrometría de masas y la colaboración se ha mantenido hasta la actualidad’’.

Luis Javier ha estado, además, en laboratorios en Francia, Suecia, Brasil y Uruguay y afirma que ha tenido la sensación de que valoran el personal salido de nuestras universidades. La superioridad del equipamiento en muchos países extranjeros, la imposibilidad de hacerse de determinados equipos con componentes estadounidenses a causa del bloqueo y las buenas condiciones de trabajo son las principales razones por las que cree que no se debe perder el intercambio con el exterior.

Cuba adquirió ese nivel en la biotecnología porque desde el principio tuvo la preocupación de formar a su personal en los mejores laboratorios. El reto está en ir a esos lugares, nutrirse de toda esa información y aprovechar las capacidades que tienen, pero regresar, nunca perder la base. No se puede renunciar a formar a la gente en los mejores laboratorios para mantener a nuestro personal preparado para cualquier otro reto que venga. Eso quedó demostrado cuando llegó la COVID-19. Y hay que ir incorporando nuevas técnicas, dominando nuevos equipos que surgen día a día, porque el desarrollo de la biotecnología costó caro y debemos seguir siendo competitivos.

“Uno siempre tiene, en el mismo centro, gente que uno ve con avanzada edad que siguen batallando hasta el final. Al menos yo quisiera parecerme a ellos cuando llegue a esa edad que, aunque fueron fundadores de la biotecnología en Cuba, nunca se cansan y siguen aportando. Puedo hablar de los profesores Eduardo Pentón, Luis Herrera y Ángel Aguilera. Cuando yo tenga mis nietos quisiera decirles: `yo trabajé ahí, yo viví ahí, y toda mi vida la di por el CIGB, por Cuba`”.

A Luis Javier las figuras que más le inspiran son sus propios compañeros del CIGB, en especial los más mayores y veteranos, los que, a pesar de su avanzada edad, han seguido batallando hasta el final y han sido reconocidos por su entrega, su compromiso y sus resultados.

“Con nosotros trabajaron investigadores brillantes como Lila Castellanos y Gabriel Padrón, que son nuestros antecesores y quienes nos formaron, que por razones de salud ya no están aquí. Uno también siente orgullo por Carlos J. Finlay, pero a mí me gusta aterrizar un poco con la gente que tengo al lado, que es la que te sirve de ejemplo en el día a día”.

Para Luis Javier la mejor parte de trabajar en la ciencia en Cuba es cuando ves que tu trabajo tiene impacto en la vida de la gente y a nivel de sociedad. “La biotecnología es la rama de la ciencia en el país que está llamada a que sus resultados se traduzcan en algo tangible y que tenga impacto en la salud y en la agricultura, si bien en el caso de la segunda es necesario un mayor acompañamiento”, precisa.

También menciona las principales dificultades que ha enfrentado como científico en el país. “La parte más difícil de trabajar en la ciencia en Cuba es no tener la velocidad de compra de los reactivos que se necesitan para hacer los experimentos. La inmediatez que hace falta en la investigación a veces se ve afectada porque el 70% de los insumos son de procedencia estadounidense y son complicados de conseguir. Algo similar pasa con el equipamiento, pues muchos de los equipos que necesitamos son de origen estadounidense.

“Y lo otro es la retención del personal. Entre mi edad y otras generaciones más abajo hay varias que se perdieron. Esa es la parte más difícil y el reto que hay que vencer a nivel de país. No es el laboratorio, es una cosa a nivel de país. Se tiene que lograr retener a los principales talentos que estás formando en las universidades y orquestar un proyecto de vida. Que vean que aquí pueden hacer su vida también”.

Luis Javier González López es Premio Nacional de Química 2021, pero quiere dejar claro en esta entrevista que “los premios, más que verlos por lo que tú has hecho, hay que verlos por lo que te queda por hacer y lo que tienes que dejar antes que te vayas. Estar tranquilo porque diste todo por la obra que defendiste y que fuiste consecuente”.

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