Virginia Alberdi Benítez (Foto: Cubarte) -  Granma.- Fundador de la Uneac, Drake fue distinguido, entre otras condecoraciones, con la medalla Alejo Carpentier


Cuando se sitúan jerarquías indiscutibles en el ejercicio escultórico nacional de la segunda mitad del siglo pasado y las dos primeras décadas de la actual centuria, saltan a un primer plano el nombre y la obra de Agustín Drake Aldama, artista cuyo deceso, a la edad de 87 años, fue lamentado este jueves no solo en Matanzas, territorio en el que residió toda una vida, sino en los medios culturales del país, que reconocen su valioso legado.

Había nacido en un humilde hogar de Sabanilla (Juan Gualberto Gómez), hoy perteneciente al municipio de Unión de Reyes. En la niñez aprendió a modelar y luego ingresó en la academia de artes plásticas Alberto Tarascó, de Matanzas. Al triunfo de la Revolución, proceso al que se entregó de lleno, fue nombrado su director.

En la trayectoria de Drake destacó tanto su dedicación a la creación como el cumplimiento de tareas relacionadas con la docencia artística y el patrimonio cultural. Por su obra recibió una treintena de premios y en certámenes internacionales, nacionales y territoriales y competitivos a nivel provincial, nacional e internacional y en algo más de seis décadas participó en 90 exposiciones personales y colectivas. En la más reciente Bienal de La Habana tuvo protagonismo en el proyecto Ríos interminables, desarrollado en Matanzas. La última muestra personal Los ancestros de Drake, albergada por la Casa de África, en La Habana Vieja, generó elogios por la vitalidad de las imágenes.  

Acerca de su poética, el crítico Gerardo Mosquera escribió: «Drake ha dado forma a una inusitada población de seres metálicos: aves, artrópodos, monstruos, tomadas de la imaginaria medieval, extrañas máquinas de guerras y ángeles bélicos (…) nada ha sido creado de la pura materia, sino a partir de los más diversos objetos acoplado por el fuego de ese instrumento de producción que los artistas han sacado de las fábricas para ponerlo al servicio de la escultura moderna».

Su colega matancero Emilio O’ Farrill lo recuerda como «el escultor de la piedra, las fibras vegetales, la madera, los metales, de lo olvidado, del viento y la palabra». Desde 1992 un emblema escultórico salido de sus manos representa el premio El Gallo de La Habana, que concede en teatro la Casa de las Américas. Fundador de la Uneac, Drake fue distinguido, entre otras condecoraciones, con la medalla Alejo Carpentier.

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