Dixie Edith.- www.cubaprofunda.org .- El rumor brincó de patio en patio, corrió por las salas de espera de los cuerpos de guardia de policlínicos y hospitales, se coló en los portales y se agazapó bajo las camas: ¿van a prohibir el aborto? Más que certeza, la comidilla esta vez tomó forma de interrogante. No podía ser de otra manera. Legalizado desde 1965, en Cuba el derecho al aborto, gratuito y sin restricciones, es considerado una conquista social, mientras algunos países del planeta aún valoran la aprobación de reformas judiciales que pueden mandar a una mujer a la cárcel, hasta por treinta años, sólo por interrumpirse un embarazo. 
Datos publicados por el Fondo de Población de Naciones Unidas (FNUAP) estiman que cada año mueren unas 68 mil mujeres en el mundo a causa de interrupciones practicadas en condiciones inaceptables.

¿Cómo se traga entonces que este país fuera a renunciar a un logro de esa magnitud? ¿Será que a la isla llegan los ecos de las prédicas enmohecidas del Papa Benedicto XVI?, se preguntaron no pocas cubanas con el ceño fruncido. Y por si o por no, fieles al refrán de que si el río suena, piedras trae, empezaron a averiguar.
 
Pero, ¿de dónde vino el rumor? Al parecer, dos hechos concretos se unieron para desatarlo.
 
La población Cuba decreció en 2006, en términos absolutos, como consecuencia de sus bajas tasas de fecundidad y de un acelerado proceso de envejecimiento: el 16,2 por ciento de los cubanos ya tiene 60 o más años.
 
Un grupo multidisciplinario nacional ha puesto una enorme lupa sobre el asunto y la prensa, movida por la noticia, llevó a sus titulares el tema de la baja fecundidad, del que poco se hablaba en años anteriores. Unos más, otros menos, los artículos han ilustrado –e incluso cuestionado- la tendencia de las familias cubanas a tener cada vez menos hijos. Y sembraron la espinita...
Paralelamente, desde hace varias décadas, los espacios de promoción de salud recomiendan a las cubanas cautela a la hora de acudir al aborto voluntario. En otras palabras, que no se emplee como método de control de la natalidad o anticonceptivo, sino como una solución de emergencia.
 
Al tenerlo gratuito, seguro y al alcance de la mano, muchas mujeres de esta tierra no calculan -o no quieren calcular- lo que vale, ni lo que cuesta un aborto, incluso para su propia salud; y suelen abusar de su práctica.
 
Cifras del último Anuario Estadístico de Salud Pública aseveran que en 2004 un total de 67 mil 277 embarazos fueron interrumpidos en las instituciones especializadas del sistema. Aunque la cifra es mucho menor que la de dos décadas atrás, aún es considerada muy alta. Con esos truenos, el rumor se redondeó.
 
Al legalizar el aborto y ponerlo al alcance de toda mujer que lo solicitara y estuviera en tiempo para afrontar el mínimo de riesgos, Cuba reconoció un derecho femenino y, también, puso punto final a una larga lista de muertes inútiles.

El rumor, por tanto, se cae por ese peso mayor. Sin embargo, vale para poner los ojos, una vez más, en el impacto de una práctica médica que debía ser excepción y no regla.

Desinformación, comodidad, abandono y poca sistematicidad en el uso de anticonceptivos son las razones más frecuentes que abonan el abuso del aborto, según investigaciones del patio. Pero no las más poderosas. La cuestión está en ejercer, con responsabilidad, el derecho a elegir.
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