Marta Rojas - Granma.- Vilma ha muerto. Acaba de pasar a otra categoría de entrañables. Lo hemos estado dudando aún con la certeza de la muerte, luego de su batallar con estoicismo por la vida que, en realidad, desde hacía muchos años no era solo suya, sino de Cuba y de cuanta idea justa reclamara su atención en cualquier parte del mundo, o la prodigara allí donde pensara que podía ser útil.

Vilma Espín Guillois pasa a ser un icono revolucionario, algo que su sencillez no le permitió nunca siquiera imaginar porque una de sus grandes virtudes personales y revolucionarias fue esa: la modestia.


Ha partido un exponente del valor y la inteligencia de las mujeres vanguardias que surgieron en la generación del centenario. Un solo dato nos permitirá descubrir que su quehacer revolucionario se desplegó en ese tiempo histórico, en el año del centenario de José Martí. Con mayor exactitud, cuando muere en La Habana el estudiante Rubén Batista, a causa de las heridas que recibió en la manifestación estudiantil que vindicaba el busto de Julio Antonio Mella, mancillado impunemente el 10 de enero de 1953. Como todos aquellos jóvenes que seguirían a Fidel, ella se había pronunciado ya contra el artero golpe militar del 10 de marzo de 1952, perpetrado por Fulgencio Batista, aunque nos resulte desagradable en estos primeros párrafos dedicados a Vilma, mencionar el nombre que lideró el zarpazo, implantando una tiranía sangrienta.

Vilma, amena y profunda conversadora, contó un día que después del 10 de marzo comenzaron las primeras manifestaciones en las calles de su Santiago natal —no decía en su relato que ella era una de las convocantes— entre las primeras, si no la primera, salió a las calles para protestar por la muerte de Rubén Batista. Contaba que en aquella ocasión hasta se hizo un entierro simbólico en Santiago y ese acto terminó en una verdadera batalla contra los sicarios. La idea había sido llevar flores al cementerio y en definitiva se terminó con los jóvenes revolucionarios metidos dentro de los cafés, tirando azucareras a la policía.

Bastaría ese solo episodio para incluir a Vilma entre los heroicos combatientes revolucionarios de la generación del centenario. Curiosamente, durante la agonía de Rubén Batista en la Clínica del Estudiante en el Hospital Calixto García, Renato Guitart, otro santiaguero, conoció a Fidel, para convertirse en la avanzada del movimiento revolucionario que ese año asaltaría el Moncada. Y a propósito del Moncada la joven Vilma al escuchar los tiros, sin saber qué sucedía, afirmaba a su padre, en su casa de la calle San Jerónimo, que estaban asaltando el Moncada. Bastarían unas horas para confirmarlo. Luego, nada la arredró para acercarse a una de las postas de la fortaleza y pedir lo imposible, que la dejaran ver a los héroes. La respuesta no le dio otra alternativa a ella y sus compañeras que retirarse rápidamente y aún así, detuvieron a dos de ellas. Su olfato y agilidad de reacción le permitieron escapar en un ómnibus y perderse en la ciudad hasta regresar a su casa sin que la identificaran. Nacía la heroica combatiente clandestina en la Ciudad Héroe.

En esos días de horror Santiago de Cuba acoge con solidaria actitud a los combatientes perseguidos por la soldadesca batistiana que ya ha asesinado a decenas de jóvenes en las mazmorras del Moncada. La puerta del hogar de Vilma se abre también para acoger y proteger a cualquiera de aquellos heroicos asaltantes que estuviera buscando refugio.

Acción Revolucionaria Oriental, fundada por Frank País, fue la primera organización que tuvo a Vilma en sus filas, como activa fundadora, tras el asalto al Moncada. Mas, sería en el futuro Movimiento Revolucionario 26 de Julio donde ella habría de de-sarrollar sus dotes de organizadora y combatiente. En el M-26-7 cumplió la más amplia y arriesgada gama de deberes. Dio cauce a sus profundos sentimientos patrióticos, sociales y humanistas. Ella misma reiterará en diferentes ocasiones que en los años iniciales de su juventud revolucionaria hubo dos acontecimientos que la estremecieron: los sucesos del Moncada el 26 de julio de 1953 y La Historia me Absolverá y haciéndola comprender que Fidel es un líder valiente y hombre de ideas, con un consistente desarrollo político y una gran solidez en los principios revolucionarios.

Y ella ¿quién era?: la joven capaz y culta en la más amplia extensión del vocablo. Su vocación e interés científico, en función del desarrollo industrial, se conjugan con el amor a las artes: la música, el canto, la pintura y el ballet, fundamentalmente. Pero el deporte también la entusiasma y por ahí están sus exitosos empeños como jugadora y capitana del equipo de voleibol en la Universidad de Oriente. Pero, además, se trataba de una ferviente martiana y nutría sus conocimientos, hasta el detalle, de las campañas mambisas, y la intransigencia revolucionaria de Antonio Maceo. Las conversaciones con Vilma sobre estos temas fueron siempre maravillosas y no por un saber libresco, sino por el sentimiento que trasladaba favorecido hasta el contagio por su estilo comunicativo. En su tono suave, con su cadencia de voz, querida y respetada era capaz de ofrecer un fresco de nuestra historia, ya se tratara de las luchas por la independencia colonial, o en la República, desde los días de Julio Antonio Mella.

Su formación comenzó en el hogar. Nació en Santiago de Cuba el 7 de abril de 1930, en el seno de una familia acomodada. Pudo haber sido una simple joven de "sociedad", pero la formación que recibió, unida a sus propios sentimientos y personalidad hicieron de ella una líder revolucionaria. Sus padres fueron personas generosas, amistosas, comprensivas con sus hijos —seis— y dejaban una estela de afecto y respeto entre todas las personas de cualquier origen que los conociera. En Santiago se hablaba de Espín como el cónsul honorario de Francia a quien podían llegar los inmigrantes haitianos, entonces tan discriminados por la sociedad de elites. Educaron a sus hijos con la influencia de sus propios ejemplos de austeridad, sensibilidad humana y respeto, sin ningún tipo de barreras por el origen social, racial o religioso. Los hijos se desarrollaron de acuerdo con su forma de ser e inclinaciones personales en cuanto a la elección de los estudios superiores, de las amistades, de sus posiciones políticas, y actividades sociales y culturales.

Para Vilma, ya madre, no fue difícil crear un hogar con semejantes características, que constituye un ejemplo.

El estudio sería siempre una premisa en su hogar y Vilma ha escogido una carrera científica, la de Ingeniería Química Industrial. Muy pocas mujeres matriculaban esa carrera. Ella la venció con magníficos resultados el 14 de julio de 1954, sin dejar de participar en los eventos culturales o deportivos que le atraían en la Universidad de Oriente, incluyendo su activa participación en la Coral Universitaria. Al graduarse como ingeniera química industrial se convertiría en una de las dos primeras mujeres con esa especialidad, en Cuba. Ese mismo año partió hacia los Estados Unidos a cursar un postgrado en el Instituto Tecnológico de Massachussettss, Boston. Al finalizar el curso pidió instrucciones a la Dirección del Movimiento 26 de Julio y la respuesta fue dirigirse a México para entrevistarse con Fidel y trasladar a Cuba sus órdenes y mensajes. Es el momento en que se organiza la expedición del Granma.

Así termina la vida estudiantil de Vilma y comienza su entrega absoluta a la Revolución, sin tiempo alguno para el ejercicio de su sólida preparación como ingeniera.

Bajo las órdenes de Frank País participa en la organización del alzamiento armado de Santiago de Cuba que se produce el 30 de noviembre. Es un puntal básico en una acción fundamental prevista para la llegada a Cuba, desde México, de la expedición del Granma bajo el mando del Comandante Fidel Castro Ruz. Su serenidad, valentía y capacidad de movimiento distinguen el papel desempeñado por Vilma.

En enero de 1957 es cuando el enemigo la detecta y su casa, que se había convertido en cuartel del Movimiento es registrada por primera vez. Vilma había encabezado una marcha de madres enlutadas en protesta por los múltiples asesinatos de la tiranía y se enfrenta cara a cara con los esbirros batistianos, muchos de los cuales habían sido connotados torturadores y ejecutores despiadados de prisioneros en el Moncada, y su historial criminal había ido en aumento.

Hay un hecho en la historia de la Revolución que recorre el mundo entero. En él Vilma está presente.

Es en febrero de 1957 cuando Fidel llama a la dirección clandestina del Movimiento 26 de Julio a una reunión en la Sierra Maestra y redacta un manifiesto al pueblo de Cuba informando la creación del Ejército Rebelde y los objetivos de la lucha. Se produce, además, la trascendental entrevista de Fidel con el periodista norteamericano Herbert Mathews que demostraría al mundo la mentira del gobierno de Batista de que el líder revolucionario estaba muerto. Vilma está presente en la reunión y participa activamente en el cumplimiento de las órdenes que da Fidel a Frank País; más tarde pasa por completo a la clandestinidad.

Es designada posteriormente integrante de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio y poco antes de ser asesinado Frank País, la imprescindible Déborah es nombrada Coordinadora del Movimiento en la provincia de Oriente, labor que desempeña hasta junio de 1958. Se hará insostenible la peligrosa situación al frente de las misiones revolucionarias clandestinas, lo cual exige cambiar el escenario de sus luchas, y se incorpora al Ejército Rebelde para convertirse en la legendaria guerrillera del II Frente Oriental Frank País, comandado por Raúl Castro Ruz.

Déborah, Alicia, Mónica, sus nombres en la clandestinidad, se convirtieron en Mariela, la brava y eficaz combatiente rebelde encargada durante el mes de julio de 1958, de realizar labores de apoyo al mando, relacionadas con las gestiones de devolución de un grupo de norteamericanos secuestrados. Posteriormente se le asigna, entre otras múltiples responsabilidades, la atención y organización del movimiento clandestino en los municipios orientales ubicados en la amplia extensión territorial del II Frente del Ejército rebelde. Ello era fundamental en tanto esas regiones ofrecían un apoyo logístico indispensable para asegurar las acciones combativas. Como en todas las tareas que cumpliría en su vida, esta la desempeñó a cabalidad.


Constructora de una nueva sociedad

En los albores del triunfo de la Revolución, Vilma y Raúl contraen matrimonio. En días como estos, hace 45 años, Déborah, la primogénita, es una de las primeras niñas que ingresan, como un infante más, en el Círculo Infantil Los compañeritos, radicado en la planta baja del Ministerio del Trabajo. Ya había sido creada —23 de agosto de 1960— la Federación de Mujeres Cubanas y la tarea de los Círculos Infantiles le fue entregada por la Revolución a la FMC, bajo la dirección de Vilma Espín. Antes, también en los albores de la Revolución —1959— cuando aún vestía traje de campaña, como Déborah, Vilma está realizando distintas tareas en función de dirigente del Movimiento 26 de Julio, y un grupo de mujeres se acerca a ella con el propósito de intercambiar ideas y expresarle el deseo de organizarse, de no quedarse atrás, de hacer la Revolución trabajando voluntariamente. Esa inquietud ella la traslada a Fidel quien con su genial visión acerca del papel de la mujer en la sociedad y la Historia, ve la importancia de un movimiento social que incluiría a la mitad de la población cubana.

Durante 1959 Vilma crea y preside el Comité de Auspicio para participar en el I Congreso Latinoamericano por los Derechos de la Mujer y el niño, convocado por la Federación Democrática Internacional de Mujeres. Este congreso se realiza en Santiago de Chile. Se trata de la plataforma que serviría de base para la unificación de todas las agrupaciones de mujeres revolucionarias que existían entonces.

En Cuba no se detiene el trabajo. Vilma sabe dirigir y por tanto crea cuadros que integrarán una gran plataforma para llevar la organización hasta el más lejano lugar de la Isla y nutrirse allí de mujeres de base que hasta entonces no habían tenido participación en la vida social y política del país.

El 23 de agosto de 1960, después de un intenso trabajo preparatorio en todo el territorio nacional, en zonas rurales, regiones serranas o ciénagas se crea oficialmente la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). Durante los primeros 15 meses de trabajo la naciente organización, aún embrionaria, había movilizado masivamente a las mujeres hacia la construcción de escuelas y hospitales; recogida y atención de los niños que deambulaban por las calles, sin asidero cuando triunfó la Revolución; mejoramiento de la vida en los barrios llamados de "indigentes" y otras tareas sociales.

Vilma es elegida Presidenta de la FMC por Asamblea Fundacional. Cargo elegido y ratificado en cada uno de los Congresos de la Federación, desde el primero de ellos, efectuado en 1962, hasta el VII, en el año 2000.

La historia de la FMC es parte importante de la vida de la propia Vilma. Aunque no ejerce la carrera de ingeniera química industrial, ella tiene voz en programas de la Revolución de carácter técnico o económico. Pero su tarea central es política y social entendida en la extensión y diversidad más amplia.

Las primeras tareas de la nueva organización serían propiciar la superación educacional, ideológica y cultural de la mujer. Llegarían a la Habana mujeres campesinas de la Sierra Maestra y otros parajes y recibirían clases de corte y costura. Todas ellas tendrían, al menos para el comienzo, una máquina de coser. Hubo una reunión en la Ciudad Deportiva. El júbilo fue extraordinario, era el incipiente inicio de un camino que ha llevado a decenas de miles de campesinas a una vida distinta, de plena participación en la economía del país.

Tras el impulso de esos cursos se le ofrece a las mujeres más humildes otros estudios sobre las primeras formas de participación fuera del hogar. Ellas, que no habían salido del estrecho ámbito familiar, descubren un mundo nuevo. Vilma sería una de las más entusiastas colaboradoras de Fidel para impulsar el conocimiento, la superación cultural, y como es lógico ello comenzaba con la alfabetización. Así integra la Comisión Nacional de Alfabetización, y coloca a la nueva organización de masas en el centro de la colosal batalla librada por todo el pueblo. Cumplida esta meta fueron emprendidas otras, como el seguimiento, las batallas por el 6to. y 9no. grados y las aulas de superación de adultos, todas ellas colmadas de mujeres. La labor de Vilma no es pasiva. No puede permanecer sentada detrás de un buró quien como ella, a riesgo de perder la vida, anduvo manejando un vehículo por toda la provincia de Oriente, en tareas de combatiente clandestina, o caminaba por las calles realizando difíciles funciones en su calidad de miembro de la Dirección Nacional del M-26-7, de manera que Vilma recorre todo el país, participa con las delegaciones de base en las movilizaciones. Atiende a las mujeres que formaron parte del Ejército Rebelde y a las jóvenes incorporadas a tareas de la defensa.

Especial atención concede Vilma Espín a la preparación militar de las mujeres, incluyendo su incorporación como profesionales en las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Ninguna tarea en ese frente podría ser más compleja para una mujer que aquella que ella misma desempeñó, perseguida por la brutal tiranía de Fulgencio Batista, servidor incondicional del imperialismo yanki.

El internacionalismo, como piedra angular de la unión de las mujeres de cualquier parte del mundo a favor de las causas revolucionarias, es fundamental. Ello encuentra en Vilma una impulsora y participante en cada acción que se lleva a cabo. La guerra revolucionaria de Viet Nam del Sur por su liberación y la igualmente heroica resistencia de la entonces República Democrática de Viet Nam (RDV) en defensa de su soberanía, frente a la despiadada agresión yanki, tienen en Vilma a una colaboradora eficaz, tanto como para los integrantes de movimientos de mujeres en Asia, África y América Latina. Al efecto, entre otras cosas, crea la Escuela de Cuadros Fe del Valle, en la actualidad Centro de Capacitación de la FMC.

Su lucha por lograr la comprensión de igualdad de género, comienza desde los albores del triunfo de la Revolución. Con ese objetivo encabeza la gran batalla ideológica que se libra en el país para eliminar la cultura retrógrada heredada del pasado acerca de los roles de género, con los consiguientes prejuicios, las creencias erróneas, los estereotipos sexuales tradicionales, los tabúes, para hacer realidad los principios revolucionarios que condenan toda clase de discriminación, ya fuere de origen social, de raza, de etnia, de sexo, de religión, de orientación sexual o cualquier otra expresión de desigualdad y trato peyorativo.

La enumeración, aún ceñida, de los valores de la revolucionaria que acaba de morir, ha de servir para que nos demos cuenta qué pérdida más grande hemos tenido. Sin embargo, el conocimiento de su pensamiento, acción y proyección serán escuela para proseguir su ejemplo.

Son múltiples las organizaciones y los planes nacionales e internacionales en los que participó Vilma personalmente para enriquecerlos, a lo largo de la Revolución.

Alguien que como ella fue tan capaz y creativa en una organización revolucionaria clandestina, también lo fue en una organización legislativa. No se trata de una enumeración de cargos. Por importantes que estos fuesen; lo válido es el trabajo que realizó en esas funciones, ya fuere como diputada a la Asamblea Nacional y miembro del Consejo de Estado, máxima organización de gobierno del país, como en el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, del cual fue fundadora y en el Segundo Congreso (1980) miembro suplente de su Buró Político. En el Tercer Congreso fue promovida a miembro efectivo, responsabilidad que desempeñó hasta 1991.

Un capítulo especial merecerían sus funciones de carácter diplomático, o de relaciones exteriores en todos los continentes, en diferentes momentos, al frente de delegaciones cubanas.

Ámbito familiar

Como se anota en párrafos anteriores, en 1959, Vilma y el entonces Comandante Raúl Castro Ruz, jefe del II Frente Oriental Frank País, y desde octubre del propio 1959, Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, contraen matrimonio. Así constituyen una familia que en la actualidad integran sus cuatro hijos y ocho nietos. Vilma siempre confió en el valor del ejemplo para la educación y formación de los hijos, y fue consecuente con este principio que supo aplicar con ejemplaridad en su educación y formación. Fue una madre, amiga y compañera. Sus hijos y nietos la amaron y amarán, la admiran y la admirarán aún más ahora, por el legado: la sabiduría que tuvo en armonizar, los sentimientos más humanos y de justicia, con la acerada fortaleza de carácter y su intransigencia revolucionaria en la defensa de las decisiones trascendentales, en defensa de los principios y la obra de la Revolución, tanto en grandes tareas como en el importante hacer de cada día.

Vilma Espín Guillois fue una mujer cubana excepcional, representante de los más elevados valores humanos dedicados con creatividad y afán a la patria, a la Revolución que vivió desde su heroico y azaroso arranque con el liderazgo de Fidel; a su familia, y a todo nuestro pueblo, con la generosidad que distingue a los grandes hombres y mujeres.

Hasta siempre, Vilma, constructora desde los cimientos de una nueva sociedad. 

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