Cuando muy niña vio por primera vez un avión, Eddislay Pino Morfa sintió un estremecimiento especial: ¿Cómo podría volar aquello? ¿Qué sentiría una persona allá arriba? ¿Acaso será un pájaro...?, fueron las preguntas de entonces que ahora, con 20 años recién cumplidos, la muchacha mantiene como razón de sus días.

La cienfueguera Eddislay es alumna del quinto curso en el Centro de Instrucción de Vuelos de la Aviación Civil de Cuba, ubicado en áreas aledañas al aeropuerto internacional Ignacio Agramonte, de la ciudad de Camagüey, escuela donde otras cinco jovencitas como ella comparten con siete varones una de las ansias más viejas del hombre: la de volar.


"Es una carrera poco común para mujeres, pero no puedo decir que haya enfrentado prejuicios. En mi municipio no se había visto algo así: mi compañera Elizabeth y yo seremos las primeras mujeres pilotos de Cruces, y eso nos tiene muy orgullosas. Cuento con el apoyo de mi familia, mis amigos y mis vecinos.

"¿Qué tenemos nosotras para ser buenas pilotos? Las cubanas siempre hemos sido fuertes de carácter, humanas y sensibles; sabemos administrar las cosas con precisión y delicadeza para que salgan bien. Esas son las virtudes de la mujer, con las cuales yo aspiro a lograr mi sueño de ser un día capitana de Cubana de Aviación en una nave de gran porte."

El capitán instructor Alejandro Ballesteros Céspedes, director del centro, comenta que este se abrió en abril del 2003, después de casi 13 años de carencia de escuelas de pilotos en Cuba como consecuencia del periodo especial. En 1991 se recibió el último año en la antigua URSS; luego se conservaron los medios, pero los pilotos envejecieron y se abrió una pausa, afirma.

Tras estudiar variantes que incluían ofertas en el extranjero, el Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba estableció el centro en esta ciudad, como un proyecto compartido con el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Con siete instructores de alto nivel y nueve alumnos, la escuela abrió el 26 de abril del 2003, y ha formado hasta la fecha a 65 pilotos de todas las provincias, incluidas en la cifra 20 mujeres. Actualmente estudian allí jóvenes de Pinar del Río, Ciudad de La Habana, La Habana, Matanzas, Cienfuegos y Granma. Según el director, preparan principalmente fuerzas para aviones AN-2 de la Empresa Nacional de Servicios Aéreos, sin embargo algunos graduados vuelan con éxito para AeroCaribbean en aviones ATR y Embrear.

"El curso consta de dos años: una primera parte teórica, en el Instituto Técnico Militar en la capital -previa captación y exámenes médicos-, y otra aquí, con un programa en la línea de vuelo donde afianzamos la teoría, ofrecemos elementos para la explotación del avión y enseñamos taxeo y ejercicios de vuelo progresivamente más complejos. El equipo está formado por los siete instructores, una profesora de Inglés y la secretaria; además contamos con una auxiliar general y seis técnicos."

Aulas y albergues están dotados de los requerimientos docentes y recreativos necesarios para hacer agradable en tierra la vida de jóvenes que sueñan con el cielo.

Ballesteros Céspedes agrega detalles interesantes: "Oficialmente, aquí formamos compañeras pilotos por primera vez, pero en Cuba volaron mujeres, aun antes del triunfo de la Revolución. Recuerdo que después del ’59 una pinareña llamada Magali voló hasta aviones Yak 40. Nosotros elevamos la presencia en una actividad que, como carrera, les faltaba a nuestras mujeres, y en cada curso varias de ellas se incluyen entre los mejores graduados".

¿Qué tal se sentiría de pasajero en el aire, con una mujer al mando del avión?

"Ya lo experimenté, volando en Aeroflot. Es algo normal. Si fuera con una de mis muchachas, la única diferencia sería simplemente que iría a la cabina a saludarla, sin ningún miedo; ellas son fruto del trabajo colectivo y no dudamos de los resultados."

ROMPER BARRERAS

Profesores, alumnas y condiscípulos ayudan a defender el derecho de las cubanas a todos los espacios, rompiendo, si se requiere, viejas barreras culturales. La pinareña Laura Fernández Martín no está segura de que en la vocación haya elementos genéticos, en cambio siguió los pasos de su padre, piloto de aviación de combate, y de un tío que, en esa propia especialidad, perdió la vida en un accidente.

Desde pequeña me familiaricé con los aviones, aunque no pensaba ser piloto sino abogada. Cuando en los Camilitos me incliné por esta carrera, algunos en mi familia dijeron "¿la niña también?", sin embargo nadie se opuso. Mi papá ahora está orgulloso y me exige como mi propio maestro, cuenta Laura.

¿Has encontrado huellas de aviones en el cielo?

Sí -responde la joven-, las huellas del avión de mi padre y del de mi tío. Ese rastro es mi compromiso con ellos y conmigo de ser mejor y merecer, como relevo, la confianza de quienes volaron primero.

A sus 19 años, Yenilsan Ramos Gálvez llegó de Matanzas para hacerse piloto en Camagüey. La muchacha habla a Granma de su primer ataque de miedo: "Fue cuando salté por primera vez en un paracaídas; me sentí inadaptada, en un espacio ajeno, pensé en si no se abría, si me enredaba con la cuerda... al llegar a tierra me quedé sentada un rato".

Pronto superó el miedo como primera exigencia para lograr lo que realmente quería y ya los temores no alcanzan la altura de la joven ni de sus vuelos. "Mi carrera es fascinante, exigente y única".

"Es verdad, siempre tengo la cabeza en las nubes, pero solo si la frase se refiere a pensar en mi carrera. En nuestro puesto, mantendremos el alto prestigio de la mujer cubana; se lo debemos a la Revolución y a Fidel, que nos dieron un lugar honroso en este país."

¿Qué quisieras se comentara en los aeropuertos del mundo de las pilotos cubanas?

"Que nos dijeran valientes, valientes en cualquier idioma."

 

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