Jesús Muñoz Machín podría pasar por otro de esos hombres encasillados en los roles sexistas que la sociedad suele asignarles. Sin embargo, las cosas no siempre son lo que parecen. Foto: Jesús Muñoz / Facebook.


Ania Terrero - Cubadebate.- Apasionado de la pelota, pinareño orgulloso, periodista con vocación de investigador. Probablemente has escuchado su voz en las ondas de la COCO o lo has visto, de vez en vez, conduciendo el espacio deportivo del Noticiero Estelar. A simple vista, Jesús Muñoz Machín podría pasar por otro de esos hombres encasillados en los roles sexistas que la sociedad suele asignarles. Sin embargo, las cosas no siempre son lo que parecen. Su historia es una prueba de que los estereotipos pueden desmontarse.

Jesús llegó al periodismo en la adolescencia, casi por casualidad. Enamorado de la letra escrita, de la posibilidad de contar historias y sin saber cómo hacerlo, encontró las respuestas a unas cuadras de casa. “Descubrí que una vecina, que después se convirtió en colega y a quien admiro muchísimo, Ivon Deulofeu, era periodista. Comencé a verla en la televisión y dije: ´Bueno, yo quiero ser como esa mujer´”, cuenta.

Especializarse en deportes fue una decisión casi obvia. Aunque coqueteó con el periodismo económico en los primeros años de la universidad, a la larga pesó más su condición de fiel seguidor de todas las transmisiones deportivas. En ellas veía creatividad, una manera de decir diferente a la de otras variantes de la profesión.

“Me llamó la atención el uso de las metáforas, ese lenguaje que toma de la realidad para llevarlo al espectáculo deportivo y es directo, preciso. Me di cuenta que podía escribir, analizar, utilizar estadísticas, porque vengo de una familia que trabaja con números, y eso me apasionó”, relata.

Todo parecía indicar que sería periodista deportivo, a secas. Sin embargo, un ejercicio de investigación, en el cuarto año de la carrera, puso en su camino otro interés que marcó un antes y un después en su formación como profesional de las palabras.

“En segundo año tuve una profesora, Ivette González, que siempre insertaba una mirada diferente al periodismo, ella lo llamaba enfoque o perspectiva de género. Aquello me llamaba la atención, pero no encontraba herramientas para aplicarlo en los temas más cercanos a mí, inclinados hacia el deporte. Sin embargo, quedó la curiosidad”, recuerda.

Dos años después, cuando su equipo en la asignatura de Periodismo de Investigación decidió indagar sobre prostitución masculina, aquellas dudas sembradas volvieron a la superficie. “Fuimos a entrevistar al profesor Julio César González Pagés, historiador, en aquel momento profesor de la Universidad de La Habana (UH), que impartía una optativa donde se tocaban temas que me interesaron mucho: emigración, deportes, raza, sexualidad… Todos desde la mirada de algo que yo desconocía y ellos llamaban masculinidades”, explica.

Luego de aquella primera entrevista, no solo terminó el reportaje sobre prostitución masculina, sino que se involucró con diversos proyectos de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades (RIAM). Participó en una Tertulia Internacional Interuniversitaria entre la UH y el Colegio de la Salle de Madrid en torno a las masculinidades, comenzó a colaborar con el blog de la RIAM y, por tanto, pulió sus habilidades periodísticas para tratar estos temas.

Comenzó a encontrar los puntos de contacto entre las primeras pasiones y las nuevas, entre el deporte y las masculinidades, y se dispuso a investigarlos. De la mano de González Pagés y la periodista especializada en género Isabel Moya, cambió su tema de tesis para analizar la construcción sociocultural de género en el periodismo deportivo cubano de los juegos olímpicos de 2012, específicamente en los diarios Granma y Juventud Rebelde.

Tras graduarse, estuvo tres años en la Editorial de la Mujer. Aprovechó ese tiempo para cursar talleres y diplomados sobre género y masculinidades. Poco a poco, empezó a impartir algunas clases. Actualmente trabaja en la emisora COCO, pero colabora con muchos otros espacios.

Entre los proyectos que lo ocupan por estos días, destacan investigaciones sobre la presencia de mujeres en deportes no tradicionales y específicamente en el béisbol cubano, con una mirada histórica que se acerca a todos sus roles: aficionadas, periodistas y, más cerca en el tiempo, jugadoras. Además, estudia cómo se reflejan las masculinidades en el periodismo deportivo cubano y también más allá, en otros espacios de las industrias culturales. Conversó con Cubadebate sobre varios de estos temas.

  • ¿Por qué hablar y trabajar con los temas de masculinidades en Cuba hoy?

En primer lugar, porque la mitad de la población cubana está compuesta por hombres. Porque tenemos organizaciones e instituciones trabajando para lograr la equidad de género y en la mayoría de esos procesos, de manera acertada, el protagonismo lo tienen las mujeres. Muchos recursos y espacios están destinados a lograr su empoderamiento, a generar oportunidades para que ellas alcancen su pleno desarrollo en la sociedad. Pero eso nos lleva a la pregunta: ¿qué hacer con los hombres?

Si los hombres quedan rezagados, puede ser muy peligroso. Porque siempre hay un grupo de ellos que defienden a ultranza el patriarcado y la masculinidad hegemónica, sobre todo cuando se sienten acorralados por lo que llaman ideologías de género, feminazis, etc. Entonces reaccionan con más violencia, con esos recursos pulidos por el machismo para convencer a las mayorías que vivimos en una sociedad donde “está bien que existan desequilibrios entre hombres y mujeres”. Usan incluso el discurso neomachista que proclama: “si ya las mujeres han logrado tanto, para qué quieren más”.

En ese contexto, hay que trabajar con los hombres, educarlos. Debemos brindarles herramientas, no para que dejen de ser hombres, sino para que aprendan que pueden vivir la masculinidad de otras formas. Pueden establecer relaciones con las mujeres y también con otros hombres de maneras diferentes; ser padres, amigos, compañeros de trabajo, diferentes; tener relaciones basadas en el afecto y el cariño; mostrar emociones y analizar sus conductas, en vez de justificarse con que las aprendieron durante toda la vida.

Además, creo, sería injusto cargar a las mujeres con la tarea de formar, transformar y contribuir al cambio de los hombres. En la RIAM tenemos una frase que nos gusta mucho: “Atrévete a ser hombre, el machismo mata”. Es un llamado a la responsabilidad colectiva y también a la individual. El cambio tiene que comenzar por nosotros, debemos parar de quejarnos por supuestos desequilibrios. Pues, aunque algunas cuestiones sí nos afectan, en la mayoría de las ocasiones vivimos en una posición de privilegio en sociedades machistas y patriarcales como la de Cuba.

En esencia, si queremos una sociedad donde hombres y mujeres tengan igualdad de oportunidades, es necesario generar transformación en hombres y mujeres. En la RIAM nos gusta mostrarles a los hombres que ser un tipo alejado del machismo, emancipado, tiene swing. Cuando apuestas por el cambio, llegan muchos elementos buenos. Y no es un proceso lineal ni está exento de miedos, de cuestionamientos. A veces crees, incluso, que no estás actuando de la manera correcta, pero en medio de esa realidad hay que intentar ser todos los días un hombre diferente a lo que la sociedad machista y patriarcal espera de ti.

  • ¿Cómo se relacionan el deporte y las masculinidades, que en un primer momento podrían parecer tan diferentes?

El deporte y las masculinidades parecen diferentes, pero realmente no lo son tanto. González Pagés tiene una investigación donde explica que sexo, música y deportes son los temas que convocan a los hombres, aunque quizás hoy se matizarían con algunos asuntos económicos.

El deporte es, por tanto, uno de los escenarios donde más se reflejan las masculinidades. Ha sido creado, disfrutado y regulado por hombres, por una mirada masculina. Aunque existan mujeres vinculadas a procesos de toma de decisiones, no necesariamente estas actitudes están vinculadas con la equidad.

Los hombres encuentran en el deporte un feudo, un gueto. Es un ámbito donde determinadas conductas no son mal vistas. Un grupo de futbolistas o peloteros se pueden abrazar o dar nalgadas y no pasa nada. Fuera del deporte seguramente esas acciones serían mal vistas y catalogadas como afeminadas, pero en el feudo que representa el estadio, el vestuario donde se reúnen los atletas, eso está bien, es parte de la dramaturgia.

Además, cuando se analiza el uso del tiempo que hacen los hombres, consumir, dialogar y discutir sobre temas deportivos es punto central. Como norma los hombres deben disfrutar de la práctica deportiva. Un niño al que no le guste el deporte o no sea atlético muchas veces es acosado o cuestionado, incluso por seres allegados o su propia familia.

El deporte es parte esencial de la identidad masculina construida. Allí se ponen a prueba los límites, las capacidades físicas y mentales; se repiten hasta el cansancio frases que como “dejar la piel en el terreno” o “por encima del honor y la gloria no existe nada”. Todo esto tiene mucho que ver con la masculinidad hegemónica, pues se busca demostrar la capacidad para ser el número uno, la competitividad extrema, aquello de que el fin justifica los medios.

  • Desde tu perspectiva, ¿persisten estereotipos sexistas en los diversos espacios del deporte en nuestro país? ¿Cómo trabajar para erradicarlos?

Persisten muchísimos estereotipos asociados, por ejemplo, a los deportes de fuerza y a los de gracia o virtud. Se supone, desde el deporte escolar, a nivel familiar o de comunidad, que los hombres se vinculen más a los de fuerza y velocidad, donde se exige al cuerpo el máximo, mientras que a las mujeres corresponden aquellos como gimnasia u otros más coreográficos.

Hay estereotipos asociados a las aficiones. Se asume que las mujeres no saben de deportes, que las gradas de un estadio son lugares ideales para hombres porque son violentas. Incluso se dice que ahí ellos liberan toda su furia, todo lo que tienen de animal y luego salen más limpios a la sociedad. En sentido general, los estadios dejaron de ser un espacio ideal para la familia, como en los 70 o en los 80. Hoy se ve mucha menos presencia de la familia completa porque son a veces espacios hostiles y agresivos. Aunque no es en todo el país, en algunas zonas se ve más y en otras, menos.

En paralelo, entre los espectadores de las transmisiones deportivas se repite una y otra vez que las modalidades practicadas por hombres son más atractivas. Esto tiene una causa histórica. Desde que en la década del 60 del sigo XX comenzó el matrimonio de intereses entre las grandes empresas de comunicación y los organizadores de eventos multideportivos, las audiencias ganaron centralidad y comenzaron a privilegiarse aquellos deportes practicados por hombres.

Eso ha cambiado, ahora existen muchas políticas de “50 – 50” tanto para la práctica deportiva y los presupuestos, como para los salarios de los deportistas y el tratamiento equitativo desde los medios. Pero aún queda mucho por hacer. Aún se cree que las competencias practicadas por hombres son más vistosas y, por tanto, hay que transmitirlas más.

Otros estereotipos, relacionados con las masculinidades, provocan que se juzgue a atletas calmados o flemáticos. Se dice que no tienen bomba o sangre en las venas, aunque sus resultados deportivos sean buenos. Incluso, narradores y periodistas no tienen criterios positivos en torno ellos, pero ensalzan a los que muestran actitudes desafiantes, más de show mediático. Vemos el matiz patriarcal del espectáculo deportivo, se vive en masculino desde que nació.

Erradicar estereotipos sexistas asociados al deporte no será sencillo, porque involucra a muchas instituciones y profesiones. En primer lugar, hay que trabajar desde edades tempranas. En un país como Cuba, que tiene como eslogan “el deporte derecho del pueblo” y una realidad que sustenta esa idea, vale la pena capacitar en género a entrenadores y entrenadoras para que no reproduzcan ni incentiven prejuicios y enseñen a sus atletas a no hacerlo. Debemos trabajar también con las familias, con los profesores en las escuelas y con otros actores de la sociedad.

En el caso de los medios de comunicación, se ha logrado bastante. Un grupo de periodistas deportivos, hombres y mujeres, cursaron diferentes modalidades de superación en temas de género, no solo en La Habana. Otros se vincularon con campañas como Eres Más, Evoluciona o Únete. Además, la presencia de más mujeres en estos espacios no es casualidad ni moda. Tiene que ver con la formación en las academias, con la existencia de referentes, con que las personas que las rodean, incluso sus compañeros hombres, son apoyo y soporte.

Obviamente, eso tiene un reflejo en la práctica. Se conformó una generación de profesionales que reproducen menos prejuicios, aunque falta mucho por hacer. Urge trascender el enfoque de género y realizar un periodismo feminista que analice más allá de los resultados.

  • En tu opinión, ¿cuáles son los principales desafíos en la agenda las masculinidades en Cuba hoy?

Entre los principales desafíos está formar jóvenes que, en las diferentes academias, den continuidad a la investigación sobre masculinidades y actualicen lo que aportaron generaciones anteriores. Urge, además, profundizar cada vez más en el trabajo comunitario, porque allí se concreta el cambio, en las familias, entre las amistades, en las escuelas. En ese camino, el ámbito escolar tiene que asumir un mayor protagonismo en una educación no sexista, inclusiva, con el acompañamiento de otras instituciones.

Otro reto es lograr que todas estas reflexiones, que cuestionan el orden establecido en cuanto a relaciones de género, lleguen a los medios de comunicación a través de trabajos sólidos. Para que la población no familiarizada con estos temas entienda y confíe en que se les habla con bases científicas, desde el respeto.

También hay que focalizar la agenda en aquellos temas donde aún falta profundizar, como pueden ser las paternidades, la raza, la dimensión territorial. Necesitamos ampliar la formación sobre sexualidad, homofobia, diversidades sexuales y reflexionar sobre lo que supone vivir en sociedades envejecidas.

La agenda de masculinidades tiene que centrarse en el trabajo con niños, adolescentes y jóvenes, por el gran potencial de cambio que tienen de cara al futuro. Hay que convocar a los hombres desde temas que a ellos los movilicen. No podemos decir que ser hombre está mal, tenemos que demostrar que determinadas actitudes, conductas y creencias hacen daño, matan, generan violencia, son aliadas de la reproducción de una sociedad con inequidades. Hay maneras de cambiar que tienen swing, que nos convierten en mejores personas, más plenas y felices.

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