Profesionales de la psicología echaron a andar en tiempos de cuarentena innovadoras experiencias de acompañamiento psicológico no presencial. Foto: Ingimage.

Ania Terrero - Letras de Género / Cubadebate.- Cuando en marzo de 2020 la COVID-19 llegó a Cuba, Sofía no tenía idea de todo lo que cambiaría su vida en los próximos meses. Aunque la relación con su esposo no era perfecta y ya había sufrido los primeros efectos físicos de una violencia de género en ascenso, intentaba sacarla adelante por el bien de una hija en común de tres años. Sin embargo, aislamiento mediante, las cuerdas se tensaron hasta que los maltratos y golpes se hicieron habituales en casa.


Con apenas 25 años, en plena pandemia y sin un trabajo estable, Sofía decidió poner punto final a aquel ciclo de violencias. Se separó de su esposo y emprendió el desafío de vivir sola con su pequeña. Pero los problemas no se detuvieron. Al mudarse, la expareja comenzó a llamarla insistentemente, visitarla sin aviso previo, presionarla y acosarla. Primero, buscando una reconciliación y luego, usando como justificación a la niña.

Entre tanta asfixia y agobios, una vecina preocupada, que había visto en televisión anuncios sobre las Líneas de Orientación Psicológica que tiene la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, le recomendó buscar apoyo allí. Sofía aceptó el consejo y escribió a uno de los Psicogrupos de WhatsApp activos durante el confinamiento. A partir de entonces, aunque sus conflictos no se resolvieron por arte de magia, ya no estuvo sola.

Como Sofía, muchas otras cubanas víctimas de violencia de género sufrieron un empeoramiento de sus condiciones cuando el coronavirus de marras obligó a quedarse en casa. Por suerte, varias de ellas pudieron acceder a innovadoras experiencias de acompañamiento psicológico no presencial que los profesionales de este campo echaron a andar en tiempos de cuarentena. Especialistas del servicio de consejería del Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR) y del proyecto Psicogrupo WhatsApp, de la Sección de Orientación Psicológica de la Sociedad Cubana de Psicología, pusieron su tiempo y empeño en función de brindar apoyo a muchas de estas mujeres.

En este tipo de espacios se suele brindar información sobre las violencias, la importancia de percibirla y de conocer los factores que influyen en la capacidad personal y familiar para afrontar las conductas violentas; herramientas que facilitan el desarrollo de nuevos estilos de afrontamiento, habilidades sociales y búsqueda de soluciones y orientación psicológica y jurídica sobre sus posibilidades y derechos, para que definan los pasos a seguir en su situación específica.

Para la MSc. Claudia Cancio-Bello, una de las psicólogas que atendió este tipo de casos dentro de los Psicogrupos de WhatsApp, el acompañamiento profesional ayuda también a desnaturalizar la mucha normalización que hay alrededor de estos conflictos.

“A veces, las víctimas piensan que se lo merecen, que es normal o que lo sucedido no es violencia. Ayudarlas a desnaturalizarlo implica reconocerlo y, por tanto, poder transformarlo, romper con lo que Leonor Walker describió en la literatura como ciclo de violencia de género”, comentó.

En tiempos de COVID-19, cuando las condiciones de confinamiento diseñaron un escenario ideal para el recrudecimiento de la violencia intrafamiliar y de género, estas prácticas de apoyo psicológico desde la distancia adquirieron aún más valor. Aunque, como advierte Cancio-Bello, aún no todas las mujeres violentadas demandan ayuda cuando la necesitan.

La Dra. Ivon Ernand Thames, psicóloga coordinadora de la Consejería para mujeres en situaciones de violencia de OAR, explicó a Cubadebate que los casos atendidos durante este período presentaron características similares a las habituales, pero algunos elementos se agravaron.

“La obligatoriedad de estar cotidianamente con el ofensor permitió que aumentaran las modalidades de violencia. Además, había menos posibilidades de buscar ayuda por el tema del aislamiento, menos servicios abiertos. La ciberviolencia, a través de los medios digitales, también se volvió más sistemática”, señaló.

No resulta raro entonces que, dentro de OAR, ajustaran la modalidad presencial de la consejería. Era necesario seguir atendiendo a las mujeres ya identificadas y recibir a las nuevas que necesitaran acompañamiento. “Se clasificaron en tres grupos: uno, para las que se encontraban en una situación crítica; otro, para las que continuaban necesitando acompañamiento no urgente y uno más, para las que se hallaban en procesos de solución de sus situaciones”, amplió Ernand Thames.

En total, se presentaron 27 casos nuevos desde el 25 de marzo hasta el 31 de octubre. Además, se mantuvieron en seguimiento 36 mujeres atendidas previamente. Solo tres especialistas atendieron la creciente demanda, sacrificando muchas veces horas de sueño, descanso y distracción personal. “Los límites de tiempos se borraron. Había que dar posibilidad para que estas mujeres accedieran a una a cualquier hora, cualquier día”, reconoció la psicóloga de OAR.

Para organizar las sesiones se planificó la comunicación por vía telefónica y a través de una dirección electrónica, pero “poco a poco hubo que ir ampliando esas vías hacia los teléfonos de las tres especialistas que atendimos la consejería, por WhatsApp, por los móviles…”.

Sin embargo, consiguieron mantener el trabajo integrado entre las tres expertas, vital en estos casos. Discutían cada caso por teléfono, tomaban decisiones de forma conjunta y, además, establecieron comunicación con otros sectores cuando resultaba necesario, como la PNR, la Fiscalía y algunos centros comunitarios.

En paralelo, alrededor de 60 especialistas de la psicología de la Sección de Orientación Psicológica de la Sociedad Cubana de Psicología, y de varias instituciones educacionales, profesionales y científicas del país (Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas del CITMA, Centro de Atención Psicológica a la población, Biblioteca Nacional, y otros), se agruparon para brindar servicios de apoyo a la población en las circunstancias de la pandemia.

Desde el 26 de marzo, apenas 15 días después de reportados los primeros casos en la Isla, diseñaron un servicio de Psicogrupos de WhatsApp para apoyar a aquellas personas que necesitaran orientación. Los interesados pudieron recibir consejo psicológico profesional, hacer preguntas sobre cómo manejar diferentes situaciones de la vida cotidiana, compartir vivencias o preocupaciones y tener recomendaciones profesionales útiles.

Dentro de este proyecto más grande, cuando las personas escribían con petición de ayuda individual y sus problemáticas tenían que ver con violencia de género, eran remitidas a profesionales familiarizadas con esos temas, entre ellas las licenciadas Daylín Piedra, Laura Sánchez y Lilian Esther Burgos; y las másteres Roxana Toledo y Claudia Cancio-Bello.

Consejería no presencial, entre desafíos y oportunidades

Tanto las expertas de OAR como las psicólogas que se vincularon a los Psicogrupos de WhatsApp lidiaron con los desafíos que implica un acompañamiento no presencial, experiencia poco explorada en Cuba hasta que la pandemia no dejó otra opción. Para Ivon Ernand Thames, la principal dificultad fue la ausencia de un contacto directo con las mujeres, tan importante para la comunicación y el manejo de emociones, y todo lo que deriva de ello.

En estos casos, comentó, “solo se cuenta con el canal oral-auditivo, falta el lenguaje extraverbal que es tan rico para expresar los mensajes, hay una ausencia de contacto visual, que uno puede utilizar para facilitar la información y dar apoyo, y se limita la apreciación de algunas manifestaciones de comunicación no verbal que puedan tener las mujeres”.

Pero aquellos frenos se convirtieron en detonantes de nuevos modos de hacer para que el mensaje llegara de la mejor forma posible. Según relató la psicóloga de la OAR, tuvieron que adaptarse y “cuidar mucho el uso de las palabras, ya que no las podemos modular con gestos, usar el nombre de la persona durante la conversación, tratarla de usted como una forma respetuosa de relación, mantener un volumen suave de voz, pero un poco más alto que lo normal, usar un leguaje claro y tener en cuenta la entonación”.

Además, fue necesario “transmitir en todo momento que uno está escuchando activamente, que la atención es voluntaria, intencionada y no interrumpir si no es imprescindible. También hubo que buscar la manera de transmitir seguridad y serenidad. Los mensajes eran breves, concretos y centrados en cada situación y la velocidad de las palabras también era importante”.

Claudia Cancio-Bello coincide. Al fin y al cabo, también en los Psicogrupos la atención psicológica se realizó mediante redes sociales o teléfono fijo. “La observación cara a cara, como recurso psicológico esencial, no se pudo utilizar. Se tuvo que potenciar la escucha activa y determinados recursos como: infografías, técnicas de relajación y para prevenir ansiedad fueron enviados a partir de vídeos, links”.

Ivon y Claudia están de acuerdo: la pandemia obligó a utilizar nuevas dinámicas para el acompañamiento psicológico no presencial que deberían extenderse más allá de esta etapa y por todo el país.

“Como todo momento de crisis, la pandemia nos hizo aprender muchas cosas. En primer lugar, este tipo de atención debe quedarse porque es una opción más que tienen las mujeres, las que no están cerca, las que no pueden llegar a nuestro centro… Ahora, aunque ya tenemos abierta la consejería presencial, mantenemos esa opción, para que sea una vía más de entrada”, comentó la experta de OAR.

Además, dijo, “tuvimos que desarrollar mucho la creatividad y hacerlo en condiciones de trabajo y de espacio a veces complicados. Tuvimos que aprender a lidiar con las preocupaciones familiares y de las personas que nos estaban demandando atención”.

Desde los Psicogrupos, Claudia añade la necesidad de continuar trabajando sobre este tema, “discutir ideas teórico-metodológicas, apoyarnos entre las personas que realizan las mismas acciones y que trabajan con el mismo tipo de muestra. Yo creo que un modelo de atención psicológica a víctimas de violencia de género que tenga un enfoque multidisciplinar, es necesario e imprescindible”.

Precisamente ahí radica otro valor de estas innovadoras experiencias de consejería psicológica desde la distancia. Cuando el país acaba de abrir los servicios nacionales de la Línea 103 para atender también a víctimas de violencia de género, tanto las dificultades enfrentadas por estos proyectos como las acciones que llevaron a cabo para sortearlas, resultan fuente de aprendizajes obligada.

Solo así, mientras la violencia aceche, mujeres como Sofía no estarán solas: habrá ayuda, compañía y consejos del otro lado de la línea.

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