Un elemento común a todas las construcciones familiares de la sociedad cubana hoy es la presencia, en alguna medida, de los adultos mayores.

Red Semlac.- Un enfoque de corresponsabilidad familiar e institucional ante el envejecimiento, en el acercamiento a temáticas como la igualdad sustantiva, la equidad, el maltrato y otros conflictos cotidianos que viven las personas mayores es, a juicio de activistas y expertos, una urgencia en la sociedad cubana y una brecha que ha remarcado la pandemia de covid-19.
Para la realizadora cubana Lizette Vila, fundadora del proyecto Palomas, Casa productora de audiovisuales para el activismo social, la crisis sanitaria generada por la pandemia del coronavirus es cada vez más agresiva.


“Muchas personas mayores que ya venían perdiendo espacios dentro de sus hogares y cada vez eran más apartadas, como consecuencia de esta crisis han perdido también sus rituales y su modo de vida. Están obligadas a un distanciamiento, ya no pueden salir al parque a reunirse, ni caminar por la calle. Todo eso se une a un entorno familiar complejizado, porque con tantas personas conviviendo juntas los conflictos intergeneracionales se agudizan”, apuntó a SEMlac la documentalista.
A ello se suma el hecho de que las personas mayores son más vulnerables económicamente y están expuestas, por ejemplo, a desigualdades en el acceso a los alimentos, dijo Vila.
“En Palomas consideramos que el tema del envejecimiento en Cuba necesita de una fuerza mayor, de mostrar en nuestros medios una estrategia comunicacional de respeto y colocar la vejez no desde la invalidez que pudieran tener las personas mayores, sino desde el aporte de cada individuo, aunque esté incluso en una silla de ruedas”, opinó.
Señaló que ese segmento de población está experimentando un aumento rápido y progresivo a nivel mundial, que también se asocia a un incremento progresivo del abuso y maltrato en la vejez, incluso en formas invisibles, con fuertes implicaciones en la calidad de vida de las personas mayores.
“Los maltratos y las diferentes formas de violencia en estas edades se han revelado como un serio problema. Se habla mucho del acoso en la adolescencia, hacia las personas homosexuales y trans, pero el acoso verbal y psicológico hacia las personas mayores en diferentes espacios de la sociedad cubana se invisibiliza”, explicó la fundadora del proyecto Palomas.
Vila opinó que se necesita una definición suficientemente amplia y visible para poder identificar los diferentes comportamientos que puedan constituir abuso y los escenarios en que pueden ocurrir.
“No es un fenómeno nuevo y en muchos casos continúa oculto, con bajas tasas de detección que pueden estar relacionadas con la ausencia de protocolos de protección y falta de conciencia de quienes tienen responsabilidad; primero dentro de las familias, pero también de esas mismas personas de denunciarlo”, dijo la realizadora.

Arte y salud por un envejecimiento activo
Desde su fundación, Palomas ha querido mostrar las diversas o plurales realidades en las que mujeres y hombres se desenvuelven, desde un enfoque de interseccionalidad. Con esa premisa nace un proyecto de tres cortos audiovisuales, aún en producción, que tiene como título “Del maltrato al buen trato” y promueve la importancia de una vejez digna.
En opinión de Vila, la creación audiovisual es una oportunidad para expresarse como parte de las demandas de las agendas sociales cubanas, internacionales y también propiciar una conciencia ciudadana en el tema del abuso y el maltrato a las mujeres y hombres adultos mayores.
Un primer material explora el empoderamiento de las personas mayores, mientras un segundo corto aborda el maltrato en los servicios y la necesidad de que estos se ofrezcan con respeto, adelantó.
El tercero habla de la vulnerabilidad. “Palomas siempre dice que nadie es vulnerable, las personas son vulneradas”, señaló la realizadora y subrayó que se trata de historias de personas que, desde su libertad, respeto, autonomía y capacidades, tienen todavía aportes que entregar a la sociedad cubana.
“Del maltrato al buen trato”, expuso, es una iniciativa conjunta con el Programa Integral de Envejecimiento Saludable en Plaza de la Revolución (PIES-Plaza), el municipio más envejecido de Cuba, que tiene hoy índices de envejecimiento que se pronostican para Cuba en 2030, con más de 28 por ciento de su población con 60 años y más, de acuerdo con cifras oficiales.
Según el doctor Jesús Menéndez, especialista del Centro de Investigaciones sobre Longevidad, Envejecimiento y Salud (Cited) y coordinador de PIES-Plaza, este proyecto surge en 2016 con el objetivo de contribuir al desarrollo de un envejecimiento saludable, digno y activo, mediante procesos e iniciativas socio-sanitarias para potenciar el bienestar de las personas mayores de ese territorio capitalino.
Financiado por la Unión Europea y coordinado por la Sociedad Cubana de Gerontología y Geriatría, y el Gobierno del municipio, PIES-Plaza concibe un grupo de estrategias dirigidas a lograr el empoderamiento de las personas mayores y un afrontamiento exitoso del envejecimiento en el país, dijo el especialista.
“Hemos logrado sinergias con los servidores públicos del territorio y se ha logrado colocar al municipio como el primero del país en formar parte de la Red Mundial de Ciudades Amigables con las Personas Mayores de la Organización Mundial de la Salud (OMS), como muestra de una voluntad política de mejorar el ambiente en aras de un envejecimiento saludable”, apuntó Menéndez.
Desde antes del comienzo de la pandemia, el proyecto ha dado visibilidad al envejecimiento del país y propicia el empoderamiento de sus protagonistas, las personas mayores.
La iniciativa tiene puntos de contactos con otros proyectos de la ciudad, como el Corredor Cultural de Línea, que coordina el Gobierno de la Ciudad, VIAS de la Oficina Nacional de Diseño Industrial y KNOW-Havana de la Universidad de Ciencias Tecnológicas (CUJAE), los cuales abogan por una ciudad amigable. “El marco legal vigente en el país potencia la presentación de Proyectos de Desarrollo Local donde las personas mayores son sus gestores y protagonistas”, dijo.
Según explicó, desde el comienzo de la pandemia, PIES-PLAZA se ha tenido que reinventar, por la imposibilidad de realizar actividades presenciales con personas mayores o servidores públicos, donde recaían gran parte de sus acciones. “Transformamos gran parte de esas acciones en otras de carácter educativo a distancia, así como de promoción gráfica y audiovisual sobre el envejecimiento saludable, los buenos tratos y la amigabilidad del ambiente”, resaltó.

Derecho a la resiliencia y a la esperanza
Para Vila, “la creación en el proyecto social cubano va por el rumbo de un desarrollo humano integral, el cual reformula proyectos, esperanzas y aportes que señalan que el bienestar es un estado de salud. Los cubanos tenemos que hacer ese capital social resiliente, una meta por la cual trabaja Palomas”, dijo.
De esa inspiración nace Fábrica de felicidad, la más reciente obra de la casa productora, compuesta por tres cortos con tres mensajes: la producción de respeto, la producción de esperanza y la producción de dignidad de las abuelas y los abuelos, que voltean la mirada hacia las personas mayores y su resiliencia.
“Con la participación de los actores Obelia Blanco y Enrique Molina, la narración guía esta propuesta en contrapunteo con fragmentos de documentales nuestros que habían abordado esta temática desde 2009”, refiere Vila.
El doctor Jesús Menéndez señaló que “la pandemia ha puesto a prueba la capacidad de resistencia del país y, por supuesto, de las personas mayores”, precisó.
“Cuando lleguemos a la nueva normalidad, se debe promover que todas las personas, pero principalmente las mayores, incorporen o reincorporen estilos de vida saludables. Los sectores y servicios comunitarios dedicados a la atención de este grupo etario y sus familias jugarán un papel importante en la recuperación de la satisfacción personal de nuestros mayores que, aunque no hayan enfermado de covid-19, podrán tener las secuelas psicológicas y físicas del tiempo de aislamiento social”, dijo.
Leonardo Pérez Gallardo, presidente de la Sociedad Cubana de Derecho de Familia, apuntó que estamos viviendo la peor pandemia de los últimos 100 años. “La covid-19 nos ha dejado muchas lecciones. Entre ellas está la necesidad de fortalecer los lazos familiares, de seguir apostando por el valor que tiene la familia”, un objetivo del nuevo Código de las Familias que será valorado por el legislativo cubano en 2021 y luego votado en referendo.
“La solidaridad de la familia ha sido hoy un aliciente ante las tragedias que hemos vivido todos por la pérdida de seres afectivos, importantes en nuestras vidas. También ha dejado en evidencia la fragilidad que tiene el adulto mayor”, sostuvo Pérez Gallardo.
A juicio del experto, “las lecturas de los demógrafos sobre el envejecimiento deben ser comprendidas y entendidas por los juristas inexorablemente: primero, por la necesidad de darles protagonismo a las personas adultas mayores en el entorno familiar y, segundo, por la importancia que tienen --y cada día tendrán más-- las personas adultas mayores dentro de los grupos familiares”.
“Hoy se habla del principio de diversidad familiar, que está consagrado en el artículo 81 de la Constitución. El nuevo Código de las Familias responderá a ese principio, pero si hay un mínimo común múltiplo en todas estas construcciones familiares, son los adultos mayores. Cualquiera que sea la modalidad de familia que construya la persona, ya estará en la tercera edad o traerá consigo algún familiar de ese grupo que requiera protección o abrigo”, señaló el jurista.
Pérez Gallardo explicó que el Derecho debe ofrecer una visión muy diversa también de las personas adultas mayores, para verlas no solo como objeto de protección y amparo de otros miembros de la familia, sino como sujeto de derechos en la familia y la sociedad.
Para el jurista, los cambios que el nuevo código supone en materia de comunicación familiar, derechos y deberes jurídicos de la persona cuidada y del cuidador, derechos de los abuelos, derechos patrimoniales del adulto mayor, entre otros, son esenciales en un envejecimiento digno y libre de violencias.
“En cualquier modelo familiar que construyamos en la Cuba de hoy, hay personas adultas mayores. Debemos hacer es darles el protagonismo que merecen, visibilizar sus derechos en su faceta tuitiva o protectora, ante la vulnerabilidad que puede suponer la adultez mayor; pero también el protagonismo que tienen en aras de la inclusión social, comunitaria, familiar. Potenciar su autonomía y el respeto de sus decisiones”, concluyó.

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