Maby Martínez Rodríguez - Granma.- Amanda Pérez es una joven de 24 años, graduada de Ingeniería Automática, quien, a pesar de mantener una relación estable y duradera con su pareja, no incluye en sus planes inmediatos la maternidad. Tal vez la situación de Amanda corresponde a un caso muy particular, aunque bien podría pensarse que cada día son más las mujeres que se suman a estas tendencias, relacionadas con la maternidad, el número de hijos o el momento adecuado para tenerlos.


El hecho es que, desde 1978, la fecundidad en Cuba no cubre la tasa de reemplazo de la población.

Al cierre de 2020, además, la población del país decreció en números absolutos. Quiere decir que, independientemente del efecto de la migración, nacieron menos personas de las que murieron. El año pasado se registraron 105 038 nacimientos y 112 439 defunciones, según informan los indicadores demográficos por provincias y municipios de 2020, publicados por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).

El país concluyó el año con un total de 11 181 595 habitantes, 11 875 menos que en 2019, decrecimiento que se ha ido acentuando, en mayor o menor medida, conforme pasan los años, y que está marcado por los muy bajos niveles de fecundidad, junto a la alta esperanza de vida y el saldo migratorio negativo, que tiene en cuenta solo a aquellos inmigrantes y emigrantes que entran o salen del país con carácter definitivo.

FECUNDIDAD, VARIABLE DETERMINANTE DE LA SITUACIÓN DEMOGRÁFICA EN CUBA

Ante este complejo panorama demográfico, muchos estudios confirman que la fecundidad es una de las variables fundamentales de este decrecimiento de la estructura por edades de la población.

En este sentido, la doctora en Ciencias Dixie Edith Trinquete, del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana (Cedem), señaló que el tamaño actual de la familia en nuestro país tiende a ser pequeño, en torno a dos hijos o menos. Sin embargo, este comportamiento es histórico. Estudios demográficos refieren que ya a inicios del siglo XX la fecundidad cubana era baja en comparación con otros países de la región. Desde entonces, el acelerado descenso de este indicador ha situado a Cuba como una de las naciones con más bajas tasas de fecundidad de América Latina y el Caribe.

Desde la demografía se habla de la presencia de dos y hasta de tres transiciones demográficas a nivel global. Se trata del paso de elevados niveles de mortalidad y fecundidad hacia bajos niveles en ambas variables. Ese proceso es acompañado de la transformación de una sociedad predominantemente agraria y rural en una sociedad predominantemente urbana y volcada en la producción de bienes y servicios. Según el consenso de los expertos, la Mayor de las Antillas se encuentra en una etapa avanzada de la segunda transición, lo que significa que presenta indicadores de fecundidad y de mortalidad similares a los de países desarrollados de Europa, comentó la experta.

No obstante –apuntó– tal comparación no quiere decir que Cuba tenga los mismos indicadores o características de esos países, sino que los comportamientos de su fecundidad, estadísticamente hablando, se parecen. Las condiciones socioeconómicas de ambas regiones son diferentes, lo que conlleva explicaciones totalmente distintas para este fenómeno. 

Algunos especialistas consideran que las causas de tal descenso se ubican en una compleja trama, donde impactan las situaciones económicas, de vivienda, pero también el patrón sociocultural, dado, fundamentalmente, por las características sociales y económicas del país en cada momento, transmitido y aprendido generación tras generación, y que resulta difícil de revertir por su naturaleza multicausal y tiempo posible de cambio.

Los motivos que llevaron a Amanda a retrasar su maternidad poco tienen que ver con problemas económicos, pues tiene dos trabajos, y es monetariamente estable; sin embargo, aún no puede independizarse del hogar de sus padres, ni ha alcanzado todas sus metas profesionales, requisitos que considera indispensable a la hora de plantearse ser mamá.

Por otro lado, su novio no quiere ser papá, no lo ve como algo necesario en su vida, y aunque esta decisión pueda cambiar con el tiempo, pesa mucho para Amanda cuando piensa en salir embarazada.

¿SON RESPONSABLES LAS MUJERES DE ESTAS TASAS?

La doctora Trinquete Díaz explicó que tener hijos es una cuestión de familia, y al hacer responsables solo a las mujeres de la baja fecundidad, estamos subestimando el importante papel de los padres en la familia.

Podría llegarse a pensar que en Cuba las mujeres posponen la maternidad o no repiten la experiencia una vez concebido el primer hijo; no obstante, no todo es blanco y negro. Está demostrado que a menudo el primer hijo se tiene, pero la llegada del segundo a veces se dilata y se pierde en el tiempo, lo que influye en los más de 40 años con una tasa de fecundidad por debajo del nivel del reemplazo.

Ante estos indicadores, que imponen desafíos a la dinámica demográfica del país, no faltan quienes cuestionan a la mujer por su papel en la baja fecundidad, agregó Dixie Edith Trinquete. Hay que entender que ser mujer en la sociedad cubana es mucho más que ser madre. Ellas tienen derecho a decidir sobre sus cuerpos y sus proyectos de vidas.

Las decisiones con respecto a la maternidad también se complejizan con la migración externa e interna, las altas tasas de divorcios y los problemas socioeconómicos individuales.

Por otra parte, existen mujeres que deciden ser madres solteras, mientras otras no lo consideran una opción, como es el caso de Marieta Rodríguez, cubana de 45 años que quedó embarazada por segunda vez a los 35 y, si bien le hizo ilusión un segundo hijo, su economía y el trabajo no lo permitieron. Su mamá, quien la ayudó durante la crianza de su primogénita, ya no está para acompañarla, y en ese entonces estaba recién separada de su pareja. «No podía hacerme cargo de todo, no estaba dispuesta a hacerlo sola» agregó.

En este sentido, la baja fecundidad es también un efecto combinado de una sociedad con altos niveles de salud sexual y reproductiva y acceso a la anticoncepción, que reconoce la igualdad de derechos y oportunidad para las personas, lo cual representa un logro que aún está pendiente en muchos países de nuestra región, puntualizó la interlocutora.

Este panorama demográfico que vive la Isla está muy lejos de ser sencillo y homogéneo. Los niveles bajos de fecundidad contribuyen directamente al envejecimiento poblacional y al decrecimiento paulatino del tamaño de los grupos poblacionales más jóvenes, cada día más evidente en el aumento creciente de la población mayor de 60 años.

Por ejemplo, al cierre del año 2020, Cuba registró un incremento de las personas mayores de 60 años, al reportarse que el 21,3 % de la población ya tiene estas edades, de acuerdo con el Anuario Estadístico de Salud de 2020, del Ministerio de Salud Pública (Minsap).

PROGRAMAS DE ATENCIÓN A LA POLÍTICA DEMOGRÁFICA

Ningún país ha logrado revertir sus tasas de fecundidad, ni siquiera aquellos con un desarrollo económico que les permite programas de estímulo a la natalidad, o aquellos que reciben muchos inmigrantes e incrementan su población por esa vía, significó la doctora Trinquete Díaz.

Sin embargo, a pesar de esta realidad, Cuba defiende que toda mujer o familia que desee tener hijos, cuente con el respaldo económico, político y social para ello.

Es por esto que la dirección del país continúa evaluando y analizando los temas relacionados con la dinámica demográfica como aspecto a priorizar para el desarrollo económico y social de la nación, así como el cumplimiento del programa de atención a este vital asunto.

Por otro lado, dedicar una mayor atención y protección a las mujeres embarazadas, a las madres y padres trabajadores, así como a las familias encargadas del cuidado de los menores, y que cada quien desempeñe el rol que le corresponde y lo haga bien, es la máxima fundamental para llevar a cada familia las mejores esencias del Programa Materno Infantil.


INDICACIONES DEL PRESIDENTE:

  • Priorizar la entrega de subsidios a las madres con tres o más hijos menores de 12 años, para la construcción o rehabilitación de viviendas.
  • Mejorar la organización, planificación, implementación y control de esta política desde los territorios.
  • Chequear rigurosamente este programa en los análisis de la vivienda en nuestro país.
  • Lograr una mayor atención y eficiencia desde el Minsap a las parejas infértiles, sobre todo, en las consultas especializadas, que traerá un impacto considerable para la familia cubana.
  • Reforzar la atención a las parejas infértiles en todos los niveles, desde los municipios hasta las provincias, de manera que las parejas que se enfrentan a esta realidad puedan disponer de todos los recursos con los que cuenta la nación.
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