Lissy Villar Muñoz - Revista Mujeres.- “Aspiramos a curar de nuestras enfermedades infantiles pero sin envejecer/aspiramos a la salud juvenil perenne/ no a la normal senilidad/ y aspiramos/ por sobre todas las cosas (por ahora pero también desde ahora) / al poder político en nuestra nación/ al poder político/ al poder/ al poder”.

Roque Dalton

Las estadísticas en Cuba confirman que el 49% del sector estatal civil está representado por mujeres, el 34% realiza trabajo por cuenta propia y 12,9 % pertenece a cooperativas no agropecuarias. Las cubanas constituyen el 53,22% del parlamento y 47,6% en el Consejo de Estado. Más del 70% son juezas profesionales y fiscales; también cubren 46% en la categoría ocupacional de dirigentas.


Estos datos nos acercan a un contexto en el que, si bien se han posicionado las mujeres como fuerza activa en el panorama político, social, económico y científico del país, se apuntan importantes desafíos. A simple vista vemos que en la mayoría de los altos cargos las mujeres no son protagonistas, o son ocultadas bajo la tutela del sistema patriarcal.

Al analizar el Consejo de Ministros, se observa que además del primer ministro, hay 6 viceprimeros ministros y de ellos solo Inés María Chatman es mujer.

La representatividad y las cuotas no resuelven el problema de la desestructuración del machismo en los estratos de poder, cuando las propias estadísticas indican que muchas tienen sobradas y demostradas capacidades profesionales y de liderazgo. Sin embargo, es una estrategia política que ayudaría a promover la igualdad (quizás la obligatoria y no la deseada, pero puede ser en primera instancia un mecanismo eficaz). De total de ministros (25), sin contar a los antes mencionados viceprimeros ministros, solo ocupan esa responsabilidad siete mujeres.

Ellas son: ministra de Educación, Ena Elsa Velázquez; ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, Elba Rosa Pérez; ministra de Finanzas y Precios, Meisis Bolaño; ministra de Trabajo y Seguridad Social, Marta Elena Feitó; ministra de Comunicación, Mayra Arevich; ministra- Presidenta del Banco Central de Cuba, Marta Sabina Wilson; y ministra de Comercio Interior, Betsy Díaz.   

De los 199 centros de investigaciones científicas en el país, 48 son dirigidos por mujeres, lo que representa un 24%, pese a que ellas son el 67,2% de profesionales y técnicos del país y 78,5% de la fuerza laboral en el sector de la salud. Además, específicamente en el ámbito de la Ciencia y la Tecnología, el 53% por ciento del personal dedicado a la investigación son mujeres.

Si seguimos acotando cifras, es evidente que las cubanas ocupan un espacio significativo en los diversos estamentos del país; sin embargo, en las altas instancias decisoras no somos protagonistas. Las mujeres se encuentran en la base de la producción y reproducción de la vida, pero hay una separación entre esa base y el poder que allí radica, al poder otro que viene de un escaño superior y en el que no decidimos las mujeres en igual proporción a los otros decisores.                                                                                       

La participación política en los barrios la protagonizan las mujeres, en su mayoría, directamente en las organizaciones de masas. ¿Pero qué pasa con la participación y la decisión en las altas instancias políticas? El Partido Comunista de Cuba, en su octavo Congreso, mostró que todavía persiste una estructura patriarcal en su conformación, porque el simple hecho de no contar con ninguna mujer en el secretariado de esa agrupación partidista revela un dato de la realidad cubana y de las decisiones políticas al más alto nivel. La ausencia también nos dice. 

Por otra parte, en Cuba resultaron electos 11 gobernadores y cuatro gobernadoras en las 15 provincias que conforman el territorio nacional. Mientras que vicegobernadoras hay 11 mujeres que ocupan ese cargo, junto a cuatro hombres.

Un documento que reconoce y apunta algunos desafíos en torno a la toma de decisiones es el Programa Nacional para el adelanto de las Mujeres (PAM), catalogado como la agenda política del Estado cubano en ese propósito.

Entre los puntos a desarrollar se encuentran: 

- “Perfeccionar las políticas que posibiliten la promoción de las mujeres, a todos los niveles de toma de decisión a partir de su diversidad; evaluar periódicamente los resultados”;

- “Dar continuidad en el trabajo a los análisis encaminados al cumplimiento de la política de cuadros y en particular lo referido a la promoción de las mujeres a cargos de dirección en los organismos de la Administración Central del Estado y en el Sistema Empresarial”.              

- “Incluir dentro del sistema para la capacitación de cuadros a todos los niveles, en los centros formadores y de capacitación, la preparación en temas relativos a género, para lograr la eliminación de patrones culturales sexistas que tiendan a reforzar conceptos y roles tradicionales que discriminan a las mujeres en su aporte y potencialidades”.

- “Lograr mayor representación femenina en cargos del servicio exterior, que comprende tanto el servicio interno como el externo, con énfasis en las jefas de Misión, en la integración de las delegaciones a Naciones Unidas y otros espacios internacionales; así como dentro de las propuestas de candidaturas nacionales para su elección o nombramiento en los diferentes órganos de Naciones Unidas, sus fondos y agencias especializadas de ese sistema”.

- “Promover la participación de las mujeres en las instituciones armadas, así como garantizarles una preparación que posibilite su ascenso a grados y a niveles superiores de dirección y mando”. 

- “Impulsar la presencia de la mujer en el Sistema del Poder Popular a todos los niveles, especialmente como delegadas de base”.

Estos desafíos y la estructura establecida no se transforman si no cambiamos la visión política sobre el necesario liderazgo de las mujeres, los preceptos patriarcales que aún se atraviesan en su camino, si no se profundiza en las limitaciones que encuentran a su paso. Desmontar los estereotipos, constructos, prejuicios, potenciar espacios inclusivos, gestionar participación política de las mujeres representan algunos puntos a defender en este camino hacia la justicia que comenzamos a transitar en 1959.

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