“Una mujer no debería gatear cuando tiene el impulso para volar”. Hellen Keller

Gabriela Orihuela, Gabriela Milena Padrón Morejón y Beatriz Ramírez López - Revista Mujeres.- El feminismo es una corriente de pensamiento cuya esencia es la equidad entre hombres y mujeres, incluye una manera de vivir, constituye una cultura social. Cuando decimos feminismo nos referimos a toda una historia de reivindicaciones de las mujeres como seres humanos.


Tanto en Cuba como en el resto de nuestra América existe una larga tradición de luchas feministas. Pudiésemos mencionar algunos ejemplos de tradiciones pasadas como el pensamiento de Gertrudis Gómez de Avellaneda, la lucha por el acceso al sufragio, la ley del divorcio, de la patria potestad y otras reivindicaciones, insertadas en un contexto social y político complejo, adquiere otros tonos y matices con la Revolución de 1959.

De acuerdo con el trabajo investigativo Feminismo en Cuba, de las periodistas Elizabeth Álvarez Ramos y Anabel Lario Álvarez: «Con el triunfo revolucionario y la fundación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) se establecieron principios y estrategias a seguir en la producción cinematográfica. Una de ellas fue rescatar la autenticidad de la identidad cultural cubana en el más amplio sentido de la palabra, lo que exigió una revisión de la imagen femenina con el propósito de eliminar los estereotipos desarrollados hasta el momento y ofrecer una visión nueva y renovadora de la mujer».

Al calor de las transformaciones que vivía el país en los años 60 y 70, surgió una sensibilidad movilizada en favor de combatir las desigualdades existentes entre mujeres y hombres.

«Se hablaba en términos de la “igualdad de la mujer”, de compartir con el hombre las tareas del hogar y la responsabilidad de la crianza de los hijos e hijas; del Código de la Familia. También se estimulaba y se creaban condiciones para la plena incorporación de ellas al trabajo. Se promovía la construcción de una sociedad nueva, con una visión conciliadora de los géneros reconocidos: femenino y masculino», mencionó Berta Carricarte en su artículo Des-homogenizando al sujeto homo en el cine cubano.

De manera firme, cine se convirtió en uno de los mejores escenarios para hablar sobre los derechos de las mujeres y la pantalla grande se llenó de Lucías y Teresas.

Lucía (1968) dirigida por Humberto Solás, fue la película  donde, por vez primera, se expone la lucha por transformar el papel que se le fue asignado a las mujeres por la permanencia de criterios y prácticas inherentes a una cultura hegemónica masculina.

 Lucía es una película cubana de 1968, dirigida por Humberto Solás y protagonizada por Raquel Revuelta, Eduardo Moure, Eslinda Núñez, Ramón Brito, Adela Legrá y Adolfo Llauradó en los papeles principales.

Le sigue Retrato de Teresa (1979) del director Pastor Vega. El filme marcó un momento importante en la historia del cine y en la lucha por el igual reconocimiento de los derechos entre hombres y mujeres.

El propio texto Feminismo en Cuba se expuso que «otros ejemplos de películas que tratan temas relacionados con la marginalidad de las mujeres durante los años ochenta y noventa del cine cubano son Habanera, también de Pastor Vega, y Hasta cierto de punto, de Tomás Gutiérrez Alea, ambas de 1984. Sin embargo, es con La Bella de la Alhambra (1989), de Enrique Pineda Barnet, con la que se logra mostrar una visión diferente de las mujeres».

La bella del Alhambra es una película cubana estrenada el 28 de diciembre de 1989, está basada en la novela Canción de Rachel del escritor cubano Miguel Barnet y reconstruye la atmósfera y la vida artística de La Habana en el período de 1920 a 1935.

En lo que se refiere a las mujeres campesinas, el balance no resultó el más favorable, si se tiene en cuenta que los personajes actuados por Ana Viñas (Rufina) y Nancy González (Carolina) en De tal Pedro tal Astilla, de Luis Felipe Bernaza, a tono con la proyección humorística del filme, no podían abordar acreditadamente todos los ángulos de la mujer de tierra dentro o que la Eugenia de Mirta Ibarra en la cinta Otra Mujer (1987) de Daniel Díaz Torres, aunque trazada discretamente en el juego escénico, resultó distante de una estampa significativa.

Sin embargo, no fue hasta la década de los noventa que empezó a generarse en el cine cubano una aguda crítica social y una verdadera introspección femenina. Ejemplo de ello fue Mujer transparente (1990) dirigida colectivamente por Héctor Veitía, Mayra Segura, Mayra Vilasís, Mario Crespo y Ana Rodríguez.

También sobresalió el filme El siglo de las luces (1992), de Humberto Solás. Su protagonista posee gran fuerza y se visualiza como una mujer que, aunque víctima de una relación sentimental en la que el hombre trata de marginarla constantemente, es dueña de sus circunstancias y se mantiene firme como abanderada de su libertad y de sus propias decisiones.

«La grandeza del cine postrevolucionario radica en el reflejo de la realidad social que caracterizó aquellos momentos. Hoy la mayoría de las películas no tratan las problemáticas sociales que viven las mujeres. Cierto es que la representación de la figura femenina en la industria cinematográfica ha cambiado, pero aún quedan secuelas de esa cultura patriarcal que desde inicios de la Revolución se está intentando hacer desaparecer», alegaron Álvarez Ramos y Lario Álvarez.

De igual modo, en la investigación Cine, feminismo y Vanguardia de Laura Mulvey, se explicó que «solo recientemente ha sido posible una conjunción entre feminismo y cine. La conciencia política de las mujeres, bajo el impulso del movimiento feminista, ha reparado ahora críticamente en el cine y, a pesar del breve espacio de tiempo transcurrido, la historia del séptimo arte ya puede ser analizada desde un punto de vista feminista. La confluencia entre feminismo y cine es parte de una más amplia aproximación explosiva entre el feminismo y la cultura patriarcal».

Pero, ¿qué sucede en la actualidad? Debemos acotar que cuando nos referimos al feminismo en el cine y la televisión cubana presente, no nos circunscribimos a que se realicen programas o filmes que aborden la temática.

«Entre 1989 y 2015, solo unas 37 mujeres se han graduado en Dirección de Fotografía en Cuba. Hasta diciembre de 2015, el Departamento de Cámara del ICAIC no había aceptado a ninguna. A 56 años de creado el ICAIC, en esta institución no ha existido ninguna directora de fotografía», con esos datos concluye el documental Eyes Half Shut (2015), de Deymi Perdomo D´Atri, una obra que en alrededor de 25 minutos coloca en el centro del debate de la igualdad de género, el acceso de las mujeres a la industria del cine.

Marilyn Solaya, directora cubana de cine - y una de las ocho mujeres que han logrado dirigir cine en el país -consideró que esa invisibilidad de las mujeres en industria  responde a los mismos rezagos de tener aún una nación machista, hegemónica, patriarcal.

Lo cierto es que el panorama ha ido cambia

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