Ramón Pedregal Casanova.- ¿Se acuerdan de aquel camarero de Donald Trump que es amigo mío desde la infancia?. ¡Pues me ha llamado  de nuevo!. La vez anterior me dejó sin contestar si le había servido el café con el salivazo al del tupé untado con colorante paellero, y si Donald se lo había bebido. En aquel momento no se lo pregunté directamente, pero la interrogación era ya sobreentendida ... cuando le llamó su jefe de cocina, y me quedé sin respuesta.


¿Se lo bebió?

Hace un par de horas, allí en la casa del alieníjena del tupé con colorante paellero han acabado de comer, y como para llamarme tenía que alejarse por si le oían, ha puesto la excusa de ir a comprar al señor un babero de los que usa, uno de esos que se pone a los niños, de plástico con el borde de abajo vuelto hacia arriba para que no se le caiga lo que eche, “ya sabes -me ha recordado- que tiene saliorrea, además de comer con la bocaza llena y se le sale todo”.

En un paseo ha llegado a un chino, con el teléfono en la oreja, ¡pero qué teléfono!, ¡hace unos días se lo guardó, ahora lo cuento!, ha pagado el “Made in China” con un yuan, los chinos quieren gestionar su negocio con su moneda porque el dólar va para abajo, y ha vuelto a la casa sin entretenerse mientras no paraba de hablarme. Y qué nervios: voy a escribir no vaya a olvidárseme lo contado.

Sin darme tiempo a preguntar quien llama oigo por el aparato que cantan el hip-hop dedicado al viejo del tupe untado:

“Jódete Donald Trump ...

¿cómo ha llegado hasta aquí?

Un mitin de Donald Trump suena como Hitler en Berlín ...

Jódete Donald Trump

Jódete Donald Trump

Jódete Donald Trump” *

Y el mismo que canta deja de cantar y lleno de alegría me descarga en el oído:

“¿¡Qué pasa!?, ¿¡sabes quién soy!? ¿Te gusta la canción?.

Dudé un momento ... y tras respirar profúndamente, me convencí de quien era la voz y salí del silencio:

¡Buenas tardes!, no esperaba tu llamada. Pensé que si todos tenemos los teléfonos pinchados el tuyo no iba a ser menos. Después de tantos días empezaba a sospechar que te habían cogido y el presidente guarro te había mandado a la cárcel de Guantánamo, por lo que me dijiste en secreto, y luego el café aquel ¿recuerdas?…¿no ha sido así?.

Y se puso a hablarme a toda velocidad.

No se lo que te dije, pero además no te llamo desde mi teléfono, te llamo desde uno que el patoso del tupe estampó contra el suelo hace un par de días. ¿Sabes que entra al comedor con los pantalones arrugados encima de las botas militares y desfilando con el paso de la oca y diciendo en voz alta KKK?. Antes de ayer cuando se sentó a la mesa para comer se puso a  tararear esa canción que le han dedicado, dice “Jódete Donal Trump”, y yo creo que no sabe que se refiere a él, la canción es muy pegadiza y él es limítrofe. Cómo le gusta la canción, no te lo imaginas, el KKK y el “Jódete” no se lo quita de la boca. Mientras cantaba se sacó el movil de un bolsillo y se puso a jugar a la guerra comandando un ejército de alienígenas con tupe amarillo que atacaban la Tierra y millones de personas corrían en todas direcciones y los alieníjenas tiraban bombas, disparaban y disparaban, cuanto más gordas eran las bombas más sangre salía de la masa de gente y él más se reía, KKK,KKK, y venga sangre, sangre, sangre. El jueguecito tenía una música de fondo, creo que era esa de la película Apocalipsis New, me han dicho en la cocina que es de la ópera La Valquiria, de Wagner, que hubo un patoso como él al que le gustaba mucho. Yo creo que esa le gustaba a Hitler, no se si tiene algo que ver con el que dicen. El caso es que le sonó el movil como cuando llega un wassap, paró la guerra y el KKK y lo abrió, y tío, si llegas a ver cómo le cambió la cara te caes de risa,se quedó con la boca abierta, cambió de color del rosa cerdo al rojo tinto, se le cayeron los pellejos rojo tinto, y las niñas de los ojos le empezaron a dar vueltas en  el blanco, y es que en la pantalla le salió su careto rosado como un cochino, con el tupe con forma de avión y ... con los labios pintados ¡de rosa fucsia!, y al lado un escrito que dice “La Sociedad Americana de Cirujanos plásticos le va a implantar una barbilla ancha y cuadrada y a quitarle la papada, un mentón pronunciado indica personalidad dominante, autoritaria y con confianza en si mismo”. Mira cómo le ponían, con los labios pintados de rosa fucsia y el mentón pequeño. Yo, que estaba a su lado inclinado para ponerle en el plato su comida, el pedazo de huesos enganchados con grasa, como si fuese una canana de cartuchos, de eso se llena la bocaza, lo estaba leyendo y me paralizó, no me lo podía creer, cuando pega un salto y a poco me da un cabezazo, al verse en esa foto y leer aquello dió un respingo y maldijo lleno de furia mientras tiraba la silla, la mesa y los platos, cubiertos, vasos, copas, jarras, ... con el estrépito se hizo añicos todo lo rompible, menos algo imprevisto hasta para él, … levantó los brazos en gesto furioso y se puso a rugir como King Kong y en un rugido bajó el brazo izquierdo y dejó el derecho en alto y gritaba ¡KKK!, quería o parecía querer agarrarse y colgarse de la lámpara del techo y se dió cuenta de que aún lo tenía en la mano ... estrelló el teléfono con todas sus fuerzas contra el suelo, pero ... Mientras, habían corrido a esconderse todos los del servicio, y los militares que estaban presentes echaron rodilla en tierra y la pistola en la mano apuntándole, no se que órdenes les daban por los pinganillos. No pasaron de ahí. La verdad es que me quedé paralizado y no me dió tiempo a huir como un terricola, de haber podido también habría corrido buscando refugio. Luego, gritando amenazas ¿¡quién ha sido que lo mato!? salió corriendo dando saltos de oca a la búsqueda del cacharro inalámbrico, lo alcanzó, saltó sobre el, lo pateó ¿las ocas patean?, no se si meto la pata, con sus botazas militares mientras lanzaba insultos a ritmo de hip hop a las mujeres y a la CIA: ¡puta!¡cabrona! ¡cabrón!, ¡me cago en las mujeres y en la CIA! ¡voy a meterlas en Corea del Norte y las voy a bombardear!, ¡las odio! ¡las odio!, ¿¡cómo han sabido que me cambio de barbilla!?¡¿y la CIA que mierda vigila?! ¡la voy a deshacer! ¡mando a todos a Corea y los bombardeo!.

No aguanta ni una broma. Como ha dicho barbaridades machistas las mujeres de un colectivo le han sacado con los labios pintados de fucsia, la cara embadurnada de colorete rojo y el tupe más embadurnado de amarillo naranja colorante paellero, pero el tupe se lo han puesto de tamaño bestial con la forma de un bombardero. ¡Es que el alienígena tiene un gusto!. Ya te he dicho, se pone unas botas militares brillantes y encima arremangados los pantalones del traje ese que lleva que parece de papel de aluminio. Lo de la corbata se queda para otro día. ¡Cuentame qué le pasa con la corbata!. ¿Que qué le pasa?, que se la mete por dentro del pantalón porque se la pone como una soga y le sobra un metro y cuando va al urinario se le olvida subirse la cremallera y por ahí le sale la corbata, y roja fucsia, debe ser que le gusta, o roja tinto, según el día. Lo de la operación de barbilla nos ha dejado a todos sin respirar riendonos sin reir, cocineros, mandos de boinas verdes, y ahí incluyo la cabra del presidente, que después de la furia también se reía a carcajadas ¡KKK!. Estaba tan enloquecido que el oficial “novio de la muerte”, ese de la cabeza tipo calavera, el que le acompaña a sentarse en la taza del urinario, debe ser para tenerle el papel mientras, ha puesto cara de escuchar algo por el pinganillo y después ha dado un grito de mando ¡la  guardia médica!, ¡ar!, y resulta que han entrado cuatro fortachones con batas blancas que le han cogido cada uno de un brazo, el tercero le ha sujetado por debajo de la barbilla-papada sin operar porque les lanzaba bocados, y el cuarto le ha abrazado las piernas pero bien fuerte; una vez inmovilizado ha salido otro que le ha subido la manga derecha de la camisa y le ha inyectado algo. Forcejeaba mientras los ponía perdidos de babas al querer gritar lo que no se le entendía, parecía decir “¡Jjjdddttt!”, pero le era imposible pronunciar bien con los marines psiquiatras como le tenían. El caso es que el teléfono no se rompió, se lo debían haber blindado como la limusina que le lleva, esa que llaman“la bestia”, aunque ahora dudo si el mote es al coche o a él, a él le queda muy ajustadito.

Tú que lees verás que no interrumpo ni por un momento, iba como un torrente, continuó contándome a toda máquina.

El caso es que, le sentaron a la mesa y le dejaron cinco minutos en silencio. Parecía en estado catatónico, la mirada perdida, la boca abierta y callendo en catarata …,  y yo le veía con los labios pintados de fucsia el colorete en los pómulos, el tupe con forma de bombardero y pintado con colorante paellero, ... y la barbilla cuadrada y sin papada, por mi parte creo que me estaba pasando algo veía visiones, en medio de todo aquello desde hacía un rato me picaba la nariz, había un olor a coliflores, a azufre … empezaba a resultarme axfisiante.

Quedó todo en silencio, “el novio de la muerte de cabeza estilo calavera” con el uniforme planchadito parecía un maniquí, se había quedado en posición de firmes y con la vista dirigida a la pared contraria. Los enfermeros, el médico, estaban allí delante de él como observadores sin interés, y yo por mi parte lleno de inquietud, asustado, a la espera, mirándole conforme hacía esfuerzos por aligerar mi cabeza. Él sólo parpadeaba babeando, y al rato el médico se le acercó y sin pensarlo le azotó la cara, ¡un buen par de hostias!, ¡me quedé … no sabes cómo!, al viejo chocho le había dado un par de hostias pero de las gordas, y el avión se bamboleó, pero con tanta gomina y colorante no se deshizo, y entonces, por fín, nos miró como si se despertase. Le colocaron la mesa, le pusieron platos nuevos y demás y, cuando parecía más tranquilo un grandullón con bata blanca le acercó el teléfono, y ¡cómo reaccionó!, furioso se tiró a agarrarlo con las dos manos mientras volvía a gritar como un poseso “¡jódete Donald Trump! ¡mierda de mujeres! ¡mierda de mujeres! ¡mierda de Sociedad de Cirujanos! ¡mierda de la CIA! ¡ voy a tirarles la bomba madre de todas las bombas! - a él es al que se le tiraron encima los gorilas y le volvieron a coger de los brazos y la barbilla papada- ¡hjs d pt …! ¡hjs d pt!, no se le entendía nada, y más babas. No podía hablar, pero consiguió soltarse un brazo, cogió el movil que habían dejado sobre la mesa y lo lanzó con todas sus fuerzas contra la pared, y el aparato saltó y saltó para un lado y otro. Inmediatamente le cogieron aquel brazo, tenía la cara encendida de rojo tinto y el avión de la cabeza no se cómo se le ponía también al rojo, parecía que le iba a dar un jamacuco gordo, y así lo tuvieron sujeto unos minutos conforme levantaba una pierna y otra como si caminase con el paso de la oca, hasta que aflojó el cuerpo babeando un kkk flojito.

Por fin se le vió un tanto decaido, el médico practicante le tomó la tensión y le preguntó con voz serena: ¿cómo se encuentra, señor presidente?.

Jódete Donald Trump, decía. Bien, bien, jódete Donald Trump, bien bien, ... sin ánimo, me he quedado sin fuerzas. Esa fue su respuesta, lo que me ha hecho pensar que es un viejo ... no se ahora como le llama uno que le respondió a las locuras que tiene. El caso es que parecía no acordarse de nada, las niñas de los ojos le daban vueltas en el blanco, pero al fin las paró, con los pellejos de la cara colgando tenía aspecto de estar en plena decadencia, hundido, girando la cabeza despacio buscó el teléfono con la vista, y al ver que había quedado bastante retirado de su alcance y entero, se debió convencer que no había forma de reventarlo. Entonces dijo con voz un tanto chulesca aunque floja, sin ánimo y colgándole la última baba y la vocal  o “nooo …  looo ... quierooo”. Le da así, de un momento a otro, como ha dicho del dron espía submarino que le han cogido los chinos, primero gritaba que los iba a freir si no lo devolvían, y cuando los chinos le han dicho que no lo quieren y se lo dan, entonces ha salido diciendo que no se lo devuelvan, que no quiere saber nada del dron, que se lo queden.Ya ves tu, tanto llenarse la boca para hacer el ridículo. En el caso   del teléfono yo estaba ahí. De modo que rápidamente agarré un recogedor de basura de la cocina y una escoba, y de un escobazo lo metí y me fui como para tirarlo. Nada más cruzar la puerta de la cocina me lo eché al bolsillo, aunque estaba nervioso porque pensaba que podía sonar una llamada en cualquier momento, pero quién va a querer hablar con semejante alieníjena por un teléfono que no controla un servicio de información. No sabía si creerme o no que el suyo era el único aparato que no estaba pinchado por la CIA, así es que para no correr riesgos se lo he llevado a un amigo experto y me lo ha confirmado, no esta pinchado, y me ha dado una noticia más !es chino! ¡dentro pone Made in China!. Para hablar tranquilamente te llamo desde semejante aparato, pero a toda prisa, ¿quieres que le de un porrado contra el suelo y compruebas que esta blindado?.

¡Ni hablar!, -le oía respirar rápidamente, iba casi a la carrera para que no le echasen en falta- cuéntame que me tienes en ascuas: ¡se bebió el café con el escupitajo!, porque ¿tu le escupiste?.

¿Sabes qué te digo?, no he visto tío más cerdo comiendo que éste.

No me digas más, ¿¡se lo bebió y te dió las gracias!?¿¡entonces se ha inflado otra vez a costillas de cerdo!?. Debo decir que me dió vergüenza preguntar semejante tontería en vez de aprovechar para indagar sobre política internacional, y rápidamente corregí como siguiendole el hilo: ¡¿a qué ha ido a China!?, y me contestó: ¡a comprarse otro teléfono!.

Y siguió:¿que si se ha inflado a costillas?, escucha: en el bolsillo interior de la chaqueta lleva un costillar frito y rechupeteado. Lo saca, le pega un mordisco y lo devuelve al bolsillo. Si miras su chaqueta alguna vez se adivina un manchón de grasa, su servicio de ropa le ha forrado de plástico por dentro las chaquetas, pero además se la disimulan poniendole un pañuelo grande que caiga del bolsillo de fuera, como lo llevan los payasos.

¿Y qué dice de la situación política?, porque lo tiene todo revuelto: esta lo de Siria, lo de Cuba, lo de Venezuela, lo de Irán, Rusia, China, y le crujen las costuras con lo de Corea del Norte.

Mira qué te digo, el otro día leía en voz alta en un periódico que hay 50 millones de estadounidenses que no tienen casa, que viven en la calle y no comen, ¿y sabes qué le oigo decir?, ¡Jódete Donald Trump, si no comen costillas que coman croisant!. Éste viejo loco no se de que es capaz. Por cierto, si le ves sentado a la mesa parece que lleva un chaleco antibalas, le sale un “pecho de oca”, claro que ahora que me doy cuenta lo saca cuando anda con los pasos de ese animal. Habrás visto que éste tío no es normal.

¿Cómo has dicho, un chaleco antibalas o antibabas?, lo digo por esa enfermedad que le hace pringar todo de babas, la saliorrea.

No te rías, joder, tiene pecho de oca, mira como anda y va cacareando ¡KKK!, según creo sus padres eran para echarles de comer aparte KK … K. Ahora caigo, dices lo de la saliorrea, he salido a comprarle un “babero” de plástico de esos que al final se vuelven hacia arriba para que no se caiga nada ni a la ropa ni al suelo, se lo he comprado en un chino y lo he pagado en yuanes, los chinos no quieren coger más dólares. El otro día declaraba álguien que desde que es presidente todos los días por lo menos mete una vez la pata. Mira si es tonto, antes de ir a comprar le he visto leer una frase que yo había escrito en una servilleta de papel refiriéndome a EEUU, y me acuerdo de ella porque le he dado muchas vueltas para hacerla, y al poner la mesa me confundí de servilleta de papel y se la puse, y ni ha preguntado de dónde ha salido, escucha mi frase, dice así: “El futuro de esta región y su gente maravillosa no puede ser rehén de las retorcidas fantasias de conquista violenta y chataje nuclear de un dictador”. Yo estaba acojonado, era mi letra, pero no le he visto poner mala cara. Tampoco creo que imagine que lo que ha leido se refiere a él. Es un ególatra sin límite, no se si por eso, de inmediato se puso a cantar entre dientes, y babas, el hip hop ese que le dedicaron:

“Jódete Donald Trump ...

¿cómo ha llegado hasta aquí?

Un mitin de Donald Trump suena como Hitler en Berlín ...

Jódete Donald Trump

Jódete Donald Trump

Jódete Donald Trump”

Y lo repetía con su ritmo bien marcado mientras daba la vuelta al papel y se disponía a leerlo de nuevo. Estoy llegando, te tengo que dejar, además me estoy encontrando mal, me dan ganas de devolver, el teléfono este despide un olor a azufre, a coliflores podridas. Voy a tener que dejarte. No se que me pasa, me mareo, es ese gas, ese mal olor.

¡Oye! ¡pero escúchame, no me has contestado!.

Y se cortó. Si me vuelve a llamar …, si tiene suerte de que no le cojan con el teléfono …  El viejo parece  más loco de lo que creemos. Los que están detrás ¿serán como él?. Vaya el hijo de sus padres KKK.

Trump con sus padres en uniforme del Ku Klux Klan

 

*Hip Hop “Jódete Donald Trump”. Autores e intérpretes: YG (Young Gangsta) y Nipsey Hussle.

(Ramón Pedregal Casanova ha publicado los libros: “Gaza 51 días” y “Palestina. Crónicas de vida y Resistencia”, “Dietario de Crisis”, Belver Yin en la perspectiva de género y Jesús Ferrero, y “Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios”. Es Presidente de la Asociación Europea de Cooperación Internacional).

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