Por Iroel Sánchez Espinosa - Blog "La pupila insomne".- Raoul Peck es haitiano y cineasta. Buena parte de su niñez y adolescencia transcurrieron en lo que es hoy la República Democrática del Congo, que como su país de origen ha sido saqueado, empobrecido y convertido en escenario prolongado de violencia y corrupción, pero Peck no se ha dejado encerrar en la misión que la industria cultural suele asignar a los artistas nacidos fuera de las grandes metrópolis: reproducir los estereotipos que sobre sus países ha impuesto la comunicación dominante.


Sin dejar de dar testimonio sobre las realidades de África y el Caribe, Peck no se ha dedicado a complacer el encargo asignado a cineastas del Tercer Mundo por  los productores europeos  y norteamericanos que hace que si usted es árabe deba hacer películas sobre terrorismo y extremismo religioso, si es colombiano sobre narcos, si es mexicano debe hablar sobre la emigración y la violencia y si es cubano debe filmar en Centro Habana una historia donde el deseo de abandonar la Isla y la miseria sean centrales… pero nunca abordar las condiciones impuestas a esos países por quienes deciden las reglas del juego.

Peck ha comprendido que los problemas que sufren los países del Sur no están al margen de lo que ha sucedido y sucede en el Norte y seguramente se considera con el mismo derecho a opinar sobre Europa y EE.UU. con que europeos y norteamericanos hacen o encargan películas sobre América Latina y África, muchas veces para bien y otras, las más, para reafirmar estereotipos que facilitan una dominación de siglos.

Su explicación acerca de su documental basado en la vida del escritor afronorteamericano James Baldwin I am not your negro, nominado al Oscar el año pasado, es iluminadora para entender su obra cinematográfica:

“James Baldwin comprendió como nadie que el sueño americano no existe, porque fue erigido sobre el genocidio de los americanos nativos, primero, y el de los negros, después. Y es obvio que sus reflexiones sobre las divisiones de raza, clase y sexo siguen vigentes. El funcionamiento de Occidente, y sobre todo de América, sigue basado en el dominio de la élite sobre la mayoría inerme.”

Con tal visión, es comprensible que antes de I am not your negro Peck haya filmado Lumumba, centrada en  el papel de la CIA y el colonialismo belga en el asesinato del líder congoleño, y ahora se aparezca con Le jeune Karl Marx, una película que narra el breve pero intenso período que va del cierre de La gaceta del Rhin y la partida de Marx hacia París hasta la publicación del Manifiesto comunista redactado por este junto a Friedrich Engels para la Liga de los Justos, devenida gracias a a ambos Liga de los comunistas.

Una factura muy lograda en una producción de época, buenas actuaciones y una dramaturgia que no da respiro al espectador y no teme acudir a recursos como las persecuciones y el humor en función de comunicar ideas son méritos de Le jeune Karl Marx. Raoul Peck logra dar una conmovedora  envoltura humana a una de las mayores hazañas intelectuales de todos los tiempos, expone los tremendos obstáculos en medio de los cuales se llevó a cabo y las desfavorables condiciones en que sus dos autores la realizaron, para terminar demostrando que es posible emocionar exponiendo las irresueltas y esenciales contradicciones de nuestra época.

Otro mérito de Le jeune Karl Marx es el peso otorgado a las mujeres en el filme, tanto Jenny, la esposa de Marx como Mary, la compañera de Engels, aparecen como lo que fueron: factores decisivos en la obra colosal firmada por sus compañeros que hubiera sido imposible sin ellas.

Jenny y Mary son mujeres de este tiempo. Como sus parejas, adelantadísimas a la época en que vivieron y por eso capaces de despertar las simpatías del espectador contemporáneo. Esta es una película que todo el tiempo nos habla del presente y aunque su historia transcurre hace ciento cincuenta años es extraordinariamente actual, cosa que Peck se ocupa de recordarnos en los créditos finales del film cuando la música de Bob Dylan acompaña un recorrido por sucesos más cercanos en el tiempo y las imágenes del Che y Mandela, de Reagan y la Thtatcher, nos golpean desde la pantalla, como diciendo: “esto no terminó aquí”.

La exhibición de Le jeune Karl Marx en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana no gozó de mucha promoción. A pesar de que publicaciones en las antípodas ideológicas de lo que la cinta expone (BBC, The Guardian, Variety…) han dedicado críticas al filme de Peck, en los principales medios de comunicación cubanos no ha existido en estos días una palabra para Le jeune Karl Marx.

Sin embargo un público mayoritariamente joven repletó la sala del cine Riviera, dedicó un cerrado y espontáneo aplauso al concluir la proyección y tiempo después buena parte de él permanecía frente al cine comentando elogiosamente lo que acaban de ver.

Por cierto, el primer audiovisual de Raoul Peck se titula De Cuba traigo un cantar, y recoge un concierto de Carlos Puebla y sus Tradicionales en Berlín Occidental en 1982. El pasado septiembre el centenario de Puebla, autor de temas como “Y en eso llegó Fidel” y “Hasta siempre Comandante” y considerado por muchos “el cantor de la Revolución cubana”, pasó inadvertido en Cuba, ojalá no suceda lo mismo con los doscientos años de Marx, en mayo de 2018.

(CubAhora)

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