Del aumento de los precios del Metro a la revuelta. Neoliberalismo salvaje


El aumento de los precios del Metro de Santiago, establecido para horas punta no sólo es  un ajuste planificado de un servicio público privatizado con participación estatal, sino también una verdadera provocación.

Los estudiantes, los trabajadores y trabajadoras jóvenes y los funcionarios públicos de la clase media forzaron las barreras del metropolitano y fueron desalojados con una violencia pinochetista por contingentes muy bien armados de los carabineros. Las escenas grabadas y transmitidas por las redes fueron de una brutalidad terrible. Ambas partes utilizaba sus medios de grabación: los carabineros para localizar dirigentes ya fichados u ocasionales; los manifestantes para demostrar la violencia de la policía y la brutalidad de sus intervenciones ante gente despavorida pero solidaria. Pudimos ver escenas de un valor y una solidaridad ejemplar entre los manifestantes. El desalojo de los trenes fue terrible.

En las calles el enfrentamiento desigual se generalizó

 El centro de la capital se convirtió en una verdadera batalla. También había sido subido el precio de los billetes de los trenes que hacían el servicio complementario al metropolitano, privatizados también. El billete constituía una declaración de principios del Gobierno frente a cualquier medida de tipo social que demandaban los colectivos. Muchas de ellas dormían en el Parlamento o habían sido bloqueadas en el Senado. El transporte es siempre un factor esencial de los precios. El gobierno de Piñera tanteaba con el grado de resistencia de los colectivos más afectados. Para muchos chilenos la medida neoliberal que suponía el aumento de las tarifas del Metro era el símbolo del mantenimiento, a toda costa, de los beneficios empresariales y de los ingresos del sector público a costa de todos los colectivos sociales más desfavorecidos.

Piñera ordena la represión, llegan los carabineros y maltratan al pueblo

La revuelta fue masiva y creciente en los lugares estratégicos. También lo fue la brutalidad de los carabineros que enviaron a la pelea a todos sus efectivos con todos sus medios represivos: porras, gases, vehículos y agentes blindados, pelotas de goma, gases lacrimógenos, agua a presión con pimienta, balas y balines. El pueblo respondió con cólera con palos, piedras y cacerolas. El gobierno no negoció sino que envió más fuerzas policiales a la calle. El resultado fue terrible y acumulativo. Las cifras de muertos, heridos y detenidos fueron creciendo. La atmósfera en las calles era de terror con escenas de valentía. Muchos detenidos fueron torturados, golpeados y “crucificados” en columnas y postes metálicas, colgados de los grilletes con los que los habían inmovilizado los policías.

No solo se combatió con armas antimotines sino que el pueblo buscó y encontró medios de resistencia. Uno de ellos la resistencia en grupo, la solidaridad, la carga con el empleo de armas ocasionales, desde el palo hasta las piedras lanzadas con tirachinas. Se levantaron barricadas de adoquines y de goma y se incendiaron las calles.

Las consignas se unificaron rápidamente: ¡No son treinta pesos, son 50 años!, buscando referencias en el Chile de Allende y en la represión. Se recordó a Víctor Jara, al que los esbirros de Pinochet torturaron, cortaron las manos y asesinaron en el estadio de Santiago. Se construyó la unión provisional  -Mesa de Unidad Social- que plantea reivindicaciones y separa al pueblo del Régimen existente, en una

relación pueblo-élite, progresivamente identificada como fascista. Es un buen comienzo.

Piñera decreta el “estado de sitio” y las FF.AA. ocupan la calle

El estado de sitio multiplicó el número de muertos, de heridos y desaparecidos. Los medios de comunicación de la “democracia chilena” fueron acusados inmediatamente de parciales al servicio de la dictadura de Piñera, de la clase dominante y de la represión. Los medios y agencias continentales que no están al servicio de los planes imperiales de los EEUU, criticaron abiertamente al gobierno de Piñera y a su alternativa en la concertación chilena.

En la situación de lucha social abierta se hicieron públicas algunas de las características esenciales del capitalismo dependiente y de “club de amigos”, con una élite muy reducida como oligarquía local. Esta élite tiene relaciones muy estrechas y su grado de renovación es casi nula. Baste con algunos datos proporcionados por Daniel Matamala: el 53% de los directivos de las grandes empresas ha estudiado en 9 colegios. En el Gabinete de Piñera el 67% proviene de 6 colegios.

La filosofía de la élite y sus prácticas de vida la mantienen totalmente separada y ajena al pueblo al que apenas consideran más que como

El pueblo de Chile que protesta de sus condiciones de vida es considerado como “Resentido, populista o chavista” con el que están permanentemente en guerra, tal como expresó rápidamente Piñera. La “Primera Dama Cecilia Morel” califica la situación actual como guerra permanente con una especie de alienígenas”.

Para el decano Juan Ignacio Britto el pueblo chileno se caracteriza por “una machacona insistencia por identificar únicamente un sesgo de clase (…) prejuicios profundos y resentimientos jamás confesados”.

Algunos miembros de la burguesía como Evelyn Mattei que han reconocido la enorme fractura de la sociedad chilena piden un Gabinete de la clase media, que ojalá se haya educado en educación pública, que no veraneen en Zapalla o en Pucón.

En las condiciones de capitalismo dependiente y de Club de Amigos en la que vive la clase capitalista dirigente, con hábitos de exclusividad social y grandes derroches, era imposible que captaran como tal la alerta de las primeras protestas.

El presidente Piñera sigue tan ciego como siempre.

Yo vendré del desierto calcinante

Y saldré de los bosques y los lagos

Y evocaré en un cerro de Santiago

A mis hermanos que murieron antes

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