Geraldina Colotti - Resumen Latinoamericano / Cubainformación.- El Encuentro Antiimperialista de Solidaridad, que concluyó en La Habana, mostró una vez más el vínculo estratégico que existe entre Cuba y Venezuela. La arrogancia de Trump y de sus vasallos, que están presionando al gobierno cubano con la esperanza de que abandone al pueblo bolivariano a cambio de un plato de lentejas, se ha roto nuevamente. El presidente cubano Miguel Díaz-Canel ya lo había reiterado en Caracas, concluyendo con su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, el Foro de Sao Paulo.


En esa ocasión, los representantes de los cinco continentes, que habían desafiado el bloqueo económico-financiero impuesto al país bolivariano, habían decidido una agenda de lucha común, que incluía el Encuentro Antiimperialista. Un evento de gran importancia política y simbólica, como señalaron los líderes cubano y venezolano, acompañados por la carismática presencia de Raúl Castro en la mesa final. 1500 delegadas y delegados de todo el mundo participaron en la conferencia.

También debería haber ido la que escribe, invitada por la Red de intelectuales, artistas y movimientos sociales en defensa de la humanidad, y como corresponsal en Europa de Resumen latinoamericano y del semanario del Partido Socialista Unido de Venezuela, el Cuatro F. Lamentablemente, la periodista quedó atrapada en la trampa de la lista de exclusión aérea, la No Fly List, que obliga a las aerolíneas a someterse a los deseos de Washington, y nunca pudo abordar el avión Air Europa, que la habría llevado a La Habana después de una parada en Madrid. Y desde Madrid llegó el rechazo, resumido de la siguiente manera: «PAX CKIN INHIBITED BY USA AUTHORITIES. PAX CANNOT LEAVE».

Dado que para los revolucionarios cada ataque del enemigo es una medalla y que los casos individuales sirven para plantear problemas más generales, tratemos de pensar en el contexto y las posibles contramedidas a nivel colectivo. Después de hacer pública la historia, verificamos la existencia de varios otros casos, menos frecuentes en Italia, mucho más extendidos en el sur global y en los Estados Unidos. Por lo general, son militantes políticos o sindicales, o activistas denunciados como peligrosos o no deseados por los Estados Unidos, que llegan hasta a evitar el tránsito aéreo de aquellos en la lista negra, incluso dentro del territorio de América del Norte.

¿Cómo y por qué pueden hacerlo? Actuando en varios niveles: el nivel económico-financiero, a través del chantaje o la participación directa en el entrelazamiento de intereses de las grandes aerolíneas. Lo mismo se aplica a aquellos socios que tienen intereses comerciales con Venezuela o Cuba u otro país «sancionado» por los Estados Unidos. En este caso, el volumen de negocios que perderían con los Estados Unidos en comparación con lo que podrían ganar con el país que no les gusta a Trump se pone en el plato: y, evidentemente, no hay juego.

Luego está el nivel político, que se impone a través de las reglas debido a la «seguridad». Desde 2012, la No Fly List requiere que todas las compañías eviten no solo la escala, sino el sobrevuelo de los cielos norteamericanos por personas consideradas peligrosas. Las compañías deben proporcionar los nombres de los pasajeros 72 horas antes del despegue para que Washington pueda verificar si alguno de ellos está en la lista proporcionada por la Administración de Seguridad del Transporte (TSA).

La lista impide que algunas personas «aborden un avión cuando vuelan hacia, desde, y sobre los Estados Unidos». Según un informe de The Intercept, en 2014 el número de proscritos aumentó a 47.000, pero ya en 2016 un comunicado de prensa de la senadora Dianne Feinstein calculó el número a 81.000.

¿Cuál es el criterio por el cual se elabora la Lista de exclusión aérea? Los parámetros siguen siendo secretos, pero la razón principal es la «seguridad». ¿Y quién se atrevería a permitir el viaje a un «terrorista» que podría hacer una masacre en vuelo? Es una pena que esto signifique considerar sin sentido todas las medidas de control de seguridad que atormentan sistemáticamente a los pasajeros en una sociedad global cada vez más disciplinaria… Lástima que esto signifique decir a los europeos: ustedes no valen nada, incluso como gendarmes, e incluso si eres parte activa de la alianza de la OTAN.

¿De qué otra manera evaluar el comportamiento de Madrid en el caso específico de la periodista y en otros casos similares? A petición de explicaciones de la gerente italiana del aeropuerto de Fiumicino, Madrid simplemente le entregó un número en Washington. Además, el personal del aeropuerto no tenía reglas escritas, ni sus gerentes nacionales lo sabían.

¿Se puede demandar por ser cancelado de la lista negra o para obtener una compensación? Para aquellos que creen que han sido incluidos erróneamente en la No Flay List del Gobierno de los EE. UU., el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) estableció el Programa de reclamos de viajeros (DHS TRIP), que examina las solicitudes.

Sin embargo, hasta donde sabemos, ninguna interpelación ha tenido éxito en llegar a un acuerdo con el asunto: ni siquiera la presentada ante el Tribunal de Estrasburgo por los abogados de un italiano, residente en Cuba, que ya no podía regresar a casa porque su nombre estaba en la lista negra. Tampoco el periodista Hernando Calvo Ospina, que vive en Francia y que regularmente incurre en este tipo de impedimento debido a su historia política, recibió algún reembolso.

Este es precisamente el trasfondo político. La que escribe no se considera una «inocente» o una perseguida, después de haber sido parte de esa generación de comunistas que orgullosamente intentaron derrocar al estado capitalista a través de la lucha armada. En el plan del derecho burgués y de la legalidad que el imperialismo afirma imponer a los sectores populares en detrimento de la legitimidad de los derechos básicos, hay sin embargo una inconsistencia que debe notarse.

En el caso específico de la que escribe, después de haber cumplido una larga condena que implicaba la pérdida de derechos civiles, esos derechos se han restaurado, como se le ha otorgado el pasaporte y la facultad para ejercer la actividad de periodista durante años. ¿Son por lo tanto válidos esos documentos solo como papel usado? Además, si alguien quisiera llevar a cabo ataques en un avión sabiendo que tenía los anteriores que tiene la que escribe, se sentiría la reina de las estúpidas.

¿Y dónde terminan los tan preciados derechos humanos, específicamente los del viajero, declinados en el punto 12 de la Carta de los derechos civiles y políticos? Aquí está el truco: porque el país que desencadena guerras devastadoras en nombre de los «derechos humanos», es el que nunca ha firmado ningún tratado para defenderlos, hasta el punto de que en los Estados Unidos incluso los niños son encarcelados. ¿Entienden cómo funciona?

Existe entonces otro dato perturbador de contexto que sirve para enmarcar aún más la pregunta. El 19 de septiembre, el Parlamento Europeo aprobó una resolución que equipara el nazismo y el comunismo. ¿Cuáles serán los criterios para terminar en la lista de exclusión aérea? Se podría ver de todo… Y aquí, con respecto a esa resolución, incluso dedicada a la «importancia de la memoria para el futuro de Europa», surge otro punto. ¿Cuál es la memoria para defender? ¿La de las clases dominantes y de los vencedores? ¿La de una izquierda neoliberal que durante años ha limpiado a los fascistas en nombre del fin de las ideologías?

Por el contrario, hay una batalla por la defensa de la memoria como historia de lucha de clases, como historia de revoluciones: no la historia de burócratas, traidores o policías. El vuelco de los términos, la distorsión de los símbolos se basa precisamente en este olvido. Lo vemos en comparación con Venezuela, un país donde, como en Cuba, la palabra socialismo no solo no se ha convertido en una blasfemia, sino que constituye la bandera de un cambio posible y necesario.

Contra el socialismo bolivariano, el enemigo está desplegando las mismas herramientas de propaganda que ha desatado contra la Unión Soviética. ¿Quieren otra prueba? La segunda temporada de Jack Ryan, la serie inspirada en el personaje creado por el escritor Tom Clancy. Desde el 1 de noviembre llegó a las pantallas italianas con una gran cantidad de publicidad. La cantitad de dinero gastado, de hecho, es gigantesca. La serie está coproducida por Amazon Studios, Paramount Television y Skydance y está disponible exclusivamente en Amazon Prime Video.

Una operación colosal para transmitir el mensaje de que, textualmente, «Venezuela es la mayor amenaza para el mundo». El actor John Krasinski explica esto como analista de la CIA mientras da una conferencia en un aula universitaria. Con humor de marca gringa, dice que el presidente «Nicolás Rejas, quien fue al gobierno después de una ola de orgullo nacional, destruyó el país en solo seis años, llevándolo a una tasa de pobreza del 400%», que su gobierno tiene «misiles nucleares de nueva generación que apuntan a Estados Unidos» y que el tiene a toda una población en su contra porque sus libertades y «derechos humanos» están siendo pisoteados. Venezuela entonces «es un estado fallido como Yemen, Irak y Siria».

Ciertamente, un oyente advertido identificaría las causas de la «amenaza» en la lista de recursos que posee Venezuela, desdeñosamente elencadaas por el agente de la CIA en gran detalle. Desafortunadamente, sin embargo, de los oyentes advertidos, en Europa, no se ven en masa … El nivel de despolitización es aterrador. De lo contrario, dadas las flagrantes violaciones del derecho internacional que Estados Unidos impone a Venezuela, las masas serían vistas en las calles.

En cambio, incluso a la izquierda, hay quienes están ansiosos por ver lo que va hacer el «grupo de contacto» de los países europeos y el «grupo de Lima», que después de reconocer al títere del imperialismo Juan Guaidó, ahora quieren imponer otro ultimátum al gobierno bolivariano. En un contexto similar, no es sorprendente que, después de imponer «sanciones» a los líderes venezolanos, el imperialismo ahora esté tratando de aislar al socialismo bolivariano del apoyo internacional, imponiendo restricciones arbitrarias incluso a los militantes en otros países.

¿Qué hacer entonces?

Sin duda una campaña internacional basada en los puntos mencionados anteriormente. Una campaña que, a partir del plan de los derechos pisoteados, sea articulada internacionalmente: con un grupo de abogados dispuestos a asumir este tipo de disputa incluso para aquellos que – como la que escribe – no pueden pagar los honorarios legales; con aquellos diputados europeos que, por ejemplo, protestaron contra la vergonzosa resolución que equipara el nazismo y el comunismo; con todos los movimientos sociales que quieren oponerse a la gigantesca guerra contra los pobres desatada por el imperialismo a través de los mecanismos de la sociedad disciplinaria; con todos esos trabajadoras y trabajadores en aeropuertos, puertos y transporte que se preocupan por la libertad de movimiento de las personas y no de las mercancias y armas del imperialismo; con todos esos compañeros y camaradas que ven a Venezuela y Cuba como un ejemplo concreto de una alternativa al modelo capitalista; con todos esos compañeras y camaradas que consideran la batalla por la memoria como una palanca fundamental para reconstruir una unidad de clase en vista de un cambio estructural: un cambio que, como dijo Diaz-Canel, es necesario y posible.

Revisión del castellano Gabriela Pereira

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