Geraldina Colotti - Resumen Latinoamericano / Cubainformación.- Después de 18 días de protestas violentas, luego de la reelección de Evo Morales como presidente de Bolivia, los derechistas han completado el golpe de estado. En una escalada de incendios, ataques racistas e intimidación de la mafia, las pandillas armadas aterrorizaron a los campesinos, amenazaron a las familias de los militantes del Mas, humillaron alcaldesas, ministros y ciudadanos vestidos con ropas tradicionales, terminando con enterrar la bandera del estado plurinacional de Bolivia bajo una ola de fundamentalismo modelo Bolsonaro en Brasil.


Y así, un suprematista corrupto como el sombrío Camacho – «el macho Camacho» – pudo exhibir la Biblia en el edificio de gobierno, respaldado por una policía nacional que dejó de cumplir con sus deberes constitucionales para convertirse en una fuerza de choque antidemocrática: que persigue, armada, a los campesinos, quema y hace robos en las residencias de los militantes.

Un golpe perpetrado por la oligarquía boliviana, apoyado por el imperialismo estadounidense y los centros de poder financiero. Con la complicidad de la OEA, el «ministerio de las colonias» presidido por Luis Almagro, el gobierno de Trump quiere exportar el «modelo» a toda la región para destruir la integración latinoamericana y evitar que el socialismo vuelva a ser una esperanza concreta para América Latina y el planeta.

¿En qué fuerzas podría actuar el imperialismo para obligar a Morales a renunciar y luego reparar en México? Fernando Camacho, Rubén Costas, Óscar Ortiz, el trío que representa a la oligarquía oriental boliviana puso en marcha el plan golpista inmediatamente después de la difusión de los resultados oficiales que atribuyeron la victoria a Morales y al Movimiento al Socialismo (Mas): con el 47.5 % de votos sobre el 36,9% de Carlos Mesa de la Comunidad Ciudadana (CC). Óscar Ortiz Antelo, senador de la Unidad Demócrata en el Departamento de Santa Cruz, quien se presentó para Bolivia Dijo No (BDN), obtuvo un mísero 4.2%.

Sin embargo, el importante resultado de Mesa en Santa Cruz (46.8%) ha producido una nueva alianza del bloque oligárquico imperialista y el político de la derecha moderada terminó bajo el control de sus aliados, liderados por el fascista Camacho, presidente del Comité Cívico Cruceño, un hombre de Washington. Una alianza que, como amenazó Camacho en su último mitin electoral, también podría prescindir de Mesa y proceder con sus intenciones separatistas, como lo intentó en octubre de 2008, pero fue derrotado por los movimientos populares.

¿Quién es Fernando Camacho? Un emprendedor de la ciudad de Santa Cruz. El padre era el dueño de la compañía de gas Sergas, que le debe al estado más de 40 millones de dólares. Se acusa al hijo de ser un gran evasor y su nombre aparece en los Papeles de Panamá (Panama Papers) porque se piensa que creó tres compañías en las que aparece como intermediario.El regreso de un gobierno neoliberal que devolvería a Bolivia al tiempo de la privatización, permitiría a su familia volver a ejercer el monopolio del gas en Santa Cruz. El «Bolsonaro boliviano» formó parte de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC), calificada como grupo «paramilitar» por la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) en 2008. Una organización que tiene contactos cercanos con la extrema derecha venezolana y que mostró su naturaleza racista y machista atacando, junto con otros grupos como los «motoqueros» de Cochabamba, a activistas indígenas y del MAS.

Para llevar a cabo su plan, Camacho ha establecido la Coordinadora de Defensa de la Democracia (CDD),  que reúne a políticos conservadores y líderes regionales relacionados con las políticas de Washington, que se activó de inmediato para organizar enfrentamientos, violencia y bloqueo de calle en las principales ciudades del país.La CDD inmediatamente gritó contra el supuesto fraude electoral, luego de los comunicados de prensa de la OEA que informaron sobre «retrasos anómalos» en el conteo de votos. Sin embargo, cuando Morales acordó volver a contar los votos bajo la supervisión de OEA, los golpistas se negaron a participar, haciendo de la cancelación de las elecciones el principal argumento para su estrategia desestabilizadora.

Ahora, un informe de Washington, hecho público por los editores de PrimeraLinea.info, revela que, durante la noche del 20 de octubre, fecha de las elecciones generales, hubo un ataque cibernético contra el Tribunal Supremo Electoral (TSE) para alterar los resultados. Una consecuencia de la carta dirigida al presidente de los Estados Unidos por varios diputados bolivianos, con el respaldo del candidato de Comunidad Ciudadana, Carlos Mesa, para solicitar su «intervención» en las elecciones bolivianas.

Evidentemente, la derecha sabía que serían derrotados. Las victorias electorales de Evo Morales siempre han sido abrumadoras, desde que ganó las elecciones presidenciales en diciembre de 2005 con el 54% de los votos. En las elecciones de 2009, alcanzó el 64%, y en el las últimas, 62%. Pero la larga mano de Washington, que ha puesto a Evo en la mira desde el principio, se hizo sentir en la víspera del referéndum constitucional de 2016 con el que la gente habría decidido si permitiría que la formula Morales-Linera se presentara nuevamente como candidata.

Luego, con la complicidad habitual de los medios privados, estalló el escándalo del presunto hijo de Morales. Al final, su ex pareja, Gabriela Zapata, acusó al líder opositor Samuel Doria Medina de manipularla para dañar al presidente de la república. Sin embargo, el daño ya estaba hecho y Morales perdió el referéndum por un bigote (pero luego ganó la apelación ante el TSJ).

Poco antes del escándalo del presunto hijo, tuvo lugar una reunión entre el Encargado de negocios de los Estados Unidos y Carlos Valverde (quien lanzó la acusación contra Morales), en el hotel Los Tajibos, propiedad de Samuel Doria Medina. E incluso entonces, expertos en informática llegaron a la escena listos para apoyar la operación anti-referéndum. Algo similar también sucedió en Venezuela con acusaciones de fraude electoral, totalmente autodestructivas, llevadas a cabo por el jefe de la empresa Smartmatic, que huyó al extranjero y prefirió «hundirse» que perder contratos en los Estados Unidos.

Ya Edwar Snowden, la fuente del Datagate, y antes que él, Julian Assange, cofundador de Wikileaks que había difundido el escándalo Cablogate, había demostrado el peligro de la guerra cibernética en los conflictos de cuarta y quinta generación. Y se observó esto durante el sabotaje eléctrico de Venezuela.

Con la complicidad de poderosos mercenarios internos, que tienen interés en traer de vuelta el horizonte de la historia, el imperialismo puede hacer lo que quiera: a menos que los gobiernos que quieren ser soberanos elijan expulsar a los organismos subalternos de Washington para limitar su interferencia: como Bolivia y Ecuador lo habían hecho en el apogeo de la integración latinoamericana, cuando, precisamente durante el escape de Snowden, en 2013, el avión de Morales había sido incautado y aterrizado arbitrariamente en Austria, pero la reacción unitaria de la Patria Grande le permitió de regresar a Bolivia sin daños.

Ahora las cosas han cambiado, el imperialismo intenta nuevamente una ofensiva de proporciones históricas. Un informe del Pentágono, comentado por el responsable de la organización del PSUV, León Heredia, en una entrevista que nos otorgó en Caracas para Cuatro F, explica los términos de la «guerra total en tiempos de globalización» desatada por los Estados Unidos contra el socialismo bolivariano.

No hace mucho, el Pentágono había advertido a Morales que terminaría mal si «seguía el camino de Venezuela», que es el camino de la independencia, la dignidad y el socialismo. El mismo chantaje dirigido a Cuba o Nicaragua por la Unión Europea, que extendió las sanciones contra la Venezuela bolivariana por un año y que ahora parece lista para recibir a un nuevo Guaidó para Bolivia. De hecho, una autoproclamada, la señora Jeanine Añez. Y la derecha venezolana ha dicho que está lista para repetir el golpe de estado implementado contra Morales, también en Venezuela, el 16 de noviembre.

Pero en Venezuela encontrarán un pueblo consciente y organizado en su partido, en los colectivos, en las milicias, en la unión cívico-militar. Un pueblo decidido, junto a su presidente Nicolás Maduro, que sigue el legado de Chávez, a defender los logros de veinte años de revolución: no ha fracasado el socialismo, sino el capitalismo en crisis estructural que, como un monstruo herido de muerte, reacciona con ferocidad sabiendo que debe sucumbir.

El juego, en Bolivia, está lejos de cerrarse, tanto en términos de derechos constitucionales como en términos de conflicto de clases. El golpe, no es más que una expresión de la lucha de clases. Se tiene que asumirlo. El pueblo boliviano está desafiando las balas de los golpistas, apoyado por las plazas que en todo el mundo dicen: «No pasarán». 

Evo fue elegido con más del 47% de los votos. Su paso atrás servirá para hacer dos delanteros. Para él, para los camaradas bolivianos, va todo el apoyo de los internacionalistas, comprometidos a luchar contra el enemigo en su propio país: contra la Europa de los banqueros, contra el gobierno de los capitalistas, contra el modelo de la OTAN y la guerra imperialista, contra el patriarcado .

Si tocan a uno de nosotros, nos tocan a todos, gritan las calles de América Latina y Europa, olfateando la brisa bolivariana. Divididos somos una gota, unidos una tormenta.

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