Mariana Monteagudo Fonseca* - Cubainformación.- Todos lo conocemos. Hemos oído el nombre, los hechos, la historia, y hemos visto al hombre: el militar erguido, el mandatario justo e incluso al amigo querido. ¿Pero realmente comprendemos la grandeza escondida detrás del calmado semblante, o los sacrificios y triunfos que sujetan sus manos? Quizás es porque el imponente cedro busca mezclarse en el bosque y velar en silencio su belleza.


 

Pocos son los que ven totalmente a Raúl Castro Ruz. Olvidan al niño travieso con la madre en el alma, al muchacho vivaz con ganas de igualdad, al sabio líder que guió hombres a la victoria.

Birán atesora los recuerdos de los paseos a caballo y bicicleta, las cenas junto a los trabajadores, los triunfos en la valla de gallos y el esfuerzo durante los quehaceresdela propiedad. A pesar de la buena cuna, escogió el camino de Fidel, su máximo educador político, y llevar la liberación a la tierra agonizante.

Rememoremos las acciones del 26 de julio de 1953, cuando entró al Palacio de Justicia como un soldado más y salió convertido en jefe. A pesar del fracaso de la misión, logró completar la tarea encomendada y mantener con vida a sus compañeros.

A su vez, durante los hechos posteriores al desembarco del yate Granma, el capitán Raúl Castro, bajo lluvias de balas y el azote del hambre y la sed, marchó decidido hacia la SierraMaestra con los fusiles que le harían ganar la guerra.

El grandirigente ya se vislumbraba desde el nacimiento del Segundo Frente Oriental “Frank País”. La ardua labor sanitaria y de educación realizada en beneficio de la población, enalteció el prestigio de los revolucionarios y contribuyó a que el Ejército Rebelde ganara en respeto y fieles colaboradores.

Con la Revolución en el poder, no frenó sus esfuerzos por hacer de Cuba una nación libre e inclusiva, mediante un modelo económico y social renovado, más cercano a la realidad de los cubanos de hoy.

Los méritos de Raúl son incontables y el pueblo cubano agradece tanto los servicios del guerrillero como del presidente. Aún hoy, desde la silla de Primer Secretario del Partido, un poco más blanco y gris, un poco más encorvado, sigue gigante y callado. Sigue travieso, justo, trabajador, rebelde, pero siempre callado, velando la belleza de la Patria por la que luchó.

 

 

* Estudiante de primer año de Periodismo, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.

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