Wilkie Delgado Correa* - Cubainformación.- Ahora que se analizará en Cuba la Ley del Servicio Exterior, considero válidas las reflexiones y consideraciones, pues pudieran contribuir al conocimiento de las raíces y fundamentos históricos en torno a este tema tan esencial de nuestro Estado, que es una continuación de la República de Cuba en Armas, declarada en Guáimaro como parte del proceso revolucionario en 1869.


 

Consecuente  con su afirmación “de que en Cuba solo ha existido una revolución, la que se iniciara por Céspedes el 10 de octubre de 1868, tuvo su continuación con Martí, y con la Revolución de 1959”, Fidel, como líder máximo de la Revolución triunfante, en su función de estadista al frente de la República de Cuba, concibió y llevó a cabo una política exterior que tuvo sus raíces en las etapas anteriores, pero alcanzó un desarrollo y trascendencia tan consecuente y gigantesca que ha convertido a Cuba en una potencia política y moral ante el mundo.  

Las ideas, hechos y valoraciones sobre política exterior de  la Revolución Cubana y de la República de Cuba en Armas tal  como han sido expuestos en alocuciones, discursos, mensajes,  informes y otros documentos de su máximo dirigente, Carlos  Manuel de Céspedes, y de sus órganos representativos, en las  comunicaciones a representantes y emisarios de Cuba en el  exterior, en las comunicaciones a dignatarios y otras perso­nalidades extranjeras, en las anotaciones en sus diarios y  en la correspondencia familiar, nos permiten arribar a  determinadas conclusiones que expondremos en forma resumi­da. (1)

La Revolución Cubana, desde su misma génesis, tuvo el  objetivo cardinal de fundar una nación libre e independien­te, que se asentada sobre firmes y justos principios liberado­res para su pueblo, y fuera, a la vez, un país con una misión  internacional trascendente que gozara de la admiración y  respeto del mundo.

En estos primeros años de la Revolución y de la República,  fue Carlos Manuel de Céspedes la figura que cimentó y cinceló las principales ideas y acontecimientos tanto de la  política interior como exterior.

La política exterior tuvo como su fundamento esencial el  protagonismo del pueblo cubano en su heroica lucha, y en las  ideas y propósitos que presidían la guerra, así como tam­bién, las estrategias, vías, actuación y forma práctica, de  llevarla a cabo frente a una potencia tan poderosa como España.

La política exterior no fue sólo un enunciado teórico y de principios, sino que tuvo una realidad organizacional  dentro del gobierno constituido: un Departamento de Despacho o  Secretaría de Relaciones Exteriores, con los funcionarios correspondientes a tales  fines. Como componente del sistema se designaron Ministros  Plenipotenciarios, Enviados Especiales, representantes o  agentes confidenciales, según el caso, en el exterior.

Por razones diversas, al primer país al cual se envió una  representación fue a los Estados Unidos de América, expli­cando en forma detallada las razones y propósitos de la  Revolución Cubana, y solicitando el reconocimiento de la  beligerancia y otros gestos de simpatía. Se remitieron  mensajes al Presidente de los Estados Unidos y a otros políti­cos de ese país. Pero todas las gestiones reiteradas no  produjeron resultado positivo alguno. Como conclusión de ese  proceso largo, Céspedes llegó a establecer la diferencia  que reconocía entre el pueblo y el gobierno norteamericano.  Sobre este último dejó su convicción y su conclusión para la  historia: "Por lo que respecta a los Estados Unidos tal vez  esté equivocado; pero en mi concepto su gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas  para su nación y entretanto que no salga del dominio de  España, siquiera para constituirse en poder independiente;  este es el secreto de su política y mucho me temo que cuanto haga o proponga sea para entretenernos y que no acudamos en  busca de amigos mas eficaces o desinteresados."

Y junto al juicio certero y profundo de adivinar las reales  intenciones de los Estados Unidos, la decisión de modificar  y retirar la representación oficial en aquel país, según  expresara: "Se habrá usted enterado de las resoluciones que  puesta la mano en mi conciencia, me he visto en el caso de  adoptar, atendidas las actuales circunstancias. No era posible que por más tiempo soportásemos el desprecio  con que nos trata el gobierno de los Estados Unidos, despre­cio que iba en aumento mientras más sufrido nos mostrábamos  nosotros. Bastante tiempo hemos hecho el papel del pordiose­ro a quien se niega repetidamente la limosna y en cuyos  hocicos se cierra con insolencia la puerta. [...] No por  débiles debemos de dejar de tener dignidad."

Los países latinoamericanos fueron vistos como patrias  comunes, y a ellos se recurrió en busca de solidaridad y apoyo moral y material. Chile, Méjico, Ecuador, Brasil,  Argentina, Colombia, Costa Rica, Venezuela, Bolivia, Perú,  El Salvador, Honduras, Santo Domingo y Panamá, fueron países  que alcanzaron especial relieve según consta en los docu­mentos oficiales firmados por Céspedes o simplemente men­cionados en determinados informes y apuntes de sus Diarios.

Las relaciones con Puerto Rico, también colonia de España, se enfocaron tempranamente como un compromiso compartido de  contribuir a la emancipación de ambos pueblos.

La cercanía de Jamaica, hizo de esta colonia británica un  punto estratégico para las comunicaciones y expediciones, con una representación confidencial para tales fines.

Los países de Europa, por su importancia en la política  internacional, merecieron la especial atención de la polí­tica exterior cubana. Preferente fue esta atención con  España, la potencia colonizadora, cuyos representantes en la  Isla y los Reyes recibieron comunicaciones oficiales para  dar a conocer los propósitos e ideas de la Revolución Cuba­na, para la búsqueda de soluciones para humanizar la guerra  y lograr que esa potencia reconociera el derecho del pueblo  cubano y concediera la independencia de Cuba. Las apelacio­nes a reyes  y dirigentes republicanos de España sólo encon­traron oídos sordos y la empecinada actitud de practicar una  guerra de exterminio, y el empleo de cuantos recursos huma­nos y materiales fueran necesarios para sofocar el movimien­to emancipador.             

Las intenciones del establecimiento de relaciones, la  búsqueda de comprensión y solidaridad por parte de Francia,  Inglaterra, Italia; así como la atención y referencias a  acontecimientos ocurridos en otros países como Alemania, Rusia, Suecia, Sajonia y Turquía, constituyen testimonios concluyentes de la vocación del líder revolucionario cubano  por la política internacional y la importancia que le con­fería aún en las circunstancias difíciles y extremas por los que atravesaba la Revolución Cubana.

La intención de compromiso de ayuda mutua entre irlandeses y cubanos y sus propósitos independentistas, constituye otro  elemento de valor a tener en cuenta ya que ofrecía recursos  materiales y financieros para apoyar la causa de Irlanda,  una vez lograda la independencia de Cuba.

La política interior y exterior de la Revolución Cubana se  nutrió con la participación de los hijos de distintos pue­blos, que asumiendo los ideales y aspiraciones del pueblo  cubano, se enrolaron en el Ejército Libertador, y ya como  soldados o jefes, lucharon amalgamados con los cubanos,  sufriendo los rigores y sacrificios de la lucha, o entre­gando sus vidas por la redención de la patria. Esto tuvo un  alcance y significación mayor con la emancipación de los  esclavos de origen africanos y de los siervos chinos, que  incorporados como hombres libres a nuestro pueblo y a su  Ejército Libertador, constituyeron una fuerza formidable de  la Revolución.

De estas raíces históricas de nuestra nacionalidad, surgió  el espíritu, la vocación,  el compromiso y la práctica  internacionalista de nuestro pueblo.

- Céspedes definió en su tiempo, o sea, en aquella etapa de la revolución, la política con respecto a la emigración de los cubanos, que se corresponde con la seguida en la etapa de la revolución y el pensamiento de Fidel y sus sucesores, según expresó en la carta dirigida al Presidente de la Cámara de Representantes, de fecha 29 de octubre de 1871.

Como parte de la política exterior para romper el aisla­miento de un levantamiento armado que tenía como principal  escenario las zonas rurales y montañosas de Cuba, y para  lograr que su voz se abriera paso y encontrara oídos recep­tivos en el mundo, se confirió una gran importancia a la  prensa, lo que se demuestra en la creación y publicación del  periódico "El Cubano Libre" como órgano de la Revolución. También en el hecho de que procuró que la prensa extranjera  reflejara y se hiciera eco en forma realista de la situación  de la guerra en Cuba y de los ideales e ideas que le servían  de fundamento. Significativo al respecto fue el libro La Tierra del Mambí, de James O`Kelly.

Esta cuestión estratégica se sustentaba en la convicción de  Céspedes de que, según expresara, "esa es hoy la lengua de los pueblos. El que no tiene periódicos está mudo: nadie lo conoce: nadie lo  procura. Es preciso hablar al mundo por la imprenta, o morir  solo en un rincón..."  

En conclusión, el Padre de la Patria fue el verdadero fundador de una política exterior sabia, digna y de hermandad de Cuba con el resto del mundo.

En el siglo XIX José Martí fue el esclarecido continuador de las doctrinas sobre la política exterior de la Revolución Cubana.  Contó con la experiencia de líder del Partido Revolucionario y organizador de la nueva  guerra de independencia iniciada el 24 de febrero de 1895. Desgraciadamente, con su temprana muerte el 19 de mayo, no pudo desarrollar en la práctica su visión extraordinaria de lo que hubiera podido ser su papel de estadista y, por lo tanto, desarrollador y ejecutor de la política exterior de la nueva república cubana.

(1) FUENTE: El libro del autor titulado Céspedes y Martí y la política exterior de la Revolución Cubana.

 

 

*Doctor en Ciencias Médicas. Doctor Honoris Causa en Ciencias Médicas. Profesor Titular, Consultante y Emérito de la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba.

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